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El secreto de la atención

Para la meditación se nos da la instrucción de mantener la atención en el tercer ojo. Pero, ¿acaso alguna vez hemos pensado realmente sobre qué es la ‘atención’? En una ocasión, cuando el Gran Maestro conversaba con algunos visitantes, mientras respondía sus preguntas e intentaba explicar los fundamentos de Sant Mat, hizo una declaración intrigante sobre la naturaleza de la atención:

“En nuestro cuerpo, la corriente del alma se manifiesta en forma de consciencia o atención. En la filosofía de Sant Mat, surat es el término empleado para el alma, y significa ‘atención’. La segunda corriente que estimula al cuerpo es la corriente de Dios, la Palabra o el Espíritu Santo. Se manifiesta en forma de Shabad o sonido, que según diferentes escritores se llama música celestial, melodía de los cielos, sinfonía no tocada o corriente audible de la vida”.1

Así que no dijo exactamente que el alma sea la atención; dijo que en el cuerpo – cuando nuestra consciencia está en el plano físico – el alma se manifiesta en forma de atención. Nuestra atención es el aspecto del alma con el que podemos conectar, que podemos experimentar, que podemos conocer mientras funcionamos en el plano físico.

Esto es importante. A menudo, cuando los santos intentan explicar la naturaleza del alma, dicen que si el amor es un océano, el alma es una gota de ese mismo océano. Pero esto no es más que un concepto.

El problema es que no sabemos qué es Dios. Simplemente tenemos conceptos. Se podría decir que nuestros conceptos nos dan una hipótesis de trabajo, y tal vez eso sea suficiente. Pero no podemos saber realmente qué es Dios hasta que tengamos esa experiencia. De manera similar, si lo único que sabemos del alma es que es una gota de algo que desconocemos, lo único que tenemos es un concepto.

La clave de la cita anterior del Gran Maestro es que la atención no es un concepto. Todos sabemos mucho sobre la atención a través de nuestra propia experiencia. Sabemos qué se siente cuando nuestra atención está dispersa, y qué se siente cuando está enfocada. Sabemos qué se siente cuando nuestra atención va de un lado a otro, y qué se siente cuando está más firme, más estable.

Probablemente todos podamos recordar alguna experiencia, quizá de cuando estábamos en el colegio con un trabajo que entregar o con un examen importante al día siguiente. No podíamos concentrarnos sobre la tarea que teníamos entre manos. Tal vez leíamos la misma página una y otra vez, sin darle sentido. Nos levantábamos para prepararnos una taza de té, poníamos la televisión, o incluso llamábamos a un amigo. Luego, en algún momento, nos decíamos a nosotros mismos: “¡Basta ya! ¡Deja de entretenerte! ¡Hay que entregar esto mañana! Y nos poníamos con ello: nuestra atención se centraba, y de repente, todo tenía sentido, y la completábamos. Así pues, sabemos mucho sobre nuestra atención y su naturaleza inquieta.

En el libro Del yo al Shabad el autor escribe, “Nuestra transformación comienza cuando nos damos cuenta de dónde ponemos nuestra atención”2. ¿Sabemos dónde ponemos nuestra atención? ¿Va de aquí para allá, sin nosotros darnos cuenta, y mucho menos sin que la controlemos? Abrimos los ojos, vemos algo, y nuestra atención se dirige a ello. Escuchamos algo, y nuestra atención se dirige a ello. Un pensamiento aparece en nuestra mente, y nuestra atención se va de paseo.

Pero también es cierto que nuestra atención es selectiva con respecto a la gran cantidad de entrada sensorial que recibimos. Dejamos de prestar atención a todo aquello que nos parece irrelevante: ventiladores que zumban, pájaros cantando, ruido de tráfico. Un conocido audiólogo dijo que la mayoría de los pacientes que acuden a él para realizar una prueba de audición son maridos enviados por sus esposas. La esposa dice: “Querido, parece que te estás perdiendo mucho de lo que digo, tal vez debieras hacerte una prueba de audición”. El marido viene a realizarse la prueba y su audición está bien.

Se nos da muy bien retirar nuestra atención de todo aquello que hemos decidido que es irrelevante para nosotros (consciente o inconscientemente). El problema es que, para la mayoría de nosotros, la gran mayoría de las veces, aquello a lo que dejamos de prestar atención incluye también el Shabad. Resuena las 24 horas del día, pero nuestra atención está en otra parte. ¿Dónde? Normalmente está bastante ocupada por nuestras mentes ocupadas.

Nos gusta decir: ¡La mente es tan engañosa, tan poderosa! Parecemos esclavos de ella. Ciertamente, estamos bailando a su son. Por otro lado, Baba Ji sigue diciéndonos que la mente no tiene su propio poder; que el poder que tiene es el que nosotros le otorgamos. ¿Qué significa esto?

Leemos en los libros que la mente recibe su poder del alma. La mente proviene de la segunda región espiritual, y el alma proviene de un nivel más elevado. Esto se suele explicar con una historia: el alma es una princesa del reino real pero ha caído en la compañía de la mente. Así pues, ahora el alma es como una sirvienta de la mente, la sigue indefectiblemente dondequiera que la lleve. Es como una esclava, a pesar de que sea realmente una princesa. El alma tiene el poder del rey que la respalda, pero se lo ha entregado a la mente.

