
CAPÍTULO CINCO
Cultivar el Dao
Una vez que la mente humana muere, aparece la mente del Dao.
Maestro Meng
Las personas buscan en un maestro una guía: alguien que pueda enseñarles cómo vivir una vida espiritual. El maestro es el ejemplo vivo de la transformación que se produce en una persona cuando cultiva el Dao. Al cultivar el Dao, podemos vivir de manera natural, como lo hace el maestro, siguiendo el principio del wu-wei. La clave para cultivar el Dao y alcanzar el estado de wu-wei es una práctica de meditación que lleve la consciencia o la atención más allá de la dualidad de este mundo material, hacia la unidad con el Dao: la vacuidad primigenia.
Muchas tradiciones religiosas y enseñanzas espirituales enfatizan la importancia de la meditación. Existen numerosas variedades de meditación que incluyen desde prácticas seculares orientadas a calmar la mente y generar una sensación de bienestar, hasta técnicas vinculadas con religiones y caminos espirituales específicos. Algunas personas asocian la meditación con prácticas de respiración y retiros en silencio; otras adoptan períodos de quietud y contemplación interior, libres de cualquier práctica o ritual externo. Parece que vivimos en una era de ansiedad global, en la que muchas personas están inmersas en una búsqueda de propósito, equilibrio y comprensión de la vida. Hay meditación cristiana, meditación judía, meditación cabalística, meditación budista y meditación daoísta.
Las diversas técnicas suelen emplear diferentes términos para describir las distintas etapas de la práctica, incluidas las preparaciones necesarias. Asimismo, el propósito de cada tipo de meditación varía según el resultado que se busque. Algunas tienen como objetivo calmar la mente y permitir que los practicantes experimenten paz interior mientras afrontan las tensiones de la vida. Otras tienen como objetivo que quienes meditan logren desapegarse de las circunstancias externas y permanezcan fieles a su brújula interior. Para muchos, la meta de la meditación es simplemente mejorar la salud mental, emocional y física. La meditación se utiliza habitualmente para expandir la consciencia y la “atención plena” (mindfulness). Y para algunos, la meditación constituye un método para liberar al alma de las ataduras de la mente, permitiéndole entrar en contacto con un poder divino y quizás incluso unirse a él en una unión mística.
Cuanto más se profundiza en técnicas específicas, más se descubren elementos comunes, por ejemplo, la necesidad de apartarse de las distracciones externas e internas; aquietar, controlar y concentrar la mente; sentarse en silencio; y experimentar paz interior.
Las prácticas de meditación que enseñan los daoístas chinos, comparten inevitablemente muchos elementos con las prácticas asociadas a otras tradiciones espirituales. Pero lo que resulta singular es el vocabulario y el marco conceptual que los daoístas utilizan para describir sus enseñanzas y experiencias.
Aun así, resulta difícil describir los detalles de la meditación daoísta, porque ni los maestros ni los discípulos comparten sus experiencias con otros. Como me recalcó el maestro Meng cuando nos encontramos en Pekín, la práctica de cada persona es individual y nadie puede copiarla ni adoptarla. Solo un maestro espiritual vivo puede enseñarla, y constituye un secreto que comparte únicamente con su discípulo. Sin embargo, el maestro Meng sí me ofreció algunas pistas generales sobre lo que se necesita para cultivar el Dao. Subrayó que si diriges tu atención al punto de concentración, “el paso misterioso”, verás la luz interior. Esa luz te acompañará en todo momento. Una vez que cruzas ese umbral y alcanzas ese estado, nunca lo pierdes.
El maestro Meng me dio algunas ideas sobre los principios de la práctica, aunque no sobre los detalles específicos. Dijo: “Cuando la mente humana muere, aparece la mente del Dao”. Solo se puede experimentar el Dao cuando la mente individual se rinde, por así decirlo, y se somete al Dao. La mente es nuestro obstáculo. Tenemos que encontrar un maestro que pueda guiarnos en el camino del Dao, y tenemos que adoptar un estilo de vida ascético y solitario, al menos al principio. Según el maestro Meng, someterse a austeridades físicas cambia realmente el funcionamiento del cuerpo. Explicó que ciertas prácticas ascéticas externas también ayudan a refinar la propia naturaleza y a controlar y concentrar la mente.
