Amar

Tratemos de encontrar a alguien que realmente nos pertenezca y a quien realmente podamos pertenecer, para siempre.
Maharaj Charan Singh207

La base de todo camino espiritual es una relación de profundo amor entre maestro y discípulo:

Escuché de mi murshid, de mi maestro, quien me dio la iniciación, algo que nunca olvidaré: “La amistad, la relación entre dos personas que se establece mediante la iniciación, es algo que no puede romperse; es algo que no se puede separar; es algo que no puede compararse con nada más en el mundo; pertenece a la eternidad.”
Inayat Khan208

Cuando amamos de verdad al maestro, con el tiempo llegamos a ser uno con él. En el sufismo, este estado se conoce como fana fi al-sheikh, que significa “aniquilado en el maestro”. En este contexto, la aniquilación se refiere a la disolución del ego; cuando nuestro ego desaparece, nos fundimos automáticamente en el maestro verdadero: el Shabad. A su vez, el maestro verdadero está fana fi al-Allah, aniquilado en Dios o unido a él. Por lo tanto, es a través del amor al maestro que llegamos a amar y, finalmente, a fundirnos en el Señor desconocido e invisible.

Amar al gurú es amar a Dios. Perfecciona tu amor por el maestro. Como el maestro está lleno del amor de Dios, cuando lo amamos, automáticamente, nos llenamos del amor divino.
Maharaj Sawan Singh209

El vínculo entre maestro y discípulo comienza incluso antes de la iniciación: empieza el día en que depositamos nuestra fe en él. Este vínculo se cimenta en la iniciación y se fortalece con cada pequeño acto de servicio al maestro.

Amor por el maestro
¿Qué significa amar al maestro? El Gran Maestro dice: “Siempre que tengamos el deseo de expresar nuestro amor por alguien, debemos tratar de descubrir qué tipo de amor preferiría el amado. Entonces, debemos cultivar en nosotros esas cualidades o acciones que complacen al amado”210. Por lo tanto, buscamos una manera de amar; no como nosotros queremos amar, sino como el maestro querría ser amado.

Hazur Maharaj Ji nos da una definición de amor:

Amor significa obediencia. Amor significa sumisión. Amor significa perder tu identidad para convertirte en otro ser. Eso es amor211.

Aquí Hazur pone ante nosotros un proceso continuo de amor: obediencia, luego entrega y finalmente unión. En las primeras etapas, el amor significa obediencia: aprendemos a dejar de lado nuestras necesidades y deseos y simplemente obedecemos al maestro. El fruto que madura a través de la obediencia constante es el estado de entrega. Y el fruto de la entrega es el fin último del amor: la unión.

Las descripciones de Hazur sobre la obediencia, la entrega y el amor comparten el mismo hilo conductor: perder la propia identidad, fundirse con el amado, convertirse en otro ser.

Expulsar el “yo” de uno mismo y unificar nuestra voluntad con la voluntad de otro, eso es obediencia212.
Eliminar tu propio yo y convertirte en otro ser es sumisión, es rendirse213.
Tenemos que perder nuestra individualidad, eliminar nuestro ego y ser uno con el Padre. Eso es amor214.

Dónde nos encontramos en este proceso continuo de obediencia, entrega y unión?

Está claro que aún no nos hemos unido al amado, o no estaríamos aquí, sintiéndonos separados. Tampoco nos hemos entregado completamente; la mayoría de nosotros aún no somos capaces de obedecer al maestro sin vacilaciones de manera constante. Entonces, podríamos preguntarnos: ¿Soy al menos obediente? Si no lo somos, este podría ser nuestro punto de partida. En nuestro nivel actual, el amor significa obediencia.

Esta definición simplificada del amor puede ser útil. Metas espirituales elevadas como la unión, el anhelo, la entrega, la humildad y el desapego pueden parecer abrumadoras e inalcanzables. Es un alivio saber que el amor es algo que podemos practicar de inmediato.

Cristo establece la conexión esencial entre el amor y la obediencia:

Si me amáis, guardad mis mandamientos.
La Biblia, Juan 14:15

Los mandamientos de nuestro maestro son los cuatro votos. Entonces, para nosotros, amar al maestro significa obedecer implícitamente los cuatro votos.

Baba Ji explica una forma de comprender el amor y la obediencia. Durante una sesión de preguntas y respuestas con jóvenes, alguien le preguntó: “Maestro, ¿qué es el amor verdadero?”.

Él respondió con una sola palabra: “Sacrificio”.

