Rema, rema, rema tu barca - RSSB Satsangs & Composiciones

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Rema, rema, rema tu barca

Muchos místicos han dicho que la vida es un sueño. Casi nunca dicen que es como un sueño, dicen que es un sueño. Por ejemplo, Maharaj Charan Singh Ji dijo:

Toda esta vida es un sueño... Esta vida no es más que un sueño, y en un sueño todo parece real. Sentimos, lloramos, nos reímos, y solo nos damos cuenta de que es un sueño al despertar1.

Hoy en día están ocurriendo muchas cosas en el mundo, por lo que es un poco exagerado decir que todo es un sueño. Enfermedades, guerras, pérdida de empleos, personas sin hogar, fenómenos meteorológicos extremos... ¿Realmente todo esto forma parte de un sueño? Examinemos qué queremos decir cuando afirmamos que algo ha sucedido “solo en un sueño”.

Digamos que estoy teniendo un bonito sueño en el que estoy en el océano, nadando entre un banco de tortugas. De repente, una de ellas me arranca el dedo índice de un mordisco.
Si me despierto, miro automáticamente la mano y veo con alivio que el dedo sigue ahí. Lo que haya pasado en el sueño no me ha afectado. Solo era un sueño. Se podría decir que el dedo en el sueño no me pertenecía.

Si esta vida es un sueño, también debemos ser capaces de despertar. Los místicos dicen que, cuando despertemos, nos daremos cuenta de nuestro “verdadero yo”. Y cuando sepamos quiénes somos realmente, nos daremos cuenta de que casi todas las cosas que creíamos tan importantes en la vida en realidad no nos pertenecían. Cuando el cuerpo muere, algo continúa: se revela el verdadero yo. Y eso significa que ni siquiera el cuerpo me pertenecía realmente. Es tan irreal como el dedo en el sueño de la tortuga. Del mismo modo, todo lo que tenía relación con ese cuerpo forma parte del sueño. Esas cosas no duran. No permanecen con nosotros cuando despertamos a nuestra verdadera naturaleza como seres espirituales. En ese sentido, todas esas cosas, acontecimientos y relaciones son irreales. Son parte de un sueño.

Afortunadamente, este cuerpo no tiene que morir para que tengamos esta experiencia. Podemos morir mientras vivimos. El “yo real” puede retirarse de nuestro cuerpo a través de la práctica de la meditación y la gracia del Señor. Si seguimos atentamente las instrucciones del maestro, podemos despertar del sueño. Podemos caminar despiertos, plenamente conscientes de lo que es sueño y lo que es realidad.

Esto significa que, mientras realizamos nuestra práctica espiritual, podemos llevar una vida normal. No tenemos que huir de nuestros trabajos o familias; no tenemos que quedarnos en cuevas o junglas ni llegar a ningún otro extremo. No tenemos que desprendernos de todas nuestras posesiones, ya que, de todos modos, las supuestas posesiones no nos pertenecen.

Maharaj Sawan Singh Ji escribió una vez a su propio maestro, Baba Jaimal Singh Ji, proponiéndole renunciar a todo por el bien de la meditación. Su maestro le respondió que había malinterpretado las enseñanzas.

Sach khand está justo detrás de este velo, hijo mío; no se encuentra muy lejos. Entonces, ¿por qué preocuparse? Ten la seguridad de que irás a casa. Escribes que vas a dejar tanto tu casa como tu trabajo para hacer bhajan. ¿Qué es tuyo en tu casa, hijo mío, y qué es tuyo en tu trabajo, y qué es tuyo en tu riqueza? Piensa un poco. En todo esto, ¿a qué hay que renunciar y a qué hay que aferrarse? Esto no es más que un truco de malabarismo. El mundo, hijo mío, es un sueño2.

Cuando las cosas nos estresan, a menudo nos decimos a nosotros mismos “déjalo estar”. Baba Jaimal Singh Ji lo lleva a otro nivel. Él dice que no hay nada que dejar ir, ya que de todas formas nada nos pertenece. Solo necesitamos ser receptivos a esa realidad, para experimentar lo relajante y gozoso que es vivir en esa realidad. Eso hace que la sabiduría de esta vieja canción de guardería parezca realmente profunda:

Rema, rema, rema tu barca,
Suavemente por la corriente.
Alegremente, alegremente, alegremente, alegremente.
La vida no es más que un sueño.

Podemos tomarnos la vida con tranquilidad. No hay necesidad de luchar para remar contracorriente. Podemos dejarnos llevar por la corriente. La vida no es más que un sueño, pero la mayoría de nosotros seguimos dormidos. Seguimos pensando que somos nosotros los que hacemos las cosas y los que tomamos las decisiones. Pero podemos tomar nuestras decisiones y realizar nuestras obligaciones alegremente, remando suavemente por la corriente.