Recordemos algunas de sus reflexiones sobre su práctica interior:
Nuestra naturaleza original está conectada con la inmortalidad, con lo sin forma. Es como una perla que brilla, pero a lo largo de nuestra vida diaria, con todos nuestros pensamientos y deseos, acumulamos polvo que cubre su estado original. Pero si quitamos este polvo, la perla podrá volver a brillar. El término para este método de cultivo es “estabilizar nuestro corazón y transformar nuestra naturaleza” (xiangxin huaxing). Estabilizar el corazón significa permanecer tranquilos. Cuando nos quedamos tranquilos dejamos de acumular más polvo. Y al quitar el polvo viejo que ya hemos acumulado, transformamos nuestra naturaleza. Así, una vez que hemos eliminado todo el polvo de nuestro corazón, se revela nuestra verdadera naturaleza. Y nuestra verdadera naturaleza es el Dao. (…)
El propósito de sentarse a meditar es aquietar la mente, porque nuestra mente a lo largo del día no está bajo nuestro control. Se practica la meditación para mantener la mente controlada. Alcanzar ese estado requiere mucho tiempo.
Los daoístas enfatizan que, en nuestro estado habitual, nuestra energía espiritual fluye hacia afuera y hacia abajo, disipándose en el mundo. Con la meditación podemos invertir este flujo externo de energía espiritual y alcanzar una concentración interior y una consciencia del Dao, que lo abarca y lo penetra todo.
La luz espiritual siempre brilla en nuestro interior: es nuestra naturaleza esencial. Desafortunadamente, la luz de nuestra consciencia se dispersa fácilmente hacia fuera, disipada por nuestros deseos, nuestra actividad sensorial e intelectual, y nuestras interacciones con los demás. Necesitamos “girar la luz”, invertir su iluminación para que brille dentro de nosotros, despierte nuestra conciencia espiritual y no se disipe en la creación. Debemos cerrar la puerta interior: el “paso misterioso”, la puerta por la que la luz fluye hacia fuera y hacia abajo en el mundo material. Esta puerta interior nos conduce hacia dentro y hacia arriba, hacia la consciencia de la realidad espiritual de quiénes somos en verdad o nos mantiene enfocados en el mundo exterior. Cuando la puerta está cerrada, entonces la luz, nuestra atención, permanece dentro y comenzamos nuestro verdadero viaje espiritual. El proceso de invertir la luz es el proceso de la meditación, del cultivo del Dao.
Otra metáfora para comprender nuestra naturaleza espiritual a través de la meditación es “limpiar el polvo del espejo de nuestro corazón”. Esta expresión aparece con frecuencia en la literatura daoísta, donde los apegos e implicaciones mundanas suelen llamarse “el polvo del mundo”. Un texto daoísta muy antiguo llamado Nei-yeh hace a menudo esta referencia.
El Nei-yeh
El Nei-yeh (“Entrenamiento interior” o “Cultivo interior”) es uno de los primeros textos que documentan las técnicas de meditación chinas. Transmitido originalmente de manera oral, probablemente fue escrito entre los años 350 y 300 a. C. Se considera anterior incluso al Daodéjing, el más conocido de los primeros clásicos espirituales chinos, y puede haber influido tanto en Daodéjing como en el Zhuangzi, que se escribieron un siglo después. El Nei-yeh fue incluido en una colección de escritos llamada Guanzi, compilada aproximadamente en el siglo II a. C., pero permaneció casi desconocido y en la sombra durante muchos siglos, con pocas personas que comprendieran su importancia. Solo en el siglo XX, los estudiosos chinos y occidentales comenzaron a reconocer su verdadero valor.
El Nei-yeh se centra casi exclusivamente en la práctica de la meditación y evita debates filosóficos o metafísicos, como el origen de la creación, los principios del yin y el yang, etc. Esto confirma que la base del daoísmo es su práctica de meditación dirigida hacia el interior. Los especialistas que han traducido este texto para lectores modernos lo consideran “la más antigua expresión existente de una práctica mística distintiva (...) que constituye la base de toda la tradición daoísta, desde sus inicios poco claros en la antigüedad hasta el Huainanzi a mediados del siglo II a. C.”85. Su texto surge de la experiencia de los antiguos maestros espirituales y sus discípulos, dedicados a la práctica mística. Los practicantes daoístas contemporáneos continúan usando su vocabulario espiritual.
El libro, compuesto por veintiséis pasajes, describe tres tipos de energía o poder:
- Qi (chi): a menudo traducido como energía vital o aliento, es la fuerza o poder universal que da vida a todas las cosas.
- Jing, o esencia vital, se describe como “la fuente de la energía vital (qi) en el ser humano (...) la base de nuestra salud, vitalidad y bienestar psicológico”86. Puede entenderse como una reserva innata y siempre renovadora, de la cual la persona destila su qi personal. Es la energía dentro de la energía, la esencia dentro de la esencia*. Podemos pensar en el jing como la forma concentrada del qi, que lo activa o bien lo potencia. (En el plano físico, también se usa para referirse al poder sexual y creativo de una persona, el principio “procreador”).
