El Espíritu llegando hasta nosotros
Inspiración ... un impulso interior que dirige la mente y el alma hacia lo Divino; una atracción de la mente y el alma hacia Dios; ... también, fuerza espiritual y estímulo motivados por alguna fuente, como una persona o un libro1.
Una vez que el anhelo por lo Divino se ha despertado en nosotros, nuestra vida y todo nuestro ser comienza a pasar por un proceso cada vez más profundo de cambio radical y transformación. Para un alma aspirante y en lucha, lo Divino tiene muchos aspectos. Para aquellos iniciados por un maestro vivo, inicialmente es el maestro externo, quien en su papel de guía y maestro espiritual, nos insta constantemente a buscar al Señor, al Creador dentro de nosotros mismos. Él es la persona ideal para alentarnos. Sus enseñanzas se convierten en una parte esencial de nuestra vida, guiándonos, inspirándonos y ayudándonos a mantenernos en el camino. Las enseñanzas del maestro, ya sea en forma de libros o satsangs, ayudan a moldear nuestra vida de tal manera que la espiritualidad gradualmente se convierte en nuestra principal y más importante prioridad.
Los maestros a menudo hablan sobre la importancia de crear una atmósfera, asistir a satsang ya sea que el maestro esté presente físicamente o no (él siempre está presente), realizar seva de cualquier tipo y, sobre todo, participar en la práctica espiritual; todo esto ayuda a crear esa atmósfera. Estas acciones ayudarán a trasladar la atmósfera de meditación a nuestra vida diaria, aumentando cada vez más la conciencia de la presencia interior del maestro a lo largo del día.
Siempre debemos desear ser conscientes –en la medida de lo posible– de la vívida inspiración de la gracia provocada por la presencia espiritual de Dios dentro de nuestras almas.
Walter Hilton, Escalera de la perfección2
Despertar a la Verdad interior, tomar conciencia de una realidad diferente, darse cuenta del potencial del don de la vida, son solo unas cuantas de las realizaciones que resultan de nuestra meditación diaria. Su gracia siempre está presente de manera sutil y trae consigo una dulzura espiritual que alimenta nuestro anhelo por el maestro del Shabad y lo Divino. Nuestras corrientes de atención, antes una fuerza imparable que se dirigía hacia el exterior, se dirigen hacia el interior. Una conciencia cada vez mayor de la presencia invisible del maestro interior se apodera gradualmente de nosotros. Comenzamos a vivir en los márgenes de la vida, convirtiéndonos en observadores de un espectáculo externo, y la mayoría de sus atracciones y seducciones se vuelven insípidas a lo largo de nuestra existencia. Asombrosamente, se produce un cambio de percepción y la fuerza que proviene del interior ha ido ganando lentamente la ventaja. Es un proceso que va más allá del funcionamiento del ego y la mente, es obra del maestro del Shabad. Según las enseñanzas, una vez que un maestro ha iniciado a una de sus almas asignadas, él se convierte en el timonel navegando el barco del Nam a través del océano de la existencia, con nosotros a bordo. Él tiene el control total de nuestra vida, y en nuestros tropiezos y caídas y levantándonos una y otra vez, hemos llegado a depender completamente de él. ¡Y qué compañero y amigo firme e infalible ha sido!
Los rayos del sol dan luz y calor al mismo tiempo. La inspiración es un rayo de gracia que trae luz y calor a nuestros corazones: luz para mostrarnos lo que es bueno; calor para darnos energía para buscarlo. Todos los seres vivos en este mundo están entumecidos por el frío del invierno; con el regreso del calor de la primavera vuelven a la vida: los animales se mueven más rápido, los pájaros vuelan más alto con un canto más animado, las plantas brotan y florecen alegremente. Sin inspiración, la vida del alma es lenta, impotente, inútil. Sin embargo, una vez que los rayos de la inspiración de Dios nos alcanzan, somos conscientes de la luz y la vida: nuestra mente se ilumina, nuestra voluntad se inflama y se agiliza con fuerza para querer y cumplir lo que nos lleve a la salvación.
