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Muerte

En la maravillosa epopeya hindú, el Mahabharata, le preguntan al sabio Yudhisthira: “De todas las cosas de esta vida, ¿cuál es la más asombrosa?”.

Pensémoslo nosotros mismos por un instante: “De todas las cosas de esta vida, ¿cuál es la más asombrosa?”.

Yudhisthira responde: “Que el hombre, al ver morir a los demás a su alrededor, nunca piensa que él también vaya a morir”1.

La forma en la que pensamos sobre nuestra propia muerte física determina de manera fundamental nuestra percepción de la vida y consecuentemente cómo vivimos, qué decisiones tomamos y cuáles dejamos de tomar, y probablemente, lo más importante de todo es nuestra actitud hacia la práctica de la meditación. Entonces, ¿cuál es nuestra relación con la muerte, nuestra propia muerte física? Antes de leer las sabias palabras del maestro, hagamos un experimento reflexionando por un momento sobre dos situaciones distintas.

Consideremos la primera situación: ¿cuáles son las implicaciones si supiéramos, sin ninguna duda, que moriremos dentro de un mes? Pensemos por un instante e imaginémoslo. ¿Cómo pensaríamos, sentiríamos y actuaríamos ahora mismo si supiéramos con certeza plena, que dentro de un mes, nuestro tiempo en la tierra expirará y moriremos de manera natural, pacífica pero repentina? Si fuese el caso, ¿cómo pasaríamos los últimos días? En otras palabras, si adoptamos la creencia de que pronto, sin ninguna razón, moriremos, ¿cómo cambiaría nuestra perspectiva sobre esta increíble vida que estamos viendo ahora mismo? ¿Cómo cambiaría nuestra apreciación de las valiosas oportunidades que hoy tenemos con nuestro satgurú vivo, que nos apoya con entusiasmo y nos instruye sobre cómo vivir más allá de nuestra muerte física?

El desafío de nuestro maestro es que somos muy difíciles de enseñar e instruir porque de alguna manera no creemos que necesitamos sus instrucciones en este momento, ¡porque no tenemos planeado morirnos ahora! Si realmente estuviésemos preparados para morir pronto, nuestra motivación para morir diariamente en nuestra meditación sería un poco más intensa de lo que es ahora mismo.

Si supiéramos que nuestro tiempo se ha acabado con seguridad –en un mes, en exactamente 720 horas– percibiríamos cada segundo de nuestra preciada vida con un valor mucho mayor, y nuestras prioridades serían mucho más precisas de lo que son ahora. Nos concentraríamos intensamente en coger la mano de nuestro gurú con tanta fuerza, que no podríamos imaginar ni siquiera un momento en el que no estuviéramos conectados con nuestro querido maestro.

¿Nos preocuparíamos por problemas de dinero, propiedades, relaciones, desastres mundanos, familia, etc.? Realmente, no. Nos preocuparíamos y nos centraríamos en desprendernos de todos los problemas del mundo, para centrarnos y unificarnos con el espíritu, el Shabad, la fuerza vital que es el alma de nuestro universo. Esta es la fuerza vital que no muere, pero que abandona el cuerpo cuando morimos, y con la que nuestro maestro se identifica verdaderamente. Él nos enseña todos los días como conectar con esa fuerza vital.

¿Consiguió algo este experimento de pensar? ¿Te influyó en algo? ¿Lograste una idea de cómo tu tiempo puede ajustarse si cambias tu percepción sobre el momento de tu muerte? Fue solo un experimento, pero ahora vamos con la segunda parte.

Ahora imaginemos que nos han garantizado que no dejaremos la creación por lo menos durante 20 años más, que es cuando expirará nuestro tiempo establecido en este mundo. En comparación con el primer experimento, ¿cambiaría algo en nuestra forma de ser actualmente esta promesa imaginaria de los 20 años, o las 172 800 horas más de vida en la forma física? ¡Probablemente no lo haría!

La cuestión es que cuando hacemos que nuestra propia muerte física sea más cercana a nosotros, nos hace ser más agudos, más vulnerables, más pequeños, más insignificantes, y mucho más centrados sobre lo que está vivo, lo que es importante y lo que es relevante para nosotros en el corto espacio de tiempo que tenemos nuestro cuerpo en esta creación. También nos damos cuenta de que cuando aplazamos nuestra muerte, o quizás incluso la “cancelamos”, nuestra participación y apego al mundo aumenta hasta tal punto, que puede ser a expensas de nuestro enfoque y compromiso en nuestra relación con el maestro. Nuestra práctica de la meditación puede perder su urgencia, porque vivimos en la ilusión de que disponemos de un tiempo interminable.

