La importancia del maestro - RSSB Satsangs & Composiciones

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La importancia del maestro

Todos nos esforzamos por comprender quiénes somos y qué somos, diciéndonos: “¿Por qué soy yo y no otra persona?”. Cuando las cosas aparentemente van mal, miramos hacia arriba y le preguntamos al cielo: “¿Por qué a mí?”. El origen de nuestra vida se pierde en nuestras vidas pasadas, y como seres humanos vivimos al límite de nuestros karmas acumulados. La causa de nuestro nacimiento en esta vida es un misterio, no sabemos por qué hemos nacido en una ciudad o país determinado, hablamos el idioma que hablamos o por qué tenemos nuestro color piel. No sabemos por qué somos inteligentes, enfermizos, altos o tenemos enfermedades hereditarias.

Si el Señor ordena que nos encontremos con un maestro verdadero o espiritualmente evolucionado, entonces empieza a revelarse un misterio, y todo lo que pensábamos que éramos se vuelve cada vez menos importante. En realidad, estábamos perdidos, y nos encontró el maestro. No tenemos ni idea de por qué participamos en la obra del Señor o, de hecho, qué papel nos corresponde representar y por qué. En nuestras vidas se producen infinidad de relaciones, y el motivo parece inexplicable ¡excepto que todo se debe a nuestro karma!

El libro Ramcharitmanas, amor y devoción analiza los textos escritos por Goswami Tulsidas que, a su vez, comentan la epopeya Ramayana escrita por Maharishi Valmiki. El Ramayana describe cómo el Señor nació en forma humana con el nombre de Ram y creció hasta convertirse en un príncipe que se casó con Sita. En cierto sentido, Ram puede considerarse el maestro por excelencia, un modelo para todos los maestros. En nuestro caso, asumimos que lo que se ha escrito sobre Ram es válido para todos los maestros verdaderos y refleja su unidad con lo divino.

En la historia, después de la boda de Ram y Sita, el rey Janak (padre de Sita) se dirige a Ram:

Tú, oh Ram, eres el Absoluto omnipresente,
  imperceptible e imperecedero.
Eres la encarnación de la consciencia y la dicha,
  dotado y a la vez desprovisto de todos los atributos1.
Tú eres el Uno
  que no puede percibirse ni por la mente ni la palabra.
Nadie puede conocerte a través del razonamiento;
  todos intentan solo imaginarte.
Los Vedas cantan tu gloria diciendo
  “esto no es, esto no es”,
  mientras que tú eres siempre el mismo
  en las tres fases del tiempo
  (pasado, presente y futuro)2.

Tras alabar a Ram, el rey Janak hace una súplica personal:

Sabiendo que te complace la más mínima devoción,
  te lo pido osadamente vez tras vez,
  con las manos juntas,
  que ni por un momento, mi mente
  me engañe y yo abandone tus pies (tu refugio).

Así se describe el misterio del maestro hace muchos años, y se recoge el lamento de un discípulo por estar con él. La grandeza del maestro está más allá del alcance de nuestras mentes, y más allá del cálculo y el razonamiento. Devoción, devoción y más devoción es lo que el maestro valora.

Es un privilegio para nosotros tener la oportunidad de convertirnos en devotos de un maestro, crecer en humildad, de abandonar las ilusiones que tenemos sobre nosotros mismos, y aspirar a mantener nuestras mentes siempre a los pies del maestro. Desde una perspectiva espiritual estamos dormidos, y el maestro ahora nos está despertando. Pero como nuestro sueño es tan profundo, no sabemos nada e ignoramos nuestras necesidades espirituales. Sus instrumentos para despertarnos son un misterio sublime, y tenemos que confiar en que Baba Ji solo hace lo que es mejor para nosotros. No sabemos lo ignorantes que somos respecto a lo que se nos ofrece.

El poeta sufí persa Hakim Sana'i escribe:

El camino que debe recorrer tu ser
consiste en limpiar el espejo de tu corazón3.

Viajamos de la ilusión a la realidad. Es un viaje para descubrir nuestro verdadero ser, para poder unirnos con el Señor mediante la ayuda de un maestro físico. El alma tiene la oportunidad de fundirse con el Señor y dejar de tener una identidad separada. Para hacerlo, tenemos que esforzarnos para eliminar de nuestro corazón todos los conceptos e ilusiones y liberarnos de lo que pensamos que somos. Debemos dejar de pensar. Tenemos que desatar el nudo que ata nuestra alma (nuestro corazón espiritual) a nuestra mente.

El poeta sufí de Anatolia, Yunus Emre, dijo:

Yo era un árbol muerto caído en el camino,
hasta que un maestro me lanzó una mirada
y me devolvió la vida4.

El verdadero maestro espiritual nos conduce a su presencia de un modo que no podemos comprender. Las palabras solo sirven para indicar la verdad. Al principio de nuestro viaje estábamos espiritualmente inactivos, muertos a lo que está más allá de maya (ilusión), y no éramos conscientes de nuestra verdadera realidad. Solo conocíamos maya y nos engañamos creyendo que esa ilusión era la realidad, cuando lo cierto es que solo es un sueño.