François de Sales, Amor de Dios3
Es en el satsang donde “los rayos de las inspiraciones de Dios nos alcanzan”. El satsang es complementario a nuestra meditación. Es el lugar donde se discuten las enseñanzas, pero también el lugar donde se puede experimentar la presencia de los maestros. Es debido a nuestra receptividad, nuestra capacidad de absorber el amor, la profundidad de nuestro anhelo, que la inspiración dada por el satsang nos transporta más profundamente a la dimensión espiritual. Es el combustible esencial que necesitamos para mantener ese fuego interior encendido. Nos da el hambre por la comida espiritual que nuestras almas anhelan. A través de las enseñanzas brilla el amor del maestro por su sangat. ¡Y qué bendición es ser parte de su sangat! Del satsang nos llevamos un tesoro de espiritualidad, para ser digerido en nuestra meditación. Poder asistir al satsang de manera regular ayuda a crear un hábito muy beneficioso. En palabras de Hazur Maharaj Ji:
La semilla del Nam se planta dentro de cada iniciado y debe germinar. Nos aconsejan proteger esta cosecha y preservar la santidad de este tesoro. En un campo abierto, la mies crecerá ciertamente sin protección, pero permanece vulnerable y es saqueada fácilmente. Por consiguiente, debemos rodear nuestra cosecha, a la que hacemos crecer a través de la meditación, con la cerca del satsang, la compañía de los maestros, los santos y sus devotos4.
Una fuerza misteriosa nos atrae hacia el satsang. Es realmente el Espíritu llegando hasta nosotros. En el satsang uno se llena de fuerza renovada y perseverancia; es siempre fresco y vigorizante. Es el alma del maestro tocando el alma de sus devotos.
En el satsang, el maestro, a través de sus corrientes espirituales, otorga el don de una nueva vida a los devotos, de tal manera que, al igual que las polillas, se sacrifican en la fuente de luz y se vuelven uno con ella. Porque entonces, su vida deja de ser propia. Se convierte en la del maestro. Así, alcanzan el estado de fusión completa con el maestro5.
No podemos estar lo suficientemente agradecidos por la inmensa bendición de haber sido iniciados por un maestro vivo. Solo podemos mostrar nuestra gratitud a nuestro maestro poniendo en práctica sus palabras. Como Baba Ji solía decir con frecuencia, debemos actuar. No necesitamos más gracia, ya está allí en abundancia. En la iniciación se nos dieron los cinco Nombres santos, y depende de nosotros descubrir y apreciar lo que representan. Repetir estos Nombres sagrados es nuestro golpear a la puerta del cielo. Nos conectan instantáneamente con el Shabad interior y provocan que se agiten vibraciones divinas en las regiones internas. Ascender la escalera del simran trae consigo una alegría sobrenatural. Como dice el Gran Maestro: “El simran incesante es la escalera para llegar a la mansión del Señor”6.
Todos tenemos una relación única con lo Divino y con el maestro que nos inició. Desde el momento de nuestro nacimiento –y quién sabe cuántas encarnaciones han precedido a la actual– el maestro nos ha estado observando. Nuestro nacimiento actual es la encarnación más preciosa que jamás hayamos tenido. Estamos regresando a casa. El espíritu está llegando a nosotros. Estamos ascendiendo rápidamente en alas de amor. El poder del maestro en forma de simran siempre está con nosotros, protegiéndonos y guiándonos.
Los resultados de la repetición serán en proporción directa al amor y la fe que se pongan en ella. Realiza el simran del Señor con amor y fe. Sus Nombres tienen un gran poder. Cuando se hace con fe, uno se siente embriagado de alegría, con el resultado de que olvidamos nuestro cuerpo y nuestro yo y nos damos cuenta de la presencia del Señor. ¡Qué poderoso y dichoso es el Nombre de Dios, porque crea en el devoto una corriente rápida de felicidad, paz y fuerza del alma, y él se siente verdaderamente bendecido!7.
- A Treasury of Mystic Terms, Volume 12, p. 5.
- A Treasury of Mystic Terms, Volume 12, p. 5.
- A Treasury of Mystic Terms, Volume 12, p. 7.
- Muere para vivir, p. 54.
- Filosofía de los maestros, Series 1, p. 121.
- Filosofía de los maestros, Series I, p. 64.
- Filosofía de los maestros, Series 1, pp. 60-61.