Es una buena alegoría, pero ¿cómo nos ayuda? Si el ‘alma’ es un concepto abstracto para nosotros, una gota de un océano de no sabemos qué, todavía estamos indefensos. (Y, sinceramente, si no estamos experimentando esas regiones superiores, tampoco significan mucho para nosotros.)

Pero, ¿qué sucede si entendemos el alma como nuestra atención? O, digamos, ¿si entendemos que la atención es un aspecto del alma con el que podemos conectar? ¿Entonces cómo le damos poder a la mente? Atención. ¿Y cómo le quitamos el poder a la mente? Atención.

Quizá después de todo no tengamos una batalla tan grande y feroz con la mente. Posiblemente sea más como desconectar un enchufe. Imaginemos esto: estamos delante de una máquina que se ha vuelto loca, pero estamos sujetando el cable de alimentación en la mano. Tal vez puedas desenchufarla. Cambias la atención hacia el simran, y retiras la fuente de alimentación que mantiene a esa mente agitada. En Del yo al Shabad el autor dice: “Nosotros alimentamos los pensamientos dedicándoles nuestra atención. Sin nuestra atención dejan de existir. Cuanta más atención reciben, más poderosos se vuelven”.3

Los santos nos dicen que nuestra mente tiene impresiones procedentes de millones de vidas pasadas en muchas formas de vida. No es solo esta vida, sino millones de vidas que han dejado muchísimas impresiones. Todas estas impresiones almacenadas en nuestra mente, obviamente generan continuamente imágenes, pensamientos, recuerdos, imaginaciones, deseos y sentimientos. Baba Ji nos ha dicho que incluso los impulsos negativos como la ira, la lujuria, la avaricia y el apego son impresiones residuales de nuestras vidas en especies inferiores, como animales. Estos impulsos no tienen lugar en la consciencia humana, pero solo estamos en el proceso de ser verdaderos seres humanos. Por tanto, sería una apuesta bastante segura decir, que la mente abandonada a sus propios mecanismos, seguirá generando pensamientos, imágenes e incluso impulsos de tipo animal.

¿Tenemos que prestarles atención? ¿Podemos desviar nuestra atención de esos pensamientos al simran? ¿Podemos desviar nuestra atención al sonido? Nuestra atención y nuestros pensamientos están tan estrechamente unidos que parece que son lo mismo. Parece que nuestra atención es la que está generando los pensamientos. Pero nuestra atención es una cosa, y la mente que genera los pensamientos es otra. Nuestra atención es en realidad distinta a la mente: es independiente, libre, poderosa.

En Del yo al Shabad, el autor escribe: “No hay nada más importante en espiritualidad que ser consciente de dónde ponemos nuestra atención”4. Él cita a Maharaj Charan Singh: “El secreto eterno, la antigua sabiduría, el camino de los santos reside en retirar la atención a este punto [el centro de los ojos]”5. Parte del secreto que comparten con nosotros los santos es que podemos desvincular nuestra atención de la actividad de nuestras mentes. Es la libertad que tenemos. Según los maestros, es la única libertad que tenemos. En este mundo, donde todo está predestinado, como los santos lo expresan a menudo, “todo lo que tiene que ocurrir, ya ha ocurrido”, nuestra única libertad es lo que hacemos con nuestra atención.

Volvamos a la cita del Gran Maestro. Dijo que la corriente del alma, en el cuerpo, se manifiesta en forma de atención. Pero también dijo que hay dos corrientes en el cuerpo, y la segunda era “la corriente de Dios, la Palabra o el Espíritu Santo que se manifiesta en forma de Shabad o sonido”. Entonces, así como dijo que la atención no es exactamente lo que es el alma – pues para nosotros en este nivel, el alma aparece en forma de atención – , de manera similar, para aquellos cuya atención está en el plano físico, la gran y poderosa corriente de Dios, que ha hecho toda la creación, que lo impregna todo y sostiene cada átomo del universo –, esa corriente se manifiesta como sonido. El sonido o Shabad es el aspecto de la corriente de Dios que podemos experimentar mientras nuestra consciencia está todavía limitada al plano físico.

Baba Ji también ha dicho que el sonido es una señal. Es un indicador. Si prestamos atención al sonido – a cualquier sonido que escuchemos, no importa cuán débil o indefinido sea – ese sonido nos llevará a la realidad que el Gran Maestro denominó corriente de Dios. ¿Y cuál es esa realidad? Nos dicen que es amor.

Gran Maestro escribe: “Dios es Shabad. Dios es amor. Por lo tanto, el Shabad también es amor”6. En el libro Filosofía de los maestros, en la sección sobre el “amor”, el Gran Maestro a menudo se refiere al Shabad como una “corriente de amor”. Habla de cómo la corriente de amor del Señor apoya y sostiene a cada ser.

