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Paciencia

Todos anhelamos vivir una vida spiritual. Pero en nuestros intentos por crear una atmósfera espiritual en la que poder vivir, a menudo nos sentimos frustrados porque sentimos que nuestros esfuerzos son infructuosos. A veces sentimos que algo externo nos detiene, y a veces sentimos que el obstáculo es interno. Pero sea lo que sea, esa frustración puede provocar un sentimiento de negatividad, de desesperanza. Tal vez llevemos muchos años en el sendero, o tal vez seamos recién iniciados. Pero necesitamos entender que la frustración y la autocrítica probablemente dificultarán nuestro progreso. Debemos adoptar una actitud positiva y alegre, ser pacientes y disciplinados, y nuestra vida espiritual se desarrollará a su debido tiempo.

Lo que necesitamos es paciencia. Tenemos que esforzarnos, pero olvidándonos de los resultados. Necesitamos esforzarnos al máximo constantemente, tratando sinceramente de complacer al Señor haciendo nuestra meditación, viviendo el modo de vida de Sant Mat, respetando los votos, y estando en armonía con los demás. Todo eso creará una atmósfera de amor, de meditación. Y nuestros esfuerzos invocarán su gracia. Como Hazur Maharaj Ji escribió: el esfuerzo y la gracia son como las dos alas de un pájaro. Un pájaro no puede volar solo con una de sus alas. Necesita las dos para equilibrarse y mantenerse en el aire.

Seguramente, ser pacientes sea lo más difícil para nosotros, ya que estamos demasiado predispuestos a vivir una vida orientada hacia los resultados. Se nos educa para pensar que si estudiamos duro conseguiremos un buen trabajo, o un ascenso. Que si enfermamos y seguimos las órdenes del médico, nos curaremos. Pero las cosas no siempre suceden como nosotros esperamos. Tenemos que dejarnos llevar, relajarnos, confiar en el Señor, y no pensar que sabemos lo que es mejor para nosotros.

Hazur Maharaj Ji le escribió a un discípulo: “Cuando creas que el Señor te ama y procura tu bienestar, aceptarás alegremente todo lo que te pase”1.

Maharaj Ji explicó por qué la meditación es el mejor medio para someternos a su voluntad, en lugar de rezar para que el Señor viva en la nuestra. Él dijo:

En la oración, hablamos con Dios. Esperamos algo de él para que se cumplan nuestros deseos. En la meditación escuchamos a Dios, nos sometemos a su voluntad. En la meditación, escuchamos la voz de Dios, y sometemos nuestra voluntad a él. Vivimos en su voluntad. En la oración le pedimos al Señor que satisfaga los deseos de nuestra mente. Estamos dominados por nuestra mente, y utilizamos al Señor para que nos conceda esos deseos. En la meditación nos resignamos a la voluntad del Padre. Nos entregamos a él. No importa lo que nos dé, seremos felices, estaremos contentos. Esa es la diferencia entre oración y meditación2.

Tenemos que aceptar nuestro destino y no pensar en el progreso interior. ¿Por qué calculamos? El cálculo va en contra de la verdadera esencia de las enseñanzas. No meditamos para conseguir resultados. Meditamos para complacer al maestro, al Señor. Hay una gran diferencia. Significa dejarse llevar.

Esto es difícil de recordar a veces. Pero si lo pensamos, dejarse llevar y aceptar su voluntad es la forma de mantenerlo cerca de nosotros en todo momento. Cuando nos dejamos llevar, creamos un espacio, un lugar para él en nuestros corazones y mentes, donde aceptamos todo lo que nos da, en lugar de esperar nada. Tenemos que vaciarnos de preconceptos. Cuando nos acercamos a él calculando, o de manera transaccional, estamos diciendo: aquí está, he hecho esto por ti; ahora tú tienes que hacer esto por mí. Tenemos que olvidarnos de ver resultados y esperar pacientemente su gracia.

Hay una oración tradicional que repiten cada mañana los judíos practicantes. Dice: “Creo firmemente en la llegada del Mesías; y aunque retrase su llegada, la espero todos los días”. ¡Imaginaos! ¡Llevan esperando dos mil años sin ninguna expectativa! Eso es fe. Esa es la clase de paciencia y fe que necesitamos tener. Para aparecer en su puerta cada mañana. Para sentarnos a meditar sin expectativas.

Un místico dijo: “La raíz de la impaciencia es la creencia errónea de que somos los dueños de nuestro destino”.

Aprendamos una lección de paciencia de la vida del árbol del bambú.
En sus primeros cuatro años de vida, algunas variedades del bambú chino no muestran ningún brote sobre la tierra. Pero en el quinto año, pueden crecer hasta los dieciocho metros en un lapso de solo seis semanas. Esto se debe a que en los primeros años, el árbol desarrolla un poderoso entramado de raíces subterráneas para favorecer su crecimiento.

