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Shabd Amrit Dhara

(Canción de devoción a la corriente de la gracia inmortal)

Probablemente, llega un momento en la vida de cada uno en que se ven perturbadas las viejas ataduras conocidas que nos dan una idea de quiénes somos y qué somos, o incluso nos vemos totalmente despojados de ellas. Las comodidades materiales y las expectativas a las que nos habíamos acostumbrado se vuelven de repente insignificantes o de poco valor. La muerte de un padre, una pareja o un hijo; una enfermedad repentina que nos deja a nosotros o a un ser querido incapacitados o dependientes; una inesperada inversión desfavorable de nuestras finanzas; hay muchos escenarios posibles, pero pocos de nosotros habíamos considerado seriamente los efectos, globales y personales, de una enfermedad que se extiende por todo el planeta como la que estamos enfrentando actualmente.

Sin embargo, junto con toda la alteración, este pequeño virus ha logrado cosas que nosotros, los seres humanos, a pesar de todas nuestras conversaciones y discusiones, hemos sido incapaces de conseguir. Las guerras civiles han cesado o al menos han disminuido su intensidad; los políticos han suavizado su retórica; los precios del petróleo se han desplomado; la contaminación atmosférica se ha despejado; la fauna se está recuperando con rapidez en zonas recientemente desiertas; y las familias pasan más tiempo juntas (¡quizá no siempre con resultados positivos!). Se ha hecho evidente que todos estamos en el mismo barco (socialmente distanciados, por supuesto, ¡y esperemos que no sea un crucero!), ricos o pobres, conocidos u olvidados, sin importar quiénes seamos. Y todo esto y mucho más ha ocurrido en cuestión de días y semanas. Mucha gente dice que la vida ha adquirido una dimensión surrealista, como un sueño.

Como buscadores espirituales e iniciados de un maestro, ¿cómo abordamos la situación? En el ojo del huracán, todo está en calma; en el centro de nuestro ser hay tranquilidad y felicidad. ¿Pero cómo podemos encontrar ese centro y permanecer en él? El problema, lo sabemos, reside en la mente: sus pensamientos, emociones y perturbaciones que nos alejan de nuestro oasis central. ¿Cómo reconocer entonces las tendencias negativas de la mente? ¿Cómo controlarlas? ¿Cómo entregar nuestra mente a la divinidad para que deje de ser un obstáculo y la causante de la separación?

A menudo hemos escuchado a nuestros maestros decir que la meditación es más fácil que la sumisión, porque cualquiera puede sentarse y tratar de meditar. Pero reorientar nuestro pensamiento y emociones en un estado de completa aceptación de la voluntad divina, eso es otra cuestión.

También hemos oído decir tantas veces que el verdadero guru es la energía divina que ha creado y sostiene la creación. Podemos entenderlo como el Shabad, la Palabra, el Kun, el Dao, el poder divino inmanente, la voluntad, la inteligencia o la sabiduría, hay muchas maneras de entenderlo. Nada sucede que esté fuera de la competencia de este poder; “No se mueve una hoja sino por orden suya”; y aunque estamos cosechando los frutos de nuestro karma, el administrador de estos karmas es el poder divino, el Shabad. Y de una forma que podría resultar difícil de entender, el karma que tenemos que asumir no es solo un pago del pasado, sino también un medio de corrección espiritual y evolución en el presente. Si somos lo suficientemente humildes, podemos aprender de la experiencia. Todo ello es, finalmente, para nuestro propio beneficio espiritual.

Aunque mucho consuelo y fuerza puede llegarnos del satgurú vivo, el verdadero satgurú es esta energía divina que pone coreografía a la danza de nuestras vidas. Por lo tanto, en esta canción de devoción al satgurú, de un autor desconocido, se explica que todo en la vida, incluyendo las dificultades y el sufrimiento, debe considerarse como procedente del satgurú. Todo se hace para nuestro beneficio espiritual. Las aflicciones son todas sus medidas correctivas y, al final, todo el sufrimiento desaparecerá cuando se sumerja en la corriente (dhar) de gracia inmortal (amrit) que emana continuamente de él. El autor lo expresa todo mucho mejor que cualquier otro comentario:

En cualquier circunstancia que tu satgurú quiera mantenerte
 siempre has de ser feliz, incluso si estás en apuros.
Él moldeará tu mente de varias maneras;
A veces incluso puede hacerte enfermar.
Te asustará de muchas maneras,
 y a veces incluso te hará luchar contra tus enemigos.
A veces puede hacer que pierdas dinero y prestigio,
 sufrir pérdidas y humillaciones,
 y a veces te llevará a tal extremo que temerás la muerte.
A veces puedes estar muy triste y deprimido sin razón alguna,
y a veces te hará sentirte decepcionado,
 o dudarás de si recibes su gracia.
De muchas otras maneras, él tratará de corregirte.

A menudo, en silencio, es amable contigo
 o te da la gracia sin tu conocimiento.
Con la ayuda de bhajan, contemplación (dhyan), y satsang,
 él cortará tus lazos con el mundo.
Comprende que todas estas dificultades son su voluntad,
 y a través de todas ellas debes permanecer contento y feliz
 y saber que son su voluntad.
Sea lo que sea que te ocurra,
 nunca debes vacilar en tu devoción por él
 o dejar de ampararte en sus sagrados pies.
Hagas lo que hagas, deberías sentir que es todo por tu bien
 y sean lo que sean tus circunstancias,
 deberías darte cuenta de que es su gracia y es por tu bien.

A veces, cuando las pruebas son muchas y grandes,
 puede que tu fe vacile y te haga olvidar al satgurú,
 pero este es precisamente el momento en que deberías recordarle.
Compréndelo, este es el momento de controlarte
 y aplastar tu mente.
Este es el momento de pensar
 única y exclusivamente en el satgurú.
Esto estabilizará tu mente.
Es la única manera de purificar tu mente.
Obtén la corriente de gracia (amrit dhar) del satgurú,
 el océano de misericordia, y así te liberarás de toda aflicción.
Autor desconocido, Shabd amrit dhar