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Ateniéndose al plan de Dios

Hay un proverbio judío: Si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes.

Creemos que lo tenemos que planear todo, y estamos planeando incesantemente. Todos hacemos planes. Algunos son pequeños; como qué comprar en el supermercado, cuándo quedar con un amigo, o planes para ese día. Otros planes son grandes, cómo empezar un negocio o comprar una casa. ¿Qué plan tenemos para la educación de nuestros hijos? ¿Nuestra jubilación?

Todos planeamos nuestro viaje a Dera.

¡Cuántos planes! Planes de negocios, planes familiares, planes financieros, planes de estudios, planes de contingencia, planes arquitectónicos, planes de boda. Planes a cinco años, planes a diez años, planes de vida.

Observemos que nos dicen los maestros sobre la planificación. Lo siguiente proviene de una serie de preguntas recogidas en el libro Spiritual Perspectives, Vol. III.

P: ¿Cuánta capacidad tenemos para planear nuestro futuro, maestro? ¿Está establecido para nosotros cuando nacemos?
Maestro: Sólo tenemos un futuro: regresar al Padre. No hay otro futuro.1

Este es el futuro de cada satsangui. El plan maestro para nuestras almas. Podemos mostrar nuestro agradecimiento realizando nuestra meditación diaria y realizando el simran continuamente. Somos los afortunados hijos e hijas de los maestros, y estamos regresando a casa con ellos.

P: Pero también tenemos que vivir en este mundo.
Maestro: En mejores manos, vivirás mucho mejor. Si mantienes la planificación en tus propias manos, vivirás miserablemente.

Al igual que en la trágica historia De Ratones y Hombres, escrita por John Steinbeck, podemos tener las mejores intenciones, pero las cosas no siempre salen según lo planeado y terminamos provocando un desastre: Como dice el refrán, los planes mejor trazados de ratones y hombres a menudo se tuercen.

La planificación es el proceso de pensar y organizar las actividades necesarias para lograr un objetivo deseado. Los maestros tienen un plan de acción específico para nuestro objetivo pretendido de autorrealización y realización de Dios. Ese plan consiste en los cuatro votos. El voto más importante es el de las dos horas y media de meditación diaria. Cuando seguimos el plan establecido para nosotros por el maestro, estamos viviendo en su voluntad.

¿Cuál es la voluntad del maestro? Sólo ser firmes en los principios sobre los que tenemos que construir nuestra meditación y atender a nuestra meditación - esa es su voluntad, esa es su enseñanza, esas son sus instrucciones. Esa es la base sobre la cual tenemos que empezar.2

¿Cuál es la lógica del plan del maestro para nosotros? Los santos nos dicen que este no es nuestro verdadero hogar. Nos explican que hemos estado atrapados en esta ilusión, en esta obra de maya, durante incontables vidas. Pensamos que estamos haciendo planes y que somos libres de elegir nuestro destino. En realidad, no somos libres. Somos esclavos de la mente y la mente es esclava de los sentidos. Seguimos haciendo planes como si nuestra vida en este mundo fuera permanente y fuéramos a vivir aquí para siempre.

Había una mujer satsangui que se estaba muriendo de cáncer; sabía que iba a morir esa tarde. En su meditación temprano por la mañana su marido la escuchó reírse. “¿Qué ocurre querida? ¿Estás bien?” le preguntó. Ella contestó, “Sí. Me estoy riendo porque mi mente sigue haciendo planes, aun sabiendo que me voy esta noche”. Tal es la fuerza que tiene este hábito de la mente.

Solo cuando vamos más allá de la mente y del maya y nos fundimos en el maestro, estamos viviendo en su voluntad. Estamos realmente ejecutando su plan; y nos volvemos verdaderamente libres.

La planificación de escenarios complejos es característica exclusiva de los humanos, y requiere una función ejecutiva en el lóbulo frontal del cerebro. Los humanos somos ávidos constructores de escenarios y proyectamos lo que el futuro podría deparar. Incluso hay departamentos de estudios de futuro en las universidades, cuyos licenciados son contratados para llevar a cabo una planificación estratégica en cargos gubernamentales y corporativos. Este campo es una especie de previsión o proyección del futuro. Y se les hacen tantas preguntas a los maestros sobre qué sucederá en el futuro.

A principios de los años 90, cuando Baba Ji vino por primera vez a los Estados Unidos, un hombre le hizo una pregunta directa durante una sesión de preguntas y respuestas. Empezó describiendo una idea muy extendida en la época, que la tierra experimentaría rápidos cambios geográficos al derretirse los casquetes polares. Los niveles de los océanos se elevarían, se producirían cataclismos como terremotos y California caería en el océano y se convertiría en una isla. Entonces le preguntó a Baba Ji si tenía alguna predicción. Baba Ji dijo algo así como: Sí, tengo una predicción. Todos vamos a morir algún día, y deberíamos prepararnos para ello.

