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El viaje de un héroe

En Luz sobre San Juan, Hazur Maharaj Charan Singh dice:

Cuanto más esfuerzo hacemos, tanta más gracia recibimos para hacer todavía más esfuerzo hasta que llegamos a nuestra meta.1

Este camino en el que estamos concierne al trabajo espiritual y a nuestros esfuerzos. Es un hecho sorprendente que estemos realmente en este camino. Ahora estamos verdaderamente regresando al hogar. Sin duda pasamos de una estación a otra. Estamos en un viaje que parece no tener fin, volviendo a casa después de nuestro descenso a la creación hace tantos eones. En esta creación estamos volviendo a vivir las experiencias que hemos tenido antes. Cualquier frescura que experimentamos ahora mismo viene del lento despertar del poder del alma en nuestro interior. Es el alma con la que estamos principalmente comprometidos.

Desde tiempos inmemoriales el alma ha estado vinculada a la mente, que siempre está ansiosa por vivir más y más variadas experiencias mundanas. La mente quiere más de todo, ya sea reconocimiento, prestigio o estatus y poder. Nunca es suficiente porque el ego nunca queda satisfecho. Nuestro ego se ha engrandecido y se ha vuelto tan poderoso que se requieren esfuerzos heroicos para controlarlo, pues el viaje de nuestra vida es verdaderamente el viaje de un héroe.

Lleva tiempo llegar a comprender los fundamentos de lo que se requiere de nosotros en este sendero espiritual. Pasan años, e incluso décadas, antes de que empecemos a notar algunos sutiles cambios en nuestra actitud hacia la vida. Inicialmente, la meditación es una de las muchas actividades en las que estamos comprometidos. El trabajo, la familia y otros pasatiempos ocupan tanto de nuestro tiempo, que apenas queda espacio para nuestra meditación. Se hacen esfuerzos, pero más a medias que de todo corazón. De alguna manera debemos crear un nuevo surco en nuestra mente.

En las primeras fases –y tengamos en cuenta que temprano es una noción muy relativa en Sant Mat– es más por un sentido del deber, o más bien por un sentido de culpa, que nos sentemos a meditar. En esta etapa, la disciplina, la perseverancia e incluso la rutina juegan su papel. Sin embargo, también ocurre algo milagroso. Se están sentando los cimientos que se levantan sobre roca y no sobre arena. Mantenerse dentro de los parámetros de Sant Mat es el mayor desafío, pero lenta y gradualmente va surtiendo efecto.

También son necesarias las llamadas de atención, y la mayor es cuando fallece nuestro maestro. Nos sentimos abrumados por una profunda sensación de pérdida, pero al mismo tiempo no nos queda otra opción. Tenemos que buscar al maestro en el interior.

El viaje de un héroe no es un juego de niños. Seremos evaluados y reevaluados, pasaremos por pruebas y tribulaciones, pero terminaremos comprendiendo del modo más profundo el propósito del viaje de la vida. En momentos cruciales surge un cambio de perspectiva. El enfoque y el impulso para tener éxito en el mundo se vuelven cada vez menos importantes, y hay un giro lento en el interior. Durante este proceso de transformación, el viajero espiritual se va dando cuenta poco a poco de que está siendo acompañado por un compañero de viaje invisible. El maestro físico puede haber dejado este plano terrestre, pero el Confortador está siempre con el discípulo. Como dice Hazur en Luz sobre San Juan:

Así pues, cuando te deje físicamente no me hallarás en ningún lugar exterior, y no tendrás más opción que la de buscarme en el interior. Entonces estarás en contacto con el Consolador que te impulsará hacia arriba a mi nivel, el nivel del Padre.2

Los sutiles cambios en nuestra actitud ante la vida y el cambio de perspectiva tienen todo que ver con nuestra cada vez más profunda conciencia de una vida más valiosa en nuestro interior. Somos unos niños pequeños en el sendero y se nos está nutriendo con pequeñas gotas de néctar divino. De alguna manera nuestra conciencia se va alzando y empezamos a respirar en una dimensión diferente, la dimensión espiritual. Las aburridas sesiones de repetición automática y el estar constantemente descentrados están siendo reemplazados por periodos en los que nos movemos hacia la quietud. Lo increíble ha sucedido, la quietud se está convirtiendo en parte de nuestra rutina diaria. Estamos teniendo vislumbres de la gran riqueza de una vida interior.

