Meditación
Verdadero es el maestro, verdadero es su Nombre,
repítelo con amor infinito.
La gente ruega y reza: “Danos, danos”,
y el gran dador concede sus dones.
Entonces, ¿qué ofrenda podemos presentar ante él,
que nos permita ver su corte?
¿Qué palabras podemos pronunciar para evocar su amor?
En las horas de ambrosía antes del amanecer,
repite el Nombre verdadero
y contempla su gloriosa grandeza.
Gurú Nanak Dev288
Cuán afortunados somos de haber llegado al refugio de un maestro verdadero! Qué afortunados somos si hemos sido bendecidos con la oportunidad de sentarnos en silencioso recuerdo y ofrecer nuestro amor. Los místicos nos dicen que este es el servicio más elevado y el más preciado para el Señor.
La meditación no es solo una actividad que hacemos de vez en cuando; es un proceso de toda la vida para inclinar la mente hacia el amor:
En potencia cada alma es Dios, pero tenemos que convertirnos en Dios; tenemos que alcanzar ese nivel de consciencia. En potencia, cada gota es el océano, pero la gota tiene que evaporarse, convertirse en nube y caer en forma de lluvia antes de unirse al océano.
Maharaj Charan Singh289
No importa cuánto anhele la gota ser una con el océano, no puede llegar directamente a él. Hay un proceso en marcha. Debe deslizarse desde debajo de la roca y someterse al calor del sol. Esto es todo lo que se requiere de ella: simplemente volver su atención hacia el sol y volverse receptiva. El sol hace el resto: la separa de la suciedad e impureza, la eleva hasta las nubes, y luego la deja caer para que se funda con el océano. Cuando meditamos, esto es lo que hacemos: nos hacemos receptivos al proceso. El maestro hace el resto.
A través de la meditación, nos volvemos dignos de su gracia y receptivos a su amor.
Maharaj Charan Singh290
Ninguna acción física puede reemplazar el papel de la meditación en este proceso, porque aquel con quien deseamos fundirnos no es físico:
El maestro no es el cuerpo, es el Shabad interior. ¿Cómo podríamos fundirnos en ese Shabad sin la meditación?
Maharaj Charan Singh291
Dado que la meta no es física, el cuerpo no tiene ningún papel que desempeñar en la meditación, salvo no distraer a la mente. Por lo tanto, durante la meditación, el cuerpo se lleva a un estado de quietud absoluta. La mente, por otro lado, tiene el papel principal en este proceso. La meditación es la práctica de volver la mente hacia dentro y llevarla también a la quietud. El salmista bíblico cantó: “Estad quietos y sabed que yo soy Dios”292. Con el cuerpo y la mente en calma, nuestra atención se retira del mundo de los sentidos y se vuelve receptiva al poder del Shabad que reverbera en nuestro interior, y el alma queda libre para elevarse:
La tendencia natural del alma es elevarse, puesto que es un pájaro cuyo origen no es este mundo material. La mente y el cuerpo hacen que permanezca aquí abajo. La crema en la leche sube automáticamente cuando se deja reposar la leche. Cuando el cuerpo y la mente se inmovilizan, el alma empieza a subir hacia el foco.
Maharaj Sawan Singh293
Todo lo que hacemos en la meditación es para la mente. El alma ya ama; es la mente la que está aprendiendo a amar:
Verás, en realidad la meditación, el amor que estamos tratando de desarrollar, es para la mente... Cuando la mente llega a su propia fuente, de forma automática el alma va al Padre, porque ya está llena de amor por el Padre... Por lo tanto, todos nuestros esfuerzos en la meditación son para crear amor, devoción y fe; todo es para la mente294.
Sin embargo, paradójicamente, la meditación también la hace la mente. La meditación es donde el seva de la mente encuentra su máxima expresión. Una vez, un buscador le escribió al Gran Maestro preguntándole qué método había practicado para ir al interior. El Gran Maestro respondió:
Conseguí las instrucciones de mi propio gurú y él me enseñó el método exacto. Ese método es el mismo que utilizan todos los santos; consiste simplemente en concentrar la atención, manteniéndola imperturbable en un centro concreto, el foco del ojo. ¿Qué más puedo decir? Todo consiste en que la atención no fluctúe. Cada rayo de atención tiene que concentrarse y mantenerse allí295.
Esta es la esencia del proceso meditativo: desarraigar cada rayo de nuestra atención del mundo físico y trasplantarlo al mundo interior, para reenfocar la mente en el interior y luego mantenerla quieta en el “centro indicado”. Este mismo método de meditación nos lo enseñó nuestro maestro y tiene tres componentes: simran, dhyan y bhajan.
Simran, la práctica de repetir en silencio los cinco nombres dados por el maestro en la iniciación, saca nuestra atención fuera de este mundo y la eleva hasta el centro del ojo. Dhyan, la práctica de la contemplación de la forma del maestro, mantiene nuestra atención fija en el centro del ojo. El simran y el dhyan se practican simultáneamente; ayudan a enfocar la mente y llevarla a la quietud, para que pueda sintonizarse con el Shabad que resuena en el centro del ojo. Luego, mediante la práctica del bhajan, escuchamos la melodía divina del Shabad y respondemos a su atracción interior.
Pero el Shabad no atrae la conciencia del alma hasta que todos los rayos de atención se han reunido en el centro del ojo, y para lograrlo, la disciplina del simran es esencial. Hazur explica la profunda relación entre el simran y el bhajan:
A menos que lleguemos al centro del ojo, no podremos estar en contacto con el Shabad interior, y a menos que estemos en contacto con el Shabad interior, nada nos atraerá hacia arriba. Si queremos que un imán atraiga a un aguja, tendremos que llevar la aguja a la zona de influencia del imán para que pueda atraerla. El simran es un método para retirar la consciencia al centro del ojo, para que luego el Shabad pueda atraerla hacia arriba296.
La meditación regular, practicada diariamente durante al menos una décima parte del día, en la privacidad del hogar y en la intimidad del corazón, es nuestro primer y principal servicio, nuestro “verdadero” seva:
Seva significa ese servicio que se hace para complacer al maestro, y lo que más complace al maestro es que hagamos nuestra meditación. Retirar la consciencia al centro del ojo y conectarla con el sonido es el verdadero seva.
Maharaj Charan Singh297
El seva de la mente
El seva de la mente, conocido como man seva, juega un papel fundamental en todo el proceso de la meditación. En primer lugar, actúa como un puente que conecta el seva exterior con el seva interior. El seva con el cuerpo y con la riqueza, cuando se realiza con el espíritu del seva de la mente, nos prepara para la meditación: ablanda el ego, nos hace más humildes, nos llena de amor y anhelo por el maestro, y crea en nosotros el deseo –la intención– de meditar.
En segundo lugar, el seva de la mente fortalece nuestra determinación de sentarnos a meditar: transforma esa intención en acción. El seva de la mente es el que nos lleva a sentarnos a meditar cada día, el que nos mantiene allí durante todo el tiempo, el que nos ayuda a estar quietos, a repetir los nombres y estar en silencio, y escuchar en nuestro interior.