El maestro nos dice que el amor significa sacrificio. No se trata de una definición diferente del amor, sino de que la obediencia conlleva sacrificio. Kabir Sahib dijo: “¿Quieres beber de la copa del amor? Entonces entrega tu cabeza al maestro”215. Por supuesto, esto no debe tomarse literalmente; significa que debemos estar dispuestos a hacer sacrificios extremos por amor.

Pero ¿qué es un sacrificio extremo? En este camino, no se nos pide hacer gestos de sacrificio extravagantes o llamativos. No se nos pide abandonar nuestro hogar ni renunciar a nuestras responsabilidades. El sacrificio que se requiere es, en realidad, mucho más difícil: debemos vivir en este mundo, cumplir con todas nuestras responsabilidades y, en medio de nuestra ajetreada vida, hacer muchos sacrificios pequeños cada día para orientar nuestra mente hacia Dios.

Estos sacrificios suelen estar ocultos en los pequeños detalles de la vida cotidiana. Cada vez que servimos al maestro con la mente, cada vez que nos alejamos de una tentación, una distracción o una indulgencia, o renunciamos a una gratificación inmediata en favor de un propósito superior, estamos realizando un acto de sacrificio, obediencia y amor.

Amor es el camino del sacrificio total de uno mismo y de la entrega del corazón.
Maharaj Sawan Singh216

Si el amor significa obediencia, entonces el seva interior –la meditación– es esencial. Hazur lo dice claramente: “Si dices que amas al maestro sin meditar, simplemente te estás engañando a ti mismo”217. En una ocasión, alguien le preguntó a Hazur cómo podían los discípulos fortalecer su amor, y él respondió:

La meditación crea amor. Fortalece el amor. Lo hace profundo, lo hace crecer. Finalmente, te ilumina y te convierte en Dios218

El discípulo continuó y preguntó: “Entonces, al meditar ¿estamos amando a Dios?”. Hazur respondió: “Esa es la máxima expresión del amor”. En otra ocasión, alguien expresó su deseo de rendirse incondicionalmente al maestro, pero no sabía cómo desarrollar un amor y una devoción absolutos. Hazur respondió:

La única manera de fortalecer el amor es mediante la meditación. No hay otra forma, porque el amor que obtenemos a través de la experiencia no se puede comparar con ningún otro tipo de amor. El amor intelectual está bien. El amor emocional que está influenciado por otras personas está bien. Cualquier tipo de amor está bien, pero nada supera el amor basado en tu propia experiencia; y para obtener esa experiencia, la meditación es necesaria. La única manera de desarrollar amor y devoción es a través de la meditación219.

La meditación es la más alta expresión de nuestro amor por el maestro. Nos lleva más allá del reino de lo limitado, más allá de las lágrimas y las emociones. Es una expresión de amor sin palabras en ese espacio interior donde nuestro corazón habla y su corazón escucha y responde.

Si estuviéramos en una playa y el maestro nos pidiera cavar un hoyo en la arena, y nos dijera que por muy profundo que lo hiciéramos lo llenaría con su amor, ¿no nos pondríamos a trabajar de inmediato y cavaríamos con gran entusiasmo? Ese es el regalo que nos ha dado con la meditación. Cuanto más cavemos –cuanto más esfuerzo pongamos en nuestra meditación– más receptivos seremos a su amor. Si cavamos un pequeño hoyo del tamaño de una taza, él lo llenará hasta rebosar con su amor, pero si nos esforzamos más y excavamos un pozo profundo, también lo llenará por completo con su amor. El maestro es un océano infinito de amor, y sus oleadas de gracia siguen bañándonos. Cuánto amor sentimos no depende solo de su gracia, sino también de nuestro esfuerzo y receptividad.

El maestro llena y vuelve a llenar hasta el borde
  la copa del amor y la ofrece con sus propias manos.
Dadu se entrega completamente a un maestro así,
  y le ofrece todo su ser una y otra vez.
Dadu Dayal220

Si la meditación es la única forma para desarrollar el amor verdadero, ¿dónde encaja el seva físico? El hecho práctico es que no podemos meditar todo el día, y aunque nos ocupemos de nuestras responsabilidades diarias, aún tenemos tiempo libre. El seva, entonces, se convierte en una manera adicional de nutrir ese amor, de permanecer en una atmósfera de amor a lo largo del día. Y esto, a su vez, apoya la meditación del día siguiente.

