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Coches aparcados alrededor del templo en Alhaurín de la Torre.

Un gurú indio convoca a miles de personas de toda Europa

(El Mundo, España, 28 de abril, 2014) — Senderistas con mochilas ligeras, ciclistas por las carreteras vacías muy de mañana y señales por Churriana con el cartel provisional que ponía RSSB. Siguiendo las indicaciones se llegaba a la explicación de un fin de semana con las calles de Torremolinos repletas de indios, mostrador de información en el aeropuerto para ellos incluido: la cita, como cada año par, último fin de semana de abril, con el Baba Gurinder Singh Ji Dhillon, un gurú que es actualmente la cabeza visible de Radha Soami Satsang Beas, de ahí las iniciales de RSSB. El hombre que lleva dos décadas enseñando el Sant Mat, el camino de los santos.

Muchos vecinos de la zona ignoran que en el cruce de Zapata, en Alhaurín de la Torre, esta sociedad espiritual con la sede principal en el Punjab indio tiene un templo de meditación capaz de albergar a las 4.000 personas que durante los últimos tres días han acudido a escuchar a su maestro espiritual, con la barba más recortada que en las únicas fotos robadas que circulan por internet. Estaban prohibidos los móviles, las fotos y tomar notas. Los coches seguían las indicaciones de voluntarios para dejarlos en filas perfectas en unas praderas inmensas que, durante todo el año, cuidan seguidores de esta filosofía que trata de extender la meditación como forma de llegar a un Dios al que no ponen nombre. Ni Buda, ni Alá, Krishna o Jesucristo. De hecho, según ha explicado uno de los voluntarios ayer, español, él compatibiliza su fe católica con el camino que le marca Gurinder Singh de meditación y responsabilidad individual.

A la puerta del acto este domingo había un coche de la Guardia Civil y también una ambulancia como marcan las reglas de celebraciones de esta magnitud. No hubo ningún político, eso sí, que allí no había mucho voto que pescar o fotos, como en las salidas de la procesiones. La organización era perfecta, con filas de asientos con traducción simultánea disponible. Entre los voluntarios, caras conocidas de la importante colonia india de la Costa del Sol, que suele llevar a sus hijos a colegios británicos de la costa. A las nueve de la mañana, el templo estaba casi lleno. Media hora más tarde, se interrumpía la música india de fondo y subía a un estrado austero, con cortinas azules de fondo, el gurú acompañado de una señora. Nadie aplaudió ni se levantó. A ambos lados del estrado, el primer plano de Gurinder Singh, muy serio, en dos pantallas enormes, mientras la señora iba explicando en qué consistía el camino de meditación que emprenden los seguidores de este asociación. A la cita de ayer estaban llamados los discípulos de Gurinder Singh de varios países europeos, latinoamericanos pero no británicos: «Si vienen de Londres llenan esto ellos solos», explicaba un seguidor español.

El público indio que había en la sala era una muestra significativa de lo que encuentras ahora mismo en la India: jóvenes muy modernos, con señoras mayores que siguen usando vestidos tipo kurtas. Chicas con sandalias con tiras de pedrería, con occidentales que han adoptado la estética india y llevaban por encima de los hombros pañuelos y camisas de estampados típicos de allí. En el parking, se mezclaban coches modestos con modelos muy exclusivos, una muestra de la pujanza de una comunidad que lleva décadas haciendo negocios en la Costa del Sol. De hecho, en su vida anterior a ser gurú espiritual, Gurinder Singh fue vendedor en España.

Las respuestas de Singh llevaban siempre a la necesidad de permanecer concentrados en la vida. Hablaba en inglés de «focus» que, curiosamente, también es el título del libro de Daniel Goleman, autor del best seller de Inteligencia Emocional. En el Sant Mat, según se deduce de las explicaciones del gurú, se le da mucha importancia a la responsabilidad individual y a las dos horas y media de meditación diarias. Los seguidores se comprometen a llevar una vida moral recta, a ser vegetarianos y a meditar dos horas y media al día. Precisamente esa exigencia fue ayer objeto de varias preguntas de los asistentes. Entre los que preguntaban, todos en inglés, hubo señoras que se echaron a llorar e imploraron por la bendición del gurú. Otras señoras indias, profesionales de la costa, explicaban que «sólo una pequeña proporción de sus seguidores lo idolatran».

Todos los domingos hay una conferencia sobre el Sant Mat y luego un grupo de unos 40 voluntarios se quedan al cuidado de las instalaciones, con árboles perfectamente podados y praderas cuidadas. La semana que viene, Gurinder Singh estará ya de vuelta en Beas, en el Punjab, un pequeño pueblo donde de vez en cuando son capaces de acoger a 250.000 visitantes que acuden a escucharle. Ayer, en un polígono industrial del Valle del Guadalhorce, se dieron cita 4.000, y quedó explicado por qué durante días, por Torremolinos, las calles estaban llenas de indios llegados de toda Europa.