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Nuestro corazón con el suyo

En uno de sus poemas, el místico persa del siglo XIII, Rumi, escribe:

Si pudieses eliminarte a ti mismo solo una vez,
El secreto de los secretos se te desvelaría.
La cara de lo desconocido, oculto más allá del universo,
Aparecería reflejado en el espejo de tu corazón1.

Rumi nos dice aquí lo mismo que todos los santos verdaderos y místicos nos han dicho a través de todas las épocas. Nos dice que si tan solo consiguiéramos ir más allá de nosotros mismos, si únicamente consiguiéramos olvidarnos de nosotros mismos por completo, entonces el secreto de los secretos se desvelaría ante nosotros. Entonces, la cara de lo desconocido, la cara de Dios, aparecería ante nosotros y experimentaríamos la realidad de su presencia en nuestras vidas.

Hazur Maharaj Ji a menudo nos decía que el sendero espiritual implica perderse a sí mismo y convertirse en otro ser. En el libro Así habló el maestro nos dice:

Sentirás que no eres nada, cuando te fundas en el amor del maestro. …Te olvidarás de lo que eres. Cuando te fundes absolutamente en el amor de otra persona, entonces te olvidas de lo que eres. Y es cuando te das cuenta de que no eres nada… del mismo modo, meditando debemos olvidarnos de que somos algo y saber que el maestro lo es todo2.

Y básicamente, este es el objetivo de seguir el sendero espiritual. Intentamos perdernos a nosotros mismos, e intentamos entender y conocer que el Padre lo es todo.

Así pues, la pregunta es: ¿cómo lo logramos? Todos los santos y los místicos nos dicen que únicamente lo podemos lograr a través de la práctica de la meditación, bajo la guía y con la gracia y apoyo de un maestro perfecto vivo, un alma que ha realizado a Dios. No es algo que podamos hacer solamente por medio de nuestros esfuerzos. Hazur nos decía que si pudiésemos hacerlo solos, lo habríamos hecho ya.

Los místicos explican que cada partícula de esta creación está saturada con la energía creativa de Dios. Esa energía es la que le insufla vida a esta creación. Toda alma es una gota del océano de su amor divino. Todos pertenecemos a algo mucho más elevado que nosotros mismos. Todos somos una parte de Dios, pero la mayoría de nosotros no entendemos esta realidad y, por lo general, sentimos que estamos solos en esta creación. Sentimos como si estuviéramos separados de Dios y separados los unos de los otros.

Hazur una vez dijo que en nuestra condición presente, nuestra alma ha perdido el contacto con aquel a quien ama. La mayoría de nosotros hemos olvidado nuestro legado divino y estamos deambulando en esta creación, perdidos en la confusión y la ilusión. Baba Ji dijo en una ocasión, que aquí somos como barcos perdidos en el mar.

Pero los santos y maestros vienen a proporcionarnos un ancla al que agarrarnos. Nos recuerdan nuestro verdadero origen y nuestro legado divino. Nos dicen que al estar en la forma física tenemos el potencial y la oportunidad de pensar en Dios, de buscarlo, y de poder hallarlo. Y para lograrlo nos proporcionan la guía y el apoyo que precisamos. Nos dicen que este es el propósito verdadero y el valor de la forma humana.

Gurú Ram Das describe la importancia de la forma humana cuando escribe:

La forma humana es un océano inmenso,
  Que está repleto de diamantes,
  Esmeraldas, rubíes y piedras preciosas.
Aquel que goza de tan buena fortuna,
  Inscrita sobre la frente,
  Excava y las extrae,
  Siguiendo las instrucciones del gurú3.

Cuando compara el cuerpo humano con un océano inmenso repleto de diamantes, esmeraldas, rubíes y piedras preciosas, se refiere a la energía creativa de Dios, el Verbo o el Shabad, que se encuentra en el cuerpo humano. Y nos dice que cuando tenemos la gran fortuna y esa buena suerte suprema de encontrarnos con un maestro, de seguir sus instrucciones, entonces disponemos del potencial para descubrir este tesoro en nuestro interior.

Los santos explican que la razón por la que no experimentamos la luz divina interna y el sonido de la energía divina de Dios, en nuestro estado actual, es porque nuestra mente está siempre distraída, y nuestra atención siempre dispersa. Estamos pensando constantemente en el mundo externo y reaccionando a los eventos de este mundo, intentando que el mundo se convierta en lo que nosotros consideramos que debería ser.