No es que hayamos elegido estar en un sendero espiritual con un maestro en concreto, porque todos éramos como árboles muertos antes de caer en este sendero. El maestro no necesita palabras ni siquiera acciones para darnos vida espiritualmente, solo tiene que encender una chispa en nosotros. Otros pueden no sentir esa atracción, aunque estén en su presencia física. Al fin y al cabo, cuando se dispara una flecha, solo da en un blanco, y todos los demás que están a su alrededor no son afectados por ella.

El maestro taoísta Zhuangzi (Chuang-tzu) dice:

La red para pescar existe por el pez; pero cuando has conseguido el pez, puedes olvidar la red. ...Las palabras existen por el significado; cuando has conseguido el significado, puedes olvidar las palabras. ¿Dónde puedo encontrar un hombre que haya olvidado las palabras para poder hablar con él?5.

Necesitamos palabras para comprender el sendero de Sant Mat, pero una vez que se nos explican los votos, ya no necesitamos palabras. Sant Mat es un sendero de acción; debemos actuar para estar en compañía de nuestro maestro interior. Los votos son fáciles de recordar y de practicar. Podemos mantener un diálogo permanente con nuestro maestro interiormente, donde las palabras no son necesarias.

Sheikh Farid dice:

¿Por qué vagar por el bosque, oh Farid,
  aplastando espinas bajo tus pies?
El Señor habita dentro de ti;
  ¿por qué lo buscas en el bosque?6.

Este consejo puede traducirse como: ¿Por qué vagar por el mundo tratando de despertar la mente, para encontrar lo que está más allá de ella? El Señor habita dentro de ti.

El Señor no se encuentra en la familia, los amigos, el trabajo, las propiedades, etc. Todo eso solo nos aporta impermanencia, y altibajos. Farid nos dice que “miremos dentro”, que busquemos la realidad allí donde se encuentra.

El texto taoísta Huahujing (Hua Hu Ching) dice:

Los maestros transmiten su energía espiritual y mental directamente y de forma no verbal a sus discípulos, y de ese modo despiertan interiormente su energía sutil. Si un estudiante desarrolla bien su intuición, puede absorber la energía del maestro y alcanzar la iluminación a través de su maestro7.

El maestro proporciona el antídoto contra nuestra tendencia a imitar a las numerosas personas que hemos encontrado en nuestra vida, para que nos convirtamos en quienes realmente somos. Desde que nacimos, hemos estado rellenando los huecos de la imagen de nuestra identidad personal para ser más auténticos. Hacer el simran que el maestro nos da controla esa repetición del mundo que está tan profundamente arraigada en nosotros.

Hace muchos años en Dera, cuando la reunión de la tarde de los occidentales se celebraba en una carpa, se juntaban muchos pajarillos en los travesaños de la estructura, y piaban y se empujaban unos a otros buscando espacio, para posarse. Se molestaban unos a otros y al sangat; el ruido de su chirriar distraía mucho. Pero al final de la sesión, estaban todos alineados en un único travesaño, acurrucados unos contra otros, sin hacer ningún ruido. De un día para otro, la transición de estos pájaros de vivir en desarmonía a vivir en armonía se hizo más evidente. Muchos de nosotros nos identificamos con ese tipo de transición en nuestra vida personal: en el seva, el trabajo y la familia. A veces los cambios se nos imponen, y gradualmente nos vemos forzados a caminar a tientas hacia la quietud, y la aceptación. Baba Ji nos dijo que él “acepta”, y que, si él puede hacerlo, nosotros también.

Cuando nos iniciamos en Sant Mat, se nos pide:

  • Ser lactovegetarianos; no comer carne, pescado ni huevos, o ningún derivado de ellos.
  • Evitar totalmente, el alcohol, el tabaco y las drogas que alteran la mente, incluida la marihuana y los productos cannabinoides derivados como el CBD (cannabidiol).
  • Vivir una vida moral, limitándonos a nuestra pareja dentro del matrimonio legal.

Esta forma de vida es un preámbulo para poder realizar nuestra meditación, el seva más importante, que debe ser por lo menos de dos horas y media al día. Esto incluye hacer simran (repetición de los cinco nombres sagrados), siempre que nuestras mentes estén en calma. Podemos buscar la oportunidad de hacer simran en nuestra vida diaria. Después de todo, la mayor parte de lo que pensamos todo el día solo existe en nuestra mente, porque no tenemos nada mejor en lo que pensar. Por lo tanto, si podemos decidir hacer el simran continuamente y convertirlo en nuestra única prioridad, entonces podremos hacerlo el 90 por ciento de nuestro tiempo.

Si hacemos bien la práctica, entonces lo tenemos todo. Estamos con el maestro cuando meditamos o si estamos físicamente en su presencia. Como dice Jesús:

Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre,
  allí estoy yo en medio de ellos8.

El maestro tiene el antídoto para nuestro hábito de hacer la repetición de las cualidades del mundo. Lo que nos transmite ocurre automáticamente, pero tenemos que dejarnos llevar y ser receptivos a su presencia. No podemos evitar nuestro karma, pero seguramente si hacemos todo lo posible para servir al maestro poniéndonos en sus manos, entonces nuestra transición de la oscuridad espiritual a la luz puede completarse.