Por último, el seva de la mente nos ayuda gradualmente a dejar atrás actitudes negativas hacia la meditación –el análisis, las expectativas, el juicio, la frustración, la comparación, la preocupación y el miedo–, y en su lugar a practicarla con actitudes positivas como la humildad, la entrega y la ausencia de ego.
Hazur sugiere una hermosa actitud de exploración y apertura en el viaje interior:
Para tener éxito en la meditación, el aspirante debe iniciarla con la determinación de explorar sus posibilidades. No debe empezar con reservas, sino estar dispuesto a ir a donde le lleve, sin expectativas. La esencia de la meditación es la concentración en un solo punto para fundirse en el Shabad, excluyendo cualquier otro pensamiento, incluso cuando estos resulten atractivos298.
Está claro que la disposición con la que realizamos nuestra meditación es importante. Podemos elegir meditar con desgana o con positividad y alegría. Las actitudes que elijamos tendrán resultados diferentes. Así que el papel del seva de la mente en la meditación –crear la determinación de sentarse y elevar la actitud con la que nos sentamos– merece una exploración más profunda.
La determinación de sentarse
La iniciación por parte de un maestro verdadero es un acontecimiento de una trascendencia incalculable. Hazur dice:
Esta iniciación no es simplemente una ceremonia. El Señor te ha hecho suyo. Te ha elegido para la liberación eterna y desea que vuelvas a él299.
Servimos con la mente cuando asumimos la meditación con la conciencia de la magnitud del regalo que hemos recibido. Y cuando llevamos a nuestro seva interior algunas de las mismas cualidades que cultivamos y perfeccionamos en el seva exterior: responsabilidad, dedicación, autodisciplina, obediencia, y la determinación de escuchar de verdad.
Meditar con responsabilidad es ser conscientes de que cuando fuimos iniciados asumimos un compromiso solemne con el maestro. Ahora nos corresponde a nosotros honrarlo, todos los días, para el resto de nuestras vidas. Es cierto que, en el momento de la iniciación, el maestro también hizo un compromiso: llevar nuestra alma de regreso al Señor. Y él cumplirá su parte; como solía decir el Gran Maestro, no hay fracasos en el sendero del Sant Mat. Pero eso no significa que no tengamos nada que hacer, ni que el maestro lo hará todo por nosotros. Hazur aclara que la aseveración del Gran Maestro depende de nuestro esfuerzo.
El fracaso significa que he hecho todo lo posible por hacer la meditación, pero no he tenido éxito. El fracaso no significa que nunca he practicado la meditación. Eso no es fracasar. Eso es no intentarlo300.
No podemos eludir nuestra responsabilidad solo porque confiamos en que el maestro cumplirá la suya. Las responsabilidades del maestro y del discípulo son completamente diferentes, y el Gran Maestro explica maravillosamente la diferencia:
La tarea y el deber de cada discípulo es aquietar su mente y alcanzar el centro del ojo. El deber del maestro es ayudar y guiar en el camino... El factor principal para lograr el éxito es el esfuerzo del discípulo... El maestro enseña y el discípulo aprende. El progreso del discípulo depende de cuán rápido aprende sus lecciones. Los esfuerzos del discípulo y la gracia del maestro van de la mano301.
El maestro nos dice muchas veces que un maestro puede enseñar a un niño, pero no puede estudiar o aprender por él. También dice que alguien puede cocinar una comida, servirla e incluso dárnosla en la boca, pero no puede digerirla por nosotros. Lo mismo ocurre en el camino espiritual: tenemos un papel que desempeñar en nuestra propia liberación.
Servir con responsabilidad no consiste solo en comprender de forma general el compromiso que hemos adquirido, sino también en las pequeñas decisiones que tomamos a diario. Kabir Sahib relató una vez que vio a una hormiga cargando un grano de arroz. En el camino encontró una lenteja y parecía confundida sobre cómo llevar ambas cosas. Kabir dijo que no podía cargar con las dos; debía tomar la decisión de soltar una y quedarse con la otra. De igual forma, dijo Kabir, un practicante espiritual tendrá que elegir entre el mundo y el Señor302.
Con cada acción que realizamos, damos un paso hacia Dios o nos alejamos de él. La configuración predeterminada de la mente es dirigirse hacia el exterior, por lo que elegir redirigirla hacia el interior requiere esfuerzo, a veces un esfuerzo inmenso. Aunque nos parezca pequeño, los místicos subrayan la gran importancia de nuestro esfuerzo:
Quien cree que puede alcanzar a Dios
solo con su propio esfuerzo, se afana en vano;
quien cree que puede llegar a Dios sin esfuerzo,
no es más que un viajero en el camino de la intención.
Abu Sa’id al-Kharraz303
Esto nos lleva al poder de la autodisciplina y la obediencia. Entre la intención y la acción hay una brecha, y el seva de la mente salva esa brecha. A menudo decimos que nuestras vidas están demasiado ocupadas, que no tenemos tiempo para meditar. Pero el maestro nos recuerda que veinticuatro horas al día son suficientes para trabajar, dormir, cumplir con nuestras obligaciones y meditar. Decimos que meditaremos cuando las circunstancias mejoren, pero el maestro nos dice que cuando eso ocurra, no sentiremos la necesidad de meditar; la necesidad de meditar es ahora, cuando las circunstancias no son buenas.
Nuestro maestro nos pide que reflexionemos profundamente sobre lo que queremos de la vida, porque tarde o temprano aquello en lo que pongamos nuestro empeño seguro que lo conseguiremos. Podemos pensar que amamos al maestro, pero nuestras acciones reflejan lo que verdaderamente amamos. Siempre encontramos tiempo para hacer lo que nos importa, así que si nos cuesta encontrar tiempo para meditar, tal vez el problema no sea la falta de tiempo, sino nuestras prioridades.
Recalcando la importancia de poner la meditación como nuestra máxima prioridad, el Gran Maestro dice: “Si esto se hace, todo está hecho; si esto no se hace, aunque se haga todo lo demás, es como si no se hubiera hecho nada”304. Y Baba Ji, citando a Gurú Nanak Dev, nos recuerda con frecuencia que conectar con el Nam es el mayor privilegio y la mayor responsabilidad de un iniciado:
El Nam único es el mandato del Señor.
Oh Nanak, el gurú verdadero me ha dado este
entendimiento.
Gurú Nanak Dev305
El amor implica obediencia, y la obediencia exige sacrificio. No tenemos el tiempo para meditar, sino que sacamos tiempo sacrificando otras cosas. Hazur dice:
El tiempo que dedicamos a la meditación es un sacrificio... Tenemos que abstenernos de la vida social para poder dedicar nuestro tiempo y ajustarlo a la meditación. Nos alejamos de ciertas compañías que ya no nos atraen, que nos distraen del Padre, que nos arrastran, que nos hacen resbalar. Ese es el tipo de sacrificio que debemos hacer306.
