Epílogo
Entrega tu cuerpo, mente, riqueza
y todo al gurú;
obedece su voluntad, y lo encontrarás.
Gurú Amar Das384
El alma es amor. La meta es el amor. Y el camino hacia esa meta también es el amor. Aunque a veces cueste creerlo, un maestro vivo verdadero nos ha tomado de la mano y nos está enseñando a amar, mediante el servicio al Señor y el servicio a los demás.
Todo seva es en última instancia para la mente, para inclinar la mente hacia el Amado. El seva exterior nos inspira a practicar el seva interior, que es el único seva que puede liberarnos. Y el seva de la mente actúa como un puente entre el seva exterior y el interior, unificándolos.
Comenzamos nuestra exploración del seva con la hermosa enseñanza de Hazur: “El seva es amor”. Y descubrimos, en el camino, su sencilla afirmación: “Amor significa obediencia”. Por lo tanto, seva significa obediencia. A medida que reflexionamos sobre lo que significa el seva para nosotros, queda claro que esto es lo fundamental: la obediencia a las instrucciones del maestro lo es todo. Como dice Gurú Amar Das: “Obedece su voluntad y lo encontrarás”.
Este espíritu de obediencia se expresa bellamente en el término árabe labbayka. Una de sus definiciones es: “Persistiré en obedecerte una y otra vez”. En esencia, labbayka significa servir al Uno con amorosa sumisión y firme obediencia.
Aquí estoy a tu servicio, oh Señor, aquí estoy.
Aquí estoy a tu servicio,
y tú no tienes igual.
Tuya es toda alabanza y toda generosidad,
y tuya es toda soberanía.
No tienes igual.
Texto de la Talbiyah (oración realizada durante el Haj)
Una historia del Masnavi de Rumi revela cómo los místicos ejemplifican la actitud de labbayka. Un sheikh espiritualmente realizado recibió la orden del Señor de ir a la ciudad, mendigar a los ricos y dar a los pobres. El sheikh obedeció. Cuando llegó a la ciudad, aquellos que esperaban dar la bienvenida a un gran sheikh y escuchar sus discursos iluminados se enteraron de que solo había venido a mendigar. Desanimados por esto, lo insultaron. Pero a pesar del maltrato, el sheikh obedeció firmemente al Señor385.
Del sheikh de la historia, Rumi dice:
Sus experiencias internas eran más altas
que el estrado y el trono de Dios;
su negocio externo era gritar:
“¡Algo por el amor de Dios,
algo por el amor de Dios!”.
Los profetas, todos ellos, ejercen este mismo oficio:
los pueblos a los que los envían
están realmente necesitados,
y sin embargo los profetas mendigan,
clamando: “Prestad a Dios, prestad a Dios”,
y les exhortan con insistencia:
“¡Ayudad a Dios!”386.
¡Esto es lo que hacen los santos! Nos ruegan que hagamos nuestro seva y meditación: “¡Por favor, dadle a Dios, dadle a Dios!”. Cuando nos piden que demos a Dios, no hay ningún interés personal detrás. Nos lo piden porque saben cuánto ganaremos con ello.
Cuando servimos con el cuerpo, la riqueza, la mente y el alma, en esencia estamos clamando con entrega: “¡Aquí estoy a tu servicio, mi Señor! Me comprometo a obedecerte una y otra vez”. Rumi elogia con palabras sublimes este espíritu de labbayka, esta obediencia incansable:
Cuando alguien posee el espíritu glorioso de labbayka, le llegan cartas y mensajeros sin cesar, como cuando se abre la ventana de una casa, los rayos del sol y de la luna, y la lluvia, y las cartas, y demás, nunca dejan de entrar387.
¡Así que demos! ¡Démonos a él! Porque cuando abrimos nuestra ventana a la gloria del servicio desinteresado, también encontraremos que los mensajes, los mensajeros, los rayos del sol y los rayos de la luna entran a raudales.
Solo tienes que entregarte a él, y entonces él te lo da todo... Él te convierte en Dios; te convierte en el Señor.
Maharaj Charan Singh388
Fructífero es el servicio al verdadero gurú
si se hace con una mente sincera.
Se obtiene el tesoro del Nam
y la mente se libera de la ansiedad.
Gurú Amar Das389