En una ocasión, un discípulo le preguntó a un místico: “Maestro, ¿qué es el amor?”. El místico tocó su frente tres veces y respondió: “¡Atención, atención, atención!”.

Los místicos nos recuerdan con frecuencia que aquello a lo que dirigimos nuestra atención es lo que terminamos amando. Así que cuando dedicamos nuestro tiempo y atención al maestro, tanto a través del seva interior como del exterior, estamos cultivando una relación de profundo amor.

Al servir al maestro, nuestro corazón alcanza la unión con su corazón.
Maharaj Sawan Singh221

En algún punto entre la entrega y la unión en el proceso del amor, existe un estado avanzado conocido como bireh: anhelo. Cuando el alma se ha rendido por completo pero aún no ha podido unirse con el amado, se consume con un anhelo intenso. Es este dolor de la separación lo que finalmente impulsa al alma hacia la unión.

Colmados de un anhelo intenso, los grandes místicos han escrito hermosos poemas de amor y añoranza. Al leerlos nos sentimos inspirados, pero también profundamente conscientes de que estamos muy, muy lejos de ese estado del ser. Quizás experimentemos pequeños destellos de bireh cada vez que pasamos unos momentos en la presencia física del maestro y luego nos separamos de él. Pero este anhelo no se siente solo cuando él viene y después se va. Bireh es el anhelo que crece en intensidad de manera natural con nuestra meditación y seva.

Para encontrarnos con el amado, primero debe surgir un anhelo intenso, de la misma manera en que los árboles frutales primero florecen antes de dar fruto. Donde no hay flores, no puede haber frutos. De manera similar, donde no hay bireh, no puede haber encuentro con el amado.
Maharaj Sawan Singh222

La relación entre el verdadero gurú y el discípulo es, sin duda, uno de los grandes misterios de la vida. Descubrimos que en esta relación se trata tanto de enamorarse –es decir, someter el ego a un poder superior– como de elevarse en el amor, realizando un intenso esfuerzo para alcanzar al amado.

Sin embargo, el proceso del amor no es una línea recta: una etapa de esfuerzo obediente, seguida de una etapa de entrega, luego de anhelo y finalmente de unión. Más bien, es un ciclo. Los actos de obediencia diarios y constantes minan nuestro ego y animan a la mente a rendirse. A medida que crece la rendición, se alimenta cada vez más el deseo de obedecer al maestro, lo que a su vez aumenta aún más la entrega. Así, la obediencia y la entrega se retroalimentan en un ciclo en expansión; y con esto crece lentamente el anhelo de unión. Una vida de obediencia y entrega externa conduce finalmente a la entrega interior, al verdadero anhelo y, en última instancia, a la unión. Este es el proceso: una espiral de amor espiritual en constante expansión.

Cuanto más amamos, más crece el amor.
Maharaj Charan Singh223

A medida que crece el amor por el maestro, podemos sentir un impulso natural de expresarlo externamente, porque así es como el mundo nos ha condicionado. Pero el amor espiritual es diferente del amor mundano: a medida que crece, se adentra más en el interior. Hazur aconseja: “Un amante nunca hace alarde de su amor”224.

Bueno, si hay amor, no hay nada de qué hablar, y si hablamos, ya no hay amor. El amor pierde su profundidad cuando intentamos expresarlo con palabras. Cuanto más lo guardemos en nuestro interior, más crecerá. Es más experimentar que expresar.
Maharaj Charan Singh225

El maestro no necesita que le demostremos cuánto lo amamos; él ya lo sabe. Una historia de la época del místico Tulsi Sahib lo ilustra. Cuando un grupo de mujeres se enteró de que su maestro estaba visitando su ciudad, inmediatamente abandonaron el trabajo que estaban haciendo y corrieron a saludarlo. Cuando vieron a Tulsi Sahib, se inclinaron con reverencia. Pero al haber salido apresuradamente de su trabajo sin pensar en cambiarse de ropa, sus vestimentas estaban sucias y empapadas de sudor. Disgustado, un sevadar les dijo: “Hermanas, su ropa huele mal. Siéntense en la parte de atrás”.

Tulsi Sahib corrigió amablemente al sevadar, diciendo: “No tienes idea de la dulce fragancia de su amor y devoción. No sabes con qué sentimientos han venido. Puede que tú hayas percibido un mal olor, pero a mí no me ha llegado”226.

La lección de esta historia es que el maestro ve nuestro corazón. Pero aquí hay también una segunda enseñanza: Cuando hacemos seva, no debemos juzgar a otros discípulos por su apariencia externa o comportamiento.

