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Una misión clara

Con respecto a la naturaleza inestimable de la vida humana, Kabir Sahib dice:

Esta valiosa oportunidad
No la recibirás de nuevo.1

Diversos santos han empleado imágenes gráficas para representar, de manera simbólica, lo excepcional que es recibir un nacimiento humano. El problema, sin embargo, es que las almas nacen en este mundo, sin conocimiento ni consciencia alguna sobre el valor de este nacimiento, aparte de la creencia común de que hemos nacido con un intelecto para apreciar y disfrutar de esta vida. Así pues, las personas emplean el intelecto en cada oportunidad para poder vivir la experiencia de los placeres y gozos que el mundo nos ofrece.

La mayor fortuna que puede experimentar el ser humano es llegar a conocer el verdadero propósito de esta vida. El Gran Maestro, Maharaj Sawan Singh, se refiere a cómo hacer un buen uso de esta gran oportunidad:

Puedo asegurar que lo más afortunado en la vida de cualquier persona, sucede cuando este encuentra un propósito definido, un fin concreto, hacia donde avanzar. Me alegro de que hayas descubierto este fin y propósito determinado, pues no te decepcionará.2

El Gran Maestro aclaró este propósito:

Nuestra alma es una gota del océano de dicha, vida y energía, de la cual se separó hace miles de millones de eras. Es una extraña en esta tierra ajena llena de agonía y desconsuelo. No hay nada homogéneo aquí abajo en este mundo de tierra, agua, fuego y aire. A menos que regrese a su hogar original ancestral, sus penas y sufrimientos no pueden ni podrán cesar… Nadie jamás ha encontrado ni podrá encontrarle a Dios en el exterior.3

Sin embargo, debido a nuestra ignorancia acerca de esto, emprendemos nuestro viaje en esta vida mal equipados para tratar con el insondable e ilimitado océano de la vida, y con el modo de regresar a nuestro hogar original. En realidad, no disponemos de los medios para llegar a conocer la respuesta a esta cuestión crucial de la vida, sin la intervención de alguien que ya la conozca. El mero hecho de que hayamos nacido con el intelecto suficiente para entender el mensaje de tal persona, es de gran ayuda, pues nunca podríamos adquirir este conocimiento por nuestra propia cuenta. Este conocimiento es gracia, la pura gracia del Señor.

Además de la bendición de habernos revelado nuestro verdadero propósito, hay algo que debemos de hacer nosotros: tenemos que transformar ese conocimiento en experiencia. Y para ello comenzamos con la convicción interior de que podemos hacer lo necesario para lograrlo. Pero una vez más, también nos damos cuenta de que finalmente esta experiencia solamente puede lograrse por la gracia del Señor. Y sin embargo descubrimos que, aunque en realidad todo es su gracia, de alguna manera el requisito de nuestro esfuerzo está profundamente ligado a esa gracia. En una ocasión Baba Ji sugirió que debemos sentir que estamos trabajando en este proceso.

Así pues, pese a que necesitamos poner todo nuestro empeño en trabajar para ser conscientes de esa gracia, la mayor de las lecciones es que debemos encomendarnos a él al cien por cien para obtener su ayuda. Esta lección de vida consiste en que no podemos cumplir con este trabajo únicamente por nuestra cuenta. De hecho, al final la lección se resume así: solo él puede realizar este trabajo, o dicho de otra forma, él hará que este trabajo salga de nosotros.

El problema es que nuestro enemigo más poderoso, nuestro yo, no cederá. Por tanto, podríamos decir que el propósito de la vida se convierte en la tarea de ceder. Y como siempre, el maestro tiene una solución sencilla para hacer que cumplamos plenamente con nuestro cometido y le cedamos nuestro ego a él. Simplemente hace que nos enamoremos de él. Y es entonces cuando estamos dispuestos a hacer cualquier cosa por él, y tomamos refugio bajo su ala. Sus alas son firmes y nos pueden elevar al cielo, e incluso más allá, a reinos que ni siquiera podemos imaginar.