A la mente le gusta deslizarse por surcos conocidos, y cuando tratamos de entrenarla para hacer algo nuevo, pone excusas: no tengo tiempo; tengo demasiadas responsabilidades; me duele el cuerpo; no puedo hacerlo; no progreso; es demasiado seco; no puedo concentrarme; no siento el impulso de hacerlo; el maestro lo hará por mí de todos modos; cuando él quiera que lo haga, me obligará a hacerlo; o definitivamente lo haré, pero comenzaré mañana.
Reconozcamos estos pensamientos como lo que son –excusas de la mente–, y poco a poco pero con firmeza redirijamos la mente hacia el maestro. Recordémonos que no podemos transigir con lo que es más importante para nosotros. Podemos posponer otras cosas, pero no el amor; amamos al maestro y queremos recordarlo hoy.
Hazur solía decir que si la mente está bajo control, no hay mejor amiga; pero si no lo está, no hay peor enemiga. Para ayudarnos a dominar a la mente, podemos optar por ejercer la autodisciplina y la obediencia necesarias para convertir la meditación en un hábito. Este hábito crea un nuevo y poderoso surco por donde la mente puede desplazarse, y poco a poco las excusas cesan. El poder del hábito es la razón por la que se nos insta a ser regulares y puntuales: fijar una hora para meditar y mantener ese compromiso.
Hazur decía que, aunque la mente no quiera, debemos sentarnos, considerándolo nuestro deber. Esta es la disciplina del amor. Al final, lo único que el maestro realmente nos pide en la meditación es tener la autodisciplina de presentarnos y hacerla lo mejor posible. Y no la hacemos por nadie más: la hacemos para nosotros mismos. Este es un compromiso que hemos hecho con nuestra propia alma.
Una vez le preguntaron a Hazur si había algún un castigo por no meditar, Hazur respondió:
El castigo es que has perdido la oportunidad. No hay castigos en Sant Mat... No hay castigos en el sendero del amor. Hemos perdido la oportunidad. ¿Qué mayor castigo puede haber?307.
El seva de la mente incluye la resolución mental de practicar no solo simran y dhyan, sino también bhajan; escuchar en nuestro interior, incluso si aún no podemos oír la melodía divina. Es durante el bhajan cuando realizamos el gran trabajo de la vida: desarrollar la habilidad de escuchar en nuestro interior.
Solo este es el servicio del Señor,
por el cual su Nam mora en nosotros.
Gurú Amar Das308
Sin embargo, la mente es poderosa y suele buscar siempre el camino más fácil. Así que cuando no logramos oír el Shabad en nuestro interior, podemos sentirnos tentados a omitir la práctica del bhajan. Tal vez pensemos que cuando logremos cierto nivel de concentración con el simran y el dhyan, entonces sí nos sentaremos a hacer bhajan. ¡Pero si hacemos esto, podemos perder todo el sentido de la práctica espiritual! Todo lo demás que hacemos en el sendero –darshan, satsang, seva, incluso simran y dhyan– son medios para un fin. El objetivo final es el surat shabd seva, l seva de conectar el alma con el Shabad, y esto ocurre durante el bhajan. Por lo tanto, si hacemos todo lo demás pero no nos sentamos en bhajan, es como correr una carrera todos los días y detenernos siempre justo antes de cruzar la línea de meta, diciendo: “¡Terminé!”.
El maestro nos dice que si queremos obtener el beneficio completo del simran, debemos completarlo con el bhajan. De lo contrario, es como cocinar una comida una y otra vez, pero nunca comerla. Él nos dice que nos acostumbremos a sentarnos en bhajan, como el tendero que abre su tienda cada día. Vengan o no los clientes, él siempre abre la tienda.
El seva principal de la mente consiste en sentarse a meditar con la firme resolución de escuchar interiormente, sin tratar nunca el bhajan de forma descuidada. Sentarse en bhajan cuando podemos escuchar el Shabad es fácil de hacer, porque la melodía divina es tan dulce que capta toda nuestra atención. Pero sentarse cuando no podemos escuchar nada dentro no es tan fácil. Y ahí es donde entra en juego el seva de la mente.
Comenzamos la práctica de la meditación con el apoyo de actitudes como la responsabilidad, la dedicación, la autodisciplina, la obediencia y la determinación de escuchar interiormente. Y continuamos de esta manera hasta que el Shabad toma el control y el seva de la mente ya no es necesario. Llegará el día en que no podamos imaginar nuestra existencia sin esta conexión vital con el Shabad:
¡Oh mi amado! Vivo meditando en tu Nam. Sin tu Nam, mi vida ni siquiera existe. Mi gurú verdadero, has implantado tu Nam dentro de mí.
Gurú Ram Das309
La mayoría de nosotros avanzamos lentamente hasta alcanzar ese estado, pero podemos estar seguros de que, aunque todavía no oigamos la melodía interior, nuestro esfuerzo diario por escuchar el Shabad no pasa desapercibido para el Amado.
Además, el hecho de que todavía no podamos oír la melodía interior durante el bhajan no significa que el Shabad no esté actuando. En el silencio y la oscuridad, esa fuerza primordial nos está purificando y desprendiéndonos del mundo, y haciéndonos poco a poco dignos del Señor. El silencio del bhajan no es un silencio cualquiera.
¿No es una dicha inmensa que, en medio de nuestras vidas comunes, ruidosas y agitadas, tengamos la oportunidad de sentarnos en silencio y conectar con el poder divino que creó y sostiene toda la creación? En última instancia, ¿qué es el Shabad sino la mano de Dios extendida hacia nosotros?
Y lo más asombroso es que cuando hacemos simran y dhyan, alcanzamos la mano de Dios. Y cuando hacemos bhajan, tocamos la mano de Dios.
La actitud con la que nos sentamos
Si bien la resolución de sentarse a meditar es el seva mental más importante, podemos mejorar nuestra práctica aún más si cultivamos una actitud abierta, de aceptación, y positiva hacia la meditación.
El seva de la mente implica cultivar de forma consciente actitudes que nutren y elevan la práctica de la meditación. Sin embargo, antes de explorar algunas de estas actitudes, vale la pena aclarar que representan cualidades ideales. El maestro sabe que somos almas en lucha. Incluso si no somos capaces de manifestar bien o de manera consistente estas cualidades en nuestra práctica de meditación, él acepta cada uno de nuestros esfuerzos, porque sabe que con el tiempo estas cualidades surgirán automáticamente en nuestra naturaleza.
Humildad, sencillez y entrega
La verdadera humildad es el resultado de la meditación, y esta cualidad lleva tiempo desarrollarla. Pero incluso ahora, podemos encarar la meditación con una conciencia más profunda de cómo encaja nuestro esfuerzo espiritual en el panorama general.
Partimos del hecho de que se nos ha dado el don de la meditación, no porque seamos personas tan buenas que lo merezcamos, sino simplemente por gracia:
Si al mirar dentro de nosotros creemos que ya somos dignos, entonces nunca lo seremos. Hemos estado en esta creación durante generaciones y generaciones, y hemos ido acumulando muchísimos karmas cada vez que hemos estado aquí. Si tuviéramos que saldar todas esas deudas, sería imposible volvernos dignos del Señor... Por eso, lo único que necesitamos es la gracia del Señor, su perdón; nada más.
