Dé: Vivir en el Dao - Introducción al Dao

CAPÍTULO TRES

Dé: Vivir en el Dao

Para vivir en armonía con el Dao, la persona debe seguir su propia naturaleza intrínseca, lo que se llama . El Dao es el proceso natural del desarrollo de la vida. Un ser humano es fiel a su cuando actúa de acuerdo con el Dao. De este modo, refleja el Dao en su vida y vive de acuerdo con la ley espiritual de la naturaleza. El Dao, en su forma abstracta, se vuelve concreto como .

El de una persona se desarrolla a través del cultivo espiritual interior. Es su naturaleza espiritual esencial que madura y se expresa. El daoísta estadounidense Louis Komjathy enfatiza que el proviene del Dao: “El poder interior () es la dotación espiritual de cada individuo y expresión del Dao. Al cultivar la quietud, se establece un pivote de vacuidad. La vacuidad crea el espacio para que lo sagrado entre y se manifieste a través del adepto individual”23.

El maestro Meng, a quien conocí en Pekín en 2017, también explicó que el de una persona es su naturaleza espiritual, que es universal y lo une con todos los seres vivos. Es el impulso interior o el anhelo de perfeccionarse a sí mismo, de ser consciente de su naturaleza esencial como espíritu. Utilizamos el término Dao para expresar nuestro origen espiritual común, que no está personificado; también es el camino o sendero espiritual interior que conduce de regreso a ese origen o fuente. Los místicos chinos hablan de “cultivar el Dao”. Cuando la persona vive en sintonía con el Dao y es fiel a su , se dice que encontrará fácilmente la felicidad y la paz dentro de sí misma.

Los seres humanos tienen dos tendencias en su naturaleza: una, la mente orientada hacia fuera y sus sentidos asociados, que agitan los deseos, miedos y otras emociones; y la otra, el , nuestra naturaleza espiritual, que nos atrae hacia el interior para experimentar la paz y el equilibrio que son el sello distintivo del Dao. La atracción interior proporciona equilibrio a la energía exterior que nos involucra en el mundo. Nuestra experiencia del mundo es la experiencia del cambio, mientras que el equilibrio y la quietud son la naturaleza del Dao.

El cambio es un hecho inalterable de la vida en el plano material, el mundo de la forma.

En la literatura daoísta, el cambio a menudo se llama “la transformación” de las cosas. Pero el Dao no cambia, es el pivote en torno al cual ocurre todo cambio. El cambio ocurre en la periferia. Muchos textos chinos nos aconsejan aferrarnos al pivote mientras permitimos que el flujo de los acontecimientos cambiantes continúe a nuestro alrededor. Si lo hacemos así, los cambios y las transformaciones no nos afectarán. Además, si somos fieles a nuestro , nuestro núcleo espiritual interno, no intentaremos sobresalir ni imponernos sobre los demás; actuaremos con humildad, evitando los conflictos, y manteniendo la armonía con la naturaleza y con los demás, en paz y sintonía. Los místicos chinos defienden que si una persona desea vivir en paz, en armonía con la ley de la naturaleza, con el Dao, no competirá con los demás para adelantarse, sino que “se quedará detrás”, siguiendo, no liderando.

Un pasaje evocador del “Yuan Dao”, el primer capítulo del Huainanzi, resume el secreto de vivir de forma natural, sin estrés, en contacto con la propia naturaleza espiritual e intrínseca. Nos aconseja rechazar de nuestra conciencia todo lo que es ajeno a nuestro bienestar y centrarnos en las necesidades de nuestro verdadero ser. De este modo, se puede encontrar la felicidad personal con facilidad. Este pasaje ejemplifica cómo es vivir como un sabio, un místico, en contacto con el Dao siendo fiel a la propia naturaleza interior. El Huainanzi nos insta a vivir en paz y a responder de forma adecuada al mundo que nos rodea, “observando y vigilando los cambios a medida que surgen. Encontrar la felicidad personal es tan fácil como girar una bola en la palma de la mano”24.

“Tan fácil como girar una bola en la palma de la mano”, esta frase lo dice todo. Hacer rodar la bola en nuestra mano es fácil, si nos relajamos y no nos aferramos con demasiada fuerza a ella; de la misma manera, es mejor no aferrarse demasiado a nuestras opiniones, posesiones, familia, ego o estatus. Entonces podremos dejar de obsesionarnos con el mundo exterior. El Dao nos pone en contacto con nuestra naturaleza intrínseca, nuestro equilibrio interior, el equilibrio entre nuestra naturaleza exterior y la atracción interior. Esta es la quietud que nos permite aferrarnos al pivote y estar en sintonía con el Dao.

El Dao está oculto. No deja rastro. De esta manera, es humilde, siempre liderando desde atrás. Esta es la característica del y del sabio o líder que sigue el Dao. Es modesto y se adapta a los demás o a los acontecimientos, minimizando sus deseos. Reduce sus ansias y, al hacerlo, sus deseos se satisfacen. Es objetivo y no se entrega a los excesos. Conoce su ser interior, su , que llama la “norma única”, y está en sintonía con la realidad, ignorando las consideraciones externas y la ambición.

Deja a un lado la astucia y sigue al Dao;
junto con la gente recorre
  el camino de la imparcialidad.
Deja a un lado todos los anhelos,
abandona todos los deseos,
  y acaba con toda deliberación.

Al reducir a lo esencial lo que rige su vida,
  actúa con discernimiento.
Al limitar lo que busca, lo obtiene (aquello que busca).
Quienes dependen de sus ojos y oídos
  para ver y oír,
agotan su cuerpo
  y aun así no perciben con claridad.
Quienes gobiernan con astucia
  y cálculo,
fatigan su mente sin lograr nada.
Sin deseo, sin exceso, (…)

Por eso, el sabio sigue el curso
  de una única norma.
Guiado por el nivel del agua
  y el hilo de la plomada,
actúa siempre conforme
  a las circunstancias25.

Aquí, el texto del Huainanzi vuelve a la metáfora del agua para describir el Dao y el . El místico se mantiene en sintonía con la norma. Tiene el “nivel del agua” interior para percibir el flujo del Dao, y la plomada interna para conocer su profundidad. Debido a su sabiduría interior, puede adaptarse a todas las circunstancias sin alterarse.