El mismo principio puede aplicarse a nuestra madurez en el sendero. Debido a la impaciencia, buscamos los primeros indicios de progreso. Pero invertir el flujo exterior de nuestra atención es un asunto lento. Para dirigir nuestra atención hacia dentro, necesitamos ser pacientes y apoyar nuestros esfuerzos sobre unos cimientos sólidos.

Los nudos del alto tallo del bambú son muy fuertes, y aparecen en intervalos de veinte a treinta centímetros. De esta manera, el bambú crece constantemente, segmento por segmento, hasta los dieciocho metros de altura, a pesar de que el tallo solo tiene veinte o veinticinco centímetros de ancho.

Del mismo modo, atendiendo a nuestra meditación regularmente, día tras día, nosotros también vamos creciendo “segmento a segmento”. Experimentamos un cambio de actitud. Nos volvemos más contentos y receptivos a su voluntad. Maduramos lentamente, igual que el árbol del bambú madura lentamente después de establecer sus fuertes cimientos. Por eso el bambú puede resistir los más fuertes vendavales. Se dobla, pero no se rompe.

Los místicos chinos aprenden una lección del bambú. Enseñan que igual que la caña rígida e inflexible se rompe con la intensidad del viento, el discípulo debe ser flexible, pero estar firmemente enraizado. Entonces puede doblarse, aunque no se romperá.

Cuando nuestras creencias están enraizadas en una práctica constante, las tormentas de la vida pueden doblarnos un poco, pero no nos romperán. Los periodos de espera, de frustración, son necesarios para poder fortalecernos.

El ciclo de vida de la mariposa ilustra la importancia del esfuerzo y la lucha
Las mariposas crecen y se desarrollan a través de un proceso de transformación. Primero son orugas, luego crean un capullo a su alrededor, y mientras están en el capullo, crecen lentamente hasta que emergen como mariposas. La mariposa necesita pasar por cada etapa de forma natural.

Una vez hubo un hombre que se encontró un capullo de mariposa. Pensó que ayudaría a la mariposa a emerger más rápido. Un día apareció un pequeño orificio. Se sentó y observó a la mariposa durante varias horas mientras luchaba forzando su cuerpo a través de la abertura. Finalmente, el hombre decidió ayudar a la mariposa. Cogió unas tijeras y cortó el resto del capullo. La mariposa emergió entonces fácilmente, pero tenía el cuerpo hinchado y las alas pequeñas y arrugadas. El hombre seguía observando a la mariposa porque esperaba que, en cualquier momento, las alas se extenderían y podrían sostener el cuerpo. ¡Pero eso nunca ocurrió! De hecho, la mariposa pasó el resto de su vida arrastrándose con el cuerpo hinchado y las alas arrugadas. Nunca pudo volar.

El hombre no entendió que el capullo restrictivo y la lucha requerida para que la mariposa pasara por la diminuta abertura era la forma en que la naturaleza empujaba el fluido del cuerpo de la mariposa hacia sus alas, para que estuviera lista para volar una vez que se liberara del capullo. ¡La lucha la fortalecía! Y para nosotros, también, a veces nuestras luchas son exactamente lo que necesitamos. Si Dios nos permitiese pasar por nuestra vida sin tener problemas, no seríamos fuertes e independientes, ni capaces de mantenernos en pie.

Sin la lucha nunca maduraríamos. La lucha es nuestro esfuerzo, aunque a veces pensemos que nuestros esfuerzos son infructuosos. Pero el esfuerzo es lo que nos hace querer al Señor. Tenemos que ser pacientes, pero también tenemos que hacer el esfuerzo. Tenemos que mantener un equilibrio. Así que, aunque tenemos que ser pacientes, no debemos ser perezosos y pensar que él lo hará todo. Si queremos llegar al destino, tenemos que mantener nuestra mirada, y nuestros esfuerzos, fieles a nuestro objetivo.

Es lo que el Gran Maestro le escribió a un discípulo con dificultades:

El sendero de los maestros es largo y lleva tiempo moldear la mente. Retirar la atención dispersa al centro del ojo requiere paciencia, perseverancia y fe. Los eruditos se impacientan cuando descubren que no pueden controlar su mente. Empiezan a dudar de la eficacia del método que se les ha enseñado. Quieren resultados rápidos, ignorando que la mente es un poder que mueve el mundo, y que el mundo baila a su son. Ella se expresa a través de la lujuria, la cólera, la codicia el apego y el orgullo, ¿y quién está libre de ellos?