Una opción que podemos elegir es seguir las instrucciones de un místico para despertar. Por supuesto, ¡eso requiere algo de fe para creer que el maestro sabe de lo que está hablando! Maharaj Charan Singh Ji lo dice así:

Digamos que tenemos un trozo de un mineral muy duro que está recubierto de mucha suciedad. Creemos que se trata solo de una piedra, hasta que alguien dice, “lavémosla con jabón”. Entonces, poco a poco, va asomando un diamante. El diamante estaba allí antes, pero debido a la suciedad que lo cubría no nos dimos cuenta de que debajo de esa suciedad había un diamante. Por tanto, si seguimos a esa persona que nos dijo que lavásemos la piedra sucia, tenemos fe en ella, y vamos lavando la piedra pacientemente, seremos capaces de quitar toda la suciedad y quedarnos solo con el diamante. Brillará, tendrá el valor de un diamante. Esa persona no ha añadido nada a la suciedad. Nos ha indicado el método, hemos creído en ella y hemos obtenido el diamante. Así pues, todo está en nuestro interior, nada viene de fuera. Los santos nos enseñan, y nosotros depositamos nuestra fe en ellos, y con la práctica somos capaces de ver la luz que estaba antes cubierta con tantas capas. Una luz que siempre estuvo allí3.

A veces se trata de seguir instrucciones, con o sin entender la razón de la instrucción. Alguien preguntó una vez a Hazur por qué la marihuana estaba prohibida en este camino. Aunque Hazur solía responder a una pregunta así exponiendo razones lógicas, esta vez respondió de forma muy contundente:

Mañana me preguntarás por qué están prohibidos los huevos, por qué está prohibido beber, por qué está prohibida la carne. ¿Quieres que empiece ahora desde el “ABC”? ¿Hum? ¿Es que has empezado a consumirla? ¿Estás tratando de justificarlo? Lo prohibido está prohibido. No hay un porqué. Aunque sepamos el porqué, no nos convencerá hasta que seamos estrictos con nosotros mismos, hasta que seamos disciplinados. Cualquier cosa prohibida está prohibida. No es una cuestión de porqués. No hay razones que valgan. Las razones son solo para satisfacer nuestro intelecto, solo para obtener apoyo al abstenernos de esas cosas. Del mismo modo, una vez que un soldado se une al ejército, ya no tiene razones para rehusar una orden. No tiene derecho a negarse. Nunca pregunta por qué. Voluntariamente hemos asumido una disciplina y tenemos que acatarla4.

Está diciendo que una vez que nos hemos comprometido, si tenemos fe en el maestro que dijo que limpiáramos la suciedad del diamante, nuestro trabajo es frotar según las instrucciones que nos dé. Entenderemos todas las razones cuando hayamos alcanzado una perspectiva superior a la que tenemos ahora.

Si nos van a operar con láser de una enfermedad potencialmente mortal, no podemos exigir razonablemente que el médico nos explique antes la física avanzada del procedimiento. Ha estudiado con otros médicos eminentes. Parece ser realmente competente y tiene muchos pacientes satisfechos a los que hemos conocido. Así que, una vez que hemos decidido someternos a la intervención, tenemos que confiar en algunas cosas y seguir las instrucciones que nos den.

El ambiente que se crea en el satsang nos ayuda a mantener nuestro compromiso de seguir las instrucciones. “Sat” significa verdad; “sang” significa asociación. Así que en una reunión espiritual intentamos asociarnos con la verdad. En esta atmósfera estamos alejados de todo el bullicio y el ruido del mundo. Protegidos de ese bullicio, conseguimos un poco de quietud, y se hace más fácil seguir las instrucciones con resolución, sintonizar con la verdad interior. Empezamos a ver el sueño como lo que es; empezamos a alcanzar la realidad. En ese estado de ánimo de inspiración, podemos obtener alegría y paz de nuestra meditación. Esta experiencia refuerza nuestra fe en el poder de la práctica de la meditación y nos impulsa a seguir practicando. Entramos en un círculo virtuoso de fe, práctica y alegría, que nos lleva al siguiente ciclo de fe, práctica y alegría.

Entonces surge el reto de que, como suele decirse, “el camino del amor verdadero nunca es fácil”. En la vida de todos habrá altibajos. De hecho, necesitamos que sea así. Debemos valorar cualquier sensación positiva que experimentemos como resultado de la meditación, pero no podemos perseguir esa misma sensación la próxima vez. De lo contrario, creamos un concepto, o una expectativa, de lo que queremos conseguir. Y los conceptos y las expectativas son mentales, no espirituales. Tenemos que entrar en el círculo de la meditación sin expectativas, con pura receptividad al presente y a la gracia del dador. Como Baba Ji dice una y otra vez, solo tenemos que sentarnos. Solo tenemos que mantener el recipiente limpio. Llenar el recipiente no está en nuestras manos, así que no podemos tener expectativas ni exigencias.