Un incidente similar ocurrió en un gran centro que estaba ocupado con los preparativos de la visita del maestro. Un sevadar quería hacer seva, y el coordinador le mostró una rampa de madera resbaladiza, un peligro potencial con el clima húmedo. Le dijo al sevadar que colocara algún material antideslizante en la rampa para crear una superficie menos resbaladiza. Le dio un material antideslizante y le explicó cómo fijarlo con tornillos en los bordes de la rampa.

El sevadar se puso manos a la obra con gran dedicación. Cuando el coordinador fue a revisarlo se sorprendió al ver que en lugar de una fila de tornillos a lo largo de cada borde, había filas y filas de tornillos por toda la rampa. Había colocado tantos tornillos que el objetivo de crear una superficie antideslizante no se había logrado apropiadamente: la rampa seguía siendo resbaladiza.

Unos días después, Baba Ji llegó al centro. Durante su inspección del área de construcción, se dirigió a la rampa. La observó por un momento y dijo: “¡Muy creativo!”. Luego continuó su recorrido. Al recordar ese incidente, quizás el coordinador se dio cuenta de que también había una lección profunda para él: “No se trata de la meta, sino del viaje; lo que importa es lo que hay en nuestro corazón”. Este sevadar lo estaba dando todo, con la intención correcta. El maestro vio el amor desinteresado con el que había realizado su seva, mientras que nosotros solo vemos una rampa con demasiados tornillos.

El maestro ve nuestro amor y, sin embargo, nos cuesta creerlo. Por eso, a veces sentimos la necesidad de demostrar nuestro amor de alguna forma visible, al menos con lágrimas. Y si no hay lágrimas –si no nos sentimos abrumados por la emoción– puede que nos juzguemos a nosotros mismos y concluyamos que no tenemos amor. Pero ¿cómo podría no haber amor?

Cuando sentimos que no tenemos amor, significa que no estamos satisfechos con la profundidad de nuestro amor. No quiere decir que no tengamos amor, si fuera así no pensaríamos en el amor.
Maharaj Charan Singh227

A veces, al observar el amor de otro sevadar por el maestro, podemos compararnos y sentir que nuestro amor es insuficiente. Pero Hazur nos recuerda que nunca debemos compararnos con nadie:

Muchos me cuentan en las entrevistas que no sienten amor. No entiendo ese concepto del amor y qué criterio se usa para analizarlo y medirlo... No hay nada que pensar en el amor; el amor sencillamente está ahí. El problema está en que nos comparamos con los demás. Creemos que el amor de la otra persona es más profundo que el nuestro y que nosotros deberíamos ser como ella. Pero, en realildad, nadie conoce a nadie228.

En ocasiones, también juzgamos el amor del maestro por nosotros: Él ama más a ese otro sevadar que a mí; antes me amaba más, pero ahora ya no tanto. Pero el amor del maestro por nosotros es constante e inmutable, es infinito. En lugar de abrumarnos con ese océano de amor ilimitado, el maestro simplemente nos ofrece un espejo: nos muestra el reflejo de nuestro propio amor.

Vemos nuestro propio reflejo en el maestro. Si tienes amor y devoción, sentirás que él está enamorado de ti, que te ama. Si eres indiferente a él, sentirás que tu maestro es indiferente contigo. Él es nuestro propio reflejo.
Maharaj Charan Singh229

Nuestra comprensión del amor es limitada, por lo que tendemos a calcular, analizar y preocuparnos. Pero si en lugar de eso simplemente hacemos los sacrificios necesarios para obedecer al maestro y le damos nuestro tiempo y atención, el amor por él florecerá automáticamente dentro de nosotros. Se reflejará en nuestras palabras, nuestros actos, nuestro carácter y en toda nuestra forma de vida. Esta es la forma más elevada de servicio. Esto es gurú bhakti, devoción al maestro. Esto es amor.

El servicio al gurú es devoción al gurú.
¡Qué singulares son los que lo obtienen!
Gurú Amar Das230

Quizás la prueba más grande de nuestro amor se produce cuando el maestro deja la forma física y tenemos que aceptar un sucesor en su lugar. Es natural que los familiares, amigos y sevadares más cercanos al maestro se hayan apegado a su personalidad, por lo que cuando inevitablemente llega ese doloroso momento es difícil aceptar que alguien más pueda ocupar su lugar.