La confusión y las perturbaciones siguen existiendo, pero saber que en cualquier momento podemos escapar a ese tranquilo lugar interior es inmensamente reconfortante. Sin saberlo nosotros, la relación con lo divino está siendo restaurada. Esa relación es lo más precioso en todo el universo. La forma en que se forja el vínculo entre el maestro y el discípulo, entre el Padre y el devoto, lo explica bellamente Hazur en Luz sobre San Juan:

El maestro viene a nuestro nivel para inculcarnos devoción y ponernos en el sendero; y nos llena de tanto amor que no podemos vivir sin él. Físicamente no podemos estar siempre con él. Así que el amor que él crea en nosotros nos lleva finalmente al interior. Cuando nos volvemos hacia dentro, estamos en contacto con el Confortador, el cual nos lleva hacia arriba al nivel del Padre.3

Vivir en el mundo, y no ser del mundo, significa pasar tiempo en nuestra propia compañía. Aquí es donde nuestra relación con lo divino entra en juego. La soledad que buscamos está estrechamente relacionada con la compañía interior que experimentamos. Hemos encontrado un verdadero amigo en el maestro. La amistad con el maestro es mucho más que cualquier concepto de amistad que hayamos tenido. Es difícil no recordar a Hazur hojeando la Sagrada Biblia y encontrarse con este pasaje:

Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos.4

En Luz sobre San Juan, el maestro ofrece esta explicación:

Cuando progresamos en el camino según las instrucciones del maestro, ya no somos esclavos y servidores de la mente y los sentidos. Él nos lleva a su nivel; nos convertimos en sus amigos, sus hermanos. El maestro ha venido al mundo solo para este propósito.

Ha bajado a nuestro nivel y ha dado su vida por nosotros. Ningún amor podría ser más profundo, porque incluso para bajar al nivel de un ser humano tiene que tomar algunos karmas para conseguir un cuerpo humano. Él entrega su vida de perfecta felicidad con el Padre para venir al oscuro y sucio calabozo de este mundo; nos dice cómo salir de él; nos lleva por el camino e incluso lleva parte de nuestra carga él mismo, solo para llevarnos a su nivel de felicidad suprema y eterna.5

Baba Ji nos pide que colaboremos con él. Qué invitación tan maravillosa, a la que solo podemos responder llevando a cabo la tarea en cuestión. Porque no llegaremos a ninguna parte hablando del sendero; la única opción es caminar en el sendero. Somos trabajadores espirituales, a los que Hazur se refiere cuando explica este pasaje de Luz sobre San Mateo:

En verdad la mies es mucha, pero los obreros pocos.6

Es un trabajo duro llegar al centro del ojo. Hazur solía llamarlo, “una lucha de por vida”. La cosecha nos espera y debemos convertirnos en labradores, para poder recogerla. Todo se ha preparado para nosotros. Se han creado para nosotros las mejores condiciones para nuestro crecimiento espiritual. Esto es algo de lo que uno tiene que darse cuenta poco a poco. Son muchos los dones del Padre que se han derramado sobre nosotros. No hay “ninguna escasez de gracia, ni escasez de las bendiciones del Padre”7. Por lo tanto, no hay excusas para no hacer nuestro trabajo. Citando del libro Luz sobre San Juan:

No decís, ¿cuatro meses más y llega la siega?8

El tiempo es fugaz; se nos escapa de las manos. Nos despertamos una mañana y constatamos que hemos envejecido de la noche a la mañana. Posponer y retrasar nuestra acción es puro autoengaño. Tenemos que crear nuestro tesoro en el cielo, ahorrando para nuestra pensión espiritual, por así decirlo. Ese momento llega antes de lo que pensamos. No funcionará, si como dice Hazur, “Siempre nos gusta dedicar la peor parte de nuestra vida a adorar al Padre”9. Al contrario, deberíamos dedicar la mejor parte de nuestra vida a adorar al Padre.

Como practicantes del Shabad, nuestra tarea principal es hacer crecer esa capacidad interior. Cuanto más crece esa capacidad, más nos damos cuenta de los sutiles cambios que se producen en nuestro interior. Nos giramos hacia dentro en un proceso de transformación. Nuestro anhelo de estar con lo divino, de estar con el maestro Shabad, aumenta día a día.

Cuanto más esfuerzo hacemos, tanta más gracia recibimos para hacer todavía más esfuerzo hasta que llegamos a nuestra meta.10

Nunca podremos hacer lo suficiente, pero siempre podemos hacer más. ¿Cómo pasaremos el precioso tiempo que se nos ha concedido? ¿Qué decisiones tomamos? Además de ser más conscientes, también nos volvemos más atentos. Podríamos optar por menos distracciones y más concentración, al darnos cuenta de que estamos en compañía de los santos. Podríamos intentar seguir sus pasos y pertenecer a esa gran cadena de seres espirituales. El calor del mundo se mantiene alejado de nosotros cuando nos refugiamos bajo ese enorme árbol del Shabad. Se nos está sumergiendo en el agua de la vida, que nos mantiene en calma.