El Huainanzi contrasta las formas ideales y puras del “Cielo” (Dao) con nuestras formas humanas, que están totalmente en desarmonía con el Dao y gobernadas por el interés propio y el engaño. El “Cielo” es una metáfora del estado de no ser, la pureza espiritual, no tocada por motivos humanos. Los ejemplos del cielo se toman del mundo natural. Dejar que un animal mantenga su estado original e indómito es un ejemplo del cielo. Un trozo de madera sin tallar o de jade sin pulir es simple y natural, como el cielo, al igual que un recién nacido. Pero controlar artificialmente a un animal o tallar un trozo de madera o de jade en objetos que se puedan comprar y valorar, son ejemplos de los intentos del hombre por dominar la naturaleza. El autor explica que aquellos que siguen su siempre estarán en compañía del Dao; aquellos que ceden a las presiones artificiales de la sociedad, quedarán desconectados del Dao y se volverán vulgares y toscos.

Por “Cielo” se entiende puro y sin adulterar,
  como la madera sin tallar y la seda sin teñir;
la simplicidad original y la blancura absoluta,
  que nunca se ha mezclado con nada más.

Por “hombre” se entiende estudiarnos unos a otros
  y ejercitar el propio conocimiento
  y suposiciones previas,
siendo astuto y engañoso con los demás,
  para progresar en el mundo
  y poder lidiar con lo vulgar.
Así, un buey que tiene pezuñas hendidas y cuernos,
y un caballo que tiene crin y pezuñas no hendidas,
  es lo que es el “Cielo”;
bridar la boca de un caballo
y perforar la nariz de un buey
  es el “hombre”.

Aquellos que siguen el Cielo caminan con el Dao,
mientras quienes se ajustan al hombre tratan
  con lo vulgar26.

En este pasaje, el poeta dice que la persona que comprende y sigue el Dao es fiel a su estado natural. Puede adaptar su comportamiento externo a la sociedad, pero internamente permanece fiel a sí mismo.

Así, quien entiende el Dao
no intercambia lo que pertenece al Cielo
  por lo que es del hombre.
Aunque externamente cambie
  con la transformación de las cosas,
internamente no deja de ser
  quien realmente es27.

Debido a que el místico está en armonía con el Dao internamente, experimenta su pureza y quietud dentro; se aferra al pivote del Dao, el punto de equilibrio entre la actividad externa y la quietud interna. En la siguiente estrofa, dice que el místico puede regresar a este punto: es su origen y, así, con su mente en control, puede volver a ese punto como un péndulo. Por eso, puede practicar el ideal del wu-wei: actuar sin motivo, “hacer sin hacer”. Está desapegado de los resultados. No se involucra en el espectáculo pasajero, sino que “aloja su espíritu” en la vacuidad pura del Dao. Ha entrado en el “paso misterioso”, la puerta a los reinos internos, que es el punto de concentración interior, llamado “la Puerta del Cielo” en el siguiente pasaje.

Por lo tanto, quien comprende el Dao
vuelve a su limpidez y quietud,
y aquel que sabe todo lo que hay que saber
  sobre las cosas (el místico),
siempre termina en la no actividad.
Si nutre su naturaleza con tranquilidad
y aloja su espíritu en la vacuidad,
entonces ha entrado en la Puerta del Cielo28.

Los maestros daoístas aconsejan no entregarse a emociones fuertes, que desequilibrarían al practicante, causando un desequilibrio entre su energía yin (interna) y su energía yang (externa). Ellos aconsejan que es importante mantener el control y adaptarse a los acontecimientos de la vida sin dejarse atrapar por las pasiones, que llevan a las personas a actuar de forma extrema. Aquí, Dao y se usan indistintamente para expresar el centro espiritual y el equilibrio.

La alegría y la ira son una desviación del Dao;
  la preocupación y el dolor son una caída del ;
  los gustos y los disgustos son excesos del corazón;
  los caprichos y los deseos son una carga para la naturaleza. (...)
En el hombre, una gran ira destruye el yin,
mientras que una gran alegría sobrecarga el yan. (...)
Por lo tanto, si una persona regula lo externo
  desde el núcleo de su ser,
sus diversos asuntos no terminarán en fracaso.
Si lo consigue en el núcleo,
podrá nutrir lo externo29.

Nuestro núcleo es nuestro centro, el punto de equilibrio y quietud, el pivote, la manifestación del Dao interior, que se compara con la “empuñadura” del Dao que sostiene el cochero mientras conduce el carruaje de la vida. Si nos aferramos al pivote, podemos involucrarnos en actividades mundanas sin perdernos; podemos mantener la calma. Podemos adaptarnos y fluir con los cambios, como si fuéramos un eco o una sombra. No perdemos el equilibrio, sino que nos mantenemos serenos y tranquilos.

El pivote del Dao
La idea del Dao como un pivote es profunda. El pivote es el eje central de la rueda alrededor del cual gira todo. El borde de la rueda gira, pero el pivote o eje permanece en un solo lugar, completamente quieto. Puede rotar sobre sí mismo, pero nunca se desvía hacia el borde, que es el escenario del cambio. Por eso, la persona que se aferra al pivote y mantiene su mente unida al Dao, puede recorrer la vida con equilibrio y sin que las circunstancias cambiantes la zarandeen. Está estable porque su centro permanece quieto. Cualquier extremo puede llevar a perder la estabilidad.

Como Thomas Merton, el sacerdote católico que hizo un estudio profundo del Zhuangzi y publicó una interpretación poética de sus secciones favoritas, escribió en su comentario:

Aquel que se aferra al pivote central del Dao es capaz de ver cómo el “sí” y el “no” siguen su curso alternativo alrededor de la circunferencia. Mantiene su perspectiva y claridad de juicio, de modo que sabe que el “sí” es “sí” a la luz del “no” que es su opuesto. Entiende que la felicidad, cuando se lleva a un extremo, se convierte en calamidad. Que la belleza, cuando se exagera, se convierte en fealdad. Las nubes se convierten en lluvia, y el vapor asciende de nuevo para convertirse en nubes. Insistir en que la nube nunca se convierta en lluvia es resistirse al dinamismo del Dao30.

Las nubes deben convertirse en lluvia de acuerdo con la ley natural, en la que la transformación siempre tiene lugar en el plano físico. Es inútil resistirse al proceso.