Después de la partida del Gran Maestro, muchos de sus sevadares más antiguos no pudieron aceptar a Sardar Bahadur Ji como su sucesor. Algunos incluso dejaron Beas, incapaces de soportar un Dera sin su amado maestro. Pero ¿qué habría querido el Gran Maestro? Habría querido que sus sevadares más fieles y amorosos dejaran de lado sus emociones, fueran obedientes y se rindieran a su voluntad. Habría querido que estuvieran al lado de Sardar Bahadur Ji cuando más necesitaba su apoyo como sucesor elegido.

El maestro nos insta a dar prioridad a las enseñanzas por encima de nuestras emociones. Las enseñanzas nos recuerdan que la forma física del maestro nos dejará algún día, pero la forma del Shabad continuará guiándonos a través de su sucesor. Las enseñanzas nos recuerdan que el amor significa obediencia. Si tenemos fe en el maestro, entonces podemos tener fe en su elección del sucesor, sin importar lo que nuestra mente nos diga. Y cuando le damos nuestro apoyo incondicional al nuevo maestro, incluso cuando nuestros corazones están llenos de dolor por la pérdida de nuestro maestro, nuestra obediencia es un acto de gran amor.

Él es ahora el timonel de tu vida, y solo tiene en su corazón tu felicidad y bienestar. Por su misericordia, te está llevando hacia él lo más rápido posible para darte todo lo que tiene.
Maharaj Charan Singh231

El maestro es la personificación del amor. Con la ternura de un padre, nos toma de la mano y, poco a poco, nos persuade, nos anima, nos impulsa, nos enseña el significado del amor verdadero y nos lleva a casa.

Amor por el seva
A medida que el amor por el maestro crece en nuestros corazones, queremos compartir ese amor con los demás a través del servicio. Hazur hablaba a menudo del círculo del amor y el servicio: el amor nos hace querer servir, y cuanto más servimos, más amamos. En una sesión de preguntas y respuestas, Hazur dijo una vez que sin amor nunca se puede hacer servicio. El servicio crea amor. El servicio comienza con amor. El servicio fortalece el amor.

Cuanto más servimos, más descubrimos un profundo amor y respeto por el seva mismo, no solo por “hacer” seva, sino por la forma en que tan íntimamente nos conecta con el maestro y con nuestra meditación.

Muchos de nosotros sentimos un gran entusiasmo por el seva; pasamos horas y horas del día haciendo seva con gran dedicación y consagramos años de nuestra vida a él. Pero el amor por el seva va más allá del entusiasmo, la pasión y la emoción. El amor es constante y duradero, no disminuye cuando el seva no sale como queremos. El amor es obediente: no trata de moldear el seva según nuestra voluntad. Y el amor es desinteresado: no exige nada del amado.

La epopeya india Mahabharata nos ofrece una hermosa enseñanza sobre el amor por el seva. Arjuna le preguntó una vez al Señor Krishna: “Señor, ¿por qué la gente considera que Karna es más generoso que Yudhishthira*? Ninguno de los dos ha rechazado jamás una petición, sin importar quién la haya pedido. Entonces, ¿por qué se considera que Karna es más grande que Yudhishthira?”.

Con una sonrisa, el Señor Krishna dijo: “Ven, te mostraré por qué”.

Disfrazados de sacerdotes pobres, los dos fueron primero a la corte de Yudhishthira y pidieron una gran cantidad de sándalo para realizar un yajna, una ceremonia de fuego. Yudhishthira envió inmediatamente a sus soldados a todas partes de su reino en busca de palos de sándalo, pero era la temporada del monzón y todos los árboles estaban mojados. Los soldados regresaron al palacio con palos de sándalo empapados, inutilizables para el yajna.

Todavía disfrazados de sacerdotes, Krishna y Arjuna se dirigieron a la corte de Karna y pidieron palos de sándalo. Karna reflexionó un momento y dijo:

“Ha estado lloviendo durante varios días, por lo que será imposible encontrar palos de sándalo secos. Pero hay una solución. Por favor, esperad un momento”. Karna entonces derribó las puertas y ventanas de su palacio, que estaban hechas de madera de sándalo, las cortó y les dio los palitos secos de sándalo a los dos sacerdotes.

Ellos aceptaron la ofrenda y abandonaron el palacio. De camino de regreso, Krishna le dijo a Arjuna: “¿Ves ahora la diferencia entre los dos, Arjuna? Si le hubiéramos pedido a Yudhishthira que nos diera sus puertas y ventanas para nuestro yajna, nos las habría dado sin pensarlo dos veces. Pero no pensó en eso. Tampoco le pedimos a Karna sus puertas, pero él mismo encontró la solución. Yudhishthira da porque es su dharma, su deber. Karna da porque él ama dar. Esta es la diferencia entre los dos, y por eso Karna es considerado más grande”232.

