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Equilibrio y quietud

Es difícil encontrar a alguien que no se haya enfrentado al dilema de cómo conseguir una vida más equilibrada. Todos admitimos la necesidad de equilibrio para afrontar de forma efectiva y objetiva los retos que la vida nos plantea. Cuando perdemos el equilibrio, somos arrastrados a los extremos y a las reacciones emocionales, y perdemos de vista nuestro objetivo: la realización espiritual.

El maestro enfatiza que para encontrar equilibro en nuestro comportamiento exterior y en nuestras acciones, debemos llevar nuestra mente a un estado de quietud, donde podamos experimentar paz mental. Si encontramos quietud interior, mediante nuestra meditación y una actitud relajada en la vida, podremos concentrarnos y ser receptivos a nuestra naturaleza espiritual intrínseca. Podremos liberarnos de las preocupaciones y obsesiones del mundo externo y mundano en el que vivimos todos los días.

La quietud es la clave para el conocimiento espiritual, para encontrar a Dios en el interior. Como dice la Biblia, en el libro de los Salmos:

Estad quietos, y sabed que yo soy Dios1.

Dios está dentro de nosotros, en el punto de equilibrio, haciendo de contrapeso. Cuando permanecemos inmóviles, en cuerpo y mente, y evitamos que la mente persiga sus obsesiones infinitas, podemos encontrar a Dios dentro de nosotros. Cuando nuestra mente se aquiete, nuestra naturaleza espiritual se revelará de forma natural.

¿Pero cómo podemos conseguirlo? ¿Cómo podemos conseguir que la mente se inmovilice? Para la mayoría de nosotros, la mente resulta totalmente incontrolable. Salta de un pensamiento a otro y casi nunca se detiene. Si eliminamos las preocupaciones, entonces aparecen los deseos, exigiendo ocupar su lugar. Si reducimos algunos de nuestros deseos, empezamos a obsesionarnos y preocuparnos de alguna otra forma. Así que nuestro reto es aquietar y calmar la mente.

Los místicos nos dan algunos consejos para lograr ese equilibrio interior, para encontrar el punto de equilibrio interior, entre los extremos; para que podamos aferrarnos a nuestro eje interior.

Hay un bello párrafo en el Libro de Mirdad, en el que Mirdad enfatiza la importancia de encontrar ese eje interior, ya que ese eje es Dios mismo, eterno, inmóvil, más allá de los acontecimientos cambiantes de la rueda del tiempo. El eje también representa nuestro centro espiritual, nuestro núcleo. Y es desde aquí, desde donde el Señor nos atrae para que lo encontremos. Mirdad dice:

La rueda del tiempo gira, pero su eje está siempre en reposo.
Dios es el eje de la rueda del tiempo.
Aunque todo gira alrededor de él en el tiempo y el espacio,
  sin embargo, él siempre permanece inalterable e inmóvil.
Aunque todo procede de su Palabra,
  sin embargo, su Palabra es tan eterna como él.
En el eje, todo es paz.
En el borde todo es agitación.
¿Dónde queréis estar vosotros?
Yo os digo, que os deslicéis desde el borde del tiempo,
  hacia el eje,
  y os salvéis de las náuseas del movimiento.
Dejad que el tiempo gire a vuestro alrededor,
  pero vosotros no giréis con el tiempo...
Cuando alguien muere para transformarse,
  se vuelve inmutable.
La mayor parte de los hombres viven para morir.
Dichosos los que mueren para vivir2.

¡Felices son aquellos que mueren para vivir! Renuncian a sus apegos a este mundo cambiante, y logran ser felices. Para aferrarse al eje, a la realidad espiritual interior, tenemos que desapegarnos de la rueda del tiempo, la rueda del cambio y la transmigración.

En Discursos espirituales, Hazur Maharaj Ji nos anima a que olvidemos nuestros compromisos mundanos, y regresemos al punto de quietud y equilibrio en nuestro interior. Dice que cuando estamos sumergidos en los aspectos externos de la vida, giramos constantemente alrededor del borde de la rueda; pero cuando volvemos a nuestro núcleo interno de quietud, a través de la meditación en el Shabad o Nam, es como agarrarse al eje. Él dice:

Profundamente absorto en la esposa y los hijos, en los familiares y amigos, en el dinero y las posesiones, te conviertes en parte de la rueda de continuo movimiento. Con intensa devoción al Nam, saldrás del perpetuo movimiento de la rueda y regresarás al eje que contiene su equilibrio, su calma, su sublime bienaventuranza. Más aún: te harás uno con el Señor3.

