
CAPÍTULO SEIS
Soñé que era una Mariposa
Todo en la creación está sujeto a un proceso perpetuo de cambio y transformación. Esa es la naturaleza de la vida, el crecimiento y la muerte. Este proceso comienza con la evolución de la creación desde la nada o vacío hasta el ser y la forma, y luego regresa al vacío previo a la creación. Esto es cierto incluso en la vida humana: nacemos, crecemos, vivimos y morimos. A veces estamos enfermos, a veces sanos; a veces somos pobres, a veces ricos. Podemos atravesar todo tipo de cambios con ecuanimidad si somos capaces de adaptarnos sin angustia ni apego.
Una metáfora evocadora de los acontecimientos siempre cambiantes de la vida es el movimiento del río. Otra es el dragón, cuyo movimiento serpentino representa la fluidez y diversidad de la vida y del tiempo; el dragón sortea y atraviesa todos los obstáculos. Esta criatura, que a veces muda su piel, a veces engulle a sus presas por entero y otras se interna en las profundidades de la tierra, es el “símbolo generativo y transformador clave de la cultura china”114. Su movimiento ondulante imita el paisaje natural y la arquitectura de China. Representa la adaptación al cambio, elemento fundamental para comprender la concepción china de la vida espiritual.
Otro símbolo potente de transformación es la mariposa, que representa no solo la transformación espiritual, sino también la resurrección en muchas religiones y culturas del mundo. La mariposa se desarrolla y cambia de forma en cada una de sus cuatro etapas vitales. Comienza como un embrión, luego se convierte en una oruga que se arrastra. Más tarde se envuelve en un capullo, y finalmente emerge como el delicado insecto alado que ha fascinado a los seres humanos durante eones, con sus alas como una paleta de gemas de colores abstractos y brillantes.
En el griego antiguo, la palabra para “mariposa” es psyche, que significa “mente” o “alma”. También se dice que, en el cristianismo temprano, la mariposa simbolizaba la resurrección del alma, y que a menudo se esculpían imágenes de mariposas en las lápidas.
Pero quizá el uso más conocido del símbolo de la mariposa, al menos en la literatura espiritual, es la enigmática anécdota o koan en el Zhuangzi, que plantea la pregunta sobre qué es realidad y qué es ilusión, más específicamente, ¿cuál es nuestra verdadera identidad? ¿Y cuál es la diferencia entre vida y muerte al pasar de una forma a otra, de una vida a otra?
En cierta ocasión, yo, Zhuangzi, soñé que era una mariposa, revoloteando de aquí para allá, siendo a todos los efectos y propósitos una mariposa. Solo era consciente de mi felicidad como mariposa, sin darme cuenta de que era Zhuangzi. Pronto desperté y allí estaba yo, verdaderamente yo mismo de nuevo. Ahora no sé si entonces era un hombre soñando que era una mariposa o si ahora soy una mariposa soñando que soy un hombre. Entre un hombre y una mariposa hay necesariamente una distinción. La transición se llama la transformación de las cosas materiales115.
¿Quiénes somos?, nos preguntamos: ¿Somos realmente alma, simbolizada por la mariposa, revoloteando sin conciencia del tiempo y del espacio, libres del cuerpo y de la mente, felices únicamente en nuestra experiencia como alma? ¿O somos seres humanos físicos, profundamente apegados a la mente y al cuerpo, que solo podemos soñar con existir como alma? ¿Podemos romper el capullo del cuerpo y la mente, donde estamos atrapados por deseos y apegos?
La historia de Zhuangzi plantea la cuestión: ¿Cuál es el sueño y cuál la realidad? ¿O son ambos niveles de conciencia, en realidad, sueños?
Parece que para encontrar la felicidad necesitamos despertar del sueño en el que vivimos cada día, así como del sueño que soñamos mientras dormimos. No somos felices en este mundo, por eso, soñamos con ser mariposa; por eso, el alma sueña con ser libre. ¿Por qué querríamos vivir en el sueño de esta vida si podemos despertar al gozo de vivir eternamente en el Dao?
En el mismo capítulo del sueño de la mariposa, Zhuangzi presenta el ejemplo de personas que sueñan con vivir con grandes lujos, pero al despertar sienten la tristeza de su fugacidad. De igual manera, quienes sueñan angustiados con la tristeza también despiertan al hecho de que incluso su tristeza es una ilusión; al despertar, “se unen a la caza”: se involucran nuevamente en las actividades de la vida. Esto muestra que ninguna experiencia humana es permanente: todo es ilusión, un sueño. Toda la vida física está en constante transformación. Es como si Dios nos estuviera jugando una broma, porque no tenemos idea de cuál es la realidad. Zhuangzi escribió:
Los que sueñan con el banquete despiertan para lamentarse y entristecerse. Los que sueñan con lamentos y penas se despiertan para unirse a la caza. Mientras sueñan, no saben que están soñando. Algunos incluso interpretan el propio sueño que sueñan; y solo cuando despiertan saben que fue un sueño.