Esta historia nos invita a reflexionar. ¿Servimos porque es nuestro deber o porque amamos servir? Baba Ji ha dicho que el seva es fácil para quien quiere dar y difícil para quien quiere recibir. Con esto nos señala que cuanto más queremos dar –cuanto más amamos dar–, más fácil se vuelve el seva.

Cuando servimos porque amamos servir, encontraremos que vamos más allá del seva. Si nos piden lavar platos, no los lavaremos de manera superficial solo para terminar rápido; los lavaremos hasta que brillen. Si nos piden recoger a alguien en el aeropuerto, llegaremos con mucha anticipación, le daremos una cálida bienvenida, lo ayudaremos con su equipaje y velaremos por su comodidad hasta que lo dejemos en su destino de manera segura. Si nos piden cortar vegetales, no solo los cortaremos, sino que también ayudaremos a limpiar las encimeras y a barrer la cocina, si tal ayuda es útil.

Y cuando servimos porque amamos servir, realizamos el seva con amor.

Así pues, el seva debe hacerse siempre con amor, si no, no es seva. Seva no es trabajar de una forma mecánica con las manos. Seva es nuestra intención de agradar a otra persona.
Maharaj Charan Singh233

Si abordamos el seva como una tarea mecánica, obtendremos un resultado mecánico. Cuanto más amor pongamos en el seva, más complaceremos al maestro y más amor y alegría recibiremos interiormente. Esto es lo que sucede cuando nos enamoramos del seva: nuestro trabajo deja de sentirse como una tarea rutinaria o un deber. Se convierte en pura alegría. Entonces, como en el caso de Karna, se vuelve natural para nosotros ir más allá de la llamada del deber y hacer el seva con amor.

El sangat no hace todo este seva con la expectativa de recibir una recompensa, lo hace por amor. El seva es amor; ellos nunca piden nada a cambio. Y sin importar los inconvenientes, nunca se quejan. Siempre están contentos y felices de hacer seva.
Maharaj Charan Singh234

Cuando nos enamoramos del seva, nos obsesionamos menos con los resultados; en cambio, nos sentimos satisfechos con el recorrido mismo, con el proceso de hacer seva. En un centro en el extranjero, los preparativos para un fin de semana de satsang estaban en pleno apogeo. Los sevadares de diferentes centros locales de la zona habían trabajado juntos durante semanas para preparar el satsang: la sala estaba lista, el alojamiento y la comida estaban organizados, se habían formado y preparado equipos de seva y se habían designado oradores. Todo estaba dispuesto para la llegada del sangat. Pero tan solo dos días antes del fin de semana de satsang, recibieron una llamada de su representante informándoles que Baba Ji había hecho planes repentinos para visitar su país ese mismo fin de semana. Se les pidió a los sevadares que informaran al sangat que en lugar de venir para el fin de semana de satsang, ahora deberían ir a otra ciudad donde el maestro daría el satsang.

Los sevadares hicieron lo que se les dijo. Más tarde, después de que se informó al sangat y de que se canceló todo lo que se había preparado, los sevadares se sentaron juntos y hablaron al respecto. Todos estaban emocionados de que el maestro llegara. Luego, la conversación se centró en cómo se sentían acerca de la cancelación del fin de semana que les había costado tanto preparar. Se sorprendieron al darse cuenta de que el propósito de su seva ya se había cumplido. El seva había creado una atmósfera de amor, armonía, comunicación y amistad entre los sevadares; el seva había hecho que cada uno de ellos se sintiera más cerca del maestro. El seva había cumplido su propósito, aunque el fin de semana de satsang nunca llegara a realizarse.

Solo los santos saben cómo llevan a cabo su labor en este mundo. El seva que sus discípulos realizan en su nombre está impregnado de una coherencia y una serenidad difíciles de describir. Y la atmósfera de amor nos saca de nuestro pequeño yo y nos eleva hacia una mayor conciencia de la presencia del maestro 235.