Alguien preguntó una vez a Maharaj Charan Singh Ji: “Maestro, parece que tenemos momentos altos y momentos bajos de espiritualidad. ¿Es esto un truco de la mente o forma parte de nuestro desarrollo?”. El respondió:

Hermana, siempre existirán altibajos en la meditación. Se les llama periodos de alta o de baja actividad. Nuestra meditación, nuestra práctica espiritual, nunca es uniforme. Unas veces sentimos que nos hemos elevado, que hemos avanzado, y otras veces sentimos que hemos caído. En la meditación siempre hay altibajos. En ciertas ocasiones eso se debe a nuestros karmas pasados y a muchas otras cosas que nos arrastran, de las que no nos damos cuenta conscientemente. Inconscientemente nos están afectando. Pero no debemos preocuparnos por los altibajos. Poco a poco tenemos que dirigirnos hacia arriba5.

La persona que hace la pregunta dice que a veces sentía que tenía contacto directo con el poder interior, y otras veces se sentía tan perturbada que le costaba incluso vivir consigo misma. Su principal motivo para hacer la pregunta, expresada con hermosa honestidad, es que solo quería oírle decir que lo estaba haciendo bien. Él le respondió cariñosamente: “Oh, sí. Sin duda lo estás haciendo bien. El sonido está dentro de cada uno de nosotros, independientemente de quien sea, así que solo tenemos que concentrarnos en el centro del ojo, el centro del razonamiento, para estar en contacto con ese sonido [interior]”.

Ella pregunta si “uno simplemente sabe que al final todo irá bien y lo entenderá”.

Sí, así es. Nunca debemos sentarnos a meditar con ninguna agitación o con el anhelo de ver algo de inmediato, porque entonces la mente se frustra y escapa. Debemos meditar con una mente absolutamente relajada y limitarnos a cumplir con nuestro deber. Cuando tenga que llegar, simplemente llegará. Nuestra inquietud o nuestra ansiedad no traen nada. Es la concentración la que lo trae, la concentración junto con el amor, el anhelo y su gracia lo traen. Así que cuando tenga que venir, automáticamente vendrá6.

Todo este amor, anhelo y concentración comienza creando un hábito. Despertar de este sueño requiere que desarrollemos un hábito. El filósofo Will Durant resumió la esencia de las enseñanzas de Aristóteles sobre la ética: “Somos lo que hacemos repetidamente. La excelencia, por tanto, no es un acto, sino un hábito”7. Del mismo modo, la devoción es un hábito. La concentración es un hábito. Si tengo el hábito de consultar las redes sociales antes de acostarme, agarraré automáticamente el teléfono a la hora de dormir, aunque lo haya consultado cinco minutos antes. Si tengo el hábito de comer algo dulce después de cenar, buscaré automáticamente en el armario o en la nevera cuando termine la comida.

Así que, si nos habituamos a sentarnos a meditar a una hora determinada, tanto si nuestra mente colabora como si no, tanto si nuestro cuerpo colabora como si no, al cabo de un tiempo será tan automático como cepillarnos los dientes. Nos sentaremos automáticamente. Habremos creado un hábito de devoción. Nos sentiremos raros e inquietos si no nos sentamos.

El poeta místico sufí Jalal-al-Din Rumi dice que vivir en el sueño de este mundo es como estar exiliado de nuestra propia casa. Nuestro esfuerzo por sentarnos cada día, poco a poco, nos da alas para volar a casa.

Una llamada llegó a las almas,
“¿Cuánto tiempo permanecerás allí?
Vuelve a tu hogar original.

Debido a que la cercanía a nosotros
es tu esencia y existencia,
vuela feliz al monte Qāf porque eres un fénix.

El agua y la arcilla [el cuerpo] son un pesado tronco atado a tus pies.
Intenta desatar el tronco, poco a poco.

Regresa del exilio: vuelve a casa.
Sé decidido...”.

Dios forja tus alas a partir de tu esfuerzo8.

  1. Spiritual Perspectives Vol. III, Question 142, pp. 96-97
  2. Cartas espirituales, 2ª Edición, Carta 69, p. 108
  3. Perspectivas espirituales Vol. II, Pregunta 20, p. 14
  4. Perspectivas espirituales Vol. II, Pregunta 118, p. 89
  5. Perspectivas espirituales Vol. II, Pregunta 357, pp. 282-283
  6. Ibíd, pp. 283-284
  7. https://medium.com/the-mission/my-favourite-quote-of-all-time-is-a-misattribution-66356f22843d
  8. Divān-e Shams-e Tabrizi (Selections), p. 186