Y esta actividad permanente de la mente mantiene nuestra atención inquieta. En el libro Amanecer de la luz, Maharaj Sawan Singh explica que todo en esta creación física es “ilusorio y transitorio, cambiante y modificable, dispersante y perturbador”4. Y aun así, esta creación física, ilusoria y transitoria, es todo en lo que pensamos. Ocupa toda nuestra atención, nuestro tiempo y nuestra energía.

Los santos nos dicen que nuestros pensamientos constantes sobre el mundo exterior actúan como un velo o una persiana entre nuestra alma y Dios. Albert Einstein una vez dijo: “Todos nos encontramos en la prisión de nuestras propias ideas; debemos liberarnos de ella”5. Los santos y místicos nos dicen lo mismo. Nos explican que solo podemos razonar con nuestro intelecto; la razón es limitada y varía de una persona a otra. Y únicamente podremos entender según nuestras propias experiencias personales, que son subjetivas, y una vez más, diferentes según las personas. Así pues, todos y cada uno de nosotros vemos el mundo a través de una lente subjetiva y muy estrecha. Y aun así, tomamos está perspectiva limitada como si fuese la realidad.

La autora americana Joan Didion publicó un libro llamado: Nos contamos historias a nosotros mismos para poder vivir. Y esto es lo que hacemos. Creamos historias sobre el mundo, según nuestro entendimiento limitado y subjetivo, y después aceptamos estas historias como verdaderas. Estas historias se convierten en nuestra identidad. Nos proporcionan un cierto nivel de comodidad en este mundo. Nos mantienen bajo la ilusión de que sabemos más de lo que verdaderamente sabemos. Y nos mantienen bajo la ilusión de que tenemos más control del que realmente tenemos. Y nos parece muy difícil aceptar o entender, e incluso escuchar algo que no encaje en nuestra historia, que es una versión limitada de nuestra realidad. Básicamente, cerramos nuestros corazones y nuestras mentes hacia cualquier persona o cosa que no cumpla con nuestras expectativas.

Baba Ji nos ha dicho en numerosas ocasiones que parte de su trabajo como maestro es confundirnos y llevarnos más allá de nuestra zona de confort. Y todos los santos nos dicen que debemos llegar a un punto en el sendero espiritual donde empezamos a cuestionar lo que creemos que sabemos. Tenemos que llegar a un punto donde empezamos a cuestionar nuestros propios conceptos, ideas y opiniones limitadas. Hazur nos solía decir que necesitamos que alguien nos sacuda de nuestras raíces. Necesitamos que alguien nos sacuda para sacarnos de nuestra forma habitual de pensar sobre la vida.

Rumi describe este desafío en uno de sus poemas:

Algunas acciones que parecen crueles
Vienen de una amistad profunda.
Algunas demoliciones
Realmente son renovaciones6.

También parece estar diciendo que, de vez en cuando, nuestras ilusiones –las historias que nos contamos a nosotros mismos– tienen que demolerse antes de que realmente podamos escuchar y beneficiarnos de lo que los maestros nos intentan enseñar. Tenemos que llegar a un punto donde nos demos cuenta de lo poco que realmente sabemos y de lo limitada que es nuestra perspectiva, antes de que seamos verdaderamente receptivos a la gracia y a la orientación del maestro.

Los santos nos aseguran que Dios está siempre con nosotros. Nunca nos abandona. Está más cerca de nosotros de lo que nos podemos imaginar. En realidad todos somos parte de él y él es parte de nosotros. Pero el ruido y la confusión de nuestros conceptos limitados y nuestros juicios y opiniones bloquean a Dios de nuestro campo de visión. Como dijo Einstein, tenemos que liberarnos de la prisión de nuestras propias ideas. Y los místicos vienen aquí a ayudarnos a hacer esto. Nos ayudan a demoler las paredes de la prisión, ladrillo por ladrillo, y nos dan algo más real, duradero y verdadero a lo que aferrarnos. Nos ayudan a abrir nuestros corazones y nos ayudan a ver lo que existe más allá de las paredes de esta prisión.

Baba Ji nos ha dicho a menudo que tenemos que aprender a aquietar la mente por completo. Necesitamos aprender a sentarnos en el silencio y a estar atentos. Tenemos que aprender a escuchar. Y si podemos hacer esto, como dice Rumi, seremos conscientes del secreto de los secretos. Seremos conscientes de la luz y del sonido de la energía divina de Dios en nuestro interior. Entonces entenderemos quiénes somos realmente y quién es Dios. Esto es de lo que trata la meditación y este es el reto al que todos nos enfrentamos individualmente en este sendero. Esto es a lo que los místicos se refieren como nuestro trabajo verdadero en esta vida.

