La cosecha está lista - RSSB Satsangs & Composiciones

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La cosecha está lista

En la década de los sesenta y setenta, hubo dos libros populares sobre espiritualidad Autobiography of a Yogi (Autobiografía de un yogui) de Paramhansa Yogananda y Life and Teachings of the Masters of the Far East (Vida y enseñanzas de los maestros del Lejano Oriente) de Baird Spalding. Nunca imaginamos que algún día un maestro de India vendría a Occidente. La visita de Maharaj Charan Singh a nuestros países respondió a una profunda necesidad de espiritualidad. Esa necesidad se hizo aún más intensa cuando lo conocimos en persona. Se dice que una sola mirada del amado basta para despertar el alma. Hemos sido más que bendecidos al recibir la mirada del maestro. Fue el encuentro de nuestras vidas, un punto de inflexión cósmico que nos llevó a muchos de nosotros a emprender el sendero espiritual. A lo largo de la vida, apreciamos cada vez más el don de la iniciación. ¡Qué bendición tan increíble es contar con un compañero y amigo para toda la vida, un maestro espiritual cuya presencia invisible nos ha acompañado siempre!

En Luz sobre San Juan Hazur Maharaj Ji escribe:

Los maestros vienen a este mundo en un tiempo concreto y con un propósito determinado. Realizan la tarea que tienen asignada en el tiempo y el lugar designados por el Padre. Los maestros no vienen a este mundo a realizar milagros. Los milagros ocurren durante su vida, pero ese no es el propósito de su venida al mundo. El verdadero milagro que un maestro realiza es darnos la iniciación espiritual – un nuevo nacimiento que nos conecta con el Verbo, el Espíritu Santo.
(2a edición, 2012 pg.35)

Después de recibir la iniciación, empezamos a desarrollarnos espiritualmente, a medida que nos comprometemos con el sendero. Estamos atados a tantos compromisos mundanos que nos quitan gran parte del tiempo. Pero nuestro compromiso espiritual debe ser lo primero. Debe convertirse en la piedra angular de nuestra vida, de todo lo que hacemos y pensamos. Se necesita paciencia y perseverancia, pero aprendemos que las recompensas por nuestra dedicación no tienen precio. La meditación se convierte en una forma de vida que nos permite experimentar un proceso de transformación que nos aporta una conciencia más profunda del verdadero propósito de la vida.

Poco a poco, nuestro enfoque va cambiando. Estamos acostumbrados a centrarnos en lo externo, por lo que, al principio, se necesita disciplina para redirigir la mente hacia el interior. Ese cambio requiere tiempo y un esfuerzo constante. Al principio, es posible que meditemos por obediencia o por sentido del deber. Pero, poco a poco, nos volvemos más receptivos a la llamada interior. Concentrarse en el simran se vuelve más fácil. Lentamente, algo cambia y somos cada vez más conscientes de la presencia invisible del maestro interior. Esa toma de conciencia produce una sensación de felicidad interior.

Pero el sendero de amor y devoción no es nada fácil. Exige sacrificio. En Luz sobre San Mateo Hazur Maharaj Ji explica:

Por supuesto, que cuando él (Jesús) impartía las enseñanzas, la gente quedaba impresionada y llena de amor y devoción por el Padre; y alguien dijo: “Maestro, adondequiera que vayas, te seguiré”. Lo cual significa: “Seguiré tus enseñanzas. Cumpliré con todo lo que me ordenes, te obedeceré”. Y le dijo Jesús: “Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos, mas el Hijo del hombre no tiene dónde recostar su cabeza”. (8,20)

Él dice, sé que eres muy sincero y estás impaciente por seguirme. Pero acuérdate de una cosa, no es tan fácil amar al Señor. No pienses que es un camino de rosas. Es muy difícil seguirme a donde yo voy. Los amantes del Señor no tendrán descanso en ningún lugar en esta vida, a menos que puedan alcanzar su destino. No forman parte de este mundo y viven con el dolor de la separación, hasta que se reúnen con el Padre.
(Luz sobre San Mateo, 2a ed., 2008, p.98)

Seguir el sendero implica luchar, caer y volverse a levantar. A veces parece una misión imposible, un avance aburrido y pesado contra todo pronóstico. Sin embargo, no debemos desanimarnos. El maestro nos ayuda y nos apoya en cada etapa. Avanzaremos, a pesar de las tormentas kármicas que parecen desviarnos del rumbo. Las nubes oscuras acabarán disipándose y la calidez de su amor renovará nuestra determinación. Él nos guía y nos impulsa desde dentro, y está más impaciente de que regresemos a casa de lo que podemos imaginar.