Todos los santos dicen que es él, y solo él, quien nos llevará ante el mismo Ser supremo. En ese momento el propósito de nuestra existencia quedará claro, y habremos alcanzado nuestra meta.

En Spiritual Perspectives, Hazur Maharaj Charan Singh describe este proceso de gracia y esfuerzo:

Estamos tan enredados en esta red de maya [ilusión], tan involucrados en los placeres mundanos y sensuales, que nunca pensaríamos en el Padre si no fuese por el anhelo que crea en cada uno de nosotros. Primero, mediante su gracia comienza a atraernos, para después hacernos dignos de recibir su anhelo, volvernos receptivos al mismo, y que nos ocupemos de él, es decir, que intentemos lograr nuestro destino.4

Esta afirmación de Maharaj Ji pone de manifiesto, de manera muy clara, que el proceso completo, sea cual sea, es instigado y llevado a cabo a través de la gracia del Padre. Continúa diciendo en la misma carta:

Por medio de su gracia, regresamos a él. Entonces, ¿quién lo está llevando a cabo? ¿Acaso no está él venerándose a sí mismo a través de nosotros?… Él … nos brinda la compañía de los santos y los místicos y nos da la inquietud de unirnos con él: hace que nos sintamos tan inquietos que día y noche pensamos en él… De modo que cuando alcanzamos nuestro destino, ¿quién adora a quién? A través de nuestro cuerpo, él se venera a sí mismo, ya que sin su anhelo y su gracia, sin que él nos haga receptivos, sin que él nos conceda las oportunidades y las facilidades de meditar, nadie podría lograr nada.5

Cuando encontramos a un santo, a un maestro verdadero, nos sentimos atraídos a aprender todo lo que podemos. Él crea en nosotros el deseo de poner en práctica lo que enseña, y nos motiva aún más al decirnos que de este modo podemos alcanzar la misma meta que él ya ha conseguido. Hay un antiguo proverbio que dice que tienes que encontrar un profesor que ya haya experimentado todo lo que te va a enseñar, y que después tienes que realizar el esfuerzo de experimentarlo por ti mismo, pues de lo contrario todo es hipotético. Así pues, la fórmula para la vida es: aprender sobre el Nam o Shabad a través de alguien que tenga conocimiento en esa materia, y hacer todo lo posible para poner en práctica lo que él quiere que hagamos. Ese alguien es nuestro maestro.

El Gran Maestro cita a Gurú Arjan Dev acerca de la naturaleza de un maestro:

Un maestro es un amante de Dios. En él se encuentran infinitas corrientes de amor verdadero. Es la forma física de ese amor. Amarle es encontrar el medio más importante para desarrollar el amor por Dios, pues él es una manifestación de Dios y su corazón está lleno de amor por él. Su rostro resplandece con la luz y energía de Dios. Contemplándole, aumenta el amor y anhelo por Dios. Amar a tal persona es amar a Dios mismo, porque amándole siempre recordamos a nuestro Señor.6

Guru Nanak identifica los atributos principales del único poder interior que se encuentra en cada uno de nosotros:

Nam, luz, melodía, maestro, amor.

En su forma verdadera, el maestro es luz, melodía y amor. Y ha establecido su morada en el interior de nuestro ser. Podemos acudir siempre a él para refugiarnos en él, en cualquier momento durante el largo viaje espiritual, durante el proceso en el que estamos intentando poner en práctica lo que nos enseña.

Si vamos hacia el interior bajo la guía de nuestro maestro, nuestra conciencia interior descubrirá la asombrosa melodía y luz que son la forma verdadera del maestro, cuya composición es la del amor puro. Si confiamos en él y nos volvemos hacia él, se convertirá en nuestro piloto en este mundo y nos pondrá en contacto con el poder del Nam. El Nam nos permitirá trascender las ataduras, el dolor y el sufrimiento de este mundo. De esta manera, nuestro viaje en este mundo cobrará un propósito, con una misión clara que alcanzar en esta vida. Esto lo aclara Dariya Sahib de forma muy bella:

Practica la devoción y cultiva el conocimiento verdadero,
Y bendita será tu vida en el mundo.
Nunca volverás a caer
Al pozo oscuro del mundo.