Maharaj Charan Singh310
Incluso si llevamos años meditando con gran esmero, ¿qué mérito podemos atribuirnos? Hazur dice: “El ‘yo’ solo aparece cuando no lo hacemos. Cuando meditamos de verdad, el ‘yo’ desaparece... Entonces comprendemos nuestra insignificancia”311. Si pensamos “yo soy quien medita” o “yo nunca he faltado a mi meditación”, aunque no expresemos ese pensamiento a nadie, nuestro ego se convierte en un obstáculo:
Verás, tenemos un libre albedrío limitado, pero debemos meditar sin pensar que “yo lo hago” o “yo lo logro”. Siempre existe el peligro de alimentar el ego. Y ese ego, incluso el ego espiritual, se interpone en nuestro camino.
Maharaj Charan Singh312
Aunque hayamos meditado con gran esmero, la meditación no tiene el poder de liberarnos. Hazur preguntó una vez: “¿Crees que tu meditación te está elevando? Ninguna meditación puede llevar a alguien hasta el Padre... Es el Padre mismo, a través del maestro, quien nos lleva de regreso a él”313. Sin embargo, la meditación es esencial, porque es una súplica sincera al Señor pidiéndole ayuda. Es como llamar a la puerta, una y otra vez. Si no llamamos, la puerta no se abrirá; por eso, llamar es esencial. Pero viéndolo con perspectiva, Hazur dice que si el Señor no lo hubiera querido primero, nunca habríamos podido llamar:
A menos que el Señor quiera, nunca podemos pensar en él... Pensamos que amamos al Señor, que lo buscamos, pero en realidad es él quien nos atrae desde el interior, quien nos da los medios, las oportunidades, el ambiente, y quien crea toda esa atmósfera dentro de nosotros... Así que es un regalo que él nos hace314.
Una vez que nos damos cuenta de lo verdaderamente limitados que somos, comenzamos a comprender por qué el maestro ha hecho que nuestra responsabilidad sea tan simple. Baba Ji nos dice que solo debemos sentarnos, cerrar los ojos, comenzar con el simran y dejarnos llevar. ¿Realmente puede ser tan fácil...? Se dice que la meditación es simple, pero parece complicada porque nos hace atravesar todo lo que somos:
La meditación es realmente muy sencilla. Nosotros la complicamos. Tejemos una red de ideas a su alrededor sobre qué es y qué no es. Pero no es ninguna de esas cosas. Es tan sencilla que se nos escapa, porque nuestras mentes son demasiado complicadas, están desgastadas por el tiempo y atrapadas en él.
Krishnamurti315
Los santos nos invitan a meditar con la inocencia, la sencillez y la curiosidad de un niño. Un niño se lanza sin temor desde una mesa a los brazos de su padre: sin dudas, sin preguntas, sin miedo a que no lo sujete. Nosotros también podemos dejarnos llevar así y entregarnos a la meditación con la intención de entregar nuestro ego a aquel al que amamos.
Cada vez que surge un pensamiento durante la meditación, podemos notar que casi siempre somos nosotros el personaje principal de cada escena que evocamos. Entonces, cada vez que dejamos ir ese pensamiento y volvemos nuestra mente al simran, estamos dejando ir el “yo” y reemplazándolo con el “tú”. Con el tiempo, enfocamos nuestra atención más y más en el amado, hasta que finalmente nuestro ser –nuestro “yo”– muere por falta de atención. Así es como, poco a poco, rendimos el ego en la meditación.
Podemos sentir un miedo natural –miedo a rendirnos a la oscuridad interior– a afrontar lo desconocido. Pero podemos recordarle a la mente que siempre estamos protegidos por el maestro:
Cuando un discípulo se sienta en meditación, nunca está solo. Nunca está solo, y nunca se le permite desviarse interiormente. Siempre hay una mano que lo guía, una fuerza que lo guía, que lo conduce al interior... Aquel por quien meditamos está siempre con nosotros para guiarnos, y nunca debemos preocuparnos ni tener miedo.
Maharaj Charan Singh316
También podemos temer fundirnos con Dios: perder el control, perder nuestra identidad. Pero el maestro nos dice que cuando comprendemos esa Unidad logramos algo mucho más grande de lo que podríamos lograr con nuestro limitado yo.
Y cuando al dar podemos convertirnos en Dios, ¿qué más queda? Si nos entregamos por entero, al igual que la gota que se funde en el océano, ¿hemos ganado o perdido? Si al perder nuestra propia identidad nos convertimos en el Padre, ¿hemos ganado o hemos perdido?
Maharaj Charan Singh317
Armonía
La armonía generalmente se aplica a tener relaciones afectuosas y apacibles con los demás, pero es igual de importante cultivar la armonía con nosotros mismos. Cuando analizamos y juzgamos la calidad de nuestra meditación, creamos un estado de insatisfacción y falta de armonía en nuestra mente.
Tenemos la expectativa de que podemos ser capaces de crear un flujo ininterrumpido de simran, porque todos los místicos nos han instado a hacer esto. Sardar Bahadur Ji dice que el simran “debe ser incesante, no cesar, continuo y constante” 318. Y el Gran Maestro dice:
Tenemos que practicar el simran con tanta asiduidad que incluso mientras hablamos, continúe por sí solo. Los cinco nombres sagrados deben girar sin cesar alrededor de su eje. Sentados, de pie, caminando, comiendo, despiertos o dormidos, la repetición debe continuar 319.
Cuando nos vemos incapaces de alcanzar un nivel tan alto de concentración, nos sentimos frustrados. Pero podemos recordar que los santos describen el ideal, la meta final. No comenzamos con concentración; llegamos a ella. Hace falta una vida de práctica para lograr un simran incesante.
Por ahora, cada vez que la mente se dispersa, podemos traerla de vuelta a la oscuridad interior con calma y tranquilidad y reiniciar nuestro simran, sin análisis ni juicios. Si nos dejamos lleva por la culpa, la ira o la impaciencia cuando la mente sale de las palabras, creamos una asociación negativa con ellas. En cambio, cada vez que logramos traer la mente de vuelta y recordar el simran, podemos alegrarnos por esa pequeña victoria. Y agradecer al maestro, porque en verdad, ¿quién sino él hace que nuestra mente vuelva a las palabras? Esta actitud crea una asociación positiva con las palabras.
Puede que a veces logremos cierto nivel de concentración, pero luego no podamos mantenerlo. Cuando se nos escapa, podemos sentirnos desalentados; podemos pensar que hemos perdido lo que habíamos ganado. Pero el maestro nos asegura que el Señor no da un regalo para luego quitárnoslo. En esta etapa es natural tener altibajos en nuestra capacidad de concentración, porque los karmas que atravesamos en la vida distraen a la mente.