Nuestro desafío es que no sabemos cuándo se agotará nuestro tiempo y cuándo la muerte nos sorprenderá. Puede ser esta semana, este mes, en 20 años, 40 años o más; solo Dios lo sabe. En Spiritual Perspectives, Vol. III, Maharaj Ji afirma de la manera más clara posible: “Cuando el alma deja el cuerpo; esa es la muerte física”2.

Recientemente, un amigo me contó una historia sobre la muerte que llegó repentinamente. Un joven perdió sus dos mejores amigos muy pronto en la vida. Una pareja, ambos de 21 años, murieron instantáneamente en un accidente de coche causado por un conductor borracho. Lloró y lamentó sus muertes durante días. Además de la tristeza ocasionada por la pérdida de dos de sus mejores amigos, por primera vez en su vida se dio cuenta de su propia mortalidad de una forma muy realista. Cuando observó a esta joven y hermosa pareja, cada uno tumbado en su propio ataúd, uno junto al otro antes de que fueran incinerados, empezó a comprender claramente la diferencia entre el cuerpo físico y el alma. Mientras sus cuerpos yacían en sus ataúdes, jóvenes y bellos, supo que el espíritu que conoció de estas dos personas había desaparecido por completo. Experimentó que la vida real o la corriente del alma de sus amigos había desaparecido, dejando atrás sus cuerpos fríos y sin vida. Sus amigos se habían ido, a pesar de que sus cuerpos yacían justo delante de él. Paramhansa Yogananda dijo lo siguiente en su lecho de muerte:

La muerte es solo un experimento que tiene por objeto enseñarte una gran lección: que no puedes morir3.

¿Cuál es la sabiduría que los maestros espirituales comparten con nosotros sobre la muerte y sobre lo que no muere? Dice Tukaram:

¡Me sorprende la gente de este mundo!
¿Cómo es que nunca piensan
  en su propio bienestar?
Parecen tan seguros de sí mismos,
¿pero quién les ayudará en su último día?
¿Por qué están despreocupados?
¿Qué respuesta le darán
  al mensajero de la muerte?
¿Acaso se han olvidado de que van a morir?
¿De qué están tan contentos?
¿Qué les ocurre?
¿Acaso hay algo que no puedan hacer?
¿Por qué no recuerdan al Señor
y se liberan de las ataduras?
¡No les costará nada!4

Es un poema maravilloso lleno de provocación, desesperación, asombro y un llamamiento de urgencia. Es un poema que nos llama a ver claramente que debemos ser humildes con respecto a nuestra muerte. Nuestra muerte llegará mucho antes de que lo podemos imaginar, y debemos de empezar a prepararnos para nuestro último día, ahora mismo. Gurú Nanak dice:

La muerte no es más que un portal al nacimiento.
Nada de lo que vive realmente muere, únicamente cambia de forma.
Cuando el cuerpo de un hombre está cansado,
  el alma abandona el cuerpo
  para recibir prendas más nuevas.
Así pues, continúa la gran obra de Dios;
  de eternidad en eternidad5.

En el prefacio del libro Muere para vivir se dice:

“Muere para vivir y vive para siempre”, como nos dice nuestro maestro. Los satsanguis, sus iniciados, diariamente mueren a este mundo en su meditación. Diariamente se preparan para esa salida inevitable. Pero ahora, con su maestro siempre con ellos, viajan internamente a esas regiones de luz y sonido a través de las esferas celestiales de la creación, de regreso al nivel del Padre, de vuelta a su divino origen6.

La explicación en Sant Mat es que morimos al mundo para poder liberarnos, vivir para siempre y fundirnos con nuestro divino Padre. Por lo tanto, centrémonos y preparémonos para morir a los aspectos insignificantes y contraproducentes de nuestra vida. Tenemos que eliminar las distracciones. Tenemos que erradicar nuestra falsa percepción de las cosas a las que prestamos nuestra atención. Tenemos que estrangular nuestra concienciación miope que hace que perdamos nuestra perspectiva sobre dónde debe estar nuestro enfoque de la vida. Debemos domar nuestra atención cuando nos sentamos en meditación profunda y concentrada, y así ser capaces de morir total y completamente al mundo. De lo contrario, nunca tendremos éxito en la promesa que le hemos hecho a nuestro maestro.