La divinidad estará a tu alcance
Y cruzarás el océano del mundo.
Irás más allá del ciclo de la vejez y la muerte,
Y no regresarás al vientre materno
  para nacer de nuevo.

Despierta de verdad, dice Dariya,
El satgurú ha realizado esta amable declaración.
Oh hombres, y mujeres, ofreced vuestra devoción
Ante el sagrado polvo reconfortante de los pies de loto del satgurú.7

Asombroso es el Creador que ha diseñado este cuerpo.
La forma humana es la cima de la creación completa.
Tu eres el espejo precioso, oh hermano;
El Señor revela su forma en tu interior.8

A pesar de todo lo que se ha dicho acerca de nuestro objetivo, si examinamos nuestras acciones detenidamente, tendremos que reconocer que todavía atienden principalmente a las metas mundanas del corto plazo, incluso después de haber sido iniciados. Los santos nos recuerdan que nada de este mundo nos acompañará tras la muerte, pero somos como las personas que dedican todo su tiempo a un negocio cuyo fracaso es inminente. Y cada acción que realizamos exige su propio precio kármico. Baba Ji nos exhorta a que nos preguntemos: ¿qué destino hemos elegido para nuestras vidas? ¿Acaso lo tenemos presente y hacemos siempre todo lo posible por lograrlo?

La simple esencia de nuestro trabajo espiritual la podemos encontrar en la Biblia, Salmo 46: “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios”.

Dariya Sahib también hace referencia a esta quietud, o estabilidad, de la mente:

Al haber logrado la estabilidad de la mente,
  se obtiene una sabiduría profunda,
que se denomina la manifestación del Nam,
  el verdadero diamante. 9

El simran que a la hora de la iniciación está diseñado para aquietar a la mente. Cuando la mente está completamente ocupada con las palabras sagradas, no hay lugar para el mundo. Al dejarnos “llevar con el simran” en la meditación, repitiendo cada Nombre con atención y con confianza en el método y en el maestro, advertimos cómo la mente tiende a aquietarse. Las incesantes oscilaciones de nuestra atención se calman momentáneamente por esa atracción concentrada, y podemos sentir “la paz de Dios, que va más allá de todo entendimiento”.10 La dulzura del maestro interior, aunque todavía invisible para muchos de nosotros, está siempre en funcionamiento, y atrae a nuestro corazón espiritual, hacia el interior y hacia arriba. Esto es verdadero amor en acción: el afecto entre la Fuente y el alma. Y precisamente se trata de eso: amor, puro amor.

Aquí y ahora, sin embargo, por medio del hábito –y a pesar de conocer la importancia crucial del simran y de la meditación–, la mente permanece con la atención puesta principalmente en el mundo exterior. Así que podría pasar bastante tiempo antes de poner en práctica realmente sus instrucciones, y convencernos de que hay que seguir adelante pese al aparente fracaso.

Por consiguiente, nos tienen que recordar constantemente esa visión global y nuestro verdadero objetivo en la vida. Cuando, por su gracia, aprendemos a concentrar la mente completamente en el interior, retiramos la conciencia del mundo exterior físico, y se abre la puerta a las regiones elevadas de conciencia. Hemos embarcado en un largo viaje interior que nos conduce a la reunión con Dios bajo la guía del maestro. No obstante, no somos nosotros los que logramos algo, aunque lo que quizá sí “logremos” es la humildad de caer en la cuenta de que no podemos hacer nada por nuestros propios medios, pues al final todo se debe a su gracia. Todo es su gracia, todo.