Sentimos esta atmósfera cuando entramos en contacto con algunos de los increíbles sevadares que tienen tanto amor por el maestro y por el seva, que nos sentimos humildes e inspirados simplemente observándolos. Una mujer acomodada fue una vez a hacer seva en el langar de Dera. Antes de entrar, se detuvo para quitarse el calzado. Al mismo tiempo, otra sevadar hizo lo mismo. La mujer notó que las sencillas zapatillas de goma de esta sevadar estaban unidas con puntadas en seis lugares diferentes. Mientras trabajaban codo con codo en el langar comenzaron a hablar, y la mujer descubrió que esta sevadar ahorraba todo su dinero para poder pagar el billete de tren a Dera para su seva regular. Ahorraba no para comprarse un nuevo par de zapatillas, sino para comprar su billete para poder ir a hacer seva.

Seguro que hemos visto a muchas mujeres cocinando junto al fuego. En invierno está bien, pero imaginemos los meses de junio y julio, cuando el calor y la humedad son insoportables. En esos momentos, ni siquiera podemos mirar el fuego, mucho menos acercarnos a él, y sin embargo, estas mujeres cocinan incluso muchísimo más de lo que hemos podido presenciar al visitar las cocinas. A pesar de todo, están muy felices, muy contentas. El espíritu de servir al sangat siempre está presente en ellas. Todo es la gracia de Baba Ji*, ya ves.
Maharaj Charan Singh236

Un sevadar recordó el amor de una compañera por el seva. A ella se le había confiado la llave de su centro local porque era puntual, responsable y se podía confiar en que sería la primera en llegar. Con los años, trabajó en muchos departamentos diferentes y nunca fue quisquillosa. Cuando hubo un proyecto de construcción en el centro, transportó ladrillos; cuando fue necesario lavar platos, lo hizo. Para ella, seva era seva, y se debía hacer lo que se asignaba. Esta filosofía fue puesta a prueba cuando le pidieron trabajar en uno de los departamentos financieros. Como ama de casa que nunca había trabajado fuera de su hogar, la idea de emitir cheques, procesar facturas y llevar registros contables de débitos y créditos la aterraba. Pero ignoró su miedo y realizó este seva durante muchos años.

Como sevadar regular, se comprometía a participar en el jatha seva [sevadares de apoyo], cuando un grupo de sevadares de su centro viajaba una o dos veces al año a otro centro o a Dera para hacer seva abierto. Este seva era bastante extenuante; los sevadares jatha solían viajar en autobús durante la noche y llegaban a su destino en las primeras horas de la mañana. Empezaban a hacer seva poco después de su llegada. Los jathas suelen hacer seva durante todo el día y luego viajan de regreso en autobús, ya sea la misma noche o la noche siguiente. Si le hubieras preguntado a esta sevadar, a su edad y con sus problemas de salud, si quería ir a hacer el jatha seva, su respuesta podría haber sido “no”. Sin embargo, lo hizo alegremente, sin hacer preguntas, y también disfrutó.

Esta sevadar tiene más de setenta años y ofrece un ejemplo inspirador de amor por el seva. De ella podemos ver que nuestros sentimientos hacia el seva no siempre son constantes: a veces lo disfrutamos, a veces no tanto. Quizás la única manera de aprender a amar nuestro seva es seguir haciéndolo, incluso en esos momentos en los que no nos gusta mucho. Así, con el tiempo, el verdadero amor por el seva llega como un regalo del maestro.

Con la gracia del Señor mi mente está embriagada:
en verdad, este es el servicio que rindo a mi Dios.
Gurú Amar Das237

Cuando hacemos nuestro seva con amor, parece que incluso tenemos el poder de conmover al maestro. En agosto de 2010, cuando las inundaciones devastaron la ciudad de Leh y varios pueblos en la región montañosa de Ladakh, la organización RSSB intervino para ayudar. Les informaron que la necesidad inmediata era proporcionar refugio a los aldeanos, ya que el invierno estaba cerca. Se envió una solicitud de sevadares a varios centros de satsang y, de inmediato, varios sevadares viajaron a Leh, llevando materiales para la construcción de cobertizos. Al llegar a Leh, los enviaron a diferentes aldeas para construir los cobertizos. Los lugares donde los enviaron estaban en áreas remotas, donde la devastación era extrema y la ayuda no podía llegar fácilmente.

Algún tiempo después de que comenzaran los trabajos, el sevadar encargado recibió una llamada: Baba Ji vendría a Leh en cuatro días para revisar el estado de los trabajos. Dado que no era posible completar todos los cobertizos en tan poco tiempo, decidió que al menos intentarían completar uno para mostrárselo al maestro. El encargado reunió a los sevadares y les dijo que el maestro vendría, por lo que deberían intentar completar el cobertizo en cuatro días. Los sevadares aceptaron y regresaron a su tarea con intensa energía.

