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El regalo del miedo

El miedo puede ser el mejor de los regalos si se usa sabiamente.

Si un niño duerme tranquilamente, está contento en su cama. Pero si tiene una pesadilla, corre hacia su madre y busca consuelo en sus brazos.

Esta creación se puso en marcha para que pudiéramos valernos por nosotros mismos hasta que sintiéramos la necesidad de regresar con el Señor. Mientras sentimos que nos desenvolvemos razonablemente bien, dependemos de nuestro ego para protegernos, y pasamos nuestras vidas siendo devorados por pensamientos defensivos; los psicólogos incluso dicen que cada pensamiento que tenemos es para defender nuestro ego. Pero cuando nos enfrentamos a una situación terriblemente aterradora, nos damos cuenta de lo insuficientes que son las defensas de nuestro ego, y tenemos una poderosa motivación para refugiarnos en nuestra fortaleza interior. En nuestra impotencia nos dirigimos a nuestro maestro y le suplicamos que nos ayude. Nos refugiamos en nuestro simran, y el maestro nos acoge en sus brazos. Maharaj Charan Singh dice:

Hay algo equivocado en nosotros. No queremos ser felices en el momento presente. O estamos preocupados por lo que hemos hecho o por lo que nos va a pasar. No queremos hacer el mejor uso del momento presente. Si conseguimos que este momento sea feliz, nuestro pasado se vuelve automáticamente feliz, y no tenemos tiempo para preocuparnos por el futuro. Así que debemos tomarnos la vida tal y como se nos presenta y vivirla felizmente. Debemos ser felices en cada momento. Y el simran ayuda1.

Incluso si recordamos al maestro solo porque tenemos miedo, este pequeño recuerdo hace que nuestro vínculo con él crezca. Bhai Gurdas dice: “Si das un paso para refugiarte en el maestro, el maestro se encontrará contigo en el camino dando cientos de pasos”2.

Rumi cuenta la historia de un joven que era torturado por el amor, y al que se le frustró todo lo que intentaba para entregarle un mensaje a su amada. Incluso cosió una carta de amor en el ala de un pájaro, pero el ala se quemó por la fogosidad de la carta. Al final, su mente estaba completamente destrozada, y su alma se purificó debido a su fervor. Después de siete largos años de golpear, esperar y cavar en busca del agua que aliviara la enfermedad de su corazón, estaba en la calle una noche cuando la patrulla nocturna comenzó a perseguirlo. Los vigilantes, uno tras otro, bloquearon todas las vías de escape.

El joven tenía mucho miedo y se quejaba de que la patrulla era el ángel de la muerte o un tirano que venía a hacerle mucho daño. Huyó de ellos, pero finalmente llegó al alto muro de un jardín que no tenía salida. Y de repente, con el impulso de su miedo, consiguió escalar el muro y saltar al jardín. Y una vez allí... ¡contempló a su amada, resplandeciente como una luz!

Así que el amante rezó: “¡Oh Dios, ten piedad de la patrulla nocturna! Sin que yo lo supiera, tú creaste los medios. Desde el infierno de mi miedo a la patrulla nocturna, me has traído al paraíso, sin que tenga ni el simple daño de una espina”. Porque Dios dice: “No pienses si estás en un árbol o en un pozo: piensa en mí, porque soy lo más importante del camino”3.

Estad quietos ante la protección de Dios
¡Estad quietos, y sabed que yo soy Dios!4

Esta orden de Dios se da en un contexto interesante. Aparece en el salmo 46, en el que el salmista habla de cómo Dios es nuestra fortaleza incluso en las circunstancias más extremas. Él canta:

Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza, nuestra ayuda en momentos de angustia. Por eso no tendremos miedo aunque se deshaga la tierra, aunque se hundan los montes en el fondo del mar, aunque ruja el mar y se agiten sus olas, aunque tiemblen los montes a causa de su furia5.

El salmista continúa, hablándonos del poder de Señor como protección: las naciones rugen, cuando el Señor deja oír su voz, la tierra se deshace, pone fin a las guerras, hace pedazos las lanzas, y prende fuego a los carros. Y entonces, como se cuenta en la historia bíblica, Dios silencia al salmista y da la orden: “Estad quietos, y sabed que yo soy Dios”.