La única forma de descansar un poco es volver al interior y encontrar allí nuestro hogar. El corazón espiritual que hay en nuestro interior es el lugar al que podemos regresar cada día al meditar. Dirigirnos al interior es nuestro trabajo espiritual y el seva más importante: inmovilizar la mente, detener el flujo de pensamientos, alcanzar la tranquilidad y experimentar la serenidad. En el libro Con los tres maestros, vol. 3, una cita del Guru Granth Sahib lo subraya:

Permanece en tu propio hogar,
Oh, mente mía, necia e ignorante.
Medita en el Señor: concéntrate profundamente
En lo más profundo de tu ser y medita en él.
(5th ed., 2018, p. 121)

“Permanecer en el propio hogar” significa “retírate a tu propio rincón de paz” como Hazur Maharaj Ji dice en Luz sobre San Mateo. Solo a través de la meditación se puede alcanzar cierto grado de paz interior. La práctica constante nos lleva a descubrir el poder y los beneficios del simran. Es la única práctica espiritual que podemos realizar en cualquier circunstancia. Cuanto más meditemos —y nunca meditaremos lo suficiente—, más descubriremos el poder de los nombres sagrados. Los nombres, nos mantienen en el camino correcto y fortalecen nuestro vínculo con el maestro interior, el Shabad. Calcular no forma parte de este juego de amor. O repetimos los nombres de forma consciente, o nos vienen a la mente de forma espontánea, sin previo aviso.

No hay mayor bendición que enamorarnos de la meditación. Como Hazur Maharaj Ji dice en Muere para vivir; pregunta 340:

Cuando te enamoras de alguien, automáticamente quieres permanecer en compañía de esa persona; pero antes de enamorarte, no pensabas en pasar mucho tiempo en compañía de esa persona. Similarmente, cuando te enamoras de la meditación y sientes la paz y la dicha en tu interior, entonces cualquier rato que puedas conseguir, lo querrás dedicar a la meditación de inmediato, porque querrás estar en esa paz, en esa dicha. Eso se incrementará por sí mismo. Entonces no tendrás que esforzarte en absoluto.
(7ma ed., 1999, p. 262)

Al meditar buscamos esa quietud, esa sensación de tranquilidad: la presencia de lo divino. El simran ayuda a centrar la atención y nos prepara para el bhajan (escuchar la corriente del sonido). El simran y el bhajan van de la mano; limpian el recipiente de nuestra alma y luego lo llenan: un misterioso proceso interior que comienza con el desprenderse de los pensamientos y las imágenes. El simran es la preparación para el bhajan, que nos lleva hasta el umbral de lo divino. Pero cruzar ese umbral no está en nuestras manos; el Señor debe hacer el resto. Lo único que podemos hacer es sentarnos y esperar, sin expectativas. Recibimos apoyo, ya sea en la meditación, en el satsang o en momentos inesperados. El maestro siempre está ahí para guiarnos y protegernos.

Krishnamurti, en su revista The Beauty of Life (La belleza de la vida), ofrece una hermosa descripción sobre cómo se experimenta lo sagrado en el silencio:

Mientras hablaba y buscaba a tientas la palabra adecuada, el sol se ponía y un profundo silencio se apoderó de nosotros. Dejó de hablar. Al cabo de un rato, cuando las estrellas estaban muy cerca de la tierra, dijo: “Ese es el silencio que he estado buscando por todas partes, en los libros, entre los maestros y en mí mismo. He encontrado muchas cosas, pero no esto. Ha llegado sin que lo buscara, sin que lo invitara… Aquí sentado, soy consciente de este silencio sagrado. A través de él, contemplo las estrellas, esos árboles, el río. Veo y siento todo esto, pero en realidad no estoy allí. Como dijiste el otro día, el observador es lo observado. Ahora comprendo lo que eso significa. La bendición que buscaba no se encuentra en la búsqueda.

Vivir según el estilo de vida de Sant Mat, manteniéndonos dentro de sus parámetros espirituales, nos hace receptivos a la acción sutil del espíritu. Se manifestará de forma inesperada, sin que lo busquemos ni lo hayamos invitado. La dimensión espiritual está siempre presente, ya que forma parte de la transformación que tiene lugar en nuestro interior. Debemos intentar sintonizarnos con ella, algo que solo podemos lograr a través de la meditación.