- Shen, el espíritu o consciencia mística, es el tercer tipo de poder o energía descrito por los daoístas. Representa la energía espiritual que proviene del ámbito divino o celestial y se manifiesta en el ser humano. Es un poder divino o celestial que los seres humanos pueden atraer hacia sí mismos siendo fieles a su poder interior o dé. La persona cuya mente está imbuida de shen experimenta el Dao en su interior.
La consciencia shen, una vez realizada en la meditación, es profunda; es una consciencia interior del alma, del Dao, y no puede expresarse ni describirse. El verso catorce del Nei-yeh dice: “Dentro de la mente hay aún otra mente. Esa mente dentro de la mente: ¡es una consciencia que precede a las palabras!”.
Estos tres tipos de energía espiritual son, en esencia, un mismo poder espiritual, pero se manifiestan en distintos centros de energía del cuerpo, y por ello reciben diferentes nombres según la cualidad de cada centro en particular**. Se asume que, en nuestro estado humano corriente, nuestra energía espiritual se dispersa por todo nuestro cuerpo y se mezcla con impurezas como los deseos sensuales, el ego, los apegos, la negatividad, etc. A medida que comenzamos a refinar y retirar el poder o energía hacia los centros superiores se purifica, liberándose de toda negatividad. La energía en sí es una y no cambia, pero cuanto más desciende en el cuerpo, más impurezas acumula y, por eso, se describe de forma distinta.
Los maestros daoístas han dado diferentes nombres para distinguir entre las expresiones más elevadas o puras de esa energía y sus expresiones más bajas, materiales o físicas. Las prácticas de meditación están destinadas a recoger y retirar la energía, que ahora está dispersa por todo el cuerpo. Primero, al concentrarse en los centros inferiores, se transforma en jing; luego se transforma en qi en el centro medio; y finalmente se refina en shen en el centro superior. La misma energía se vuelve cada vez más pura a medida que asciende.
Así, cuando el jing se refina y se purifica, se transforma en qi. Cuando el qi se refina y se purifica, se transforma en shen. Mientras los místicos de la India hablan de retirar la atención hacia arriba en la meditación, de un chakra a otro, hasta llegar al centro del ojo y más allá, los chinos otorgan un nombre distinto al poder o energía espiritual en cada punto de este proceso. Sin embargo, básicamente es el mismo proceso de recogimiento: el espíritu se va refinando a medida que se retira de lo físico, invirtiendo el flujo exterior de la luz interior.
Otro término importante en el Nei-yeh (y en toda la literatura daoísta) es xin, que literalmente significa “corazón”, pero se acerca más a lo que a veces llamamos “consciencia”, “mente enfocada” o “consciencia concentrada”. Muchos traductores modernos lo llaman “corazón-mente” (heart-mind), para sugerir la síntesis de mente, intelecto, percepción, intuición, ego y emoción.
¿Cómo se refiere el Nei-yeh a la meditación? Una metáfora evocadora es la de “limpiar la morada de la mente numinosa”. El verso trece del Nei-yeh dice:
Hay una mente numinosa que reside naturalmente
en el interior;
en un momento se va, al siguiente regresa,
y nadie es capaz de concebirla.
Si la pierdes, inevitablemente estarás desordenado;
si la alcanzas, inevitablemente estarás en orden.
Limpia con diligencia su morada
y su esencia vital llegará de manera natural.
Aquieta tus intentos de imaginarla y concebirla.
Relaja tu esfuerzo de reflexionar sobre ella y controlarla.
Sé reverente y diligente,
y su esencia vital se estabilizará de forma natural.
Aférrate a ella y no la dejes ir.
Entonces los ojos y oídos no se desbordarán
y la mente no tendrá nada más que buscar.
Cuando una mente alineada correctamente
habite en tu interior,
la miríada de cosas se verá
en su justa perspectiva87.
El shen, aquí llamado “la mente numinosa”, se refiere a la mente infundida con el espíritu: la capa de la mente en contacto directo con el Dao, es decir, la consciencia superior asociada al espíritu divino. De manera similar, el capítulo diez del Daodéjing pregunta: “Al limpiar tu espejo del misterio profundo (el espejo oscuro†), ¿puedes dejarlo sin mancha?”. Limpiar el espejo oscuro significa eliminar el polvo del mundo, así como nuestras debilidades y deseos.