¿Qué podemos deducir de esto? ¿Por qué se da esta orden en este contexto? Es como si el Señor dijera: ¡Basta de palabras! No es necesario describir la protección del Señor, su poder y su gloria. Simplemente detente, quédate quieto y reconoce a Dios. Conoce al Dios que es. Como dijo sin rodeos cuando se le reveló a Moisés: “Yo soy el que soy”6. Cuando nos quedemos inmóviles, conoceremos a Dios, y con este conocimiento descansaremos totalmente protegidos y seguros en su fortaleza inexpugnable.

Cuando empezamos a cultivar la quietud interior, descubrimos que esta conciencia silenciosa es nuestra esencia, que es la esencia de Dios. En esta presencia inmóvil llegamos a conocer al Dios que es, y sabemos que somos uno con esa realidad eterna. Descubrimos la unidad que existe “sin miedo ni enemistad”, como la describe el Adi Granth7. En este silencio, el miedo desaparece automáticamente, y cuando el miedo desaparece, la enemistad desaparece, porque la enemistad proviene del miedo. ¿Y entonces qué es lo que queda? El amor. Solo el amor.

Pero, ¿cómo podemos quedarnos quietos, cómo podemos transformar el miedo en amor? El compositor musical John Cage dice:

Si la mente es disciplinada, el corazón pasa rápidamente del miedo al amor8.

“Si la mente es disciplinada”: ¡un si enorme! La mente se ha habituado a generar pensamientos continuamente, a maquinar y planificar. Esto se debe a que la mente indisciplinada cree erróneamente que las maquinaciones del ego la pueden proteger.

Sin embargo, si no eliminamos nuestro miedo, y simplemente reenfocamos nuestra atención en nuestro centro –en lugar de permitir que nuestra mente rebote por todos lados intentando pensar en formas de afrontar el miedo–, podemos simplemente sentir sin pensar. En cuanto dejemos de pensar, sentiremos la presencia del maestro y nos calmaremos automáticamente. Cuando la mente sea disciplinada, calmada, y entrenada, podremos simplemente ser conscientes del miedo, sin tener que hacer nada al respecto. En ese punto el corazón pasa rápidamente del miedo al amor.

No es nuestra mente la que puede llevarnos del miedo al amor, es nuestra conciencia verdadera, nuestra quietud. Nuestro verdadero ser no es nuestro ego, es nuestro corazón devoto, nuestra conciencia amorosa, nuestra esencia silenciosa, que no puede ser herida o destruida, y no necesita protección. Lo acepta todo. El Nei-yeh (“Entrenamiento interior”), un antiguo texto chino taoísta, dice:

Cuando ensanchas tu mente y la dejas ir,
Cuando relajas tu energía vital (qi)
y la expandes,
Cuando tu cuerpo permanece tranquilo e inmóvil,
y puedes mantener el Uno
y deshacerte de las numerosas perturbaciones...
Verás beneficio y no te atraerá,
Verás daño y no te asustará.
Relajado y liberado, pero muy sensitivo,
en la soledad disfrutas de tu propia persona9.

  1. Maharaj Charan Singh, Muere para vivir, # 69
  2. Bhai Gurdas Ji, quoted in Philosophy of the Masters, vol 3, p. 136
  3. Mathnawi, Book 3, 4749–4810; book 4, 40–80; retold by Bahaullah. The Seven Valleys and the Four Valleys. US Bahai Publishing Trust, 1991. p. 12-16)
  4. Biblia, Salmo 46:10, New King James Version (NKJV).
  5. Biblia, Salmo 46: 1–3 (NKJV)
  6. Biblia, Éxodo 3:14
  7. Adi Granth, p. 1
  8. John Cage, Silence: Lectures and Writings, 50th Anniversary ed., p. 64,
  9. Nei-yeh, ch. 24, tr. Harold Roth, cf. Original Tao, NY: Columbia Univ. Press, 1999, p. 92; Louis Komjathy, Handbooks for Daoist Practice, Nei-yeh, The Yuen Yuen Institute, Hong Kong, 2008, p. 41