Ser amigo del maestro significa estar comprometido en una relación única. El significado etimológico de amigo es amante, lo que tiene sentido porque estamos comprometidos en una relación de amor divino. Es esta relación la que nos hace trascender los límites físicos y mentales. En la quietud de nuestra mente nos volvemos receptivos a lo divino. A través de la práctica constante del arte de no hacer nada, entramos automáticamente en esa atmósfera espiritual que nos da paz mental. Comenzamos a recoger la cosecha a la que se hace referencia, pasaje tras pasaje, en Luz sobre San Juan:

Alzad vuestros ojos y ved los campos, que blanquean ya para la siega.11

Hazur explica:

Cuando puedas estar en el centro del ojo e inmovilizar allí tu mente, entonces “mirad a los campos que ya blanquean para la siega”. Cuando hayas elevado tu consciencia al centro del ojo, tendrás, por así decir, madura y lista para la recolección la cosecha de tu meditación, y ya podrás comenzar a segarla.12

La alegría y esa sensación de plenitud que proviene de la meditación se hacen tan intensas que comenzamos a apreciar esas horas de meditación como lo más precioso de nuestra vida. Ni siquiera podemos imaginar la increíble recompensa que nos espera. La recompensa que obtendremos, el salario de nuestra meditación, es “el fruto para la vida eterna”13. Hemos recorrido un largo camino y aún nos queda mucho por recorrer, pero sin duda estamos en el camino de regreso a casa. Sacrificar los placeres mundanos, trabajar duro, todo eso vale la pena. Llevar una vida interior, en comunión con el Espíritu, en su propia compañía, pero siempre con el amigo que está a nuestro lado, es donde terminaremos.

Un viaje cósmico de descenso que nos dejó profundamente enredados en la creación se está convirtiendo en un viaje cósmico de ascenso. Estamos cumpliendo el propósito de la vida bajo su guía. Somos buscadores de la verdad y hemos recibido el método de adorar al Padre. Citando a Hazur de nuevo:

Yo [Cristo] te he dado este conocimiento. No pienses que me has buscado y hallado. En realidad, es mi Padre quien te ha traído a mí. A no ser por mi Padre, nunca habrías sabido nada acerca de mí.14

El amor del Padre por sus hijos nos ha llevado a la compañía de los santos. Podemos trabajar en su viñedo, ahora que es de día. Ninguna cantidad de gratitud será suficiente, pero sabemos que nuestro trabajo le complace. ¡Qué alegría más grande que complacer a su maestro, no aumentar su carga sino aligerarla!

Baba Ji ha dicho que el amor es el núcleo de nuestro ser; el amor es el núcleo de nuestra existencia. Es este amor el que nos acompaña durante toda nuestra vida en el viaje de nuestro héroe. Podemos aprovecharlo en cualquier momento y entrar en contacto con él. Está mucho más allá de lo físico y es la razón directa de nuestra paz mental. Es la fuente de nuestra felicidad y quietud. Es un inmenso poder que borra lentamente nuestro ego. Encontramos nuestra verdadera identidad cuando el ego se desvanece en el fondo. Esa verdadera identidad está estrechamente unida al maestro interior.

Además, cuando hablamos de los dones del Señor, qué increíble obsequio es sentir nuestra conexión con toda la creación. También nos han hecho formar parte de un maravilloso grupo de apoyo, que se manifiesta de tantas maneras inesperadas. Cuando un hermano o hermana, miembros de nuestra familia espiritual, nos ofrece comprensión, mediante palabras y a menudo sin ellas, esto puede tener un gran impacto en nuestro bienestar espiritual. Reconocer que estamos en el mismo sendero puede producir tal sentimiento de alegría. No se puede explicar, y no hay que analizarlo. Somos seres verdaderamente espirituales, parte de ese Gran Ser.

Esto se expresa maravillosamente en el capítulo sobre la tradición judía, llamado “Escalera hacia lo divino”, en La guía espiritual:

Mi maestro, que su memoria sea una bendición, nos advirtió a mí y a todos los hermanos que estaban con él en esta hermandad, que antes de rezar el servicio de la mañana, debíamos asumir el mandamiento positivo: “…y amarás a tu prójimo como a ti mismo”15. … Y especialmente cuando se trata del amor de nuestros hermanos, todos y cada uno de nosotros debe unirse a los demás como si fuera un miembro dentro del cuerpo de esta hermandad.16

Peldaño a peldaño, estamos subiendo la escalera hacia la divinidad, acercándonos a nuestro destino cada minuto del día.


  1. Maharaj Charan Singh, Luz sobre San Juan, RSSB, Beas, 2000, p. 207.
  2. Ibid, p. 219.
  3. Ibid, pp. 219-220.
  4. Evangelio de Juan 15:13; & Luz sobre San Juan, p. 211.
  5. Ibid.
  6. Evangelio de Mateo 9:37; Maharaj Charan Singh, Luz sobre San Mateo, RSSB, Beas, 2007, p. 105.
  7. Ibid.
  8. Evangelio de Juan, 4:35; Luz sobre San Juan, p. 63.
  9. Ibid.
  10. Luz sobre San Juan, p. 207.
  11. Evangelio de Juan, 4:35; Ibid, p. 65.
  12. Ibid, p. 66.
  13. Ibid.
  14. Ibid, p. 68.
  15. Bible, Leviticus 19:18
  16. Beverly Chapman (editor), The Spiritual Guide, Vol. 1, RSSB, Beas, 2017, p. 215.