Cuando logramos cierto grado de concentración, podemos emocionarnos y comenzar a analizar: ¿Qué estoy viendo?, ¿qué estoy escuchando? El maestro explica que en el momento en que comenzamos a pensar, la mente se involucra y la atención vuelve a caer. Nos insta a no analizar y simplemente disfrutar de la experiencia, sea la que sea. Así, la mente irá apreciando cada vez más la meditación.
Cuando luchamos por concentrarnos, podemos tener la tentación de comparar nuestro progreso con el de los demás, pero esto tampoco nos beneficia. En realidad, no podemos medir nuestro progreso, y mucho menos el de los demás. Nuestro ritmo de progreso en el sendero espiritual depende de muchos factores: karmas, apegos, esfuerzos, y estos son únicos para cada persona. De estos factores, lo único que verdaderamente podemos observar es nuestro esfuerzo. Por eso, olvidémonos de los demás y enfoquémonos en nuestro propio esfuerzo.
Has visto polillas. La polilla está enamorada de la luz, y hay miles de polillas en esa luz. Pregúntale a esa polilla si conoce alguna otra polilla allí. Solo conoce una cosa: la luz que ama. No es consciente de ninguna otra polilla; y si es consciente de las otras polillas, realmente no es una polilla.
Maharaj Charan Singh320
Tendemos a analizar no solo el simran, sino también el dhyan y el bhajan. Nos preocupamos por nuestra incapacidad por ver la forma interior del maestro y escuchar el sonido interior. El maestro relativiza nuestra preocupación. Él dice que no podemos hacer dhyan y que no podemos hacer bhajan; lo único que en realidad podemos hacer es simran. Esto simplemente significa que, en el dhyan, cuando intentamos visualizar la forma interior del maestro, puede que no seamos capaces de verla, porque eso es el fruto de un simran concentrado. Eso llegará por sí solo cuando estemos preparados. Y cuando nos sentamos en bhajan, puede que aún no podamos escuchar el Shabad interior, porque eso también es fruto de un simran concentrado.
Así, el maestro distingue claramente entre el esfuerzo (simran, dhyan y bhajan) y el fruto del esfuerzo (los signos visibles del progreso). El seva de la mente implica recordar esta diferencia y enfocarnos solamente en el esfuerzo.
Si no logramos oír el Shabad, lo que podemos hacer es escucharlo de manera más atenta. Y si no podemos ver la forma interior del maestro, simplemente podemos mirar atentamente la oscuridad en el centro del ojo y hacer nuestro simran, sintiendo que estamos con él. Estar presentes en esa oscuridad no es poca cosa. Esa oscuridad es algo; es nuestro primer paso en el viaje interior. Hazur a menudo nos recordaba que cuando contemplamos la oscuridad, estamos exactamente donde debemos estar.
Cuando cierras los ojos, estás aquí, en el centro de la oscuridad en la frente; y estando ahí, haces el simran. También sientes que tu maestro está ahí, y que tú estás ahí, en la oscuridad, y haces el simran en presencia del maestro.321
Cuando hacemos todo lo posible sin analizar la calidad de nuestros “resultados”, podemos encontrar alegría y armonía interior en la práctica. Al final, no es la calidad de un día particular lo que importa, sino el conjunto de nuestros esfuerzos –esa determinación inquebrantable de no rendirse jamás– lo que finalmente hace que la mente se vuelva hacia dentro. Hazur nos aseguró que “la calidad vendrá con la cantidad” 322. Cuando el maestro no juzga la calidad de nuestra meditación, nosotros tampoco necesitamos juzgarnos.
Hazur hizo especial énfasis en la importancia de prestar atención a nuestra meditación. Qué dulzura hay en la sencillez de esta petición. “Prestar atención” significa simplemente estar presentes. Todo lo que tenemos que hacer es efectuarla y hacer todo lo posible para estar atentos.
Lo que está hoy en nuestras manos es el simran. Cuando comprendemos que estas palabras son joyas preciosas, no las damos por sentadas. Los nombres que repetimos no son simples palabras: están impregnados con el poder del maestro verdadero. El Gran Maestro decía que estas palabras están “cargadas de energía” y ayudan a transferir energía espiritual al discípulo 323. Cuando repetimos estas palabras, no desaparecen en el aire; cada palabra se oye, se registra y se suma a nuestro haber. Repetir el simran es el proceso de convertirnos en amor puro.
La concentración es el siguiente paso. Consiste en ensartar las palabras en una cadena ininterrumpida. Pero mucho antes de alcanzar ese nivel, ahora mismo podemos disfrutar con la práctica de juntar esas joyas y tratar de ensartarlas. Se esparcen, y volvemos a juntarlas, una y otra vez. Cuanto más practicamos, más fácil se vuelve reunirlas y ensartarlas. Y aunque se dispersen un millón de veces, ¿qué importa? Hay gozo en simplemente sentarse entre esas joyas preciosas, jugar con ellas, ensartándolas para el maestro:
Las gemas y joyas más preciosas y valiosas
se obtienen sirviendo al verdadero gurú.
Gurú Ram Das324
Equilibrio y desapego
Necesitamos mantener una actitud equilibrada hacia la meditación. Podemos tener la esperanza de que si meditamos día y noche aceleraremos nuestro progreso espiritual, pero Hazur nos advierte que meditar en exceso cuando no estamos espiritualmente preparados, puede provocar una reacción en la mente:
Algunas veces la gente intenta encerrarse en una habitación y no quiere llevar una vida adulta natural y normal. Intentan meditar todo el día y la mente reacciona, y pierden el equilibrio... La meditación es un proceso lento. Por eso es conocido como sahaj marg (el sendero natural). Tenemos que ser parte del mundo y también practicar la meditación. No podemos luchar con la mente día y noche. También tenemos que distraerla en asuntos mundanos, pero después volver a traerla a la meditación... Tenemos que llevar una vida normal 325.
Debemos vivir en este mundo y comprometernos con él, pero al mismo tiempo, durante la meditación, debemos mantener a raya todos los pensamientos de este mundo. Esto es todo un desafío. Cultivar un sentido de desapego hacia los pensamientos que nos asaltan durante la meditación ayuda, y los maestros han dado sugerencias prácticas sobre cómo hacerlo.
Baba Ji compara los pensamientos que surgen en la meditación con archivos que se han almacenado en la mente durante muchas vidas. Él nos dice que cada vez que uno de estos archivos se descarga en la meditación, simplemente debemos presionar el botón de “eliminar” haciendo simran. Si comenzamos a desplazarnos y nos quedamos absortos en el archivo en lugar de eliminarlo, entonces seguiremos la dirección que el archivo nos marque. El propósito del simran es borrar esos archivos, esos pensamientos sin fin.
En una carta a un discípulo, Hazur comparte este consejo: “Si durante el simran y el bhajan los pensamientos se dispersan demasiado o parecen irrumpir desde todas partes, apártalos con cuidado, razona y di con firmeza: hablaremos de estas cosas después de la meditación”326.