Aquí Maharaj Ji nos ofrece un método para que nos alejemos del borde de la rueda, donde estamos constantemente girando, esclavos del tiempo, la ansiedad, la muerte y el renacimiento; donde no tenemos control, y donde estamos desconectados de nuestra identidad espiritual. Y a través de la devoción al Nam, atendiendo a la meditación, nos pondremos en contacto con el Shabad, la fuente de la quietud y el equilibrio, el poder creativo. El Shabad nos nutre desde el interior y es inmutable y eterno.

Un místico sufí contemporáneo se refiere al eje espiritual como “el centro constante” que mantiene a toda la creación, y a todos los seres –externa e internamente– en equilibrio. Él dice:

El mensaje divino se escucha en los horizontes del equilibrio. El equilibrio y su contrapeso aseguran la estabilidad, y son el resultado de la existencia de un centro constante.

Si consideramos el universo, es fácil observar lo perfectamente equilibrados que están los planetas girando alrededor del sol, cada uno en su propia órbita, e incluso cómo el equilibrio prevalece en las galaxias. Si tal perfección, equilibrio y armonía son inherentes al universo, entonces seguramente los seres humanos, al formar parte del universo y por lo tanto, estar sometidos a las mismas leyes de la física, no necesitan mirar muy lejos para reconocer esa perfección, equilibrio y armonía.

En resumen, el místico dice que somos un microcosmos del universo y que por lo tanto, también tenemos perfección, equilibrio y armonía dentro de nosotros. En un nivel externo, viviendo en el mundo, adaptarse a los cambios es fundamental; tenemos que abandonar nuestra obsesión por el control de las circunstancias, y en su lugar centrarnos en la realidad divina, nuestro núcleo central de fuerza espiritual en el interior. Eso nos dará estabilidad. El principio del equilibrio es algo inherente a toda la creación, desde el microcosmos de nuestros seres individuales, hasta el macrocosmos del universo.

Si creemos que todo lo que nos sucede, ocurre como resultado de nuestros karmas, que es nuestro destino, entonces comprenderemos que no hay nada que podamos cambiar. Podemos adaptar nuestra actitud con la gracia del maestro y la fuerza obtenida mediante la meditación, pero ciertamente, no podemos cambiar los acontecimientos básicos de nuestras vidas, nuestras relaciones, o las circunstancias a las que nos enfrentaremos. ¿Cómo podemos preocuparnos, o ser devorados por algo que ocurre fuera de nosotros, si aceptamos que no podemos cambiar nuestro destino?

Así que, el primer paso para lograr el equilibrio es entrenar nuestra mente para que acepte nuestro destino. Eso nos permitirá meditar con una mente relajada. Y meditando seremos capaces de aceptar nuestro destino. Es un círculo de amor sin fin. Hazur Maharaj Ji dice:

Tenemos que enfrentarnos a situaciones a cada paso en esta vida, y en cada paso tenemos que explicarle a la mente que tiene que aceptar todo lo que venga en nuestra vida, de una forma alegre y sonriente. ¿Por qué quejarse? Es un entrenamiento constante de la mente.

Esto también es servir, porque esto nos ayudará en nuestra meditación. Si siempre, con cada pequeña cosa, nos sentimos perturbados, ¿cómo nos podemos concentrar?, ¿cómo podemos meditar? Si hacemos de un grano de arena una montaña, entonces ¿cómo nos podemos concentrar? Tenemos que olvidarnos; tenemos que perdonar. Tenemos que entrenar a nuestra mente a tomarse las cosas de una manera ligera, a reírse de ellas, a ignorarlas. Todo esto es entrenar a la mente4.

Hazur solía recordarnos que debemos mantener el equilibrio. Acepta tu destino, nada con las olas, no contra ellas. Adáptate a la vida, no te enfrentes a ella. Él decía:

En este plano, hay un cierto destino por el que tenemos que pasar. Pero si estamos atendiendo a la meditación, entonces nuestra fuerza de voluntad se fortalece lo suficiente para que podamos pasar por nuestro destino. Y naturalmente, la decisión ya ha sido tomada. Nosotros no estamos tomando decisión alguna. Lo que tiene que pasar ya ha pasado. Tenemos que pasar por ello, pero ahora estamos mejor equipados para afrontar la situación, afrontar los eventos de la vida. No perdemos el equilibrio al pasar por esos eventos en la vida, aunque no podemos cambiarlos. Así que la meditación definitivamente nos ayuda. Debemos de hacerlo lo mejor que podamos y dejarle los resultados al Padre….

