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¡El infinito y más allá!

Baba Ji ha explicado que el significado del término “puran gurú”, que normalmente hemos traducido al español como “maestro perfecto”, se traduce con más exactitud como maestro “completo” o “pleno”.

El uso más conocido de este término sánscrito se encuentra en el “Shanthi Mantra”, la invocación que precede al famoso Isavasya Upanishad. En él, pūrṇa (integridad) se describe como la realidad subyacente a cada entidad que percibimos, bien sea un ser humano, un animal, un insecto, una planta, una piedra, una partícula de polvo o lo que sea. ¿Y cuál es esta realidad que se describe como “pūrṇa” o total? Es un estado de plenitud, de infinito no diferenciado. No puede reducirse. Se le puede llamar Dios. Si se quita el todo del todo, todavía nos queda el todo. Esto, por supuesto, desafía la lógica. Si se le quita todo a cualquier cosa, ¿cómo va a sobrar algo?

Sin embargo, hay una entidad que sí sigue esta regla: el infinito. Si quitamos el infinito del infinito, ¡nos sigue quedando el infinito! Lo que el “Shanthi Mantra” nos explica es que cada uno de nosotros es en realidad infinito, y no ese ser finito confinado al espacio y al tiempo como lo percibimos, sino que nuestra verdadera esencia o realidad es infinita. Podríamos decir que esto es el Shabad. Esta no es una afirmación no científica. Albert Einstein transmitió el mismo pensamiento de una manera contundente:

El ser humano forma parte de un todo que nosotros llamamos universo, limitado a la vez en el tiempo y en el espacio. El ser humano se experimenta a sí mismo, sus pensamientos y sentimientos como algo separado del resto, como una forma de ilusión óptica. Esta ilusión es como una prisión para nosotros, limitándonos a nuestros deseos personales y el afecto de unas pocas personas cercanas. Nuestra tarea debe ser liberarnos de esta prisión, ampliando nuestro círculo de compasión hasta abarcar todas las criaturas y la naturaleza completa, en todo su esplendor. Nadie es capaz de conseguirlo completamente, pero esforzarnos en este sentido es ya una parte de la liberación y es la base de nuestra seguridad interior1.

A través de la definición anterior de un “ser humano”, Einstein se enfrenta a la pregunta que Baba Ji ha calificado de esencial en todas nuestras búsquedas; la respuesta a la importantísima pregunta, “¿Quién soy yo?”. Einstein se hace eco de lo que Sant Mat, los Upanishads y otros textos espirituales nos transmiten; no somos solo una parte del universo, sino en realidad un todo, el universo entero. Lo más importante es realizarlo. Como ha señalado Baba Ji, mientras el “yo” domine y nos centremos en el “¿y yo?” excluyendo a los demás, no podremos dar ni siquiera el primer paso hacia la realización de nuestra totalidad. Necesitamos ampliar nuestra perspectiva para incluir más y más a los demás, y finalmente identificarnos con la totalidad, el todo que incluye a todos dentro de sí mismo. En ese sentido Baba Ji ha subrayado que todos somos potenciales “gurús puran”, ya que el factor “puran” ya está presente en cada uno de nosotros. El dramaturgo y filósofo George Bernard Shaw expresó lo mismo de esta manera:

Cuando te pregunten: “¿Dónde está Dios? ¿Quién es Dios?”, levántate y di, “Yo soy Dios y aquí está Dios, sin completar, pero sigo avanzando hacia su culminación, en la medida en que estoy trabajando para cumplir el propósito del universo, trabajando para el bien de toda la sociedad y el mundo entero, en lugar de limitarme a cuidar de mis fines personales”2.

Pero en última instancia, sin importar lo mucho que intentemos lograr el objetivo mencionado, nunca podremos lograrlo por nuestra cuenta. Es bueno plantearlo como un ideal por el que vale la pena esforzarse, pero cae en la misma categoría que la humildad y el karma nishkama. Como Baba Ji ha explicado, los estados como la humildad, nishkama o el desinterés total no se pueden lograr en realidad. Cuando llegan, llegan, puramente como un regalo del Señor. La ruta para recibir este regalo es a través de la meditación. Como dijo Hazur Maharaj Ji, nuestra meditación provoca la gracia del maestro3. “Provocar” es una palabra que normalmente se emplea en un sentido un poco negativo. Por ejemplo, se nos provoca, o se nos incita a perder los estribos. No tenemos por qué perder los estribos, pero la debilidad llamada “ira” presente en nosotros nos ha obligado a perder los estribos. Maharaj Ji utiliza la misma palabra en un sentido positivo. El maestro también tiene una debilidad: el amor. Cuando nos aferramos a nuestra meditación a pesar de no obtener resultados, su amor no puede evitar recompensarnos con su gracia. Nuestro esfuerzo no nos hace merecedores de la gracia, pero sin embargo la tiene como resultado debido a que el maestro es todo amor.

Por lo tanto, un gurú puran desempeña un papel fundamental en convertir nuestros fracasos en éxitos. Baba Ji nos ha recordado a menudo que no traduzcamos esta frase como maestro “perfecto”, porque entonces confundimos la plenitud espiritual con la perfección física. Por ejemplo, cuando él enferma, tenemos dudas y nos preguntamos, ¿cómo pudo el maestro enfermar? Cuando comete errores mundanos, nos sorprendemos y al hacerlo, confundimos al gurú físico con el gurú verdadero, que es el Shabad, y solo el Shabad.

Cuando un gurú puran funciona a nivel de cuerpo o mente, lo hace como cualquiera de nosotros. Puede cansarse mientras viaja, puede tropezar y caerse o puede enfermar. Es un ejemplo para todos nosotros, de cómo actuar en este mundo imperfecto utilizando un cuerpo y una mente imperfectos. A menudo lo admiramos por sus respuestas “perfectas”. Lo importante es tomar nota de su reacción, cuán diferente es cuando se contrasta con la forma en que reaccionamos nosotros cuando sentimos que las cosas han ido “mal”. Él nunca considera que algo haya salido mal, y por lo tanto no le afecta en lo más mínimo. ¿Por qué? Porque vive en la voluntad del Señor. No se detiene en los altibajos de la vida. En otras palabras, no se ve afectado por los llamados fracasos o imperfecciones humanas de la vida como nosotros lo hacemos. Eso se debe a que se identifica con el todo, no con las partes. Lo que sucede con las “partes”, el cuerpo y el ego, no le molesta en lo más mínimo. Esto es una consecuencia de la plenitud que siente dentro de sí mismo, es uno con el Shabad en su interior. Por lo tanto, es mejor llamar a tal persona un maestro completo o pleno, en lugar de un maestro perfecto.


  1. The New York Times, 29 de marzo de 1972
  2. George Bernard Shaw, “The New Theology” en The Religious Speeches of Bernard Shaw, ed. Warren S. Smith (New York: McGraw-Hill Book Co., 1963; Vol. 43, p. 192
  3. Spiritual Perspectives, Vol. II, # 466