Nos apoyan en nuestros esfuerzos los centros de satsang que se han creado por todo el mundo. No solo ofrecen oportunidades para el seva, sino que también son lugares donde celebrar el satsang. La atmósfera del satsang, esté o no presente físicamente el maestro, despierta en nosotros un profundo anhelo de seguir el sendero y practicar la meditación. Necesitamos desesperadamente el seva, el satsang y los libros de Sant Mat como parte de nuestro sistema de apoyo espiritual, ya que nos proporcionan una comprensión más profunda de las enseñanzas, que acabamos amando.

Definitivamente, es a través de la meditación como podemos expresar nuestro aprecio y, sobre todo, nuestra gratitud al maestro por darnos mucho más de lo que merecemos. Recorremos el camino de la vida con todos sus altibajos, sin perder nunca de vista nuestro objetivo espiritual. Seguimos dando lo mejor de nosotros mismos, intentando establecer correctamente nuestras prioridades y dejando el resto en sus manos. ¿Y qué nos tiene reservado el maestro? En palabras de Maharaj Jagat Singh, citadas en Con los tres maestros, vol. 3:

Hazur dijo que ningún esfuerzo se desperdicia jamás. En el momento de la muerte del discípulo, cuando se agotan sus karmas pralabdh, los santos le devuelven la riqueza espiritual que ha ganado y se le levanta el velo. Por lo tanto, todos los discípulos deben continuar con sus esfuerzos en la meditación, independientemente de si el velo se ha levantado o no.
(5ta ed, 2018, p.121)

¡Qué perspectiva tan prometedora! Estamos acumulando nuestro tesoro en el cielo. Como dice en el evangelio de San Juan, “en la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no fuera así, os lo habría dicho; porque voy a prepararos un lugar.(14:2) Hazur Maharaj Ji dice en Luz sobre San Juan, pg. 206:

Todos los discípulos no irán directamente al Padre. El nivel que cada discípulo alcance dependerá de su propio progreso espiritual; puede alcanzar la primera, la segunda, la tercera, la cuarta, la quinta etapa. Por tanto, cada discípulo tiene su propio lugar, preparado para él por su maestro, y continúa progresando desde allí hasta que finalmente se funde en el Padre. (p. 229)

En esta vida se nos ha concedido una oportunidad única para seguir el sendero espiritual. Tanto si nos iniciamos a una edad temprana como si lo hacemos más tarde, siempre nos falta tiempo, por lo que es importante mantenernos conscientes y alertas. Tenemos que volver una y otra vez al centro del ojo, para encontrar allí un nivel de bienestar que nos impulse automáticamente hacia el interior. Esa es la forma de permanecer como espectadores en el espectáculo pasajero de la vida, en lugar de quedarnos atrapados en él.

Nuevamente, Hazur Maharaj Ji, en Luz sobre San Juan, dice: (página 69)

Haz el mejor uso posible de tu tiempo y retira tu corriente del alma hasta el centro del ojo. La cosecha está preparada para ti; el Señor te está esperando ahí.

El que trabaja duro es bien recompensado. Jesús quiere decir que si trabajas duro, sacrificas los placeres mundanos e intentas retirar tu conciencia al centro del ojo, serás suficientemente recompensado. Quien quiera que siga las enseñanzas de un maestro y sea sincero en su meditación obtendrá definitivamente la recompensa, el ‘salario’ de su meditación. ¿Y cuál es? “El fruto para la vida eterna”, el fruto que te dará vida eterna.
(Evangelio de San Juan, págs. 66-68)

Somos trabajadores del campo, que nos esforzamos por recoger la cosecha. Hemos recibido gracia en abundancia; no necesitamos más gracia. En nuestros corazones se ha sembrado un profundo anhelo de estar con lo divino y regresar a nuestro hogar verdadero. No tenemos otra opción. El impulso de seguir los pasos de nuestro maestro se ha vuelto tan fuerte que no podemos resistirnos a él. No hay mayor alegría que sentir su presencia en nuestro interior, donde nos espera para que nos unamos a él. Somos tan privilegiados, tan afortunados. Somos hijos del Padre, acogidos y protegidos por estos maestros, estos grandes seres de luz.