Todos los santos repiten lo mismo una y otra vez porque nosotros realmente no creemos que vayamos a morir. Vemos a nuestros amigos dejarnos (y a medida que envejecemos, cada vez se van yendo más), aun así, no creemos que nos vaya a tocar a nosotros.

Somos como esos soldados jóvenes en la sala de reuniones informativas. Su capitán les dice: “Caballeros, seré sincero. Esta es una tarea muy difícil. No seréis muchos los que volváis a casa. Estimamos que el 90% de vosotros morirá en el campo de batalla”. Al igual que esos hombres, pensamos: “Seguro que los echaré de menos a estos chavales cuando se vayan”. Nunca pensamos que estaremos en ese 90 por ciento.

Los santos nos dicen que debemos tomar un enfoque práctico hacia la inevitabilidad de nuestra propia muerte, como en la siguiente anécdota:

Un hombre naufragó en una isla remota. Estaba habitada por personas que tenían la tradición de hacer de cualquier náufrago el rey de la isla durante exactamente un año. ¿Y luego qué? Se le llevaba a la persona a una isla cercana y desierta donde no había ni comida, ni agua, ni refugio ni transporte. El náufrago observó que el rey anterior había disfrutado de un año maravilloso como rey. Luego se le llevó a la isla desierta, donde murió. El actual rey durante un año pensó: “Yo soy el rey ahora y tengo plena autoridad. Así que planificaré para el día en que termine mi año”. Ordenó a las personas construir un refugio, plantar jardines, cavar pozos y tomar todas las medidas necesarias para vivir en esa isla desierta, de manera que pudiera sobrevivir cuando cumpliera su año de reinado.3

Los santos dicen que debemos ser como este hombre: debemos prepararnos para nuestra muerte. Nos dicen que la meditación no es más que prepararse para la muerte, morir en vida. Debemos practicar para ese día en que dejaremos aquí a nuestra familia, nuestras posesiones y nuestro hogar. El Gran Maestro dice que, si ya hemos practicado morir en la meditación antes de la muerte, esperaremos el día de nuestra muerte como si fuera el día de nuestra boda.

Los santos también dicen que el sonido y la luz divina son tan atractivos y agradables que no pueden compararse con nada en este mundo. Hazur Maharaj Charan Singh decía a menudo que sólo podemos separarnos de este mundo si nos apegamos a algo más elevado y atractivo. Para nosotros, ese algo es el Shabad o Nam.

Los santos han venido aquí para guiarnos a casa. El juego de amor entre el maestro y el discípulo forma parte de un plan divino. Alguien le preguntó a Hazur, “¿Es una coincidencia que nos encontremos con un maestro?” Él respondió:

No hay coincidencias en Sant Mat. Todo sucede según un plan divino. No se conoce a un maestro por casualidad, no se llega al sendero por casualidad. No elijes a tus padres por casualidad; no elijes a tus hermanos por casualidad. Hay una relación kármica que te lleva a eso. Hay algún hilo detrás que está siendo tirado – una razón por la que se te pide que desempeñes ese papel sobre el escenario. No hay ninguna coincidencia aquí.4

No es casualidad que hayamos sido atraídos al sendero o que visitemos el Dera y otros lugares del mundo para estar con el maestro. Todo es parte de su plan, aunque no siempre nos permitimos sentir el amor y el cuidado que el maestro nos da. Hay una frase célebre popularizada por John Lennon: La vida es lo que sucede mientras estás ocupado haciendo otros planes.

Hazur continúa su respuesta sobre la planificación:

Si dejas que él planifique tu vida y sigues aceptando lo que te viene, serás feliz. Porque la planificación está en sus manos, y sólo tienes que ajustarte a los acontecimientos de la vida”.5

Esto se ajusta al concepto taoísta wu wei, o esfuerzo sin esfuerzo, lo que significa más o menos seguir la corriente. Nos sometemos humildemente, y al someternos nos hacemos fuertes.

El maestro quiere que vivamos una vida feliz y relajada. Hazur continúa:

Sólo te estás ajustando, siguiendo las olas. Nunca puedes cambiar los acontecimientos de la vida, por mucho que planees, por mucho que reces. Pero siempre puedes ajustarte a los acontecimientos de la vida.6

El maestro nos dice que tenemos que dejarnos ir en nuestra meditación, y cuando lo logramos, nos volvemos receptivos y más capaces de ajustarnos a los acontecimientos de nuestra vida.