Se supone que la mente es inherentemente pura, pero se ha cubierto de suciedad. La mente es como un espejo: refleja (y proyecta) lo que hay en lo más profundo de la persona. Cuando hay ecuanimidad en el interior, xin, la mente, está clara y quieta, como un espejo o como el agua tranquila, sin ondas ni turbulencias. El místico advierte contra el esfuerzo demasiado intenso, pues esto provocará que la mente se altere y pierda su equilibrio. Laozi dice: “Relaja tus esfuerzos, (...) sé reverente y diligente, y su esencia vital se estabilizará de manera natural”.
La claridad de la mente significa vaciarse de la necesidad de estímulos externos y, en cambio, encontrar quietud en el interior: hallar el equilibrio natural dentro de uno mismo y con el mundo externo. Cuando xin [la mente] es pura se puede actuar objetivamente, sin motivos ocultos ni cálculos. Esta objetividad permite permanecer en el presente constante e intemporal. Esta es la quietud que se produce cuando se actúa de manera natural, sin involucrar el intelecto, cuando una persona está en sintonía con el Dao.
Al vaciar la mente para crear una “morada” para el Dao, las personas pueden dejar ir todos los deseos, miedos, pensamientos, opiniones, cálculos y demás emociones y apegos. Entonces pueden ser receptivos al Dao. Así es como se alcanza la tranquilidad y la quietud.
La tranquilidad y la quietud son la fuente del poder interior del meditador, un poder que proviene de estar imbuido del Dao interior. Esto se afirma al final del verso dieciséis:
Si las personas pueden estar alineadas y tranquilas,
su piel será tersa y suave,
sus oídos y ojos serán agudos y claros,
sus músculos flexibles
y sus huesos fuertes.
Entonces podrán sostener el Gran Círculo
(de los cielos)
y caminar firmes sobre el Gran Cuadrado
(de la tierra).
Verán las cosas con gran pureza
y percibirán las cosas con gran claridad.
Sé reverente y consciente (del Dao) y no vaciles,
y diariamente renovarás tu poder interior88.
El Dao es todo y está en todas partes, es permanente y compasivo. Como dice el verso veintidós del Nei-yeh:
Todo lo que pertenece al Dao,
siempre está lleno y completo,
es profundo y está oculto;
siempre es abundante y vasto,
abierto y expansivo;
siempre es indestructible y duradero,
firme y perdurable.
Protege el Dao perfecto y nunca lo dejes ir;
expulsa todo mal y toda falta de bondad89.
“Proteger el Dao” es una expresión que se repite a menudo en el Nei-yeh, como una forma de aconsejarnos que nos aferremos a nuestra esencia espiritual interior, nuestro centro o eje, que nos permitirá vivir sin perder el equilibrio. Para proteger el Dao debemos mantener la quietud interior, el aspecto más importante de la práctica de meditación; se enfatiza en casi la mitad de los veintiséis versos del Nei-yeh. Se logra mediante lo que se llama la “alineación cuádruple”: alinear el cuerpo de modo que la mente pueda alcanzar la quietud.
Aunque los distintos comentarios no siempre coinciden en lo que significa específicamente la alineación cuádruple, los estudiosos han especulado que se refiere a sentarse en una postura con las cuatro extremidades alineadas entre sí, con el qi y la mente en control. El verso once explica por qué la alineación interior es tan importante, mostrando lo que ocurre cuando no estamos alineados y perdemos el equilibrio:
Cuando tu cuerpo no está alineado,
el poder interior no llegará.
Cuando no estás tranquilo en el interior,
tu mente no estará bien ordenada.
Alinea tu cuerpo; ayuda al poder interior (dé).
Entonces vendrá gradualmente por sí mismo90.
Durante siglos, el Nei-yeh ha enseñado que todo se centra en la práctica simple, consistente y diaria de aquietar cuerpo y mente, dirigir la atención hacia el interior y abandonar todo pensamiento.
El clásico más conocido, el Daodéjing, probablemente compuesto un siglo después del Nei-yeh y atribuido a Laozi, insta al practicante daoísta a buscar la quietud interior para experimentar la comunión con el Dao:
Sin salir por la puerta,
se puede conocer el mundo entero;
sin mirar por la ventana
se puede ver el Dao del Cielo.
Cuanto más se viaja,
menos se sabe.Por eso, el sabio
lo conoce todo sin viajar,
lo nombra todo sin verlo,
lo logra todo sin hacerlo 91.
