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Sin distanciamiento social con el maestro interior

Aunque estés al otro lado del mundo,
si estoy en tu corazón, entonces estamos juntos
1.

Los vuelos están cancelados, los trenes están abandonados y las carreteras vacías. Dera está cerrado a los visitantes. El programa de satsangs del maestro se ha suspendido, y solo él sabe cuándo se reanudará. No podemos llegar al maestro físico.

Sin embargo, satsanguis de todo el mundo anhelan precisamente esto; verlo entrar a la sala de satsang, apoyar su cabeza en el estrado, luego sentarse perfectamente inmóvil y girar sus hermosos ojos hacia nosotros. Queremos oír su voz y su risa.

Puesto que no tenemos ni idea de cuándo volveremos a verlo, puede que nos sintamos solos o desamparados. Sin embargo, los santos nos dicen que absolutamente todo lo que sucede –que debe incluir esta separación física– es un regalo de Dios. Nos dicen que si podemos ver la vida de esta manera, entonces “la amargura se hace dulce”. Porque en estos momentos, no podemos llegar a él en el exterior, así que, ¿qué nos queda? ¿Cómo convertimos el dolor de esta separación en un dulce regalo?2.

Tal vez podemos empezar por tomarnos este tiempo para invertir el distanciamiento social. Es cierto que respetuosamente mantenemos una distancia de un metro y medio con otras personas, nos ponemos nuestras mascarillas y nos quedamos a salvo en nuestras casas. Pero ninguna de estas reglas puede aplicarse a nuestra meditación. Somos libres de acercarnos al maestro en el interior tanto como queramos, sin mascarilla de ningún tipo, a salvo con su forma radiante. Podemos intercambiar el metro y medio de distancia por algo más cercano que nuestras propias manos y pies, más cercano que la fragancia de una rosa. Podemos gozar de su presencia, estemos o no con el maestro en su forma física.

Se cuenta la historia de un moderno filósofo que estudiaba la meditación. Asistió a una conferencia en Japón con su maestro espiritual. La conferencia tuvo lugar en un altísimo rascacielos con ventanas orientadas hacia el cielo y también hacia las calles más abajo. El filósofo, su maestro y muchos de sus compañeros estaban reunidos, preparados para escuchar las sabias palabras de varios de los oradores prestigiosos.

De repente el edificio empezó a tambalearse de un lado a otro, las ventanas temblaron fuertemente, y las mesas comenzaron a deslizarse hacia los lados. ¡Un terremoto! Aterrorizada, la gente corrió hacia las puertas presa del pánico, empujándose para llegar hasta las escaleras y poder bajar a un lugar seguro.

El filósofo, olvidándose de todo lo demás, dio también un saltó de su sitio y luchó entre la multitud.

Entonces el temblor se detuvo. El rascacielos estaba estable y las ventanas en silencio.

De repente, el filósofo se dio cuenta de que, en su momento de pánico, había dejado solo a su anciano maestro. Avergonzado, regresó a la habitación que todos habían abandonado a causa del temor, todos excepto el maestro, que estaba tranquilamente sentado, esperando con un rostro sereno.

Sorprendido, el filósofo exclamó: “¿Por qué no escapaste? ¿Cómo pudiste permanecer tan tranquilo cuando el resto de nosotros estábamos tan aterrorizados? ¿Cómo pudiste permanecer aquí sentado?”.

El hombre sabio respondió: “Todos los demás corrieron hacia fuera. Yo corrí hacia dentro”.

¿No es el momento de correr hacia el interior? ¿De encontrar un verdadero refugio? ¿De hacer que estar ‘a salvo en casa’ signifique algo más que un mandato por la pandemia? Al correr hacia el interior, y dejar ir nuestro miedo, desarrollamos fe y nutrimos esa entrega. Después de todo, ¿acaso no surge nuestro mayor temor simplemente de no saber qué sucederá con nuestras familias y su salud, con la economía, con la educación de nuestros hijos? El mundo se reestructurará de una manera u otra. No saberlo de antemano crea ansiedad. Pero, la verdad es que nunca lo supimos. La vida siempre ha sido una sorpresa pendiente de desvelarse.

We can use this unique time as an opportunity to replace worry, speculation, and infomation overload with simran, surrender, and stillness – with an openness to possibility rather than fear of uncertainty.

Empecemos eliminando cualquier distancia que hay entre nosotros y nuestro maestro interior.


  1. Shaikh Abu-Saeed Abil-Kheir, Nobody, Son of Nobody (tr. Vraje Abramian), Hohm Press, Prescott, AZ 2001, #319, p. 64
  2. Maharaj Charan Singh, Discursos espirituales, Vol. 1, p. 108