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El coronavirus y la teoría del karma

La pandemia de coronavirus es una de las “respuestas de la naturaleza” a nuestra ignorancia de la actual crisis ecológica, dijo el Papa Francisco en una entrevista reciente:

“No hemos reaccionado a catástrofes parciales”. ¿Quién habla ahora de los incendios en Australia, o recuerda que, hace 18 meses, un barco podía atravesar el Polo Norte porque los hielos se habían derretido del todo? ¿Quién habla ahora de las inundaciones? No sé si se trata de una venganza de la naturaleza, pero sin duda es una respuesta de la naturaleza”.1

Ciertamente, el virus es un recordatorio del antiguo dicho: Siempre se cosecha lo que se siembra. O sea, que cada acción tiene una reacción igual y opuesta. La teoría del karma ha cobrado vida en esta pandemia.

¿Quizá nuestro entorno es una extensión de nuestras acciones: pacífico y tranquilo si nuestras acciones son positivas y bondadosas; lleno de lucha y sufrimiento si nuestras acciones son negativas y destructivas?

En los últimos cincuenta años nuestras conversaciones se han vuelto cada vez más inquietantes: el calentamiento global y el cambio climático, el deshielo de los glaciares, las ciudades inundadas por la subida de los océanos, los ríos que se secan o fluyen a la mitad de su capacidad, las guerras por el agua, la desaparición y la casi extinción de especies animales y vegetales. Un comercio mundial de especies silvestres por valor de miles de millones de dólares, combinado con la intensificación de la agricultura, la deforestación y la urbanización, han acercado a las personas y los animales, creando una mayor oportunidad para que los virus animales salten a los seres humanos: VIH, Ébola, SARS, MERS, ahora Covid-19, y muchos más.2

Pero la naturaleza no se perjudica a sí misma: los animales no se matan a sí mismos, los ríos no se secan por su propia actuación, las vastas extensiones de bosques no se despueblan ellas mismas, y las enfermedades no saltan de los animales a los humanos sin motivo.

Según los científicos, los animales no son el problema, lo somos nosotros. Tal vez sea el momento de enfrentarnos a nuestro propio papel en este aterrador drama que se desarrolla en todo el mundo. ¿Estamos forzando el equilibrio de la naturaleza llevándolo a sus límites? ¿Es esto algún tipo de karma del que todos debemos responsabilizarnos?

La mayoría de nosotros no creemos que seamos directamente responsables de causar esta miseria, tal vez porque nuestro condicionamiento es tan fuerte que nubla nuestro juicio. Decimos que creemos en Dios, que este mundo es una creación de Dios, que la vida en cualquier forma, desde la más pequeña a la más grande, es dada por Dios. Si eso es cierto, debemos preguntarnos si estamos dañando su creación y cómo lo estamos haciendo. ¿Estamos provocando miedo, conflictos, dolor y falta de respeto a las criaturas de Dios?

Según algunas estimaciones, cada día se matan más de 200 millones de animales para alimentar a todo el mundo, es decir, 72 000 millones cada año. Si incluimos los peces salvajes capturados y los peces de granja, tenemos un total de casi 3 mil millones de animales matados cada día, lo que se acerca a 1.1 billones de animales muertos cada año.3

A nosotros, nos resulta mas cómodo hacer la vista gorda. Después de todo, no somos nosotros los que matamos a todos esos animales, sino otras personas. Pero si esos animales terminan como comida en nuestros platos, si los estamos sacrificando, entonces sí somos responsables. Lo mismo se puede decir de todos los otros daños ambientales que se están causando para satisfacer nuestras exigencias.

Se podría decir que el karma y el corona son ambos virus: uno la causa, el otro el efecto. Las acciones tienen consecuencias; la ley del karma es precisa al respecto. Al cazar o cultivar animales y peces para satisfacer nuestro paladar, hemos creado un karma que debemos saldar. ¿Quién puede decir que el coronavirus no es una de esas consecuencias, como ha señalado el Papa?

Tal vez la madre naturaleza nos está recordando que debemos reducir la velocidad de nuestra vida cotidiana y de nuestras tasas colectivas de producción y consumo; pensar en lo poco que necesitamos para vivir una vida sencilla; hacer que vuelva el amor, el cuidado y la amabilidad que hemos olvidado en nuestra carrera por acumular todo lo que realmente carece de importancia.

Quizá se nos esté recordando que amemos y respetemos la creación de Dios, ya que nos proporciona abundancia ilimitada, independientemente de nuestra religión, país, idioma, color, credo, posición o riqueza. Contemplar sus dones es realmente una lección de humildad.

Tal vez podamos usar esta pandemia para ayudarnos a apreciar más la naturaleza y a los demás, a ser más generosos, más cuidadosos, más cariñosos.

Tal vez los karmas que todos experimentamos nos exhortan a que seamos más humildes y mejores seres humanos.

Tal vez nos hablan de un mañana que podemos cambiar para que sea mejor que nuestro ayer.


  1. https://www.cnn.com/2020/04/08/europe/pope-francis-coronavirus-nature-response-intl/index.html
  2. https://www.washingtonpost.com/science/2020/04/03/coronavirus-wildlife-environment/
  3. https://sentientmedia.org/how-many-animals-are-killed-for-food-every-day/