Esta práctica es totalmente portátil y gratuita. No se necesitan dispositivos, suscripciones ni cables. Solo tenemos que conectarnos a nuestra práctica. Convertirla en nuestra única prioridad. Podemos llevar la presencia del maestro a allá donde vayamos, y nadie más tiene por qué saber que estamos conectados.

En el Adi Granth, se cita a Gurú Arjan Dev:

Así como el frío se disipa con el fuego,
  los pecados se eliminan en compañía
  de los santos (satsang)9.

Los maestros ejercen una presión amorosa sobre la comprensión de nuestro yo y nuestra visión del mundo hasta que nuestro sentido egoísta de “yo y mío” desaparece. Entonces la “oruga espiritual” de nuestra crisalida emerge transformada en una hermosa mariposa.

Rumi habla del trabajo oculto del maestro diciendo:

Oh, imagen que atraviesa el corazón,
  no eres ni imagen, ni jinn (genio), ni hombre.
Busco tus huellas, pero tú no caminas
  ni en la tierra ni en los cielos10.

Gradualmente nos transformamos al relacionarnos con el maestro. La forma en que el maestro hace esto con nosotros es un secreto que no se puede descifrar. La poesía es la metáfora más apropiada para describir el proceso. Se introduce en nosotros, en nuestro corazón, en nuestro ser, y despierta el amor que está latente en todos nosotros.

Rumi completa su poema anterior expresando el toque secreto del maestro:

Nunca he visto nada como su imagen;
  ¡besa, pero no tiene boca!

Lo que el maestro hace con nosotros lo hace con el mayor de los secretos. Permanece ausente y omnipresente a la vez. Se mueve entre nosotros sin manifestarse. Su verdadera forma es el Shabad, y por eso besa nuestra alma sin que conozcamos sus métodos. Él despierta el amor dormido que hay en nosotros.

El poeta y narrador sufí, Sheikh Sa'di, explica:

Aquí estoy dedicado a su servicio:
¿Qué me importa si es
  aceptable o no?11

El maestro lo es todo y no podemos considerarnos dignos de su gracia. Sin embargo, digno o no, si el maestro nos acepta, entonces nuestro mérito no importa. Pero, aunque él lo hace todo, aún nosotros tenemos que hacer nuestro trabajo. No podemos dejar de lado nuestra devoción por él ni dar por sentada su gracia. Solo el maestro puede decidir lo que es aceptable; eso no tiene por qué preocuparnos. Sheikh Sa'di espera que la generosidad del murshid (maestro) supere la calidad de su servicio:

No hemos prestado ningún servicio, pero aun así mantenemos la esperanza
de que por tu noble disposición y carácter,
serás magnánimo con nosotros.

Los discípulos no pueden pretender haber logrado algo o ser merecedores de nada. Solo podemos confiar en la gracia del maestro para cualquier progreso espiritual. Él lo hace todo. Eknath Easwaran, un maestro actual espiritual indio, autor e intérprete de textos espirituales, explica en su comentario sobre el Bhagavad Gita sobre maya y cómo debilitarla:

La mente solo puede funcionar en un mundo de diferencias. Debe tener personas separadas y cosas diferentes que le gusten y le disgusten; de lo contrario, no hay mente. Donde no hay ira, ni miedo, ni codicia, ni separación, la mente simplemente se duerme; no puede funcionar en absoluto. No hay nada por lo que emocionarse, nada que conocer; solo hay alegría pura, que es algo que la mente no puede experimentar. Cuanto más puedas aquietar la mente, que es el único propósito de la meditación, más podrás ver bajo el nivel superficial de la vida y recordar su unidad. Todo lo que aquieta la mente ayuda a debilitar el hechizo de maya, al igual que todo lo que agita la mente fortalece el hechizo de maya12.

Así que, ¡dejemos de pensar! Al poner nuestra consciencia en manos de nuestro amado, podemos regresar a casa.


  1. Obsérvese que Rama es tanto humano como divino al mismo tiempo.
  2. AVM (Rtd) V.P. Misra and Vibha Lavania, Ramcharitmanas, Love & Devotion, RSSB: Beas, 2019, p. 83
  3. Beverly Chapman (ed.), The Spiritual Guide, Perspectives and Traditions, Vol. 2, Beas: RSSB, 2017, p. 209
  4. Ibíd, p. 230
  5. Ibíd, Vol. 1, p. 159
  6. Dr. T.R. Shangari, Sheikh Farid: The Great Sufi Mystic, Beas: RSSB, 2015, p. 181
  7. The Spiritual Guide, Vol. 1, p. 160
  8. La Biblia, Reina Valera 1995, Mateo 18:20
  9. The Spiritual Guide, Vol. 2, p. 312 (quoting AG 914: 17-18)
  10. Ibíd, p. 249
  11. Ibíd, p. 221
  12. Ramcharitmanas, Love & Devotion, p. 214