Merton explica el concepto del Dao como el punto de quietud, el pivote de todos los opuestos. Los opuestos van a los extremos; el Dao es el punto central que encuentra la quietud entre los opuestos. Al respecto, Merton cita el Zhuangzi:

El Dao se oscurece cuando las personas entienden solo uno de los pares de opuestos o se concentran solo en un aspecto parcial del ser. (...) Si parto de donde estoy y veo las cosas como las veo, entonces también podría llegar a verlas como otro las ve. De ahí surge la teoría de la inversión: los opuestos se producen mutuamente, dependen el uno del otro y se complementan. (...)

Sea como sea, la vida sigue a la muerte; la muerte sigue a la vida. Lo posible se vuelve imposible; lo imposible se vuelve posible. Lo correcto se transforma en incorrecto y lo incorrecto en correcto; el flujo de la vida altera las circunstancias y así las cosas cambian a su vez. Pero los contendientes siguen afirmando y negando lo mismo que siempre han afirmado y negado, ignorando los nuevos aspectos de la realidad que trae el cambio.

El sabio, por tanto, en lugar de intentar probar tal o cual punto por medio de disputas lógicas, ve todas las cosas a la luz de la intuición directa. No está aprisionado por las limitaciones del “yo”, porque la perspectiva de la intuición directa incluye tanto al “yo” como al “no yo”. Así, reconoce que en cada argumento hay verdad y error. También entiende que, al final, ambos pueden reducirse a lo mismo cuando se relacionan con el pivote del Dao.

Cuando el sabio comprende este pivote, está en el centro del círculo, y allí permanece mientras el “sí” y el “no” se persiguen alrededor de la circunferencia.

El pivote del Dao atraviesa el centro donde convergen todas las afirmaciones y negaciones. Quien se asienta en ese pivote está en el punto inmóvil desde el que puede ver todos los movimientos y oposiciones en su verdadera relación. Así, ve las posibilidades ilimitadas tanto del “sí” como del “no”. Abandonando la idea de imponer límites o tomar partido, descansa en la intuición directa. Por eso, digo: “¡Es mejor abandonar la disputa y buscar la verdadera luz!”31.

Tres por la mañana
Hay una historia humorística contada por el maestro Zhuangzi que ilustra cómo ser equilibrado y no aferrarse a una visión parcial de la vida, sino ver siempre ambos lados; cómo no apegarse a la propia opinión o acción y no discutir. Muchas veces creemos que somos “razonables”, pero lo que pensamos es solo nuestra opinión. Sin embargo, al mirar ambos lados de cada problema, podemos adaptarnos a todas las circunstancias con ecuanimidad. Esta historia muestra cómo el sabio “firmemente centrado en el Dao”, resuelve el problema. Ve las cosas en perspectiva y luego actúa. Usando un ejemplo mundano y hasta infantil, Zhuangzi nos muestra lo ridículo que es para nosotros aferrarnos a nuestras opiniones más arraigadas.

El Dao se oscurece cuando los hombres entienden solo uno de un par de opuestos o se enfocan solo en un aspecto parcial del ser. Entonces, la expresión clara se vuelve confusa con juegos de palabras que afirman un aspecto y niegan todo lo demás.

Cuando desgastamos nuestras mentes aferrándonos tenazmente a una visión parcial de las cosas, negándonos a ver una concordancia más profunda entre esta visión y su opuesta complementaria, tenemos lo que se llama “tres por la mañana”.

“¿Qué es esto de 'tres por la mañana'?”, (preguntamos).

Un adiestrador de monos se acercó a sus monos y les dijo:

“En cuanto a las castañas, repartiré tres porciones por la mañana y cuatro por la tarde”.

Ante esto, todos se enojaron. Entonces dijo: “Está bien, en ese caso daré cuatro por la mañana y tres por la tarde”. Esta vez, todos quedaron satisfechos.

Los dos arreglos eran iguales porque el número total de castañas no cambió. Pero en un caso los animales se disgustaron y en el otro quedaron contentos. El cuidador estuvo dispuesto a cambiar su plan personal para ajustarse a las condiciones objetivas. ¡No perdió nada con eso!

El verdadero sabio, tomando en consideración ambos lados de la cuestión sin parcialidad, los ve a la luz del Dao.

Esto se llama seguir dos caminos a la vez32.

El secreto está en desapegarse de las opiniones personales –la necesidad de tener siempre la razón y de imponer la propia voluntad– y aceptar los comportamientos y opiniones de los demás. Así, el sabio lidera desde atrás; actúa sin imponerse a los demás.

Sobre cómo llegar a ser feliz y maduro interiormente
El autor del Huainanzi aconseja no buscar estabilidad ni placer en actividades externas, sino en el interior. Generalmente, las personas sienten que les falta algo en su interior y tratan de calmar sus corazones y mentes con placeres externos, como la música o algún entretenimiento. Pero ese consuelo es solo temporal. Cuando la música –el placer externo– termina, la necesidad interna sigue sin satisfacerse; la gente vuelve a sentirse triste y su espíritu se altera. Esto es lo que ocurre cuando se alterna entre los dos extremos de la felicidad y la tristeza. No hay constancia ni estabilidad.

Sienten vagamente como si algo les faltar
o como si anhelaran algo perdido.
¿Por qué?
Porque no buscan en el interior para complacer el exterior,
sino que intentan complacer el interior con el exterior.
Cuando la música empieza, se sienten felices,
pero cuando termina la actuación, están tristes.
Con la felicidad y la tristeza alternándose
  una a la otra,
el espíritu se sumerge en la confusión
  y no puede encontrar un momento de paz33.

Pero no todos pueden seguir tan buen consejo, porque no tienen madurez interior. Ese consejo no encaja con su forma de ser. “Son incapaces de mirar hacia dentro y encontrarlo en su propia naturaleza”, como dice el autor a continuación:

Al oír un buen consejo o una sana sugerencia, hasta un necio sabe lo suficiente como para dejarse llevar por él; cuando se presentan ejemplos del supremo y conducta noble, hasta una persona indigna sabe que quiere emularlos. Muchos se sienten atraídos por estas enseñanzas, pero pocos son los que realmente pueden adoptarlas; muchos las admiran, pero pocos las ponen en práctica. ¿Por qué? Porque son incapaces de mirar hacia dentro y encontrarlo en su propia naturaleza. Quien insiste en aprender, pero es poco receptivo interiormente, no capta lo que se le enseña ni se registra en la mente. (…)

Por lo tanto, que un hombre tenga la ambición de gobernar el mundo sin encontrar antes la capacidad de hacerlo en su propio corazón, es como una persona sin oídos que intenta afinar campanas y tambores o alguien sin ojos que desea deleitarse con colores y formas. Seguro que no estará capacitado para la tarea34.