Aquí, la “puerta” simboliza las aberturas del cuerpo o los órganos de los sentidos, como nariz, boca, oídos, etc. La “ventana” simboliza de manera similar los ojos físicos. “Cuanto más se viaja” representa la dispersión de los pensamientos y la atención hacia el mundo exterior. El verdadero sabio lo descubre todo en su interior. De manera similar:
Los cinco colores ciegan los ojos del hombre;
las cinco notas musicales ensordecen los oídos del hombre;
los cinco sabores embotan el gusto del hombre;
las carreras de caballos, la caza y la persecución (de cosas)
enloquecen la mente del hombre;
los bienes raros y valiosos mantienen a sus dueños
despiertos por la noche.Por eso, el sabio
provee al vientre (el ser interior)
y no al ojo (los sentidos).
Acepta lo uno y rechaza lo otro92.
Laozi afirma que los placeres sensuales externos preocupan a la mente sin satisfacerla, mientras que el sabio, el místico, nutre el ser interior, el espíritu, en lugar de los sentidos. Místicamente, el “vientre” se refiere al ser interior. El sabio retira la atención de los sentidos y la enfoca en el yo interior.
Un maestro daoísta del siglo XIII, aconsejaba sentarse prolongadamente en silencio, sin pensar, para entrar en el pasadizo interior. Utilizaba una analogía divertida:
Siéntate en silencio y mantén la atención concentrada, sin pensar, hasta que el ejercicio se perfeccione y se vuelva continuo, durante todo el día, como una gallina sentada sobre sus huevos sin moverse. Entonces, la única apertura del paso misterioso (xuanguan) se revelará automáticamente: tan vasto que no hay exterior; tan diminuto que no hay interior93.
El proceso de aquietar la mente y lograr la comunión con el Dao no puede lograrse rápidamente. Es un proceso largo y arduo, que depende del esfuerzo diario para alcanzar la concentración.
El Daodéjing sugiere adoptar un enfoque similar cada vez que queremos llevar a cabo grandes tareas:
Considera lo pequeño como grande,
considera lo escaso como mucho.
Ocúpate de lo difícil cuando aún es fácil,
ocúpate de lo grande cuando aún es pequeño.
Todas las cosas difíciles comienzan desde lo fácil,
todas las grandes cosas del mundo comienzan desde lo pequeño.
El árbol que llena los brazos de un hombre
surge de un brote tierno;
Una torre de nueve pisos
se levanta de un montón de tierra;
Un viaje de mil millas
comienza en el suelo que ahora pisamos94.
Muchos siglos después, apareció una obra anónima llamada The Secret of the Golden Flower [El secreto de la flor de oro]. Escrita por un místico desconocido en el siglo XVII, se basa en las enseñanzas del místico Lu Dongbin, del siglo VIII, conocido como Ancestro Lu, quien compartió visiones poéticas sobre el proceso de la meditación. La obra describe la iluminación interior como el florecimiento de la mente, que ocurre cuando la luz de la consciencia se invierte hacia dentro, hacia su fuente.
El texto, bastante esotérico y simbólico, explica que, una vez invertida, esta luz de la consciencia se convierte en la maestra de la mente al penetrar a través del “paso misterioso” y “ascender a los nueve cielos”, es decir, los cielos, más allá de la influencia del condicionamiento mundano. El “cuerpo espiritual” innato y natural recupera entonces la plena consciencia de su origen celestial95.
La práctica de invertir la luz (huiguang) está completamente relacionada con el método de inversión para concentrarse en la mente inherente, que habita dentro del sol y la luna (entre los ojos, en la transición entre lo físico y lo espiritual, en la unión del yin y el yang). (...) Los confucianos lo llaman el “centro de la vacuidad”, los budistas la “meseta de la consciencia”, y los daoístas lo denominan “patria” (Dao), “corte amarilla”, “paso misterioso” (xuanguan) y “apertura inherente”.La mente inherente es como una casa. La luz es la maestra de la casa. Cuando la luz se invierte (huiguang), todas las energías del cuerpo se concentran y ascienden (...) Concentrarse en invertir la luz (huiguang) conduce a la verdad última y más profunda. La luz (guang) es dinámica y difícil de estabilizar. Solo después de que se haya invertido durante mucho tiempo puede concentrarse y enfocarse en el cuerpo espiritual natural, de modo que el espíritu pueda concentrarse y ascender a lo alto de los nueve cielos (hacia los cielos). (...)
La flor de oro (jinhua) es lo mismo que el elixir de oro (jindan), transformado en luz espiritual (shenming) dentro de la mente (xin) del adepto (shi)96.