En las respuestas de Maharaj Ji a las preguntas relacionadas con la muerte en Spiritual Perspectives, sigue repitiendo que dejar ir nuestros apegos es uno de los aspectos más difíciles del proceso de morir. Cuando morimos, nuestra habilidad para desapegarnos se pone a prueba en última instancia. Es una prueba en la que se revelan nuestras verdaderas prioridades. ¿Podemos dejar atrás nuestros apegos de este mundo, del que nos hemos hecho parte, o estamos tan apegados que tenemos que regresar y renacer?

Tal y como se nos dice, la meditación es una herramienta, es la respuesta, la práctica que nos permitirá aprender a morir un poco más cada día. La meditación no es más que una repetición incesante de dejar el mundo y centrarnos en el alma y el Shabad en el interior. Como nos recuerda el maestro, el alma esta dentro y el maestro también está allí, esperándonos. Solo tenemos que morir hacia el mundo y sus distracciones para poder sumergirnos en la paz y armonía y convertirnos en uno con el Shabad. La meditación no es más que una preparación diaria para la muerte.

En una pregunta sobre la muerte, se le preguntó a Maharaj Ji:

Como resultado de la meditación, ¿es cierto que nuestra alma se desapega en el momento de la muerte?

Él responde:

Hermana, por eso se nos dice que lenta y gradualmente tenemos que retirarnos al centro del ojo. Si pones una tela fina sobre un arbusto espinoso, y tiras de ella de una vez, rasgarás la tela. De manera similar, si de repente te retiras al centro del ojo, se vuelve muy doloroso. Por esta razón los santos siempre nos aconsejan: lentamente, gradualmente intenta retirarte. Quita la tela de espina en espina y podrás salvar toda la tela. Es decir, este proceso es muy lento. Y así no es nada doloroso. Pero si de repente tienes que retirarte, naturalmente será doloroso. Por lo tanto, siempre se nos aconseja que intentemos retirarnos lentamente7.

Para subrayar la seriedad que conlleva este desafío de dejar ir nuestros apegos mundanos, Maharaj Ji sigue explicando cómo, ni siquiera el entrenamiento de una meditación enfocada, es suficiente para cortar nuestro vínculo con la creación. Nos dice en respuesta a otra pregunta:

Si no estamos apegados a nada en este mundo, nada nos puede traer de vuelta, aunque nuestra meditación sea insignificante. Si, por otro lado, estamos apegados a esta creación –a sus objetos y a sus rostros– aunque tengamos mucha meditación en nuestro haber, volveremos8.

¿No es este el mensaje entonces de que es realmente difícil dejar el mundo? ¿Pero acaso no lo sabemos ya? Deberíamos seguir adelante y usar sabiamente nuestro tiempo mientras vivimos para que al menos hayamos hecho todo lo que está en nuestro poder y no hayamos perdido nuestro tiempo en las distracciones mundanas. De lo contrario, podemos vivir la mentira de que la muerte no nos llegará pronto. No pensar seriamente y no prepararnos para nuestra propia muerte puede ser a lo que se refiere Tukaram cuando exclama: “¿Qué les ocurre?”.

Aquí está el consejo de dos meditadores sobre la razón por la cual tenemos que enfrentarnos a nuestra propia muerte y prepararnos sabiamente. Swami Muktananda dice:

Si uno quiere morir en paz,
debe de empezar por ayudarse a sí mismo
mucho antes de que llegue el momento de morir9.

Finalmente, Milarepa, un gran santo tibetano, dice:

¡Deberías procurar estar listo para morir!
Estate seguro y preparado; para que cuando llegue el momento,
no tengas miedo ni arrepentimiento10.

Así pues, ¡preparémonos para la muerte haciendo nuestra meditación y sintonizándonos con el Shabad ya!


  1. Sushila Blackman, Graceful Exits: How Great Beings Die, Colorado: Shambhala Publications, 2005, p. 7
  2. Maharaj Charan Singh, Spiritual Perspectives, Vol. III, Beas: RSSB, 2010, #468
  3. Graceful Exits, p. 92
  4. Chandravati Rajwade, Tukaram: The Creaseless Song of Devotion, Beas: RSSB, 4th ed., 2010, p. 97
  5. Graceful Exits, p. 97
  6. Maharaj Charan Singh, Muere para vivir, p. vii
  7. Spiritual Perspectives, Vol. III, #456
  8. Ibid, #459
  9. Graceful Exits, p. 106
  10. Ibid, p. 123