¿Qué es una corriente? En este mundo podemos considerar que una corriente es como un pequeño y ondulante arroyo de agua, o como una poderosa corriente en un enorme río que viaja miles de kilómetros hacia el océano. Podemos pensar en las inmensas corrientes del océano, como la corriente del Golfo. Una corriente es algo que fluye implacablemente en una dirección concreta. Si saltas a una corriente y no luchas contra ella, ni intentas nadar contracorriente, y no te agarras a algo que te retenga, la corriente te arrastra.

¿Dónde nos lleva la corriente del amor? Dice el Gran Maestro: “La corriente del amor lleva a uno más allá del bien y el mal, de la creencia y la incredulidad, hacia un estado tan sublime que no se puede describir”7. Nos dice que esta corriente de amor, si nos dejamos ir y fluimos con ella, nos llevará a un estado sublime donde no existe el mundo de opuestos, donde no tenemos idea de lo que creemos o no. Tal vez lleguemos a un estado donde, en el sentido intelectual, no sabemos nada.

En una ocasión se le preguntó a Baba Ji: ¿Qué es sach khand? ¿Cómo es? ¿Qué hacemos cuando llegamos? Después de una larga pausa dijo algo así como: ¿Alguna vez has sentido felicidad? Multiplica eso por cien, mil, un millón.

¿Qué ocurre cuando ponemos toda nuestra atención en el sonido? El Gran Maestro dice: “Aquellos que practican el Shabad y escuchan la melodía divina se convierten en océanos de amor. Aman a todos y por las corrientes de este amor divino, irradian una influencia virtuosa en este mundo… El amor latente en nuestras almas puede ser despertado mediante la práctica del Shabad”.8

Baba Ji ha dicho con frecuencia que el amor es el núcleo de nuestro ser. A veces podemos pensar, bueno, puede que sea el núcleo de nuestro ser, pero está dormido. El Gran Maestro nos asegura que este amor se despierta con la práctica del Shabad. En realidad, nos dice que poner la atención en ese sonido nos transforma. Nos hace gustarnos a nosotros mismos; gradualmente, nos convierte en lo que es: amor. ¿Y cuál es la naturaleza del amor? El Gran Maestro dice:

“Dios es Amor. Es el dador y no pide nada a cambio de sus dones. Igualmente, el amor no pide nada a cambio. Solo sabe dar, y por tanto está libre de todo egoísmo… El amor inspira generosidad y aniquila el egoísmo, ya que no tiene motivo oculto”.9

Así pues la naturaleza del amor es dar, sin expectativa alguna. Nuestra meditación es la práctica de dar sin expectativas. Dar nuestra atención, nuestro tiempo, entregarnos a la práctica, día tras día, sin preguntarnos qué se supone que debemos recibir a cambio.

¿Y cómo hacemos, seres egoístas como nosotros, para adquirir esta capacidad de dar sin esperar nada a cambio? El Gran Maestro explica que escuchar el sonido, prestándole atención a lo que él llama la “corriente del amor”, hace que nos volvamos como él gradualmente. Despierta en nosotros la capacidad de dar desinteresadamente, sin expectativas.

Pensemos en cómo el Gran Maestro dijo que hay dos corrientes en el cuerpo, la corriente del alma y la corriente de Dios. O tal y como se experimenta en el plano físico, hay una corriente de atención y una corriente de sonido. Visualicemos dos ríos que fluyen juntos y se funden: el pequeño río de nuestra atención fundiéndose en el gran río del sonido. Con el tiempo se irán mezclando y uniendo convirtiéndose en indistinguibles. La corriente de nuestra alma se hará una con la corriente de Dios, la corriente del amor.

El Gran Maestro dice: “Dios vive en su propio estado latente de amor, y un amante se libera de las ataduras del cuerpo y la vida y se convierte en una forma de Dios”10. Esa es la meta de cada uno de nosotros. Los maestros nos dicen que la corriente de amor está en nuestro interior, en el centro de nuestro ser. Aunque esté dormida o enterrada en algún lugar al que no podemos llegar, es innata en nosotros. Nuestro objetivo es saltar a esa corriente de amor y dejarnos llevar, fijar la corriente de nuestra atención firmemente en el sonido y convertirnos en parte integral de esa corriente de amor.

El Gran Maestro nos recuerda que aunque el amor no tenga forma, aquel que desarrolla ese amor se convierte en una forma de ese amor. Escribe:

“Cuando un individuo excepcional experimenta el amor verdadero, se manifiesta en cada célula de su cuerpo. En otras palabras, es como ver al mismo Señor en esa manifestación... Si deseas ver el amor, entonces deberás conocer a un amante. Entonces descubrirás sus corrientes únicas”.11


  1. Daryai Lal Kapur, Call of the Great Master, p.150
  2. Hector Esponda Dubin, Del yo al Shabad, p.97
  3. Ibid., p.47
  4. Ibid., p.48
  5. Maharaj Charan Singh, Spiritual Discourses, Vol. I, p.181
  6. Maharaj Sawan Singh, Philosophy of the Masters, Vol. II, p.153
  7. Ibid., p.163
  8. Ibid., p.153
  9. Ibid., p.102
  10. Ibid., p.205
  11. Ibid., p.219