Poco a poco llega el Gran Despertar, y entonces descubrimos que esta vida es realmente un gran sueño. Los necios creen estar despiertos ahora, y se envanecen pensando que saben: este es un príncipe, aquel es un pastor. ¡Qué estrechez de mente!
Confucio y tú ambos sois sueños; y yo que digo que sois sueños; yo mismo no soy sino un sueño. Esto es una paradoja. Mañana puede surgir un sabio para explicarlo; pero ese mañana no será hasta dentro de diez mil generaciones. Sin embargo, puedes encontrarlo a la vuelta de la esquina116.
Zhuangzi enfatiza aquí que tú y yo, e incluso Confucio, el gran filósofo, nosotros que hablamos de realidad e ilusión, también somos ilusiones. Todos vivimos dentro del sueño. ¿Y cuál es la realidad? Es una gran paradoja. Luego Zhuangzi dice: Tal vez algún día un sabio o santo vendrá a explicarlo; entonces sabremos que no hay tiempo ni espacio, que todo es ilusión. Para expresarlo, dice que es posible que el santo no aparezca hasta dentro de diez mil generaciones, pero luego veremos que ha estado con nosotros todo el tiempo: “puedes encontrarte con él a la vuelta de la esquina”. Toda esta discusión es una ilusión. La única verdad es que toda la vida es cambio y transformación.
La transformación es inevitable
El Huainanzi incluye una sección que describe el orden natural de las plantas y los animales, algo que no siempre resulta evidente para todos. Todo lo que existe sigue su propia naturaleza intrínseca, su dé, tal como debe ser, porque es innata, es ziran (su propia naturaleza). Esta sección es una hermosa oda al orden natural de la vida.
Las plantas flotantes echan raíces en el agua,
las plantas terrestres echan raíces en la tierra,
los pájaros vuelan surcando el vacío,
los animales corren pisando el suelo firme.
Los cocodrilos y dragones habitan en el agua,
los tigres y leopardos en las montañas.
Esta es la naturaleza del mundo.Dos trozos de madera,
al frotarse, prenden fuego;
el metal, junto al calor, se funde;
las cosas redondas tienden a girar,
las cosas huecas principalmente a flotar.
Es su inclinación natural.Así, cuando llegan los vientos de primavera,
traen las lluvias oportunas;
y las miríadas de cosas se crean y nutren.
Las criaturas con plumas incuban
y eclosionan sus huevos,
las criaturas con pelo conciben y dan
a luz a sus crías.
Plantas y árboles florecen, (…)
Sin que nadie vea el hacer real,
la obra se cumple.
Y luego, cuando llega la hora de la muerte y el renacimiento, todo sigue su curso natural (su dé) en esa transformación inevitable.
Cuando los vientos de otoño traen la escarcha,
la vegetación se daña y se quiebra.
Águilas y halcones atacan a sus presas,
insectos en enjambres hibernan,
las plantas y los árboles echan raíces,
y los peces y las tortugas se adentran en las
profundidades.
Sin que nadie haya visto nunca el hacer real,
las cosas desaparecen sin dejar rastro.
El Huainanzi ofrece luego más ejemplos tomados de la vida de los seres humanos y de cómo se adaptan al entorno en el que habitan. La miríada de cosas creadas, desde las plantas hasta los animales y los humanos, sigue su propia naturaleza, lo que el traductor denomina “ser así por sí mismos”.
Las innumerables cosas han sido así por sí mismas
desde el principio.
¿Qué espacio hay para que
el sabio interfiera?117.
No hay necesidad de intentar cambiar la forma de vivir de las personas. El sabio respeta el dé de la naturaleza porque está en sintonía con ella: sigue el Dao. Sabe que el dé guía la naturaleza intrínseca de las personas. Concluye esta sección dando un ejemplo de cómo las personas pueden adaptarse a la sociedad y al entorno dondequiera que estén, en los momentos más extremos, y así vivir en paz. De hecho, estas pocas líneas pueden ser una metáfora de un significado mucho más profundo: desprenderse de la mente y entrar en el reino del espíritu.
Así, cuando Yu fue al País
de los Desnudos,
se quitó la ropa antes de entrar
y se la volvió a poner antes de salir.
Basaba sus acciones en las costumbres locales118.