Cuando estamos sentados en meditación, debemos pensar que no tenemos conexión con nadie más en el mundo, excepto con esta oscuridad en la frente. Deberíamos aislarnos de todo en el mundo y permanecer solo en la oscuridad... Automáticamente esa oscuridad se convertirá en luz.
Maharaj Charan Singh327
¿Tenemos realmente la capacidad de aislarnos de todo lo que hay en el mundo, de desapegar nuestra atención a voluntad? En realidad, sí. Es una habilidad innata de la mente que puede desarrollarse con práctica. Cada vez que dormimos, por ejemplo, nos desprendemos de deseos, preocupaciones y problemas. Y nada se pierde, nada se olvida. Al despertar, retomamos nuestra vida desde donde la dejamos. Podemos entonces razonar con la mente que, de manera similar, los pensamientos que nos acosan durante la meditación pueden esperar un rato:
El ser humano tiene la capacidad de desprenderse del mundo y de sus objetos. Cada noche nos desapegamos al dormir. Y durante el día, también nos desconectamos por breves momentos. Cada vez que dejamos un pensamiento y tomamos otro, atravesamos el umbral del desapego, aunque la duración es corta. Esta duración puede prolongarse a voluntad. Pero claro, requiere práctica.
Maharaj Sawan Singh328
Dejando a un lado los pensamientos mundanos, incluso el deseo de ver algo dentro, dispersa la mente. Hazur dice: “Cuando te anticipas o entusiasmas por ver algo, no ocurre nada, porque entonces la mente no está realmente concentrada, sino dispersa por la emoción”329. El maestro nos aconseja sentarnos a meditar con una actitud relajada y desapegada, sin ideas preconcebidas y sin excitación. Hazur reajusta nuestras expectativas, diciendo: “Ocurre cuando menos lo esperas”330.
Nunca debemos sentarnos en meditación con excitación o anhelando ver algo de inmediato, porque entonces la mente se frustra y dispersa. Debemos meditar con una mente totalmente relajada y simplemente cumplir con nuestro deber. Si tiene que venir, vendrá. Nuestra excitación o impaciencia no traen nada. Es la concentración, con amor y anhelo, y su gracia, lo que lo hace posible. Y cuando tiene que venir, llega por sí solo.
Maharaj Charan Singh331
Amor
Hazur solía decir que la meditación es la única forma de hacer crecer y fortalecer nuestro amor. Como resultado, tendemos a pensar en el amor como una consecuencia de la meditación. Pero al mismo tiempo también decía que debemos meditar con amor y devoción. El consejo de Hazur de meditar con amor ha dado lugar a muchas preguntas a lo largo de los años, quizás porque juzgamos nuestra propia meditación y percibimos que es mecánica, seca y estéril. No se parece en nada al amor mundano que conocemos, y eso nos hace preguntarnos si estamos meditando con suficiente amor, o al menos, con un poco de amor.
Hazur respondió a alguien preocupado por hacer el simran de forma “mecánica”, sin sentir amor o devoción al repetir las palabras:
Hermano, primero tenemos que comenzar mecánicamente. Repetir el simran con amor y devoción significa tener amor y devoción por el maestro332.
A otro discípulo preocupado por no sentir un amor adecuado durante la meditación, Hazur le aclaró que “la meditación no es otra cosa que amor” 333. TEsto significa que el acto de meditar es en sí mismo un acto de amor: la práctica, no el “éxito” de nuestros esfuerzos, es amor.
Si tuviéramos en cuenta la definición de Hazur –el amor significa obediencia–, no nos preocuparíamos de si hacemos la meditación con suficiente amor. El simple hecho de darle nuestro tiempo al maestro en meditación es amor. Y cuando en la meditación le damos toda nuestra atención, esa es la forma más elevada de amor. Alguien le preguntó a Hazur: “¿Podrías explicarme cómo hacer simran con amor y devoción? Para mí son solo palabras y no entiendo qué significan”, él respondió:
Pon toda tu mente en estas palabras; sentirás automáticamente el amor y la devoción. No dejes que ningún otro pensamiento entre en tu mente. Deja que todo tu ser, toda tu mente, esté en el simran. El amor viene automáticamente 334
Gran parte de la batalla por darle al maestro nuestra atención en la meditación se libra fuera de la meditación. Si nuestra atención se distrae y se dispersa a lo largo del día, naturalmente se distraerá y se dispersará durante la meditación. El Gran Maestro lo expresa de manera simple: “Los pensamientos del mundo exterior mantienen la atención fuera; los pensamientos del mundo interior la mantienen dentro” 335.
El seva de la mente consiste en olvidar y recordar: olvidar el mundo y recordar al maestro. Si servimos con la mente a lo largo del día, llenando nuestros momentos libres con el simran, el satsang y el seva, se vuelve mucho más fácil concentrarnos en el centro del ojo durante la meditación. Cuanto más recordemos al maestro a lo largo del día, más amor aportaremos a nuestra meditación.
Si el maestro está en nuestro interior, si siempre estamos inmersos en el amor y la devoción por el Padre, entonces cualquier cosa que hagamos en este mundo es meditación, todo es seva... Él debe reflejarse en cada una de nuestras actividades, en cada una de nuestras palabras. Entonces cada respiración es meditación..
Maharaj Charan Singh336
En esencia, independientemente de si hemos sido capaces de lograr una atención enfocada o algún signo visible de progreso durante la meditación, nuestro esfuerzo continuo por olvidar el mundo y recordar al amado es amor.
Abnegación, paciencia, perseverancia y aceptación
El mundo nos ha condicionado a esperar que cuando nos esforzamos un poco obtenemos un resultado proporcional. Por eso, cuando meditamos, esperamos ver algún tipo de progreso espiritual. Si en cambio nos encontramos meditando en el silencio y la oscuridad año tras año, podemos asumir que no estamos progresando y sentirnos decepcionados. Pero Hazur dice: “Un amante nunca se desanima porque está enamorado del Ser, y lo único que le importa es su amor”337.
La raíz de nuestra decepción es la expectativa: queremos algo a cambio de nuestro esfuerzo, alguna señal visible de progreso. Pero el maestro nos insta a meditar de forma desinteresada, sin ningún deseo:
Muchas personas practican simran, pero todo el crédito y toda la gloria son para aquel que lo practica sin ningún deseo.
Maharaj Sawan Singh338
No llamamos a la puerta porque queremos regalos del Dador; llamamos porque lo amamos. Si exigimos progreso espiritual –incluso si lo expresamos como una súplica–, en realidad le estamos diciendo al maestro: “Yo estoy haciendo mi trabajo, ¿por qué tú no estás haciendo el tuyo?”.
Un mendigo llega a tu puerta a pedir limosna, pero primero quiere estar seguro de que va a recibir algo de la casa antes de llamar. Si no, no mendigará. Esa es una actitud equivocada... Te aseguro que si realmente suplicamos desde el corazón, él siempre está dispuesto a dar. Si damos un paso hacia él, él da diez pasos para recibirnos. Pero nuestra devoción debe ser pura. Tenemos que amarlo por él mismo.