El santo Niloba del siglo XVII, en uno de sus poemas, escribe sobre este proceso:

Cuando el corazón vive para meditar,
  se asienta una paz, una tranquilidad.
Estar con los místicos lleva a la
  devoción hacía Dios, a conocer a Dios.
La felicidad en este mundo y la liberación de él,
  las dos se hallan en su compañía7.

Dice que estar con los místicos conduce a la devoción hacía Dios, a conocer a Dios. Y cuando practiquemos sus enseñanzas y nos dediquemos a la meditación –cuando nuestro corazón viva para la meditación– se asentará una paz, se asentará una tranquilidad.

Baba Ji ha dicho en muchas ocasiones que la meditación es nuestro soporte vital en este sendero, y todos los místicos hablan de la importancia de aprender a aquietar a la mente y abrir nuestros corazones al enfocar nuestra atención hacía Dios.

Sobre la práctica de la meditación, Meister Eckhart escribe:

La espiritualidad no se aprende huyendo del mundo, o escapándose de las cosas, o convirtiéndose en solitario y apartándose del mundo. Más bien deberíamos inculcarnos una soledad interna. Donde sea que vayamos o con quien sea que estemos, debemos aprender a encontrar a Dios allí8.

Nos dice que no tenemos que escaparnos del mundo para encontrar a Dios.

Hazur nos decía que aunque intentemos huir, no hay donde escaparnos. No tenemos más elección que atravesar nuestros karmas en este mundo, no tenemos otra opción que enfrentarnos a los altibajos de nuestra vida, que hemos creado nosotros mismos. Pero podremos hacer todo esto aquietando nuestra mente y dirigiendo nuestra atención hacía Dios. Podemos aprender a buscar a Dios y experimentar su presencia allí donde estemos y con cualquier persona con la que estemos.

El místico Eknath, del siglo XVI, nos habla de la quietud:

Esté el cuerpo inmóvil
  durante la meditación
  o moviéndose por la intensidad de la vida,
  deja que tu mente se quede en el centro,
  siempre quieta, sublime y libre;
  dice Eknath, esto es un yogui9.

Nos dice que aprender a tener a nuestra mente “en el centro, siempre quieta, sublime y libre”, tanto si estamos sentados en la meditación o moviéndonos por la intensidad de la vida, es lo que hace a un yogui, o a un adepto de la meditación.

El aprender a mantener la mente quieta nos ayuda a liberarnos de la prisión de nuestros pensamientos, de nuestras ideas e interpretaciones. Nos ayuda a pasar por la vida sin reaccionar siempre a lo que ocurre a nuestro alrededor y sin intentar siempre hacer que el mundo sea tal y como nosotros pensamos que debiera ser, según nuestros conceptos limitados. Nos ayuda a eliminar el ego y abrir nuestros corazones, y nos libera para que podamos girar nuestra atención hacia Dios.

La mayoría de nosotros, que hemos estado siguiendo este sendero durante un tiempo, sabemos que no es tarea fácil. Hazur nos decía que la mente nos engaña de una manera tan convincente que no nos damos ni cuenta del engaño. Y nos decía que se puede tardar una vida entera o más incluso en poder controlar a la mente. Únicamente ocurre siguiendo las instrucciones del maestro. Únicamente ocurre atendiendo a nuestra meditación todos los días y solo ocurre por su gracia.

Todos los santos nos dicen que simplemente debemos hacerlo lo mejor posible todos los días en este sendero y luego dejarlo en sus manos. El Gran Maestro nos explicaba que siempre debemos hacerlo lo mejor posible, teniendo en cuenta nuestras limitaciones, y después tener fe en el Señor. Debemos entender que él sabe mucho más de lo que sabemos nosotros.

Hazur a menudo nos decía que no debemos tener prisa en este sendero, no debemos ir hacia los extremos, y no debemos forzar los resultados según nuestra voluntad y según nuestra visión de lo que es el progreso. Nos recordaba que mientras que el esfuerzo está en nuestras manos, los resultados no lo están. En el libro Así hablo el maestro nos dice: “Siempre tenemos que hacer todo lo posible bajo cualquier circunstancia, y luego, naturalmente, únicamente ocurrirá lo que él quiera que ocurra”10.

En Spiritual Perspectives, nos dice:

Tenemos que entregarnos al maestro. Esto significa que tenemos que extraer nuestro ego y fundir nuestro corazón completamente con el suyo…11

Y nos explica:

La sumisión verdadera es liberarse de las garras de la mente, y podemos hacerlo únicamente a través de la meditación. No lo podemos hacer con el intelecto, mediante las austeridades, huyendo de las circunstancias o con la fuerza de voluntad. Únicamente podemos hacerlo a través de la meditación… Dedicándole tiempo a la meditación… únicamente nos estamos entrenando para poder realizar la entrega. Todos los esfuerzos se encaminan hacia la entrega. El tiempo que dedicamos a la meditación es un esfuerzo hacia la entrega. Tratamos de someternos al Padre, y esa es la única entrega verdadera12.

