Descargar | Imprimir

El hombre es un Dios en ruinas

De vez en cuando, encontramos una cita que nos recuerda las enseñanzas de los santos, aunque la cita no sea de la literatura de Sant Mat. Una de estas citas es del escritor del siglo XIX, Ralph Waldo Emerson, quien se graduó en teología en Harvard, fue pastor unitario durante un tiempo, estudió los Vedas y tradujo la poesía de Hafiz.

Un hombre es un Dios en ruinas. Cuando los hombres sean inocentes, la vida será más larga, y pasará a la inmortalidad tan livianamente como nos despertamos de los sueños1.

Las ideas contenidas en esta cita nos recuerdan las enseñanzas de los primeros místicos cristianos, los gurús sijs y los maestros perfectos modernos, incluyendo a Hazur Maharaj Charan Singh y el actual maestro, Baba Ji. Ellos nos dicen que el alma es parte integral del Señor. El Señor está en nuestro interior. En el Adi Granth de los escritos sijs nos dicen que el cuerpo es el templo del Dios vivo. Pero hemos dejado que este templo se llene de suciedad, convirtiéndolo en un lugar no apto para que el Señor entre.

Se le preguntó a la cantante Lady Gaga: “¿Cómo fue el hacerte famosa?” Su respuesta fue: “Siempre fui famosa; simplemente, la gente aún no era consciente de ello”.

De la misma manera, el Señor está en nuestro interior, pero aún no nos hemos dado cuenta. La presencia divina está en nuestro interior, y cuando limpiamos las capas de esta alma, todo lo que queda es la divinidad: somos dioses. El alma es como un diamante atrapado en una fisura de carbón y enterrado bajo tierra. El diamante no sabe que no es carbón. Nuestra alma está atrapada en las envolturas de la mente y el cuerpo; está cubierta por la mugre del ego, el orgullo, la ira, el apego y la lujuria. Nuestra verdadera naturaleza es la misma que la del Señor, pero pensamos que somos carbón; pensamos que somos nuestra personalidad, nuestra raza, nuestra casta, nuestra educación, nuestro trabajo y nuestra familia.

Pensemos en un gran palacio, o en un maravilloso hogar que ha sido abandonado durante siglos. Las paredes se desmoronan, los techos se han caído, ratas, ratones, arañas, serpientes y caimanes deambulan por ahí. Un lugar así necesita un restaurador, un artesano que pueda devolverle a la propiedad toda su gloria.

Así como un palacio en ruinas tiene un restaurador, así como un cuerpo en ruinas necesita un médico, un alma en ruinas necesita un verdadero maestro vivo o sant satgurú. Para restaurar nuestra alma a su plena gloria necesitamos recibir instrucción de alguien que haya logrado esto, alguien que, de hecho, haya sido enviado por el Señor para rescatarnos de esta condición decrépita.

¿Y qué madera y pintura se necesita para restaurar estas ruinas? La del Shabad y Nam.

Los santos enseñan la práctica del Surat Shabad Yoga, o la ciencia de la corriente de sonido, como una práctica que restaurará completamente el alma a su gloria original. Enseñan una técnica de meditación que consiste en el simran, que es la repetición de cinco nombres sagrados impartidos en el momento de la iniciación, y el bhajan, que es la práctica de escuchar el sonido interno, la corriente audible de la vida, conocida como Nam, Shabad o Logos, tal y como se denomina en la Biblia. Simran y bhajan son el jabón y el agua del proceso de limpieza y restauración.

Al seguir las enseñanzas del maestro nos transformamos. La casa destartalada llena de suciedad y moho se convierte en un palacio brillante. Los escombros de la lujuria, la ira, la avaricia, el apego y el orgullo se reemplazan por la castidad, la caridad, el perdón, el desapego, el contento y la humildad.

Emerson describe en el volumen VII de sus diarios la manera en que el místico sufí Hafiz atendía a sus discípulos:

He aquí un hombre que se mantuvo ocupado en la química más noble de extraer el honor de los estafadores, la templanza de los borrachos, la energía de los mendigos, la justicia de los ladrones y la benevolencia de los avaros. Sabía que había sol bajo esas toscas cejas abatidas, elegancia de modales oculta en el campesino, expansión reconfortante, grandes sorpresas de sentimiento en estos hombres sin competencia y sin cultura, y perseveró contra todas las repulsas hasta que lo sacó a la luz. Ahora sus huérfanos son educados, sus patanes han sido pulidos, sus palacios han sido construidos, sus cuadros, estatuas, conservatorios y capillas los adornan: él se erige como el príncipe entre sus semejantes y el príncipe entre los príncipes.

Somos bribones, borrachos, mendigos, ladrones, patanes, avaros y gente inculta, pero los santos saben del sol que hay debajo de nuestras toscas cejas. Los santos nos ven en nuestro estado de ruina, llenos de suciedad y pecado, pero no les repugna. El médico no huye del paciente enfermo, sino que lo cura. El santo no nos juzga, porque conoce nuestra condición y sus causas. Al contrario, el santo ha venido a restituirnos a nuestro verdadero destino.

Hazur Maharaj Charan Singh describe el proceso de restauración:

Los santos que imparten el conocimiento divino nos convierten en seres humildes y mansos al encomendar el servicio con el cuerpo, la riqueza, la mente y el alma. El servicio del cuerpo nos libera de nuestro ego y dejamos de pisotear a nuestros semejantes. El servicio con la mente, que consiste en seguir una dieta vegetariana y abstenerse de bebidas alcohólicas y llevar una vida casta, nos libera de los apetitos carnales, debilita nuestros apegos mundanos y transforma nuestros atributos de tamogun de oscuridad, ignorancia e inercia; y de rajogun de actividad y desasosiego, en el atributo de satogun de ritmo, armonía y verdad2.

El maestro es el maestro artesano de la restauración de las almas, restaurando al Dios en ruinas a su plena refulgencia. Pero como vemos en la cita de Hazur, somos llamados al servicio del maestro, para esta tarea. Hay una organización llamada Hábitat para la Humanidad que construye y restaura hogares para los más pobres. Pero para participar en este programa, el residente debe poner muchas horas de trabajo para ayudar en el proceso de construcción. De la misma manera, Hazur nos dice que debemos servir con nuestro cuerpo, mente y alma. Tenemos que poner en práctica las instrucciones de nuestro maestro. ¿De qué sirve la cura si seguimos tomando el veneno? ¿Cuál es el mejor servicio que podemos prestar? Es practicar nuestra meditación todos los días durante las dos horas y media completas. Al realizar este esfuerzo, lijamos la suciedad y la mugre de las paredes y los suelos de nuestra ruina.

El santo trabaja para que nos volvamos inocentes, para liberarnos de nuestros hábitos, ego y apegos. Cuando sigamos sus enseñanzas, despertaremos como uno se despierta de un sueño.

Hazur Maharaj Charan Singh, en el mismo satsang de 1964 citado anteriormente, nos dice:

Nos incumbe, por lo tanto, aprovechar este cuerpo humano para llegar a nuestro destino tan olvidado, para despertar de este profundo sueño que día y noche nos mantiene envueltos en este mundo ilusorio, para romper este hechizo mágico, para salir de este largo desvanecimiento, para quitarnos las gafas de color rosa y ver la realidad.

  1. Ralph Waldo Emerson, “Naturaleza,” publ.1836
  2. Cita de un satsang publicado en 1964 en la revista R.S. Greetings, junio 1973