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Algo Falta

Hace muchos años, un joven y apasionado discípulo, cautivado por Dera y los centros de satsang que vio en la India, le preguntó a Maharaj Charan Singh si podía comprar y construir una propiedad en su país de origen. Dijo que esto facilitaría al maestro visitarles. Sin embargo, ciertamente no era el momento adecuado, y Hazur respondió memorablemente que vendría “por la gente y los corazones, y no por los ladrillos y el mortero”.

Ahora en el siglo XXI, estamos bendecidos con una buena cantidad de “ladrillos y mortero” –propiedades de satsang esparcidas por la India y muchos países fuera de la India–, y estos son mantenidos por miles de sevadares por todo el mundo. Algunos centros se utilizan para acoger los programas oficiales del maestro en estos países, y durante el resto del año cumplen otra función adicional como centros administrativos. Ya sea que los sevadares se dediquen a preparar un satsang nacional o internacional, al mantenimiento de los edificios y terrenos, a prestar servicios de comidas o primeros auxilios o cuidar la contabilidad, forman parte de un proceso bidireccional en el que dedicándose a prestar un servicio también reciben.

Baba Ji nos ha pedido a menudo que nos apoyemos mutuamente en la jungla mundana en la que vivimos. Así que el propósito de las propiedades, además de ser una solución práctica al reto de encontrar un lugar adecuado para poder reunir a un gran número de personas para el satsang, es establecer un armazón en el que seva pueda crecer. Proporcionan un armazón de apoyo para esa tierna vid, nuestra vida espiritual. Aquí en las propiedades de la Ciencia del alma, podemos encontrar ese grupo de apoyo que Baba Ji quiere para nosotros –no los elogios, las recompensas mundanas, el estatus o la posición social–, sino un compañerismo sencillo, experiencias periódicas de aprendizaje y siempre, un recordatorio de lo que verdaderamente importa: la devoción al maestro al que todos queremos complacer.

¿Qué ocurre entonces en el momento actual, cuando debido a la crisis del Covid 19, muchas propiedades de satsang permanecen cerradas? Como conserje en uno de estos centros, puedo informar: ¡que la vida silvestre está prosperando! En esta época del año en el hemisferio occidental, los pájaros construyen sus nidos y sus llamadas suenan desde el amanecer hasta el atardecer, siendo audibles claramente ahora que las carreteras están mucho más tranquilas. Los gansos merodeadores se han apoderado del terreno, los conejos juguetean fuera de sus madrigueras, y la cocina ha sido invadida por las hormigas. Unos cuantos sevadares son capaces de lidiar con estos intrusos y pueden hacer frente a las tareas esenciales. Pero cómo de extraño es el ambiente. ¿Bonito? Sí, siempre ha sido bonito. ¿Tranquilo? Sí, más tranquilo que cuando está lleno de gente ocupada durante un fin de semana. ¿Silencioso? Sí, por supuesto. Pero falta algo primordial, y los residentes de aquí, mientras llevan a cabo todo lo que se puede llevar a cabo razonablemente, notan una falta de lo que puede describirse como el optimismo. Al igual que los sevadares que echan de menos sus visitas regulares o estancias durante los fines de semana en la propiedad, la propiedad les echa de menos.

Es como si el ambiente, que suele ser como un globo flotante, levantado y transportado en el aire por el aliento que lo llena, ahora estuviera desinflado. La energía amorosa de los sevadares que suelen venir aquí, se ha ido. Echamos de menos a esos afectuosos, entusiastas, devotos, diligentes y compañeros amantes del gurú, ahora confinados en sus casas.

Se ha señalado en los medios de comunicación, y también de otras maneras, que se han obtenido algunos beneficios no esperados del confinamiento en nuestras viviendas. Las familias tienen que “sacar fuerzas de flaqueza” para mantenerse a sí mismos y a sus hijos bien ocupados y haciendo buen ejercicio. Han despertado a la necesidad de prestar atención a los familiares y vecinos más mayores que en el ajetreo cotidiano de la vida laboral pueden haber sido pasados por alto. Es un buen recordatorio, una lección saludable, que “la caridad empieza en nuestra casa” y esto mismo se aplica también al seva. El seva, o servicio, comienza en casa cuidando de cada miembro de la familia, y únicamente cuando en casa lo hagamos lo mejor que podamos, podremos ofrecer de manera honesta el seva fuera del hogar.

Otra lección se puede resumir en un verso de la canción de Joni Mitchell, “Big Yellow Taxi” – “No sabes lo que tienes hasta que se ha ido”. Ahora que los sevadares no pueden venir a la propiedad, todos nos damos cuenta de lo que tenemos y rezamos para que vuelvan pronto. La siguiente cuestión, planteada en una sesión de preguntas y respuestas con Hazur Maharaj Ji, resume el gran obsequio de seva que estamos echando en falta.

Pregunta: Maharaj Ji, ¿puedes decirnos cuál es el verdadero valor del seva en casa, y en nuestros propios centros de satsang?
Respuesta del maestro: la mayor recompensa en el seva es la satisfacción y la felicidad que se siente en el interior, cuando se recibe la oportunidad de servir a alguien. Esa es la mayor felicidad que uno puede conseguir, hacer feliz a alguien. No te proporciona tanta felicidad que alguien te haga feliz a ti. En. definitiva, estar en posición de hacer feliz a alguien te proporciona gran felicidad, y ese es el verdadero seva. Seva hacia cualquier institución, seva hacia cualquier individuo, seva hacia la multitud; en otras palabras, una actitud caritativa de ayudar a otras personas. Eso es seva. Hacemos seva con nuestro cuerpo, hacemos seva con nuestra mente, hacemos seva con nuestro dinero. La base del seva es el amor y la devoción por el Padre.
Spiritual Perspectives, Vol. III, #191