Anthony de Mello, que fue un sacerdote jesuita indio y psicoterapeuta, relata un cuento en su libro La oración de la rana sobre cómo la mente puede impedirnos vivir una vida sencilla y relajada.

Un gurú quedó tan gratamente impresionado por el progreso espiritual de su discípulo que, considerando que no necesitaba más orientación, lo dejó solo en una pequeña cabaña a la orilla de un río.

Cada mañana después de sus abluciones el discípulo colgaba su taparrabos para que se secara. ¡Era su única pertenencia!

Un día se sintió decepcionado al ver que había sido totalmente destrozado por ratas. Así pues, tuvo que pedirle otro a los aldeanos. Cuando las ratas volvieron a mordisquear y hacerle agujeros en éste también, compró un gato. Ya no volvió a tener problemas con las ratas, pero ahora, además de mendigar por su propia comida, tenía que mendigar por leche también. “Tantos problemas para mendigar”, pensó, “y demasiada carga para los aldeanos. Criaré una vaca”.

Cuando consiguió la vaca, tuvo que mendigar para forraje: “Es más fácil cultivar la tierra alrededor de mi cabaña”, pensó. Pero esto también resultó ser problemático, ya que le dejaba poco tiempo para la meditación. Así que contrató a trabajadores para que hicieran su trabajo de cultivar la tierra.

Ahora supervisar a los trabajadores se convirtió en una tarea tediosa, así que se casó con una mujer que compartiera la tarea con él. En poco tiempo, por supuesto, se convirtió uno de los hombres más ricos del pueblo.

Años después su gurú pasó por allí y se sorprendió al ver una mansión palaciega donde una vez hubo una cabaña. Le dijo a uno de los sirvientes, “¿No es aquí donde vivía un discípulo mío?”

Antes de recibir una respuesta, el propio discípulo apareció. “¿Cuál es el significado de todo esto, hijo mío?” preguntó el gurú.

“No se va a creer esto, señor,” dijo el hombre, “¡pero no había otra manera de poder conservar mi taparrabos!”7

En otras palabras, la mente complica nuestras vidas. Pero los maestros dicen que somos más grandes que esta mente. Dicen que podemos aquietar a esta mente errante y encontrarnos con la forma radiante de nuestro maestro en el interior. ¿Acaso un hombre de negocios comenzaría un negocio si pensara que va a fracasar? ¿Acaso un granjero planta cultivos pensando que no van a crecer? ¡Podemos hacerlo!

Los santos nos dicen que hagamos nuestro mejor esfuerzo y que le dejemos los resultados al maestro; que vivamos una vida sencilla, feliz y relajada; que nos ocupemos de nuestras responsabilidades en el mundo pero que no nos involucremos tanto como para olvidar nuestra prioridad número uno, nuestra meditación.

El plan que los maestros tienen para nosotros es realmente muy simple. Se dirige a nuestro mayor obstáculo, la mente y sus muchas preocupaciones.

P: ¿Cómo podemos dejar de preocuparnos?
Maestro: ¿Qué hace que te preocupes? La incertidumbre sobre el futuro y el arrepentimiento por el pasado. ... Así que atiende a la meditación. Cuando tu mente está apegada al shabad y al nam interior, entonces no piensas en el pasado ni te preocupas por el futuro. ... Y estas entrenándote. La meditación te entrena para aceptar lo que está en tu destino, si no alegremente, al menos con una sonrisa. Ese es el propósito de la meditación.8

Y entonces Hazur concluye diciendo, “Así que, deberíamos planear un día y luego vivirlo plena y felizmente, y atender a la meditación. Es la única manera de salir de estas preocupaciones y problemas mundanos. Y aprender a aceptar en lugar de exigir”.

La mente es poderosa. Sigamos el plan que nuestro maestro nos ha trazado. Los planes no tienen sentido a menos que actuemos de acuerdo con ellos. Este es un sendero de acción. Complazcamos a nuestro maestro y hagamos nuestra meditación.


  1. Maharaj Charan Singh, Spiritual Perspectives, Vol. III, #260
  2. Maharaj Charan Singh, Spiritual Perspectives, Vol. III, #284
  3. Folktale; source unknown
  4. Maharaj Charan Singh, Spiritual Perspectives, Vol. I, #452
  5. Maharaj Charan Singh, Spiritual Perspectives, Vol. III, #260
  6. Maharaj Charan Singh, Spiritual Perspectives, Vol. III, #260
  7. Anthony de Mello, Prayer of the Frog (Gujarat Sahitya Prakash, 1995), p. 38
  8. Maharaj Charan Singh, Spiritual Perspectives, Vol. III, #254