Esto significa que incluso si queremos aceptar un buen consejo, no podemos ponerlo en práctica a menos que hayamos llegado a esa comprensión en nuestro interior. Escuchar un consejo no es lo mismo que ponerlo en práctica. Como no tenemos la capacidad de llevar nuestra atención al interior, no somos receptivos. Nada se registra dentro. La verdad no se refleja en nuestro interior. No podemos dirigir el mundo si no hemos encontrado la fuerza interior. Nuestras acciones deben partir de nuestro interior.

Sin embargo, si seguimos el camino de nuestro corazón sintonizando con nuestro y nos desapegamos de lo externo, entonces todos nuestros deseos, gustos y aversiones se vuelven irrelevantes. Todo se iguala. Encontramos nuestro equilibrio; alcanzamos la armonía.

Así, no hay nada que complazca,
  no hay nada que enoje;
no hay nada de lo que se pueda disfrutar,
  no hay nada en lo que se encuentren dificultades.
Las miríadas de cosas (de la creación) se funden en una
  misteriosa unidad:
sin lo bueno o lo malo,
en una deslumbrante transformación,
  la vida es como la muerte35.

¿Cómo se gobierna uno a sí mismo? Al desprenderse del deseo y la emoción, la vida se vuelve como la muerte, en el sentido de que las miríadas de cosas del mundo, incluidas nuestras emociones y experiencias, dejan de tener importancia. No fomentamos nuestros propios motivos, porque no tenemos un motivo personal.

Thomas Merton escribió sobre la “ley interior del ” como nuestra guía hacia el autodescubrimiento. Una persona que sigue su mantiene ocultos sus motivos a los demás y, así, permanece fiel a sí misma; sus actos no están dictados por otras personas ni por las condiciones externas. Ve la luz interior que lo guía. La persona cuya “ley” está fuera de sí misma, siempre intenta influir en lo que no está bajo su control. Ya no se valora a sí misma y nunca la valorarán los demás. Al final la abandonarán. El juego de la naturaleza y sus inevitables cambios la despojan, porque no ejerce su poder interior y en cambio intenta imponer su voluntad sobre las condiciones externas. Como menciona el maestro Zhuangzi:

Aquel cuya ley está dentro de sí mismo
camina en secreto.
Sus actos no son influenciados
por la aprobación o la desaprobación.
Aquel cuya ley está fuera de sí mismo
dirige su voluntad
hacia lo que está más allá de su control,
y busca extender su poder
sobre los objetos.

El que camina en secreto,
tiene una luz que lo guía
en todos sus actos.
El que busca extender su control
no es más que un peón.
Mientras piensa que está
superando a los demás,
los otros lo ven simplemente
esforzándose, estirándose,
tratando de mantenerse de puntillas.
Cuando intenta extender su poder
sobre los objetos,
esos objetos terminan controlándolo a él.

Quien está controlado por los objetos,
pierde la posesión de su yo interior:
si ya no se valora a sí mismo,
¿cómo puede valorar a los demás?
Si ya no valora a los demás,
está desamparado.
¡No le queda nada!

¡No hay arma más mortífera que la voluntad!
¡La espada más afilada
no se le iguala!
No hay ladrón tan peligroso
como la Naturaleza (la dualidad del yang y el yin).

Sin embargo, no es la Naturaleza
la que causa el daño:
¡es la propia voluntad del hombre!36.

Humildad
Cuando conocí al maestro Meng en Pekín, le pregunté cómo consideran los daoístas el orgullo o la arrogancia en el camino espiritual. Su respuesta me sorprendió por su franqueza. Él dijo:

El ego y el orgullo son el camino hacia la muerte. Con ellos no hay progreso en el sendero del Dao, porque dañan nuestra naturaleza original. La práctica del Dao consiste en buscar lo original y lo interno, nada externo. En mi práctica de hace treinta años, si mostrabas incluso una ligera señal de orgullo, tu maestro te lo señalaba de inmediato. Desde la antigüedad, aquellos que poseen el Dao no lo muestran, como dice el proverbio chino: “Tienen la mayor sabiduría, pero parecen necios”. Cuanto más avanzados están, menos lo exhiben. Cuanta más luz poseen, menos la revelan externamente.

El consejo de vivir con humildad y no hacer alarde de las cualidades propias ante los demás es una guía simple para el daoísta sincero.

Un hermoso pasaje del maestro del siglo XVIII, Liu Yiming, expresa la esencia de la humildad. Él dice que proviene de wuxin (“no mente”), lo que significa no cargar con un sentido del yo y del ego, ya que eso crea separación entre las personas. Para ilustrar su significado, recurre a un ejemplo tomado del mundo natural:

(Se dice que) un tigre feroz no dañará a un bebé y que un halcón hambriento no arrebatará a un recién nacido. ¿Cómo puede ser esto? Porque el bebé no tiene mente (wuxin). (…)

La única razón por la que las personas no pueden alcanzar el Dao es porque tienen mente (xin). Tener mente significa tener un yo. Tener un yo significa tener la percepción de que los demás están separados. En el momento en que surge esa percepción de los otros como algo separado, las personas inmediatamente buscan tomar ventaja o beneficiarse a expensas de los demás. Llenos de todo tipo de artimañas y planes ingeniosos, sus deseos egoístas se desbocan y su conciencia inherente queda completamente oscurecida. Si ni siquiera pueden acumular virtudes, ¿cómo pretenden realizar el Dao?

Los verdaderos buscadores del Dao se apresuran a romper la barrera montañosa entre ellos y los demás, y evitan los senderos estrechos. Se disciplinan y se adaptan al mundo. Se ven a sí mismos y a los demás como iguales. Consideran a todas las clases de personas por igual. Atienden a las cosas y a las situaciones tal como se presentan. Se ocupan de ellas, pero estas no les afectan. Permiten que las cosas sigan su curso sin retenerlas. Abordan cada situación que encuentran sin mente (wuxin). Al no tener mente, no tienen ego. Al no tener ego, son puros por dentro. Al ser puros por dentro, están limpios y sin mancha: totalmente fundidos con la ley celestial.

Esto se llama virtud original (yuandé). La virtud original no tiene forma ni signo. No se puede ver ni oír. Es una virtud unificada con el cielo y la tierra, tan radiante como el sol y la luna, tan ordenada como las cuatro estaciones. (…) Entonces, la creación no puede imponerles límites; las miríadas de cosas (de la creación) no pueden hacerles daño37.

