Cita con la muerte - RSSB Satsangs y Composiciones

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Cita con la muerte

Hay un breve cuento antiguo muy conocido, que revela la inmutable verdad de que jamás seremos capaces de eludir al destino. La historia aparece por primera vez en el Talmud judío, escrito en Babilonia (Mesopotamia) hace unos 1500 años. También aparece en la literatura musulmana sufí. Esta historia, llamada “Cuando la muerte llegó a Bagdad”, fue incluida en la colección de cuentos de Al-Fudayl ibn ‘Iyad, quien era un bandido rehabilitado del siglo IX, convertido en un sabio sufí. Hoy se nos han transmitido mediante los escritos del profesor sufí Idries Shah, en su Cuento de derviches1. Algunos detalles cambian de una versión a otra, pero es la misma historia; únicamente la ubicación y los nombres varían. Debido a su naturaleza universal y la atracción de su infalible verdad, ha persistido en el folclore del mundo. La historia incluso fue adaptada por el escritor británico Somerset Maugham en 1931 bajo el título “Cita en Samarra”.

En la mayoría de los satsangs en punyabí de Huzur Maharaj Ji, cuyas grabaciones están disponibles desde hace unos meses, el maestro repetía con frecuencia que las enseñanzas de los santos están dirigidas a todos. Cita a Gurú Nanak diciendo que las enseñanzas del Nam están dirigidas a las cuatro castas sin excepción, lo que significa que se aplican a toda la humanidad. Esto es así porque toda la humanidad se enfrenta al mismo reto: cómo afrontar la muerte cuando nos aceche, cómo vivir con plena fe en Dios. Probablemente por eso esta historia se ha contado y narrado de forma repetida en muchas culturas y contextos, por diferentes santos y maestros. De tal modo que respalda el principio de que las enseñanzas de los santos están dirigidas a todas las personas del mundo.

En esta época de la pandemia por el covid-19, es normal que las mentes de las personas se centren en el destino y la muerte. Es bueno recordar que, aunque intentemos protegernos, al final la muerte puede llegar cuando menos lo esperemos y no seremos capaces de eludir nuestro destino, tal y como se puede extraer del dicho talmúdico: “Los pies de un hombre son los culpables; le conducen al lugar donde se le requiere”. Aquí está la historia.

Cita en Samarra

Había un comerciante en Bagdad que envió a su sirviente al mercado a comprar provisiones. Después de un rato cuando volvió pálido y tembloroso dijo: “Maestro, ahora mismo, mientras estuve en el mercado, me empujó una mujer en la multitud. Cuando me di la vuelta, vi que había sido la Muerte. Ella me miró con gesto amenazante. Ahora, préstame tu caballo para cabalgar lejos de esta ciudad y eludir mi destino. Iré a Samarra y allí la Muerte no me encontrará”.

El comerciante le prestó su caballo, el sirviente montó, clavó sus espuelas en los flancos del caballo y tan rápido como este podía galopar, se fue.

Entonces el comerciante bajó al mercado y vio a la Muerte disfrazada de mujer entre la multitud y dirigiéndose a ella le dijo: “¿Por qué hiciste un gesto amenazante a mi sirviente cuando le viste esta mañana?”. “Eso no era un gesto amenazante”, respondió la mujer, “Únicamente era una mirada de sorpresa. Me sorprendí al verle en Bagdad, porque tenía una cita con él esta noche en Samarra”2.

¿Qué interpretación podemos dar nosotros a este cuento y aplicarlo a nivel cotidiano? ¿Acaso es mejor que nos demos por vencidos y esperemos a que nuestros karmas se desarrollen y que la muerte nos encuentre en el mercado? A veces nos sentimos obligados a recordar de lo que tratan la vida y la muerte ya que se nos olvida fácilmente. Es importante que nos demos cuenta de que nuestros karmas y sus consecuencias se desarrollan frente a nosotros en todo momento y necesitamos estar preparados, haciendo nuestra meditación y repitiendo el simran continuamente en nuestra mente. Tenemos que estar alerta. Huzur Maharaj Ji pone un ejemplo, en una carta que escribió a un amigo, reproducida en Tesoro infinito, acerca de la necesidad de un enfoque constante:

“Sentirás saber que tuve un grave accidente en Ludhiana. Pero, por la gracia de Maharaj Ji, Damodar y yo mismo salimos ilesos.

Nos encontrábamos en el paso a nivel del tren de Ludhiana aguardando a que se abrieran las barreras cuando de repente, al abrirse estas, un carro lleno de barras de hierro de unos 15 centímetros de grueso y más de 10 metros de longitud atravesó nuestro parabrisas, pasando justo al lado de Damodar y alcanzando el lugar donde yo estaba sentado en el asiento trasero. El carro se detuvo cuando las barras estaban a 2.5 centímetros de mi cabeza. Había allí unas cuatro mil personas, y todos se sorprendieron por el modo en que habíamos escapado de la muerte.

Por la gracia de Maharaj Ji, estaba tan tranquilo y sereno, que incluso reí cuando acabó todo. Las barras de hierro se introdujeron casi 2 metros dentro del coche y separadas entre sí un metro… En el momento del accidente yo estaba haciendo simran, como es mi hábito.

El ejemplo de Huzur Maharaj Ji subraya la importancia de una alerta constante para todos nosotros. Por tanto, redoblemos nuestros esfuerzos, eso nos ayudará a mantener la fe y la dedicación.

En resumen, el Gran Maestro aconseja que nos apeguemos a la práctica, y refugiándonos en el proceso, una cierta “fuerza espiritual” despierta el amor y la fe:

La voluntad se fortalece aun más a través de la repetición y la concentración, creando la fuerza espiritual que despierta el amor y la fe interiores. Eso conduce a un magnetismo personal que se encuentra presente, en mayor o menor grado, en todo ser humano e incluso en los animales. La fuerza espiritual está dentro de cada uno de nosotros, pero solo se despierta con la práctica espiritual. Solo aquellos cuyo ojo interno está abierto pueden percibirla3.

Así que ciertamente, tenemos que aceptarlo y adaptarnos a la realidad de que la muerte quizá se encuentre a la vuelta de la esquina. Pero mientras tanto, podemos vivir en un ambiente de meditación, atendiendo con asiduidad nuestra práctica, presentándonos con regularidad y puntualidad, “simplemente sentarnos”, como Huzur Maharaj Ji solía decir, independientemente de si la mente obedece o no.

Siempre podemos estar agradecidos. Después de todo, su consejo es para nuestro beneficio.

El maestro a menudo nos recuerda que un comerciante tiene que abrir su tienda y pasar el día entero esperando a clientes, incluso aunque nadie aparezca. Puesto que, si no espera, no estará presente cuando llegue un buen cliente, dispuesto a comprar.


  1. Idries Shah, Cuento de los derviches (Londres: editorial Octagon, 1993) pág. 191
  2. Epígrafe por W. Somerset Maugham al libro de John O’ Hara de 1934 del mismo título
  3. Joyas espirituales, carta 202