Si se invierte el flujo del yang y el yin (el flujo externo e interno), cada polo, cada extremo, vuelve a su opuesto. Así se supera la dualidad. El maestro daoísta Liu Yiming (1734–1821) explicó que la naturaleza esencial, pura e interior se conoce metafóricamente como el elixir de oro o jindan, el elixir de la inmortalidad. El oro simboliza su pureza espiritual. Describió la sutileza trascendente del elixir de oro, llamándolo “la verdadera semilla de tu naturaleza (original) y de tu vida (espiritual verdadera)”:
Debes entender que la verdadera semilla de tu naturaleza (original) –xing– y de tu vida (espiritual verdadera) –ming– no es otra que la única Energía verdadera inherente que surge del Origen. La estás mirando, pero no la ves. La estás escuchando, pero no la oyes. Intentas agarrarla con las manos, pero no la sostienes. No se encuentra en ningún otro lugar salvo dentro de este mismo cuerpo. No debe buscarse fuera del cuerpo. No está separada del cuerpo ni unida a él. Está dentro de la abstracción indiferenciada y en la profundidad imperceptible, oculta en el reino de la Vacuidad silenciosa (xuwu).Internamente, es la vacuidad verdadera. Externamente, es esta asombrosa existencia. No puede enseñarse con palabras; no puede representarse con dibujos ni escribirse con pluma. Si tuviéramos que dibujar una imagen, sería un simple círculo. Si tuviéramos que darle un nombre, los confucianos la llamarían el “Gran Último” (taiji); los budistas “consciencia completa” (yuanjue) y los daoístas la llamarían el “elixir de oro” (jindan).
El Gran Último, la consciencia completa y el elixir de oro –aunque son tres nombres distintos–, en esencia son lo mismo. Esta única cosa es la verdadera semilla de tu naturaleza (original) –xing– y de tu vida (espiritual verdadera) –ming–. Investigar a fondo el principio es buscar a fondo esta verdadera semilla. Desarrollar plenamente tu naturaleza significa realizar completamente esta verdadera semilla. Alcanzar la vida (espiritual verdadera) –ming– significa alcanzar esta verdadera semilla97.
El maestro Liu Yiming escribió que cuando las personas experimentan la luz espiritual interior, están experimentando su naturaleza o ser espiritual esencial, al que también se denomina “espíritu del valle inmortal” o profundidad espiritual interior. Es lo mismo que el elixir de oro. El maestro Liu cita un fragmento de la obra del siglo XI escrita por el maestro Zhang Boduan, el Wuzhen pian (“Awakening to Reality”) [Despertar a la Realidad]: “Cuando has ingerido una gota del elixir de oro (jindan), entonces sabrás que tu vida (ser interior) no depende de tu destino (externo)”. El maestro Liu dice:
El espíritu del valle, la verdadera esencia y la luz espiritual son uno y lo mismo. La única diferencia radica en si están o no desarrollados. Los estudiantes deben saber que no son tres cosas distintas98.
El maestro Liu también enseñó que el verdadero yo es el embrión espiritual (shengtai), una metáfora de la esencia espiritual original y de la consciencia dentro de uno mismo y en el corazón de todas las cosas. Esta consciencia surge de la armonización del yin y el yang. El “grano de mijo”, semejante a una perla, simboliza también las etapas iniciales de la iluminación espiritual. Como una semilla, el embrión espiritual crece de manera natural cuando se le nutre.
En A Treasury of Mystic Terms [Antología de términos místicos] se explica: “Una vez que la luz de la consciencia se ha invertido, toda la vida del practicante se transforma, pues él mismo se convierte en la luz que otorga la sabiduría. Entonces, el practicante reconoce el Dao en todo”99. Es decir, una vez que el practicante experimenta la luz en su interior, toda la creación (dentro y fuera) se experimenta como luz; él mismo es la fuente de la luz. Como se dice en The Secret of the Golden Flower [El secreto de la flor de oro]:
La luz no está ni dentro ni fuera del cuerpo. Montañas, ríos, la tierra, el sol y la luna no son más que esta luz; por lo tanto, no está únicamente dentro del cuerpo. Todas las funciones de la inteligencia y del conocimiento no son más que esta luz; por lo tanto, no está únicamente fuera del cuerpo. El resplandor del cielo y la tierra impregna toda la creación. El resplandor del cuerpo también impregna el cuerpo de arriba a abajo. Así, cuando la luz se invierte, todo en la creación –cielo y tierra, montañas y ríos– vuelve a la luz100.
En esta etapa, todo es uno, todo es el Dao: ya no existe la dualidad.