Por tanto, nos explica que a través de la práctica de la meditación intentamos dejarlo todo en sus manos y someternos, intentamos liberarnos de la prisión de nuestros conceptos limitados. Intentamos perdernos y fundir nuestro corazón completamente en el suyo.

Pero una vez más, no es tarea fácil. Los místicos nos recuerdan muchas veces que todo lo que tiene valor en la vida requiere de tiempo y esfuerzo. Y aprender a dejarlo todo en sus manos y tener fe en el maestro implica lo mismo. Muchos de nosotros hemos pasado vida tras vida siguiendo los dictados de la mente, y no es necesariamente fácil cambiar esta costumbre. Hazur nos decía: “No es como ir a una merienda a casa de tu tía”.

Llegar a nuestra meta en este sendero consume tiempo y esfuerzo por nuestra parte. Pero realmente no hay mejor forma de pasar nuestra vida. Muchos de nosotros dedicamos muchos años trabajando duro para obtener una educación, trabajando duro para ganarnos la vida, o trabajando duro para desarrollar un talento que tenemos. ¿Por qué no entonces pasar muchos años trabajando duro para realizar la presencia de Dios en nuestras vidas? ¿Por qué no pasar muchos años aprendiendo a fundir nuestro corazón completamente en el suyo?

Puede que no sea fácil, pero merece la pena esforzarnos. El esfuerzo en sí, nos brinda esa felicidad. Conforme seguimos el sendero, nos damos cuenta de que hay una felicidad que nace del esfuerzo. Aun cuando fallamos, estamos contentos de hacer lo que el maestro nos pide que hagamos y estamos contentos de estar en el sendero. La mayoría de nosotros en esta habitación no podría imaginarse nuestras vidas sin el sendero y sin el maestro. Y la mayoría de nosotros no queremos ni intentar imaginárnoslo.

Resumiendo, el sendero espiritual implica dejarlo todo en sus manos, y perdernos a nosotros mismos, fundiendo nuestro corazón por completo con el suyo. Implica olvidarnos de que somos algo, y saber que el Señor lo es todo.

El santo de Maharastra, Samarth Ramdas escribió: “El Señor está muy cerca de ti… busca y encuentra esta verdad. La relación entre el Señor y tú, es inquebrantable”13. Esta es nuestra tarea verdadera en la vida y es lo que hace que vivir en esta creación valga la pena.

En Spiritual Perspectives, Volumen III, Hazur dice:

Cualquier momento en el que pensamos en el Padre, en el que pensamos en el maestro, en el que pensamos en Dios, es un momento bendito. Es lo que hace que valga la pena vivir en esta creación. Todos los demás momentos son inútiles14.

Rumi escribe sobre la grandeza de nuestra bendición:

¿Ves esa caravana de camellos cargados de azúcar?
Sus ojos abarcan tanta dulzura.
Pero no mires en sus ojos
A menos que estés dispuesto a perder tu propia visión15.


  1. Crazy as We Are: Selected Rubais from Divan-i-kebir of Mevlana Celaleddin Rumi, tr. Nevit Oguz Ergin, p. 4
  2. Maharaj Charan Singh, Así habló el maestro, #498
  3. Guru Ram Das in Sardar Bahadur Jagat Singh, Discourses on Sant Mat, Volume II, p. 145
  4. Maharaj Sawan Singh, El amanecer de la luz, #64
  5. Albert Einstein quoted in Cosmic Religion: With Other Opinions and Aphorisms, http://www.notable-quotes.com/e/einstein_albert_ii.html
  6. The Essential Rumi, tr. Coleman Barks, p. 68
  7. Many Voices, One Song, p. 273
  8. Treasury of spiritual wisdom: A collection of 10,000 inspirational quotations, p. 441
  9. Many Voices, One Song, p. 9
  10. Así habló el maestro, #404
  11. Maharaj Charan Singh, Spiritual Perspectives, Vol. III, #277
  12. Spiritual Perspectives, Vol. III, #279
  13. Samarth Ramdas in Isaac Ezekiel, Sarmad: Martyr to Love Divine, p. 151
  14. Spiritual Perspectives,Vol. III, p. 84
  15. Rumi: In the Arms of the Beloved, tr. Jonathan Star, p. 39