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Tiempo y oportunidad

En la obra musical de 1971, Godspell1, Juan el Bautista anima a la gente a seguir las enseñanzas del maestro Jesús. Una de las canciones que se canta en el musical se llama “Día a día”, y sigue a una oración atribuida al obispo inglés del siglo XIII, San Ricardo de Chichester, que escribió lo siguiente:

Poder conocerte más claramente,
Amarte más profundamente,
Seguirte más estrechamente.2

En esencia, estas son las palabras de un verdadero devoto; un creyente que anhela superar la separación existente entre él y el Señor; y dar voz a su anhelo de conectarse verdadera y completamente a través de la oración, para así encontrarse cara a cara con su Señor. En el musical, sin embargo, hay un añadido poético llamado “tres cosas te pido”.

Día a día,
día a día,
oh, querido Señor,
hay tres cosas que te pido:
verte más claramente,
amarte más profundamente,
y seguirte más estrechamente,
día a día.

Este añadido contemporáneo resalta la esencia de esas cosas que tan desesperadamente deseamos de nuestro maestro. Sin embargo, cómo puede concebirse que consideremos las palabras de la oración – en las que le pedimos a nuestro maestro que nos ayude a verlo más claramente, a amarlo más profundamente y a seguirlo más estrechamente (de cerca) – cuando durante el curso normal de nuestras vidas, nos encontramos corriendo ciegamente de una cosa a otra, siempre muy ocupados, con nuestras mentes alborotadas y sobrecargadas, y con los pensamientos muy lejos de donde deberían estar.

Comemos, bebemos, dormimos, y en algún momento entre las 24 horas del día intentamos sentarnos a meditar y pensar en él. La mayoría de las veces, no nos sentamos nuestras dos horas y media, y puede que incluso nos quedemos dormidos durante ese valioso tiempo.

Nuestros débiles intentos nos desaniman y nos sentimos espiritualmente perdidos.

Sin embargo, de repente la vida ha cambiado y el mundo que tan bien conocemos y con el que estamos tan familiarizados se ha quedado literalmente paralizado. Alguien comentó en broma, ¡que el mundo ahora se está reparando! Y eso parece.

Nuestra “normalidad” ha cambiado. Debido al coronavirus tenemos que quedarnos en casa y generalmente restringir muchas de las actividades mundanas que normalmente ocupan nuestro espacio mental, emocional y físico. Ya ni siquiera podemos asistir al satsang de los domingos.

Sin embargo, seguramente este es nuestro momento. Un tiempo para reparar nuestras vidas espirituales, un tiempo de gracia, para permanecer tranquilos y en silencio, y conocer a nuestro maestro más íntimamente; y, además, un tiempo para cultivar nuestro satsang interior y superar esa separación.

Siempre decimos que, si no estuviéramos tan ocupados, dedicaríamos más tiempo a la meditación, nos tranquilizaríamos, socializaríamos menos y, en general, enfocaríamos esa atención tan necesaria en el sendero. Bueno, para muchos de nosotros esta es nuestra oportunidad, aquí y ahora, y quizá incluso durante los próximos meses. Se nos ha concedido tiempo para reparar nuestras vidas espirituales, para profundizar en nuestra meditación diaria. Esta disciplina nos servirá de apoyo cuando se reanude el torbellino de la vida diaria. De esta manera, con esta nueva disciplina diaria, podemos establecer una poderosa rutina que restablezca los cimientos de nuestra vida espiritual.

Se dice que un hombre que se atreve a perder una hora de tiempo, aún no ha descubierto el valor de la vida. Hay una gran verdad en este dicho, porque la vida en realidad es muy corta. El tiempo vuela y apenas termina un año, cuando comienza otro nuevo. Podemos tener el propósito de ser “mejores satsanguis” en Año Nuevo: de meditar más y asistir al satsang con más regularidad, pero a medida que los días pasan y se convierten en meses y luego en años, se pierde un tiempo muy valioso, ¿y qué hemos logrado? Muy poco, aparte de los ocasionales arrebatos de culpabilidad. A veces incluso podemos excusarnos diciendo: “No siento inspiración o estoy muy poco motivado”. Sin embargo, como nos recuerda el autor estadounidense H. Jackson Brown, Jr: “No pierdas el tiempo esperando la inspiración. ¡Comienza y la inspiración te encontrará!”3.