Maharaj Charan Singh339
Hazur nos asegura: “El progreso siempre está ahí, aunque no seamos conscientes de él”340. Esto significa que estamos progresando de forma continua, aunque no lo veamos. Tendemos a asociar el progreso espiritual con cosas que podemos ver –visiones interiores, sonidos–, pero el progreso es mucho más complicado de lo que podemos comprender.
Hazur solía decir que el viaje espiritual tiene dos etapas. En la primera, retiramos la atención desde las extremidades del cuerpo y la llevamos al centro del ojo; en la segunda, el alma asciende desde ese punto hacia arriba. Si la retirada de la conciencia tiene dos etapas, entonces el progreso también debe tener al menos dos etapas.
En la primera etapa –por debajo del centro del ojo–, el proceso se siente como una lucha. El progreso es lento y puede no ser visible. El progreso en esta etapa se manifiesta más como una transformación gradual de nuestra actitud ante la vida:
Puede que no tengas experiencias internas, pero definitivamente sentirás el efecto de la meditación. Disfrutarás de esa dicha, felicidad y satisfacción dentro de ti mismo, y toda tu actitud entera hacia la vida cambiará. Ese efecto de la meditación siempre estará ahí, tengas o no experiencias.
Maharaj Charan Singh341
En la segunda etapa –por encima del centro del ojo–, el proceso es mucho más fácil. El progreso es rápido y visible. Esta es la etapa de la realización, con niveles crecientes y profundos de consciencia espiritual..
Todo está dentro del foco. Tus sueños o imaginaciones más extraordinarias nunca podrán representar la grandeza que hay en el interior. Pero el tesoro te pertenece y está ahí para ti; puedes conseguirlo cuando vayas al interior. Puedes creerme de una vez por todas, todo está dentro de ti, incluyendo al mismo Creador, y todos los que lo han experimentado, lo han conseguido entrando dentro del foco del ojo.
Maharaj Sawan Singh342
El seva de la mente implica comprender que el progreso tiene múltiples etapas y que, por lo tanto, nuestras expectativas deben reajustarse. Si estamos en la primera etapa del esfuerzo –por debajo del centro del ojo–, no es realista esperar ver toda la “grandeza de lo que hay dentro”.
El Gran Maestro se refiere a estas dos etapas como “ir al interior” y “subida interior”:
Por favor, no tengas prisa. Con paciencia y perseverancia completa el proceso de la concentración. Ir al interior requiere tiempo, pero comparativamente la subida interior es fácil. Esta parte del recorrido es árida. El gozo llega con la concentración; sin prisa pero sin pausa se gana la carrera.343
El maestro nos pide paciencia y perseverancia. Pero nosotros nos impacientamos por ver una luz que nunca hemos visto, por oír un sonido que jamás hemos oído. Tendemos a olvidar que el mayor tesoro ya nos lo han dado: el maestro que amamos ya está en nuestra vida. Podemos verlo, podemos escucharlo, y tenemos la oportunidad de construir una relación interior con él a través de la meditación.
A veces confundimos la impaciencia con el anhelo, pero el anhelo es algo muy diferente. El anhelo nace del amor, y en el amor solo hay aceptación. El místico Rumi habla de la necesidad de paciencia y aceptación a medida que pasamos por las muchas etapas del sendero interior:
Existen miles de etapas
entre el polvo y la forma humana.
Te he guiado de pueblo en pueblo;
no te dejaré en el camino.
No digas nada, no te exaltes,
deja la olla tapada
Sigue hirviendo pacientemente,
pues te estoy cocinando a fondo.
Eres mi pelota de polo,
golpeada por el bastón de mi mando.
Aunque te he hecho correr,
yo corro tras de ti.
Rumi344
Somos discípulos de un maestro verdadero, no tenemos necesidad de preocuparnos por el progreso espiritual. Si perseveramos, el amor prevalecerá. El Gran Maestro nos asegura muy bellamente que “la mente no es más fuerte que la corriente del sonido” 345.
Sin embargo, el proceso es lento. Hazur ha llamado a nuestra búsqueda de alcanzar el centro del ojo una lucha de toda la vida. Y Sardar Bahadur Ji explica por qué el proceso puede durar toda la vida:
Nuestra atención ha estado “fuera” durante mucho tiempo y atraerla nuevamente requiere tiempo y esfuerzo. Las tendencias establecidas desde hace tanto tiempo se ponen en contra cuando intentamos cualquier reorientación. Ciertamente no es imposible, pero naturalmente es difícil y lento346.
Y el Gran Maestro explica que la lucha es una parte natural del proceso y que cumple un propósito espiritual. Comparando el subir y bajar de la atención con la lucha de una hormiga intentando escalar una pared lisa, dice:
El ascenso y la caída son naturales y también lo es la lucha. Porque lo que se logra después de la lucha da fuerza, confianza en uno mismo e incentivo para seguir adelante. El logro obtenido así es duradero y puede reproducirse a voluntad 347.
Para poder llevar a cabo la meditación con una actitud de aceptación, es útil considerar por qué en las etapas iniciales, el maestro podría no hacernos evidente nuestro progreso interior. Es posible que nos absorbiéramos tanto en la dulzura interior que no quisiéramos dejarla, y descuidáramos nuestras responsabilidades mundanas. Es posible que, si recibiéramos el don demasiado fácilmente, no lo valoráramos. Quizás aún no tenemos la madurez espiritual para asimilar las experiencias interiores. Tal vez todavía no hemos desarrollado el control espiritual necesario para usar correctamente los poderes internos que vienen con el progreso. Quizás aún no tenemos la fortaleza espiritual para soportar el inmenso poder del Shabad interior. En resumen, es posible que no estemos preparados para la experiencia interior.
Deja que él haga las cosas a su manera y no de la manera que tú deseas. Intenta adaptarte a todo lo que él hace y nunca serás infeliz.
Maharaj Jagat Singh348
Si todavía queremos calcular el progreso, podríamos considerar primero el progreso de nuestros propios esfuerzos. En última instancia, solo tres cosas están en nuestras manos: podemos ser buenos seres humanos, podemos llenar nuestros días de simran, y podemos seguir firmemente los cuatro votos. Es fácil evaluar el progreso de nuestros esfuerzos en estos tres aspectos.
Podemos tener fe en que aunque el maestro inicialmente retenga los signos visibles del progreso, nunca retiene su gracia. El Gran Maestro solía decir que si un trabajador recibe su salario después de un día de trabajo, ¿cómo va a ser tan injusto el maestro como para negar su gracia a un discípulo diligente?349.
En el camino espiritual, las recompensas nunca son proporcionales a nuestros esfuerzos; y podemos agradecerle a Dios por eso, porque nuestros esfuerzos por sí solos no nos llevarían muy lejos. Al principio, el maestro puede no revelarnos el tesoro porque aún no estamos preparados para recibirlo, pero cuando ve que lo estamos, las puertas se abren. Y entonces lo que él da está muy por encima de nuestras limitadas expectativas, mucho más allá de nuestros débiles esfuerzos, y es mucho, muchísimo más de lo que merecemos.