Volver al Zhuangzi
El Zhuangzi relata una discusión irónica, pero seria, entre cuatro amigos sobre la vida y la muerte. Proporciona un ejemplo de cómo aceptar el cambio puede generar desapego. Un hombre vio cómo su cuerpo envejecía, y eso le hizo gracia. No dejó que eso lo desanimara; más bien vio el humor en su transformación, al darse cuenta de que era una evolución natural de su forma, tal como la vida avanza hacia la muerte y luego vuelve a comenzar.
El maestro Si, el maestro Yu, el maestro Li y el maestro Lai estaban los cuatro conversando juntos: “¿Quién puede ver el no ser como su cabeza, la vida como su espalda y la muerte como su trasero?”, dijeron. “¿Quién sabe que la vida y la muerte, la existencia y la aniquilación, son todo un solo cuerpo? ¡Yo seré su amigo!”.
Los cuatro hombres se miraron y sonrieron. No había desacuerdo en sus corazones, por lo que los cuatro se hicieron amigos.
De repente, el maestro Yu cayó enfermo. El maestro Si fue a preguntarle cómo se encontraba. “¡Asombroso!”, dijo el maestro Yu. “¡El Creador me está dejando todo encorvado! Mi espalda se encorva como la de un jorobado, y mis órganos vitales están encima de mí. ¡Mi barbilla se esconde en mi ombligo, mis hombros están por encima de mi cabeza, y mi coleta apunta al cielo! ¡Debe ser alguna alteración del yin y el yang!”.
Sin embargo, parecía estar tranquilo y despreocupado. Arrastrándose con dificultad hasta el pozo, miró su reflejo y dijo: “¡Vaya, vaya! ¡Así que el Creador me está volviendo así de encorvado!”.
“¿Estás resentido?”, preguntó el maestro Si.
“¿Por qué debería estar resentido? Si el proceso continúa, quizás con el tiempo transforme mi brazo izquierdo en un gallo. En ese caso, vigilaré durante la noche. O tal vez con el tiempo transforme mi brazo derecho en una flecha de ballesta, y abatiré un búho para asarlo. O quizá transforme mis nalgas en ruedas de carreta. Entonces, con mi espíritu como caballo, ¡me montaré y saldré a cabalgar! ¿Qué necesidad tendré jamás de un carruaje?
”Recibí la vida porque llegó mi tiempo; la perderé porque el orden de las cosas perece. Conténtate con este tiempo y habita en este orden, y entonces ni la tristeza ni la alegría podrán tocarte. En la antigüedad, esto se llamaba: ‘Liberarse de las ataduras’. Hay quienes no pueden liberarse porque están atados a las cosas. Pero nada puede jamás vencer al Cielo; así ha sido siempre. ¿Qué tendría que molestarme?”.
De repente, el maestro Lai enfermó. Jadeaba y jadeaba, y estaba al borde de la muerte. Su esposa e hijos se reunieron en un círculo a su alrededor y comenzaron a llorar. El maestro Li, que había venido a preguntar cómo estaba, dijo: “¡Fuera! ¡No perturben el proceso de cambio!”.
Luego se recostó contra la puerta y habló con el maestro Lai. “¡Qué maravilloso es el Creador! ¿Qué hará contigo a continuación?
”¿Dónde te enviará? ¿Te convertirá en el hígado de una rata? ¿En las patas de un insecto?”.
El maestro Lai dijo: “Un niño, que obedece a su padre y a su madre, va adonde se le dice: al este o al oeste, al sur o al norte. Y el yin y el yang, ¡cuánto más significan para un hombre que su padre o su madre! Ahora que me han llevado al umbral de la muerte, si me negara a obedecerles, ¡qué obstinado sería! ¿Qué culpa tienen ellos?
”El Gran Terrón (la vida terrenal) me carga con una forma, me fatiga con la vida, me alivia en la vejez y me hace descansar en la muerte. Así que, si pienso bien de mi vida, por la misma razón debo pensar bien de mi muerte.
”Cuando un herrero experto está fundiendo metal, si el metal saltara y dijera: ‘¡Insisto en convertirme en una espada Moye!’ (una espada conocida y poco común), seguramente el herrero lo consideraría un metal muy hostil.
”Ahora, habiendo tenido la audacia de tomar la forma humana una vez, si dijera ‘¡No quiero ser nada más que un hombre! ¡Nada más que un hombre!’, seguramente el Creador me consideraría la clase de persona más ingrata.
”Así que ahora pienso en el cielo y la tierra como un gran horno, y en el Creador como un herrero experimentado. ¿Dónde podría enviarme que no estuviera bien? Me iré a dormir en paz, y luego me despertaré con la nueva luz del día”119.