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Un cambio de perspectiva

Tal vez hayáis escuchado esta historia antes, pero vale la pena volver a contarla:

Un hombre pobre vivía con su esposa y sus seis hijos en una pequeña casa de una sola habitación. Siempre se tropezaban el uno con el otro, y había tan poco espacio que apenas podían respirar. Finalmente el hombre no pudo soportarlo más. Habló con su esposa y le preguntó qué hacer. “Ve a ver al rabino” le dijo ella, y después de discutir un rato, fue.

El rabino lo saludó y le dijo: “Veo que algo te preocupa. Sea lo que sea, puedes decírmelo”.

Y así el pobre hombre le contó al rabino lo triste que era la situación en casa con él, su esposa y sus seis hijos, todos comiendo, viviendo y durmiendo en una habitación. El pobre hombre le dijo al rabino: “Incluso estamos empezando a gritarnos y a pelearnos entre nosotros. La vida no podría ser peor”. 

El rabino pensó muy profundamente en el problema del pobre hombre. Entonces respondió: “Haz exactamente lo que te digo y las cosas mejorarán. ¿Lo prometes?”. “Lo prometo”, dijo el pobre hombre.

El rabino le preguntó al infeliz: “¿Tienes algún animal?”. “Sí”, dijo. “Tengo una vaca, una cabra y algunas gallinas”. “Bien”, dijo el rabino. “Cuando llegues a casa, lleva a todos los animales dentro de la misma para que vivan con vosotros”.

El pobre hombre se sorprendió al oír este consejo del rabino, pero había prometido hacer exactamente lo que el rabino le dijera. Así que se fue y llevó a todos los animales de la granja dentro de la pequeña casa de una habitación.

Al día siguiente el pobre hombre corrió a ver al rabino. “¿Qué me has hecho, rabino?”, gritó. “Es horrible. ¡Hice lo que me dijiste y los animales están por toda la casa! ¡Rabino, ayúdame!”.

El rabino escuchó y dijo con calma: “Ahora vete a casa y saca de nuevo a las gallinas fuera”.

El pobre hombre hizo lo que el rabino le dijo, pero se apresuró a volver al día siguiente. “¡Las gallinas se han ido, pero rabino, la cabra!”, gimió. “¡La cabra está destrozando todos los muebles y comiéndose todo lo que está a la vista!”. El buen rabino dijo: “Ve a casa y saca la cabra, y que Dios te bendiga”.

Así que el pobre hombre se fue a casa y sacó la cabra fuera. Pero volvió corriendo a ver al rabino, llorando y lamentándose. “¡Qué pesadilla has traído a mi casa, rabino! ¡Con la vaca es como vivir en un establo! ¿Pueden los seres humanos vivir con un animal así?”.

El rabino dijo dulcemente: “Amigo mío, tienes razón. Que Dios te bendiga. Ve a casa ahora y saca la vaca de tu casa”. Y el infeliz fue rápidamente a casa y sacó la vaca de la casa.

Al día siguiente volvió corriendo al rabino otra vez. “Oh Rabino”, dijo con una gran sonrisa en su cara, “tenemos una vida tan buena ahora. Los animales están todos fuera de la casa. ¡La casa es tan tranquila y pacífica, y tenemos espacio de sobra! ¡Qué alegría!” 1.

Nada había cambiado en la vida de este hombre excepto su perspectiva. Todavía tenía una esposa y seis hijos, pero ahora el ruido era aceptable y soportable. Podemos obtener en nuestras vidas la misma satisfacción que este hombre logró si tenemos la perspectiva correcta. Hazur Maharaj Ji solía decir que no podemos cambiar el clima, pero podemos ponernos unas buenas botas y una chaqueta abrigada para que la tormenta no nos moleste. No podemos cambiar los acontecimientos de nuestra vida, pero podemos adaptar nuestra actitud hacia estos acontecimientos. En resumen, podemos tener una actitud positiva o negativa hacia la vida. La satisfacción y la felicidad están en nuestras manos.