Lo que los santos nos revelan sobre el papel que juega el esfuerzo es que una “sabiduría profunda” es el fruto excepcional de atender a la meditación. En ausencia de esa experiencia interior, la única experiencia directa que podemos tener del Nam en este plano material en su divinidad pura, es con la forma física de un maestro verdadero. Esta idea viene respaldada por una serie de extractos de citas de Filosofía de los Maestros, Volumen V:

El gurú … es un poder que se manifiesta en este cuerpo de forma temporal. … [Él] es un hombre perfecto … la culminación de la evolución espiritual del ser humano. … Él es la vida del universo. … la personificación de la verdad o la realidad en forma humana. … Él es la cima de la creación. No hay nadie mejor que él. No hay nadie más elevado que él, ni aquí ni en el más allá. … Vive en este mundo irradiando amor … La combinación de poder con diligencia y humildad, y de sabiduría con amor … atributos que solo pueden hallarse en un satgurú … Un gurú perfecto … tiene el poder de llevar a otros a la región más elevada.11

Vamos a repetir nuestra cita anterior, en la que Maharaj Ji decía:

Por medio de su gracia, regresamos a él. Entonces, ¿quién lo está llevando a cabo? ¿Acaso no está él venerándose a sí mismo a través de nosotros?… Él … nos brinda la compañía de los santos y los místicos y nos da la inquietud de unirnos con él: hace que nos sintamos tan inquietos que día y noche pensamos en él… De modo que cuando alcanzamos nuestro destino, ¿quién adora a quién? A través de nuestro cuerpo, él se venera a sí mismo, ya que sin su anhelo y su gracia, sin que él nos haga receptivos, sin que él nos conceda las oportunidades y las facilidades de meditar, nadie podría lograr nada.12

Dijo Maharaj Ji: “Realmente él se venera a través de nosotros; nosotros somos simples marionetas”.13 Muchos místicos han explicado la creación simplemente como como el Señor que se venera a sí mismo a través de nosotros. Esta adoración transforma a un ser humano en el Señor mismo, que es el objetivo supremo de la vida aquí en la tierra que se manifiesta a través de lo que denominamos su creación.

Sin embargo, aún no hemos llegado a ser sus amantes; todavía no nos sentimos como marionetas, como herramientas en sus manos. Pero cuando caigamos en la cuenta de que lo somos, nos invadirá una sensación de asombro ante su juego de la dualidad. El Gran Maestro revela en Filosofía de los Maestros que finalmente observaremos que todo es él, y todo es uno:

Un verdadero amante es un fiel creyente en la unicidad de Dios y un verdadero discernidor de la joya de su no-dualidad.14

Rumi escribe acerca de la singularidad de la dualidad y la unicidad:

Su descripción no está confinada dentro del intelecto, pues él es la coincidencia de los opuestos. ¡Una composición maravillosa sin composición! Asombroso e ineludible ser que actúa libremente.15

Por último, dice Mirdad:

La dualidad no es un castigo, sino un proceso inherente dentro de la naturaleza de la unicidad y necesaria para la revelación de su divinidad.16

¡Qué objetivo y proceso espiritual nos han descrito los santos en sus escrituras! ¡Y qué propósito tras todo ello!


  1. V.K. Sethi, Kabir: The Weaver of God’s Name, 1st ed., p.422
  2. Maharaj Sawan Singh, Joyas Espirituales, #208.
  3. Ibid., p.viii
  4. Maharaj Charan Singh, Spiritual Perspectives, Vol. II, #504
  5. Ibid.
  6. Maharaj Sawan Singh, Filosofía de los Maestros, Vol. II, 7th ed., pp.146–47
  7. K.N. Upadhyaya, Dariya Sahib: Saint of Bihar, pp.159–60
  8. Dariya Sahib, p.166
  9. Dariya Sahib, p.75
  10. Bible, Phillipians 4:7 (NKJV)
  11. Maharaj Sawan Singh, Filosofía de los Maestros, Vol. V, 4th ed., selections from pp.113–116; 74
  12. Spiritual Perspectives, Vol. II, #504
  13. Recorded February 26, 1982
  14. Filosofía de los Maestros, Vol. II, 3rd ed., p. 171.
  15. The Sufi Path of Love: The Spiritual Teachings of Rumi, tr. William C. Chittick, Diwan 26832, p.50
  16. Mikhail Naimy, The Book of Mirdad, p.154