La luz es un poder positivo que disipa la negatividad intrínseca de la mente y la desprende automáticamente de las cosas externas. Invertir la luz hace que la mente se vuelva tan pura que se libera de la dualidad. Cuando la energía yin mundana (negativa) se aquieta, la energía yang espiritual (positiva) se manifiesta. Como se afirma en The Secret of the Golden Flower [El secreto de la flor de oro]:
Cuando la luz se invierte y contemplas en tu interior, ya no serás arrastrado por las cosas creadas; la energía yin se aquietará y el resplandor de la luz será un brillo concentrado, que es puro yang101.
Cuando una persona invierte el flujo de la energía espiritual en meditación, de fuera hacia dentro, esto refleja el flujo del propio Dao, que vibra perpetuamente siguiendo un patrón de inversión. El Dao es la nada suprema, el no ser, pero al fluir hacia fuera y hacia abajo desde el reino espiritual hacia el reino material inferior, se manifiesta como la miríada de cosas de la creación. Luego, invirtiendo su flujo, el Dao retorna a su fuente; las múltiples manifestaciones vuelven a la unidad, que finalmente se convierte en no ser.
El maestro Liu Yiming escribió que solo el discípulo verdaderamente ferviente, disciplina su mente y entra por la puerta. De manera similar, varios siglos antes, el maestro Li Daochun, usando la metáfora de la alquimia interna, dice que tanto aquietar el cuerpo como aquietar y vaciar la mente requieren determinación y voluntad firme:
Mantener la esencia vital (jing) plena puede preservar el cuerpo. Para mantener la esencia vital plena, primero debes aquietar el cuerpo. Cuando el cuerpo está quieto, no hay deseo, por lo que la esencia vital está plena.Mantener la energía vital (qi) plena puede nutrir la mente. Para mantener la energía plena, primero debes limpiar y aquietar la mente. Cuando la mente está limpia y quieta, no hay pensamiento, por tanto, la energía vital es plena.
Mantener el espíritu (shen) pleno permite retornar al Vacío. Para mantener el espíritu pleno, primero debes tener una intención sincera. Con la intención sincera, el cuerpo y la mente se fusionan (es decir, se alcanza la unidad interior), y retornas al Vacío.
Por lo tanto, la esencia vital (jing), la energía vital (qi) y el espíritu (shen) son las tres medicinas fundamentales. Cuerpo, mente e intención son los tres elementos fundamentales.
Aprender el método de la inmortalidad espiritual no requiere mucho. Basta con refinar los tres tesoros –esencia vital (jing), energía vital (qi) y espíritu (shen)– para generar el elixir. Cuando los tres tesoros se fusionan en el palacio central, se logra el elixir de oro (jindan). ¿No es esto fácil de practicar? Aquellos que lo encuentran difícil de practicar y aprender están confundidos y engañados por falsas ilusiones102.
Cuando el practicante finalmente logra entrar en la “puerta” misteriosa al llevar su atención al interior, experimenta el sonido y la luz espiritual. De esta manera, el poeta dice, el espíritu se restaura y vuelve a la vacuidad. El maestro Li Daochun escribió sobre el éxtasis de la realización espiritual:
Cuando la puerta (...) se abre,
entonces la práctica está completa.
El espíritu (shen) sale y entra por aquí,
revelándose y ocultándose.
Se restaura y regresa a la vacuidad.De la tierra estalla un rayo de primavera.
Al estallar el rayo,
cielo y tierra se abren.
De la vacuidad estalla
una esfera de radiancia,
redonda y completa,
brillando sobre la choza de bambú
sin escasez, sin exceso103.
Invertir la luz es solo una de las muchas metáforas que los daoístas han usado para describir el proceso del cultivo del Dao. Todas enfatizan la importancia de adoptar la disciplina de sentarse en silencio, mientras se vacía la mente de todas las distracciones y pensamientos externos y materiales, para poder entrar en los reinos espirituales. Un texto del siglo XI o XII llamó a este proceso de meditación “habitar en la vacuidad”.
Si puedes contemplar los reinos interiores,
el espíritu (shen) comenzará automáticamente a manifestarse.
Esto es “habitar en la vacuidad” y el no ser:
el lugar donde puedes habitar con los sabios104.
En su Discourse on Sitting in Forgetfulness [Discurso sobre sentarse en el olvido], el maestro Sima Chengzhen, del siglo VIII, escribió que habitar en esta “nada” produce un estado de mente vacía, lo cual permite fundirse con la vacuidad suprema del Dao:
Habitando en la nada,
desapegado incluso de lo más mínimo,
entrarás espontáneamente en el Vacío.
Así la mente (xin) se fundirá con el Dao105.