Esta no es una proposición fácil, pero obtener el Nam significa más que si hubieras heredado un millón de dólares, o muchos millones. Eres uno de los afortunados hijos de Sat Purush (el Señor), y él te ha elegido para obtener el Nam e ir con el maestro a sach khand. Debes llegar allí. Nada puede impedírtelo.
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Al practicar las actitudes de abnegación, paciencia, perseverancia y aceptación, podemos decirnos a nosotros mismos que, desde hoy y hasta el día de nuestra muerte, haremos nuestra meditación cada día con amor y fe; no porque queramos algo del maestro, sino simplemente porque queremos estar con él.
Por favor, recuerda que no hay lugar para ninguna decepción o desánimo en Sant Mat. Es un sendero de alegría y esperanza. Cuando el Señor te ha elegido para la liberación eterna, entonces, ¿qué otro poder puede retenerte por mucho tiempo en esta creación?... El maestro te llevará de regreso a casa. Así que abandona todas tus preocupaciones y con amor y devoción cumple con tu deber todos los días... El maestro está siempre contigo y también su amor.
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Gratitud
Alguien le preguntó una vez a Hazur: “¿Cuál debería ser nuestro enfoque hacia la meditación?”. Él respondió:
Nuestro enfoque hacia la meditación debe ser de gratitud. El Señor nos ha dado la oportunidad de esta forma humana y luego el entorno en el que practicar la meditación. Así que siempre debemos hacerla con gratitud 352.
A nuestro nivel, apenas podemos comprender el don que significa la meditación otorgada por un maestro verdadero.
Valorarás a los santos cuando vayas a tu interior y veas por ti mismo lo que el maestro hace por el discípulo y cómo, a través del laberinto de la mente y la materia, eleva al alma.
Maharaj Sawan Singh353
La meditación nutre el hambre de nuestra alma por lo divino, expande los límites de nuestra conciencia, nos conecta con el poder primordial del Shabad, y nos permite experimentar la Verdad. A través de la meditación, nos damos cuenta de que no estamos separados de ese océano de amor infinito, y nos llenamos de un profundo anhelo de rendirnos a él.
Así como un hombre cansado del trabajo del día acude a su casa para descansar, así nosotros acostumbramos a nuestra alma, al estar cansada del trabajo mundano, a descansar en el sonido sagrado. La atención tiene que llevarse al interior y cuando le guste descansar allí, como el vagabundo que vuelve a casa, encontrará la paz interior.
Maharaj Sawan Singh354
La meditación es nuestro lugar de refugio, nuestra fuente de satisfacción y dicha, nuestro sistema de soporte vital. En el mundo hay ruido, lucha y movimiento constante. En el interior, hay oxígeno espiritual; hay quietud, paz y descanso; está el maestro esperándonos. Meditamos porque lo necesitamos. Meditamos porque nuestra alma reconoce algo que la mente, en este nivel, no puede comprender: que el Shabad y el maestro son nuestros verdaderos amigos.
El Shabad y el Nam son los únicos amigos reales, eternos e infalibles, y debemos tratar de cultivarlos. El Shabad nunca nos abandona, ni tampoco el maestro.
Maharaj Charan Singh355
La meditación nos da fortaleza interior y nos permite cumplir con nuestras responsabilidades mundanas con agrado. Cambia nuestra actitud ante las relaciones y los acontecimientos de la vida, y empezamos a ver la mano del Señor en todo lo que sucede. Aprendemos a nadar con las olas, como decía Hazur356, y comenzamos a aceptar lo que nos llega con ligereza y alegría.
La meditación nos da fuerza mental y felicidad espiritual, y nos permite afrontar la vida con gran esperanza y valor.
Maharaj Charan Singh357
Baba Ji ha dicho que el “salario” de la meditación es el amor. La meditación fortalece nuestra fe en el maestro y crea un vínculo de amor espiritual profundo. El seva físico puede acercarnos a su forma física, pero a través de la meditación desarrollamos una relación íntima con el maestro interior, desarrollamos un amor y una fe inquebrantables:
Mediante la meditación se desarrolla un amor que viene con la experiencia, con la convicción. La meditación nos enraíza muy profundamente en el amor; entonces nadie puede hacernos tambalear.
Maharaj Charan Singh358
Hazur dice: “Solo tenemos un futuro: volver al Padre. No hay otro futuro”359. Una profunda paz surge al saber que nuestro destino está asegurado, que hemos sido marcados para regresar al Padre. Y un profundo agradecimiento nace al saber que la meditación es nuestro camino hacia ese futuro.
Meditar cada día nos ayuda a establecer una rutina donde la aspiración espiritual es parte de nuestra vida diaria. Meditar cada día nos da esperanza de que nuestra vida tiene un propósito, y que estamos trabajando para cumplirlo. La meditación es la brújula que siempre apunta a nuestro verdadero norte: el maestro. La meditación es el recordatorio diario de que no hemos venido aquí para involucrarnos en este mundo una vez más; hemos venido para decirle un último adiós a esta creación. La meditación da significado a nuestro seva, da significado a nuestra vida.
A través de la meditación cumplimos el propósito mismo de la vida humana.
Maharaj Charan Singh360
La meditación es la forma en que expresamos nuestro amor por el maestro, la forma en que le damos las gracias por encontrarnos y devolvernos a la vida, la forma en que intentamos complacerle, la forma en que le suplicamos perdón por haberle dado la espalda tantas veces, la forma en que rogamos sentir su presencia, la forma en que imploramos ayuda, la forma en que mostramos obediencia, la forma en que cantamos sus alabanzas.
La práctica de la meditación comienza como el seva de la mente, con la obediencia, pero con el tiempo la alegría se adueña de nosotros, y comenzamos a meditar porque nos hemos enamorado de la meditación misma:
Cuando te enamoras de alguien, automáticamente quieres estar en compañía de esa persona… Similarmente, cuando te enamoras de la meditación y sientes paz y dicha en tu interior, entonces cualquier tiempo que puedas conseguir, querrás dedicarlo a la meditación de inmediato, porque querrás estar en esa paz, en esa dicha. Eso se incrementará por sí mismo. Entonces no tendrás que esforzarte en absoluto.
Maharaj Charan Singh361
Si el maestro nos dijera hoy que para alcanzar la liberación ya no necesitamos meditar –que basta con hacer seva físico –, ¿estaríamos felices? Lo más probable es que nos sentiríamos desolados. Un día sin meditación sería un día sin alegría, un día sin esperanza. Un día sin meditación sería un día sin nuestro seva más hermoso.
Y en los momentos de silencio, cuando nos abruma la inmensidad del regalo que se nos ha dado, todo lo que podemos hacer es meditar. Porque sabemos que la única manera de expresar gratitud por la meditación es meditar.
El mejor regalo que puedes ofrecerle a tu maestro es el regalo de la meditación. Nada más importa.
Maharaj Charan Singh362