Otro ideal taoísta que encarna la humildad es la inutilidad. Significa no promocionarse a uno mismo, sino presentarse como inútil. La literatura daoísta utiliza las metáforas del árbol inútil, la vasija rota, los espacios vacíos entre los radios de la rueda, las ventanas en la pared de una casa. La vacuidad y la inutilidad evocan el ideal de la humildad. La inutilidad es una metáfora del principio del no ser. Se considera una ventaja más que una desventaja. El capítulo once del Daodéjing nos dice:

Treinta radios se unen en torno al eje
  para formar una rueda,
pero es gracias a su no ser
  que el carro resulta útil.
La arcilla se moldea para hacer un utensilio,
pero es gracias a su no ser
  que el utensilio resulta útil.
Se cortan puertas y ventanas para hacer una habitación,
pero es gracias a su no ser
  que la habitación resulta útil.
Por lo tanto, convierte el Ser en ventaja,
  y el no ser en utilidad38.

En el Zhuangzi también se narran dos evocadoras parábolas que enseñan la ventaja de la inutilidad: desviar la atención de uno mismo y así sobrevivir a cualquier ataque o infortunio. Si llamas la atención sobre ti, corres el riesgo de provocar celos.

Huizi dijo a Zhuangzi: “Tengo un gran árbol llamado shu. Su tronco es tan nudoso y desigual que no se le puede aplicar una regla de medición; sus ramas son tan torcidas que no se ajustan a compás ni escuadra. Podrías dejarlo junto al camino y ningún carpintero lo miraría dos veces. ¡Tus palabras también son grandes e inútiles y, por eso, todos las desprecian por igual!”.

Zhuangzi respondió: “Quizá nunca hayas visto a un gato salvaje o a una comadreja. Se agazapa y se oculta, esperando a que algo se acerque. Entonces salta y corre de un lado a otro, sin dudar en subir o bajar, hasta que cae en una trampa y muere en la red. En cambio, está el yak, tan grande como una nube que cubre el cielo. Sabe muy bien ser grande, pero no sabe atrapar ratas. Tú ahora tienes ese gran árbol y estás afligido porque es inútil. ¿Por qué no lo plantas en la aldea de ‘Ni siquiera nada’ o en el campo de la extensión ‘amplia-e-ilimitada’, y allí te relajas sin hacer nada a su lado o te acuestas a dormir libre y tranquilo bajo su sombra? Ningún hacha acortará su vida; nada podrá dañarlo jamás. Si no tiene utilidad, ¿cómo podría sufrir pena o dolor?”39.

Por ser inútil, el árbol puede vivir en paz. Cuando nos adelantamos a los demás o intentamos hacer algo importante para dejar huella, para ser reconocidos por nuestros logros, seremos “reducidos” a la mínima expresión. Pero si descansamos en la “vacuidad”, en el espíritu del Dao, podemos sobrevivir muy bien. ¿Qué importa que otros piensen que somos inútiles?

Otro pasaje del Zhuangzi expresa la misma idea con más fuerza:

Los árboles de la montaña se dañan a sí mismos;
  la grasa de la antorcha se consume a sí misma.
La canela puede comerse
  y, por eso, la cortan;
  el árbol de laca puede usarse
  y, por eso, lo talan.
Todos los hombres conocen la utilidad de lo útil,
  pero nadie conoce la utilidad de lo inútil40.

Una vez más, dice que al proyectarnos como importantes atraeremos negatividad y ataques. Hay que seguir el patrón y el fluir de la vida sin intentar dejar huella. Así se puede lograr todo sin llamar la atención sobre uno mismo.

Zhuangzi también cita la metáfora de la barca vacía. La barca vacía describe a una persona sin ego, verdaderamente humilde. Zhuangzi explica que una persona que cruza un río y choca con una barca vacía no se enojará, pues la barca vacía no chocó con él intencionadamente. Pero si ve que dentro de la barca que lo golpeó hay alguien, se enojará. Incluso pensará que fue a propósito.

Zhuangzi dice que nadie discutirá contigo si puedes vaciar tu barca mientras navegas por el río de la vida. No encontrarás resistencia.

Si un hombre, habiendo atado dos cascos juntos, cruza un río y de repente una barca vacía choca contra él, por muy iracundo que sea, no se enfadará.

Pero si hay alguien en la otra barca, entonces gritará indicando que remen hacia aquí o que viren hacia allá. Si no se atiende su primer grito, volverá a gritar, y si tampoco lo escuchan, gritará por tercera vez, esta vez con un torrente de insultos.

En el primer caso, no estaba enojado; ahora, en el segundo, sí lo está. Antes se enfrentaba al que estaba vacío, ahora se enfrenta al que está ocupado.

Si un hombre lograra vaciarse y así recorrer el mundo, ¿quién podría hacerle daño?41.

En otro pasaje, habla del árbol que crece recto y del manantial de agua clara: metáforas de la persona que deja que su luz brille visiblemente hacia fuera para que los demás la vean, en lugar de guardarla en su interior. Aconseja no buscar logros que atraigan demasiada atención sobre uno mismo, pues traen deshonra. Los celos ajenos buscarán hundirte. Sé como las multitudes que fluyen con el Dao, invisibles. No llames la atención ni te pongas al frente. Ve detrás en lugar de ir delante, aunque parezcas un tonto.

El árbol recto es el primero que se tala,
el manantial de agua clara es el primero en agotarse.
Si deseas acrecentar tu sabiduría
y avergonzar al ignorante,
cultivar tu carácter
y eclipsar a los demás,
una luz brillará a tu alrededor
como si te hubieras tragado el sol y la luna;
[pero] ¡no evitarás la desgracia!

Un sabio dijo:
“Quien está contento consigo mismo
ha hecho un trabajo sin valor.
El logro es el comienzo del fracaso.
La fama es el comienzo de la desgracia”.

¿Quién puede librarse del logro
y de la fama, descender y perderse
entre la multitud de hombres?
Aquel que lo logra fluirá como el Dao, invisible;
discurrirá como la Vida misma,
sin nombre y sin hogar.
Simple es él, sin distinción.
Aparentemente es un tonto.

Sus pasos no dejan huella.
No tiene poder.
No consigue nada, no tiene reputación.
Como no juzga a nadie,
nadie lo juzga a él.
Tal es el hombre perfecto:
su barca está vacía42.