¿Cómo logramos entonces esta actitud correcta, esta perspectiva positiva? El mundo está en plena agitación. No hay seguridad ni paz en él, excepto la certeza de que las cosas siempre serán inciertas; que no encontraremos satisfacción o felicidad a través de nuestros trabajos, a través de las políticas de nuestros gobiernos ni acumulando más posesiones. Así que, de nuevo, ¿cómo encontramos esa paz mental que todos deseamos?

La respuesta es clara. Tenemos que encontrarla dentro de nosotros mismos. Afuera siempre habrá inquietud. Dentro, si buscamos lo suficiente, encontraremos un océano de satisfacción, un mar de paz y equilibrio. ¿Pero cómo realizar esta búsqueda? ¿Dónde buscamos dentro? El océano de la satisfacción está ahí dentro de cada uno. Solo tenemos que darnos cuenta de quiénes somos realmente. No somos la inquietud o los miedos de nuestra mente. No somos nuestras preocupaciones o nuestras ansiedades. Somos, en el fondo, Shabad, el mismísimo Señor. Cuán profundo es el darse cuenta de que nuestra esencia es el Señor. ¡Podemos darnos cuenta de ello!

Todos tenemos ese mismo Nombre dentro de nosotros. Es lo que nos da vida y nos sostiene. Tenemos la gracia y el amor del satgurú en nuestro interior. Pero nos perdemos continuamente en nuestro viaje y creemos que podemos alcanzar la felicidad si se cumplen ciertos deseos mundanos. Ese es el momento en que necesitamos recordar que lo que tenemos es lo que él nos ha dado. Lo que tenemos es suficiente; podemos estar contentos con las cosas tal y como son. Solo tenemos que deshacernos de esa vaca y de esas gallinas que sobran y abarrotan nuestra mente.

Los que tenemos el don del Nombre disfrutamos de la herramienta perfecta para centrar nuestra mente: simran. El simran nos ayudará a vaciar la mente de lujuria, codicia, ira y todas las pasiones que nos asedian. Con la concentración viene la habilidad de controlar nuestras emociones para no reaccionar negativamente. La habilidad de controlar nuestra mente no se logra en una semana o en un mes. Es una lucha de por vida. Pero a medida que viajamos por el sendero y nos comprometemos con el objetivo de aquietar la mente, encontramos que reaccionamos mal menos veces. Descubrimos que somos capaces de ver desde otros puntos de vista sobre un asunto; por lo tanto nos enojamos menos con los demás. Lenta y gradualmente estamos cambiando.

Nuestro compromiso con un estilo de vida positivo es un gran paso en la lucha por encaminar nuestra mente hacia una dirección positiva. Siendo vegetarianos, no bebiendo alcohol o tomando drogas, viviendo una vida positiva y honesta, proclamamos que tenemos claro nuestro objetivo, que tenemos clara la dirección que queremos que tome nuestra vida. Esto no es una minucia. La sociedad actual quiere que consumamos, nos impulsa a pensar que la felicidad viene del consumo. Más, más, más es el grito que sale de cada anuncio, pero este grito es falso y engañoso. La felicidad viene de controlar nuestro comportamiento. Viene de nuestro compromiso con nuestro objetivo de ser positivos y de darnos cuenta de que la satisfacción viene del contento interior, no de la satisfacción exterior.

Nuestro maestro siempre nos recuerda que a través de la acción positiva crearemos una atmósfera en nuestra mente que es lo suficientemente fuerte como para soportar cualquier intento de desviarnos del camino. Baba Ji está dentro de nosotros, siempre empujándonos en la dirección del amor. Si hacemos caso a su consejo y nos esforzamos al máximo, entonces tendremos la misma satisfacción que ese granjero. Nada habrá cambiado, pero nuestra actitud, nuestra perspectiva, serán diferentes. Ahora nuestra actitud será positiva, balsámica, con esa atmósfera en la que podremos disfrutar de su voluntad.


  1. Historia tradicional: contada por Aaron Zehah en https://www.awakin.org/read/view.php?tid=2292