Simplemente permanece en la carrera - RSSB Satsangs & Composiciones

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Simplemente permanece en la carrera

Durante el rodaje de la película épica, Ben Hur, se dice que al actor principal le resultó difícil aprender a conducir el carro tirado por caballos que se utilizaría para la espectacular carrera de carros. Después de mucha práctica, finalmente pudo controlar a los caballos, pero aún tenía dudas. Explicó sus preocupaciones al director, diciendo: “Creo que puedo conducir el carro, pero no estoy seguro de que vaya a ganar la carrera”. El director respondió: “Tú simplemente quédate en la carrera y yo me aseguraré de que ganes”.

Esto es precisamente lo que nuestro maestro, el director de nuestra vida espiritual, nos pide que hagamos: simplemente permanecer en la carrera, sentarnos a meditar todos los días con amor y devoción y sin expectativas. Él nos pide que simplemente mantengamos nuestra atención en el maestro interior, el Shabad, las 24 horas del día.

En el libro Kabir, El tejedor del nombre de Dios, el autor nos recuerda que a medida que el amor por el satgurú crece en el corazón del discípulo, este comienza a perder su propia voluntad y la remplaza por la del maestro. Le entrega su ego y acepta todo lo que se le presenta en la vida como la voluntad del maestro1.

En el libro Sant Paltu, el camino espiritual se describe como estar en el filo de la navaja. Para atravesarlo se necesita amor y coraje… Jesucristo nos enseñó que sin amor, todos nuestros esfuerzos encaminados a conseguir la realización de Dios carecen de sentido2.

Al recibir la iniciación, prometemos meditar durante dos horas y media todos los días para volcar nuestra atención, nuestro amor, nuestra corriente del alma en la corriente de vida audible, el Shabad, para que la mente pueda saborear ese amrit, ese supremo placer interior, y liberar el alma para que viaje a casa por el camino del Shabad.

Prometemos mantener nuestras mentes en el simran, la repetición de los cinco nombres sagrados dados por el maestro, para que la fábrica de nuestra mente pueda ser despojada de pensamientos mundanos, las materias primas necesarias para fabricar deseos, acciones y, eventualmente, vidas futuras.

La meditación no es fácil. Sentamos el cuerpo a meditar, pero la mente no obedece tan pronto. Quiere seguir haciendo su trabajo como de costumbre. Rechaza la restricción del simran. Sigue creando pensamientos, imágenes y escenarios durante la meditación: ¡otro y otro y otro! El discípulo encuentra que el camino es mucho más largo y difícil de lo que esperaba. La mente sigue presentando un tema tras otro, deseo tras deseo, tratando de atraer la atención del devoto.

A la mente se le ocurre una idea fascinante y el devoto emprende un viaje salvaje en ese tren de pensamiento. De repente, se da cuenta de que ha detenido su simran y ha dejado que la mente lo desvíe nuevamente. ¿Cuánto tiempo he estado fuera? ¿Un minuto? ¿Una hora? Comienza su simran de nuevo. Y de nuevo, la mente envía más pensamientos, más imágenes. El discípulo lucha por repetir los santos nombres, y una vez más descubre que su mente lo ha llevado por un camino oscuro a un lugar extraño. Y así sigue la lucha...

El devoto se desanima. Siente que no está llegando a ninguna parte. Comienza a sentir que no hay nada más fuerte que esta monstruosa máquina de fabricación de pensamientos llamada mente. Su simran es tan pobre que siente que no tiene sentido siquiera intentarlo. El poder negativo envía dudas abrumadoras a través de la mente del devoto, tales como: “¿Cómo pueden cinco pequeñas palabras controlar una máquina inmensa capaz de producir millones y millones de pensamientos e imágenes?” o “¿Cuánto bien me puede estar haciendo esto? Tal vez solo estoy perdiendo el tiempo”.

La mente finalmente gana la batalla, ¡o eso parece! El devoto se da por vencido y se levanta pronto de la meditación. El alma se mantiene fuera del campo magnético del Shabad un día más. Y así es como el ejército enemigo del Poder Negativo avanza, centímetro a centímetro, un día cada vez, un momento cada vez, un pensamiento cada vez hasta que una vida humana de valor incalculable se acaba. ¡Afortunadamente, eso no le sucede a nuestro devoto! El domingo llega en unos pocos días y el satgurú atrae a su discípulo desalentado desde adentro para que venga al satsang del maestro: Asociación con la verdad.

¿Qué es satsang? Hazur Maharaj Charan Singh dejó muy clara la importancia del satsang cuando dijo: “El satsang es un aperitivo para despertar el verdadero apetito por el darshan del Señor”3.

El devoto escucha las enseñanzas del maestro. Se le recuerda nuevamente que es trabajo de la mente mantener al devoto fuera del campo magnético del Shabad. Se le recuerda que se ha unido al ejército del satgurú para salvar el alma y que tiene que luchar con la mente hasta el último aliento. Se le recuerda que el amor es entregarse y no esperar recibir experiencias interiores a cambio.

Se le recuerda que cuando está en meditación está con el maestro. Se le recuerda que lo único más poderoso que la mente es el Shabad, y por eso debe escucharlo todos los días; debe alinearse con el superpoder del Shabad. Ya sea que la mente se concentre en el simran o no, se le recuerda que la meditación es simplemente tratar de rendirse al Padre, suplicar su perdón, tratar de volverse uno con él.

Y en el satsang, sin palabras, sin que el devoto lo sepa, el satgurú siempre da su gracia. Él envía una suave brisa de sach khand a través del corazón del devoto. Esto aviva la llama del amor y el anhelo en él. Lleno de inquietante nostalgia por su tierra natal, el devoto deja el satsang inspirado para volver a sentarse en meditación.

El maestro solo nos pide que nos sentemos a meditar y nos promete que él se encargará del resto del viaje de regreso a casa. Solo tenemos que repetir los santos nombres, escuchar al Shabad y dejarle a él todo lo demás. La meditación puede no ser fácil, pero vale la pena el esfuerzo. El propio esfuerzo nos da felicidad. Incluso cuando parece que fallamos, nos sentimos contentos de hacer lo que nuestro maestro nos ha pedido que hagamos. Como solía decir Maharaj Charan Singh, no hay fallos en Sant Mat, porque estás tratando de seguir el camino. Entonces, incluso si perdemos la batalla del amor, aún ganamos.

Con nuestro esfuerzo y su gracia, aprendemos a sujetar las riendas de la mente, a controlar los caballos desbocados de los sentidos y conducir el carro. Nos mantenemos en la carrera. Y el maestro mantiene su fiel promesa de asegurarse de que crucemos la línea de meta y ganemos.


  1. V.K Sethi, Kabir, El tejedor del nombre de Dios, p. 182
  2. Isaac Ezekiel, Sant Paltu, su vida y enseñanzas, p. 112
  3. Sabina Oberoi, Conceptos e ilusiones: una perspectiva, p. 169