La historia enfatiza el principio daoísta de vivir con humildad y modestia, “seguir desde atrás” en lugar de intentar liderar. Mantén tu barca vacía. Esto te conducirá a la seguridad y la protección, pues no provocará envidia. Vivirás como el sabio, el místico, el hombre perfecto.

El Huainanzi ofrece otras analogías de la naturaleza para subrayar la importancia de vivir modestamente:

Porque la tierra permanece abajo
  y no disputa por una posición más alta,
es segura y estable;
porque el agua fluye hacia abajo
  y no compite por el liderazgo,
fluye rápidamente en lugar de lentamente43.

Lo más seguro es ser modesto. Como el agua, lo que fluye hacia lo más bajo es lo que avanza más rápido y mejor. Y el Dao es como el agua: fluye hacia su nivel natural. Para vivir de acuerdo con el Dao hay que seguir el propio .

El Huainanzi ofrece consejos generales sobre cómo vivir en armonía con uno mismo y con el propio entorno a través del control del propio espíritu. Todos los habitantes de la creación saben lo que les agrada y desagrada porque son fieles a su naturaleza interior. De igual manera, el ser humano puede gobernar su cuerpo y tiene la inteligencia para discernir entre lo bueno y lo malo, porque su qi* (energía vital) domina sus sentidos y deseos, y así encuentra el equilibrio interior. Pero cuando no está en armonía consigo mismo tropieza y cae; su atención se dispersa. El Huainanzi observa:

Todas las innumerables criaturas del mundo, hasta los diminutos insectos que se arrastran y agitan, saben lo que les gusta y lo que les disgusta, lo que les beneficia y lo que les daña. ¿Por qué? Porque poseen (…) su naturaleza, que no los ha abandonado. Una vez que su naturaleza los abandone, ya no podrán reconocer a los de su propia especie.

Ahora bien, el hombre puede ver y oír con discernimiento, puede levantar el cuerpo y mover sus miembros, puede doblar y estirar sus articulaciones; en su discriminación puede distinguir lo blanco de lo negro, lo bello de lo feo, y su inteligencia puede diferenciar lo igual de lo distinto y lo correcto de lo incorrecto. ¿Por qué? Porque su qi llena su cuerpo y su espíritu está a su servicio.

¿Cómo lo sabemos? Porque cada vez que la mente de un hombre se concentra en algo externo y su espíritu está ligado a algo, puede tropezar con un tronco o golpearse la cabeza con un árbol sin siquiera darse cuenta. Y si intentas hacerle señas no será capaz de ver, y si intentas llamarlo no será capaz oír.

No es que sus ojos y oídos lo hayan abandonado, sino que no es capaz de responder. ¿Por qué? Porque su espíritu ha abandonado su lugar44.

Tiene todas sus facultades sensoriales, pero ha perdido el enfoque: no está en contacto con su espíritu interior. Su espíritu ha dejado su lugar. A continuación, el autor nos recuerda que nuestra atención sigue aquello en lo que nos concentramos e ignora lo que considera irrelevante. Como no hay lugar ausente de espíritu, quien se enfoca en la vacuidad, en el Dao, es consciente de todo: desde la vastedad del cosmos hasta la punta de un cabello.

Así, cuando la atención del espíritu se dirige
  hacia lo pequeño
  es inconsciente de lo grande;
cuando se dirige hacia lo interior,
  es inconsciente de lo que sucede externamente;
cuando se dirige hacia lo que está arriba,
  es inconsciente de lo de abajo;
cuando se dirige hacia la izquierda,
  es inconsciente de la derecha.
Solo cuando no hay lugar
  que el espíritu no llene,
  no hay lugar donde la atención
  no se dirija.
Por eso, quien valora la vacuidad toma como morada
  la punta de un cabello de otoño45.

Cuando nuestro espíritu está en sintonía con el Dao, está en todas partes –llena toda la creación–; y entonces tenemos enfoque. Nos volvemos conscientes de todo, hasta del insecto más pequeño o del cabello más fino. Esto ocurre cuando estamos vacíos de ego y de deseo. Pero cuando nos enredamos en deseos y apegos nos desajustamos, y nuestro espíritu abandona su lugar.

Así, cuando “no hay lugar que el espíritu no llene”, entonces no hay ningún lugar ni nada de lo que no estemos conscientes. El hombre del , que valora el Dao y está vacío de sí mismo, puede enfocar su atención tanto en la punta de un cabello como en la vastedad del cosmos.

Esta es la persona a la que llamamos sabia, el hombre verdadero o perfecto: humilde, íntegro, que sigue el curso natural del wu-wei. Está en armonía con el Dao. Pero el que no está en contacto con el Dao, que no sigue su , su naturaleza interior, siempre es inapropiado. Es como un loco, que tropieza por la vida. ¿Por qué? “Porque su cuerpo y su espíritu han perdido su lugar”46. Cuando el espíritu domina, todo está bien: hay integridad. Pero cuando el cuerpo tiene el control, el espíritu se ve dañado. Bajo el control del cuerpo, entonces la lujuria, el deseo, el orgullo y la codicia dominan al hombre, y su espíritu se dilapida cada vez más, hasta que al final pierde el contacto con su ser interior.

El siguiente pasaje describe a la persona cuyo espíritu es su maestro. Él es el sabio, el hombre verdadero que alimenta su espíritu, asciende y desciende con el Dao. En cambio, la persona codiciosa, movida por el deseo, derrocha su espíritu; lo deja vagar lejos de casa, se apega al mundo externo, sin volver a su centro. El camino natural es que el espíritu salga y regrese. Si no regresa, no tiene centro o pivote que lo vincule con el Dao. El sabio, gobernado por su , desapegado del mundo exterior, no se perturba con las miríadas de transformaciones del reino creado de los seres.

En consecuencia, donde el espíritu es el maestro,
  el cuerpo se beneficiará,
pero cuando el cuerpo tiene el control,
  el espíritu saldrá perjudicado.
Porque una persona codiciosa y avara
está sumergida en el poder y la ganancia,
y se obsesiona con el deseo
  de reputación y posición.
Y, esperanzado contra toda esperanza,
  cree que mediante una astucia superior
puede establecer un alto renombre en el mundo.
Así, su espíritu se derrocha día a día,
  y se aleja cada vez más.