Tratar de concentrar la mente en el centro del ojo es una lucha con ella, y es una lucha para toda la vida. Si tenemos éxito en esta lucha, la recompensa es la felicidad eterna. Entonces saldremos del círculo de nacimientos y muertes3.

Paciencia, perseverancia y fe: ¡la fórmula infalible!

En uno de sus poemas, Soami Ji Maharaj nos asegura que el maestro siempre nos protege y que no hay motivo para la ansiedad o la preocupación. El poema comienza con el discípulo rogándole a su maestro que le revele su verdadera forma interior, y el maestro responde tranquilizándolo de forma bondadosa:

Escucha, ¡alma querida!, y deja que te explique:
Única y maravillosa es mi verdadera forma,
la que nadie puede percibir hasta que yo le ayude.
Practica la meditación y domina a la mente,
manteniendo los impulsos de los sentidos bajo control.

Ten paciencia, permanece en compañía de los santos
y, mediante mi gracia, te purificaré.
No descansaré hasta mostrarte esa forma;
¿por qué tienes tanta prisa?
Llevo tus cargas en mi corazón
para que puedas sentirte libre de preocupaciones
y desarrollar amor hacia mí en tu corazón.
Deja tus recelos y sé constante en tu amor;
un amor templado por la fe.
Yo mismo te ayudaré a realizar el esfuerzo,
Yo mismo te llevaré a tu morada final4.

Hazur siempre enfatizó que el Señor nunca niega su gracia cuando somos sinceros y honestos con nuestro amor y devoción, cuando nos esforzamos constantemente en meditar y seguir los votos. Dijo que “toda esta meditación, todas estas actividades espirituales, son simplemente para hacernos receptivos a su gracia. Tenemos que ser sinceros con nosotros mismos. Debemos vivir con nosotros mismos en lugar de vivir para los demás. Tenemos que hacer esfuerzos honestos y sinceros, y después dejar el resultado en manos del Señor”5.

Alguien le preguntó una vez a Hazur Maharaj Ji porque tenemos que esperar tanto tiempo. Hazur respondió:

¿Por qué tanta espera? Debido a que estamos separados. Estamos separados de nuestro centro. No estamos en la puerta de nuestra casa, que es donde está esperando el maestro, así que estamos esperando ir a la puerta. Vayamos a la puerta de la casa y entonces no habrá más espera...6

Es una cuestión de confianza. Tenemos que confiar en que nos ha puesto en el sendero de su amor, y nos acompañará a casa. Continuar con nuestra meditación y tener fe en el Señor. Asistir al satsang y confiar en el maestro. Él se preocupa por nuestros intereses y no nos abandonará.

Sardar Bahadur Jagat Singh dice que: “Inicialmente, la mente te hará llorar, pero al final la mente misma llorará. Al principio te sentirás frustrado, pero si perseveras, al final ganarás. Todos los devotos deben recordar esto. No deben desanimarse y rendirse”7.

¿Por qué es así? Porque en última instancia, la gracia del maestro nos llevará a través de todo el reino de la mente. Si seguimos sus instrucciones y nos apegamos al sendero, cumpliendo con los cuatro votos, nos esforzamos al máximo y confiamos en él, no hay duda de que nos guiará. Él se ha responsabilizado de nosotros. Nos hemos puesto bajo su protección y guía, así que tenemos que confiar en que sus consejos son para nuestro propio bien, y ponerlos en práctica.

Un filósofo del siglo XIX escribió unas palabras que sin duda nos animarán a seguir avanzando:

Creo que lo mejor de ese mundo no es tanto dónde nos encontramos, sino en qué dirección vamos. Para llegar al puerto del cielo, debemos navegar a veces con el viento a favor y a veces en contra, pero debemos navegar, y no ir a la deriva, ni quedarnos anclados8.

La cuestión es que, al igual que el bambú necesita que su entramado de raíces sea fuerte, o la mariposa necesita madurar lenta y naturalmente, de la misma manera, el discípulo, confiando en el maestro, necesita cultivar la paciencia para desarrollar el amor y la disciplina necesarios para seguir el sendero. El discípulo tiene que ser persistente y seguir avanzando, sabiendo que está siendo guiado hacia el destino final.


  1. Carta no publicada
  2. Spiritual Perspectives, Vol. II, #203
  3. Joyas espirituales, #131
  4. Sar Bachan Poesía, Bachan 33, Shabad 16, p. 171-172
  5. Spiritual Perspectives, Vol. II, #454
  6. Spiritual Perspectives, Vol. III, #83
  7. Rai Sahib Munshi Ram, With the Three Masters, Vol. III, 1st ed. 1967, p. 116; 5th ed., 2018, pp. 184–185
  8. Oliver Wendell Holmes, Sr.