Veréis, la única medicina para la inactividad es la acción. El arrepentimiento tiene su propósito, pero sentarse y sentirse culpable no sirve para nada. El primer pensamiento de que “no he hecho lo que tenía que hacer” debería ser el estímulo que necesitamos para avanzar.

Cuanto más dispuestos estemos a actuar con decisión en la reparación de nuestra vida espiritual, más motivados estaremos. Y cuanto más motivados estemos, más inspirados estaremos; es un efecto dominó o una reacción en cadena que conduce a un resultado positivo.

Maharaj Sardar Bahadur Jagat Singh dice:

La práctica hace al hombre perfecto. Aun cuando empiece con recelos, a su debido tiempo, la perseverancia y el esfuerzo sincero le permitirán desarrollar un intenso fervor y piedad.4

Estas palabras nos recuerdan la historia de un rey que en la antigüedad hizo que sus hombres colocaran una roca en un camino. Luego se escondió en los arbustos, y observó para ver si alguien quitaba la piedra del camino. Algunos de los comerciantes y cortesanos más ricos del rey pasaron por allí y simplemente la bordearon. Mucha gente incluso culpó al rey por no mantener los caminos despejados, pero nadie hizo nada para intentar quitar la roca.

Entonces llegó un campesino con una pesada carga de verduras. Al acercarse a la roca, el campesino dejó su carga y trató de empujar la piedra fuera del camino. Fue extremadamente difícil, pero después de mucho empujar y esforzarse, finalmente tuvo éxito. Cuando volvió a recoger sus verduras, vio una bolsa en el camino donde había estado la roca. Para su sorpresa, la bolsa contenía una gran cantidad de monedas de oro, y una nota del rey explicando que el oro era una recompensa para la persona que se había tomado la molestia de quitar la piedra del camino.

La moraleja de la historia

Cada obstáculo que nos encontramos en nuestra vida espiritual nos ofrece la oportunidad de mejorar nuestras circunstancias. Mientras que algunos se quejan y justifican por qué no pueden alcanzar un resultado espiritual positivo, otros aprovechan todas las oportunidades que les ofrece la vida.

Ahora tenemos una magnífica oportunidad de fortalecer nuestras vidas espirituales, podríamos incluso decir que es un estado de gracia, porque ¿cuántas veces se presentan circunstancias como esta?

Aunque el coronavirus ha asestado un duro golpe a muchas personas en el mundo y todavía continúa haciéndolo, hay muchos escenarios positivos que han surgido de él.

Las familias se han acercado, la vida es más tranquila, y esa prisa infernal por el tiempo parece que se ha detenido. Ahora incluso tenemos tiempo para “oler las rosas”, reevaluar nuestras vidas espirituales, dedicarle más tiempo valioso al simran, dhyan y bhajan, releer los libros de Sant Mat, y en general impregnarnos del amor y el cuidado de nuestro maestro.

Qué más podemos pedir, y cuán agradecidos debemos estar por esta extraordinaria oportunidad, porque en este momento tan valioso en el tiempo podemos esforzarnos por “verlo más claramente, amarlo más profundamente y sentirlo más cerca, día a día”.


  1. Godspell: El término anglosajón para “buenas noticias” o “buena historia”; la obra musical está basada en el Evangelio según San Mateo.
  2. La oración completa, en la traducción al castellano del latín original, dice: Gracias a ti, nuestro señor Jesucristo, por todos los beneficios que nos has concedido, por todos los dolores e insultos que has soportado por nosotros. Misericordiosísimo redentor, amigo y hermano, que te conozcamos más claramente, te amemos más profundamente y te sigamos más estrechamente, día a día. Amén.
  3. Life’s Little Instruction Book, Vol 2, Pregunta 695
  4. La ciencia del alma, “Ramillete espiritual” p. 116