Pronto se difundió la noticia de que Baba Ji vendría y se le mostraría un cobertizo terminado. Los líderes del equipo de seva de las otras aldeas llamaron al coordinador y le pidieron que a ellos también se les diera la oportunidad de terminar sus cobertizos a tiempo para que el maestro los viera. El coordinador explicó que su decisión se había tomado teniendo en cuenta los desafíos logísticos: el trabajo debía realizarse a gran altura, con recursos limitados y en muy poco tiempo. Iba a ser un gran desafío, incluso para el equipo al que se le asignó la tarea. No pensó que sería posible que esos sevadares terminaran los cobertizos a tiempo. Pero los líderes de los otros equipos de seva le pidieron que al menos se les diera la oportunidad de intentarlo, y él aceptó.

Baba Ji llegó a Leh. Dado que todos los sevadares habían trabajado tan arduamente, el plan era llevarlo no solo al primer pueblo, sino de un pueblo a otro. Pero llegar a los pueblos no era fácil. Los caminos estaban tan embarrados, que los conductos de aire acondicionado en los autos del grupo de viaje se obstruyeron con barro; al mismo tiempo, era imposible bajar las ventanas debido al olor a animales muertos. Estas eran las condiciones en las que los sevadares habían estado trabajando.

Conduciendo a través de esta devastación, el grupo de viaje llegó al primer pueblo, donde encontraron que los sevadares habían trabajado muy duro y terminado el cobertizo. Los aldeanos locales estaban sentados a un lado observando la intensa actividad, asombrados del ritmo con el que los sevadares habían construido el cobertizo. Cuando Baba Ji llegó al pueblo, primero saludó a los aldeanos que estaban sentados junto al refugio y luego dio darshan a los sevadares.

Este mismo escenario se repitió en cada pueblo: los sevadares habían trabajado con mucho esfuerzo y los aldeanos se sintieron profundamente conmovidos por su dedicación. Baba Ji terminó la inspección de todos los lugares de seva y regresó a Leh. Esa noche, los líderes de los equipos de seva llamaron al coordinador y le preguntaron si Baba Ji daría satsang en Leh. No se había hecho ningún plan, pero cuando se lo preguntaron a Baba Ji, él accedió a dar satsang la noche siguiente. Los sevadares se regocijaron y comenzaron a hacer planes para viajar a Leh para el satsang.

Cuando los aldeanos se enteraron, dijeron que también querían asistir al satsang del maestro. ¡Esta petición la hicieron los aldeanos de cada pueblo! Pero eran personas pobres que lo habían perdido todo en las inundaciones. No les era posible viajar a Leh y regresar. Una vez más, los líderes de los equipos de seva llamaron al coordinador para comentarle la solicitud de los aldeanos. Se tomó la decisión de que RSSB asumiría la responsabilidad de llevar a los aldeanos a Leh para el satsang, alimentarlos y luego devolverlos a sus respectivos pueblos.

Al día siguiente, los sevadares y aldeanos llegaron al lugar del satsang en Leh. La sala resonaba con el canto de shabads. Toda la atmósfera estaba llena de amor por el maestro. Luego llegó Baba Ji, y antes de comenzar el satsang dijo unas palabras de agradecimiento a los sevadares. Comentó que estaba muy feliz con el seva que habían hecho y que estaba muy contento con ellos. Dijo que no tenía palabras para expresar su agradecimiento. Al decir estas palabras, comenzó a atragantarse y no pudo seguir hablando. Después de unos segundos, se aclaró la garganta y trató de comenzar el satsang, pero nuevamente estaba tan abrumado por la emoción que no pudo hablar. Finalmente, le indicó al pathi que comenzara a cantar shabads, y no dio satsang. Aunque no escucharon un satsang, los aldeanos quedaron tan conmovidos por este espectáculo de amor entre el maestro y sus sevadares, que muchos luego pidieron la iniciación.

Con verdadero amor estoy apegado a ti, oh Señor,
y habiéndome enamorado de ti,
  me he desprendido de todo lo demás.
Dondequiera que voy, estoy a tu servicio;
oh Señor, no hay otro maestro como tú.
Ravidas238

El maestro es un conducto del amor del Señor hacia nosotros. El milagro de nuestra vida es que podemos experimentar este amor y que tenemos la oportunidad de corresponder a través del seva en todas sus innumerables formas.