Debemos aceptar los eventos de la vida. Uno no puede cambiar el curso de los eventos en la vida, pero sí puede ajustarse a ellos. Ajustarse a los eventos de la vida nos hará sentir siempre felices y relajados. Si nadamos en contra de las olas, nos ahogaremos. Si nadamos a favor de las olas, se llegará a la costa fácilmente5.

En una ocasión, Hazur Maharaj Ji profundizó sobre el equilibrio entre nuestras vidas mundanas y nuestra meditación. Nos aseguró que nuestra meditación nos protegería sin que importase dónde nos situara nuestro destino. El maestro siempre está con nosotros. Respondiendo a una pregunta, dijo:

Bueno, hermana, si estamos atados a una cadena fuerte, solo podremos movernos en un área muy limitada. Así que si estamos atados a nuestra meditación todos los días, no importa cuánto estemos involucrados en otras cosas, siempre permaneceremos en el mismo círculo. No podremos salir del círculo. Si la cadena se rompe, entonces, evidentemente, nos alejaremos por completo, estaremos influenciados. Por tanto, la cadena de la meditación no debe romperse.

La meditación tiene que atenderse todos los días. Después no importará cuánto intentemos involucrarnos en otras actividades, nunca se nos permitirá desviarnos. Nunca se nos permitirá involucrarnos tanto como para olvidar el sendero verdadero, porque el eslabón de la cadena es muy firme. Es como estar atados a un camión que no nos permite ir a ninguna parte. Así pues, si no estamos involucrados con eso, todo irá bien6.

En su conclusión a esta respuesta, Maharaj Ji dijo:

La meditación es una forma de vida… la meditación debe reflejarse en toda nuestra vida, durante todo el día. Se convierte en parte de nuestra vida, en nuestra forma de vida. De esta manera, todo el día se convierte en meditación.

Podemos reflexionar sobre cómo aplicar esto a nuestras vidas, sin que importe la situación en la que nos coloque nuestro destino. Si hacemos nuestra meditación, encontraremos el equilibrio que necesitamos para abrirnos camino en la vida. El maestro es un ejemplo para nosotros.

Cuando vemos al maestro, vemos a una persona que tiene equilibrio. Utilizamos los términos maestro verdadero, perfecto o completo. Esto significa que es completo; todos sus aspectos están en equilibrio. Él es el mejor ejemplo de cómo una persona puede vivir en el mundo, cumpliendo con todas sus obligaciones, mientras sigue ocupándose de su vida espiritual interna. De esa manera, tratamos de imitarlo.

Necesitamos tener equilibrio, equilibrio en nuestras vidas, tanto interna como externamente. El punto de quietud interior está en el centro del ojo, el tercer ojo. Si inmovilizamos nuestras mentes y nos concentramos en el interior, en el simran y el Shabad, como nos aconseja nuestro maestro, automáticamente podremos equilibrar nuestras vidas mundanas con nuestra vida interior. Tendremos el equilibrio necesario para afrontar todo tipo de circunstancias de forma relajada. Solo tenemos que aferrarnos a nuestro eje interior, nuestra naturaleza espiritual intrínseca.

En el lenguaje de los místicos chinos, este eje es el Tao, que significa el camino, el sendero, el eterno e infinito poder creativo. Los taoístas dedican gran parte de su literatura espiritual a la importancia de encontrar el eje o punto de equilibrio interior, que nos permite vivir la vida sin que las circunstancias o los cambios nos desequilibren. Aferrándonos al Tao, podemos adaptarnos a los cambios mientras permanecemos apegados a nuestro núcleo espiritual. No interiorizaremos los sucesos de nuestras vidas, se volverán externos y menos importantes para nosotros.

El Tao es la fuente de la fuerza, el punto de equilibrio entre los extremos. Si no encontramos ese equilibrio, ese centro, dentro de nosotros, la fuerza centrífuga de la rueda siempre en movimiento nos separará de él. Perderemos la concentración y los acontecimientos mundanos nos absorberán.

En un antiguo clásico taoísta chino, el Huainanzi, al eje también se le llama pivote y empuñadura del Tao. Aquí mostramos unas cuantas líneas:

Si uno controla lo externo desde el núcleo
  de su persona,
sus diferentes asuntos no terminarán siendo un fracaso.
Si llega al núcleo,
puede cuidar los extremos.
El sabio, habiendo examinado todo su alrededor
  sin excluir nada,
Permaneciendo completo, regresa para vigilar
  lo que tiene dentro.
Administra los cuatro rincones de la tierra,
pero siempre regresa al pivote7.