Si durante mucho tiempo se aleja demasiado de casa
  sin volver,
el cuerpo cerrará sus aberturas
  y se resistirá desde dentro,
  y no habrá manera de que el espíritu
  vuelva a entrar. (…)

Por lo tanto, el sabio nutre su espíritu,
  armoniza y conserva la fluidez de su qi,
  calma su cuerpo,
  y se hunde y flota, se eleva y desciende
  con el Dao. (…)

Así, de las miríadas de transformaciones de las cosas,
  no hay ninguna a la que no pueda adaptarse.
De los cientos de cambios de asuntos,
  no hay ninguno al que no pueda responder47.

Vivir en armonía con la naturaleza: una dieta vegetariana
Ser fiel al de uno mismo, a su naturaleza espiritual intrínseca, significa vivir en armonía con el Dao, el orden natural que subyace en la vida. No es solo un concepto abstracto: es un principio que debe hacerse concreto, una guía ética y moral para cada pensamiento y acción. Aunque Laozi, Zhuangzi y otros maestros daoístas enseñaron el ideal de vivir en armonía con la naturaleza, la forma en que tanto la sociedad como los individuos lo han puesto en práctica ha variado. En general, implica llevar una vida sencilla y equilibrada, causar el menor daño posible a los demás seres y no entregarse a ningún tipo de exceso. Históricamente, esto ha significado en ocasiones adoptar una dieta vegetariana, aunque no siempre. Con todo, a lo largo de los siglos, muchos maestros daoístas han recalcado la importancia de abstenerse de matar animales y de consumir bebidas alcohólicas.

Los textos daoístas antiguos incluyen numerosas prescripciones de dietas austeras y saludables. Algunas prohíben incluso comer granos, y otras sugieren comer minerales. El termino Bigu o pigu se usaba para describir la abstinencia de cereales y granos; probablemente una forma de referirse a prácticas de ayuno. Estas austeridades tenían la intención de ayudar a alcanzar la inmortalidad espiritual e inducir a la longevidad corporal. Los granos prohibidos solían incluir el arroz, distintos tipos de mijo, trigo y soja. La idea era comer lo menos posible para preservar la salud. Para ello, los herbolarios también elaboraban diversas pócimas y mezclas de minerales y hierbas que ayudaban a suprimir el hambre. También desarrollaron varias técnicas como ejercicios de respiración y la ingestión de aire, saliva e incluso agua de talismanes (agua mezclada con las cenizas de talismanes incinerados), que se creía contenía energía vital pura (qi).

Por ejemplo, en el primer capítulo del Zhuangzi, se describe a un shenren daoísta avanzado (persona divina o maestro) como alguien que “no come ninguno de los cinco granos (bushi wugu), sino que inhala el viento y bebe el rocío. Cabalga las nubes, monta dragones voladores y vaga libremente más allá de los cuatro mares”. El adepto, nutrido y sostenido por el espíritu, accede libremente a los reinos espirituales y viaja en un estado de consciencia superior más allá de los límites del cuerpo.

La ley natural dicta que no se debe matar a ningún ser vivo. El amor hacia todas las criaturas se considera la marca de un verdadero ser humano, como se enfatiza en un texto del siglo V con instrucciones para los daoístas:

Mantén tu humanidad y no mates. Más bien, siente compasión y brinda apoyo a la multitud de seres vivos. ¡Sé compasivo y amoroso! Acércate, socorre y beneficia a todos48.

En 180 Precepts Spoken by Lord Lao [180 preceptos pronunciados por el Venerable Lao], escritos en el siglo VI, los seguidores de la escuela de los Maestros Celestiales (Tianshi) reciben las siguientes instrucciones:

No mates ni dañes a ningún ser; (...)
no te involucres en matar;
no alientes a otros a matar;
no pesques ni caces,
  y de ese modo dañes o mates
  a la multitud de seres vivos49.

El respeto por la vida de los animales se extendía a la comprensión de que todos los seres –incluidos los seres humanos– son criaturas de un único Creador. La misma escritura exhorta a los seguidores a adoptar la actitud enseñada por Laozi. Comienza así:

El Venerable Lao dijo: “El primer precepto es abstenerse de matar. (…)

”El precepto de abstenerse de matar significa que no debes matar a ningún ser vivo ni a nada que contenga energía vital (qi), ya sea que vuele o apenas se arrastre. (…)

”El precepto de abstenerse de matar (…) se refiere a la energía vital, que mantiene la vida y promueve el crecimiento. Aquellos que dañan y matan a los seres vivos, recibirán el daño correspondiente en sus propias vidas”. (...) Así, no matar significa que ni siquiera debes albergar la idea de matar50.

Algunas personas incluso adoptaron la práctica de capturar animales y luego liberarlos devolviéndolos a la naturaleza, tal como enseñaba la escuela Fangsheng [Liberación compasiva]. The Precepts of the Three Primes [Los preceptos de los Tres Puros] de la escuela del daoísmo Lingbao (Spiritual Treasure) [Tesoro espiritual] del siglo V, sintetizaron muchas de las enseñanzas del Tianshi (Celestial Masters) [Los maestros celestiales] con el budismo y la práctica Fangsheng. En ellos se enumeran varios actos prohibidos:

El pecado de matar criaturas vivas; (...)
el pecado de matar o dañar
  a la multitud de seres vivos; (...)
el pecado de sacrificar a los seis animales domésticos
  o matar criaturas vivas;
el pecado de disparar contra animales salvajes
  o aves voladoras;
el pecado de quemar las laderas de las montañas
  para cazar51.

Siglos más tarde, en una de las historias morales relatadas en Taishang Ganying Pian (“Chapters on Action and Response”) [Capítulos sobre Acción y Recompensa], escrito en el siglo XVI, un grupo de cazadores se encuentra con un sabio de avanzada edad, quien les aconseja:

Abstenerse de dañar todo lo que crece, y de matar a cualquier ser que esté despertando a la vida, es parte de la bondad universal que observan los santos y sabios52.

La guía espiritual y moral también incluía advertencias sobre las consecuencias negativas del consumo de alcohol. The Precept Scripture of the Lord Lao [La escritura de los preceptos del Señor Lao], de la escuela de los Maestros Celestiales, describe gráficamente el descenso a la inmoralidad que acontece cuando una persona se entrega a bebidas embriagantes:

Totalmente ebrias, las personas se enredan en disputas y peleas, trayendo desgracia a sus vidas y vergüenza sobre sí mismas. Mintiendo y engañando, pierden de vista todos los principios que deberían seguir. Incluso roban a sus seis parientes, les quitan a todos, no solo a los extraños. Matan y hieren a multitud de seres vivos; solo se interesan en satisfacer su lengua y su estómago53.