Administra los cuatro rincones de la tierra, pero siempre regresa al pivote. Protege su tesoro interior. En otras palabras, si nos aferramos al núcleo, al asidero del Tao, podemos cuidar de todo lo externo a nosotros sin perder el contacto con nuestro verdadero ser, nuestro tesoro interior. Podemos satisfacer las exigencias de la vida cotidiana, pero sin perdernos, y permaneciendo completos a pesar de lo que ocurra. Podemos estirarnos y doblarnos, pero sin perder el equilibrio; es decir, podemos vivir una vida tranquila y serena.

Normalmente, vivimos entre dos extremos. En todas nuestras actividades en el mundo material somos sacudidos por la tensión entre estos extremos. Aferrándonos al núcleo interno, el Tao, podemos desapegarnos mientras vivimos en este mundo. Podemos “seguir la corriente”.

Al final del texto chino, el autor resume cómo podemos vivir en este mundo felizmente, adaptándonos a los cambios, sin perder nuestro equilibrio. Dice:

Defender lo que es natural y preservar la propia autenticidad. Tomarse las cosas externas a la ligera y volver a la propia naturaleza como realmente es. Es tan fácil como hacer girar una pelota en la palma de la mano, y le permite a uno encontrar la felicidad personal8.

Tan fácil como hacer girar una pelota en la palma de la mano. Esta es una imagen maravillosa. ¿Cómo vamos por la vida, en general? Interiorizamos todo lo que deberíamos dejar en el exterior. Nos aferramos al mundo firmemente. Nos aferramos a cada experiencia y relación. Necesitamos aflojar nuestra fuerte sujeción, nuestra necesidad de poseer cosas y personas; soltar nuestras valiosas opiniones y vanidad, incluso nuestro miedo a la muerte, para poder atender las necesidades de nuestra alma, nuestro verdadero ser. Entonces, vivir en el mundo se convierte en algo tan fácil como hacer girar una pelota en la mano. La pelota simplemente rueda a su alrededor. Nuestra mano se relaja y la pelota rueda libremente. No nos preocupa nada.

Para finalizar, recordemos las tranquilizadoras palabras de Tulsi Sahib, el satgurú de Soami Ji Maharaj. Tulsi nos ofrece una perspectiva del gran regalo que los maestros nos otorgan a las almas en lucha. Es el maestro el que nos guía tan generosamente en este sendero. Así que cuando sentimos que no podemos controlar nuestra mente, nos recuerda que el propio maestro ha venido a sacarnos del pantano de esta existencia mundana y llevarnos a casa. Él siempre está ahí para ayudarnos. Primero, el maestro nos inicia en el sendero, y luego nos toma de la mano y nunca nos abandona. Tulsi escribe:

Esa es la naturaleza de los santos, transportan las almas
  a través de este océano de existencia hasta su hogar verdadero…
El destino de este sendero es el amor,
  y llegar allí no es difícil;
porque el que elimina todas las dificultades,
  está ante ti
  y te ha tendido su mano9.

Las palabras de Tulsi están destinadas a inspirarnos en nuestra meditación. Siéntate a meditar con un estado mental positivo. Sé consciente del amor y la compasión del maestro. El amor por el maestro físico finalmente nos llevará al amor por el maestro interior, el Shabad, que es el maestro verdadero, y ese amor nos liberará.

Para terminar, recordemos tres aspectos importantes:

  • Suelta el borde de la rueda del cambio que gira constantemente y agárrate al eje. Suelta lo externo y agárrate al núcleo interno.
  • Cultivemos una actitud equilibrada y relajada, para que podamos vivir felices. Entonces vivir se convierte en algo tan fácil como hacer girar una pelota en la palma de nuestra mano.
  • Tercero, citando a Tulsi Sahib: “Aquel que elimina todas las dificultades está ante ti, y te ha tendido su mano”. No lo hagamos esperar más.

  1. Biblia, Salmos 46:10
  2. Mikhael Naimy, El libro de Mirdad, cap. 18, p. 124; cap. 19, p. 126
  3. Maharaj Charan Singh, Discursos espirituales, Vol. I, 1997, p. 61
  4. Maharaj Charan Singh, Spiritual Perspectives, Vol. III, # 265
  5. Ibíd, #258
  6. Ibíd, #218
  7. D.C. Lau & Roger T. Ames, Yuan Dao: Tracing Dao to its Source (first section of Huainanzi). NY: Ballantine Books, 1998, p. 113
  8. Ibíd, p. 7
  9. Tulsi Sahib, El santo de Hathras, 1a ed., 1996; p. 110