Un texto Lingbao del siglo VI, titulado the Twelve Highest Precepts of Admonition [Los doce preceptos supremos de advertencia], ofrece una descripción vívida de las consecuencias a largo plazo del consumo de alcohol:

Las personas que beben vino pueden esperar tres tipos de repercusiones por sus pecados:

  • En esta vida, obstaculizan o pierden toda bondad y conexión con la ley divina. En vidas futuras, nacerán con un espíritu oscuro y obtuso.
  • Están locos y confundidos en sus mentes, carecen de claridad y resplandor. Más tarde caerán entre murciélagos, lagartijas y criaturas similares.
  • Incluso si vuelven a nacer como humanos, sus mentes conscientes y sus naturalezas interiores estarán enloquecidas y engañadas, llenas de maldad y necedad54.

A comienzos del siglo III, the Celestial Masters school (la escuela de los Maestros Celestiales) fue forzada a trasladarse de su base en la provincia de Sichuan a otras partes del imperio. Cuando el movimiento revivió a comienzos del siglo V, se volvió más organizado, asegurándose finalmente el patrocinio estatal. En el año 440, un emperador aceptó la iniciación daoísta, tras lo cual el vegetarianismo fue decretado por ley estatal durante algunos años.

A lo largo de los siglos, numerosos maestros daoístas han recordado a la población general la importancia de mantener el equilibrio de la naturaleza absteniéndose de matar animales y comer su carne, incluyendo las especies raras y exóticas de animales que a veces se han usado tanto para medicinas como para alimento. Sin embargo, esta última costumbre ha persistido hasta los tiempos modernos, debido a la creencia errónea de que consumir estas criaturas puede prolongar la vida, aumentar la virilidad o alejar a los malos espíritus.

El Dr. James Miller, profesor de estudios chinos en la Universidad Queen’s de Canadá, ha estudiado la relación entre la ecología y la religión china. Miller señala que el daoísmo tiene una fuerte tradición de vegetarianismo, especialmente entre los monjes y monjas daoístas, quienes desde hace mucho tiempo han adoptado una estricta dieta vegetariana como parte de su código ético55. De hecho, muchos sabios antiguos chinos enseñaban que comer animales salvajes causaba un gran daño al cuerpo.

Cuando conocí al maestro Meng en Pekín en 2017, le pregunté si, hoy en día, la dieta vegetariana seguía siendo importante para los daoístas. Él respondió que actualmente hay muy pocas personas que sean vegetarianas estrictas como él, y que sus razones para dejar de consumir alimentos de origen animal son muy diferentes de las tendencias vegetarianas modernas, que no se basan en principios espirituales. Si él se alimentara de animales, esto afectaría su práctica espiritual. Fue muy claro al respecto, vinculando su práctica con las enseñanzas fundamentales de Laozi:

No debemos matar. Todas las criaturas son iguales. Por lo tanto, no debemos matar a nuestros semejantes. Esto forma parte del concepto de ziran (natural) de Laozi.

Y añadió:

Hay muy pocos vegetarianos estrictos, incluso entre los budistas, porque ya no existen reglas o exigencias estrictas. Antes las había, pero ya no. Sin embargo, para quienes siguen el camino daoísta, aunque les pidas que coman carne, no pueden hacerlo. Por ejemplo, yo puedo saber si alguien es vegetariano o no, o si la comida vegetariana se cocina en woks que se utilizan para cocinar carne.

He sido vegetariano estricto durante treinta años; es decir, sin carne, sin alcohol, sin huevos, sin lácteos, sin cebolla ni ajo, y tampoco cigarrillos. La cebolla y el ajo no ayudan a revertir la función física del cuerpo. Tomo una comida al día o una comida cada dos días. Llevo mi propia olla y comida cuando viajo. No como en restaurantes ni en hoteles. La razón por la que no consumo lácteos es porque su olor es demasiado fuerte. El olor de los huevos es aún más fuerte.

Ascetismo
Como leímos en el relato del maestro Meng sobre sus primeros pasos en la búsqueda espiritual, muchos daoístas chinos adoptan un estilo de vida ascético y austero, viviendo como ermitaños en las montañas con el fin de seguir el camino espiritual. Esta forma de vida a menudo se ha idealizado en novelas y películas, pero no es la única opción que los maestros daoístas proponen para alcanzar un objetivo espiritual. De hecho, a veces se considera que la vida de ermitaño es una elección temporal para ayudar a una persona a obtener fuerza interior antes de regresar a la vida en sociedad.

Encontré observaciones similares en las entrevistas a ermitaños daoístas realizadas por un daoísta estadounidense llamado Bill Porter, también conocido por su nombre daoísta, Red Pine. Sus relatos, recopilados en su libro Road to Heaven: Encounters with Chinese Hermits [Camino al Cielo: encuentros con ermitaños chinos], confirman que el enfoque descrito por el maestro Meng está muy extendido entre los practicantes chinos.

Porter comienza su libro ofreciendo una visión histórica del papel del ermitaño en la tradición daoísta y budista china, y luego continúa con entrevistas a varios ermitaños que conoció durante sus viajes por las montañas Chungnan (también conocidas como Zhongnan o Taiyi) en el suroeste de China.

Un monje daoísta llamado Jen, le dijo a Porter que había vivido como ermitaño algo menos de tres años. Él dijo:

Fue una buena experiencia. Tarde o temprano, todos los daoístas tienen que vivir solos durante un tiempo para concentrarse en su práctica. Para practicar tienes que encontrar un lugar apartado, al menos al principio. Pero lo importante es aprender a aquietar la mente. Una vez que logras eso, puedes vivir en cualquier lugar, incluso en una ciudad ruidosa56.

Cuando Porter le preguntó si era necesario ser monje o monja, Jen respondió:

Lo importante es llevar una vida recta. No necesitas ser monje o monja para hacerlo. No sirve de nada serlo si no cumples los preceptos. Lo importante es cumplir los preceptos. Pero cualquiera que lleve una vida recta lo hace. Esa es la base de la práctica. Los preceptos son las exigencias que te impones a ti mismo. Los preceptos hacen posible la práctica. Si no eres exigente contigo mismo, no llegarás a ninguna parte en tu práctica57.

* Algunos escritores daoístas usan indistintamente qi (energía) y shen (espíritu).