Los maestros daoístas han utilizado a menudo la expresión zuowang, traducida como “sentarse en el olvido” o “sentarse en la abstracción”. Es un estado de profundo trance o absorción mental, en el cual la persona trasciende el ego y libera la mente de todas las distracciones –tanto externas como internas–, quedando absorta en la experiencia del Dao. El término se usó por primera vez en el Zhuangzi y se encuentra en muchos textos posteriores. Es similar al “ayuno de la mente” o simplemente a “sentarse en silencio”.
Sentarse en el olvido (zuowang)
Los escritos de Zhuangzi contienen las referencias más antiguas registradas sobre la práctica de zuowang. En un diálogo humorístico e imaginario entre Confucio y su discípulo favorito, Yan Hui, el discípulo irónicamente invierte los papeles y le enseña a su maestro cómo “sentarse y olvidar”.
Yan Hui dijo: “¡Estoy mejorando!”.
Confucio preguntó: “¿Qué quieres decir con eso?”.
“¡He olvidado la benevolencia y la rectitud!”.
“Eso está bien. Pero todavía no lo has logrado”.Otro día, se encontraron de nuevo y Yan Hui dijo:
“¡Estoy mejorando!”.
“¿Qué quieres decir con eso?”.
“¡He olvidado los ritos y la música!”.
“Eso está bien. Pero todavía no lo has logrado”.Otro día, se encontraron de nuevo y Yan Hui dijo:
“¡Estoy mejorando!”.
“¿Qué quieres decir con eso?”.
“¡Puedo sentarme y olvidarme de todo!”.Confucio se sorprendió mucho y preguntó: “¿Qué quieres decir con sentarte y olvidarte de todo?”.
Yan Hui respondió: “Deshago mis miembros y mi cuerpo††, expulso la percepción y el intelecto, desecho mi forma física, elimino el intelecto y la comprensión, y me fundo con el Gran Camino (el sendero interior). Esto es lo que quiero decir con sentarme y olvidarlo todo”.
Confucio dijo: “¡Cuando te fundes con la unidad universal, ya no tienes gustos ni disgustos! ¡Cuando te has transformado, ya no estás sujeto al cambio constante! ¡Así que esta es verdaderamente una práctica digna! Con tu permiso, me gustaría llegar a ser tu discípulo”106.
Una vez que el practicante ha trascendido su cuerpo y mente y se ha fundido con la unidad universal del Dao, ya no está sujeto a la separación o la ilusión. Cuando se transforma espiritualmente, no se ve afectado por los cambios inherentes a la creación. Al convertirse en uno con el Dao, se vuelve eterno.
En otra historia, Zhuangzi relata cómo un carpintero consiguió tallar el yugo perfecto olvidando todas las distracciones y concentrándose totalmente en la madera que tallaba. Cuando Zhuangzi habla de “ayuno” aquí, se refiere al ayuno de la mente:
El carpintero Qing talló un trozo de madera y fabricó un yugo de campana, y cuando lo terminó todos los que lo vieron se maravillaron, pues parecía obra de dioses o espíritus. Cuando el marqués de Lu lo vio, preguntó: “¿Qué arte posees?”.
Qing respondió: “Solo soy un artesano, ¿cómo podría tener alguna habilidad artística? Sin embargo, hay una cosa. Cuando voy a hacer un yugo de campana, nunca dejo que se agote mi energía. Siempre ayuno para aquietar mi mente. Cuando ayuno tres días, ya no pienso en felicitaciones o recompensas, títulos o estipendios. Cuando ayuno cinco días, ya no pienso en elogios o reproches, habilidad o torpeza. Y cuando ayuno siete días, estoy tan quieto que olvido que tengo cuatro extremidades, una forma y un cuerpo. Para entonces, el gobernante y su corte ya no existen para mí. Mi habilidad está concentrada y todas las distracciones externas desaparecen.
”Después de eso, entro en el bosque y examino la naturaleza celestial de los árboles. Si encuentro uno de forma suprema, y puedo ver en él un yugo de campana, pongo mis manos a la tarea de tallar; si no, lo dejo pasar. De esta manera, simplemente estoy igualando ‘Cielo’ con ‘Cielo’. (Es decir, igualando su naturaleza innata con la del árbol). Probablemente, por eso, la gente se pregunta si los resultados no los hicieron los espíritus”107.
Los daoístas enfatizan la importancia de la práctica diaria y regular de la meditación, especialmente en las primeras horas de la mañana. Entonces la persona puede actuar en el mundo con desapego. Cuanto más se vuelve uno hacia el interior (“invirtiendo la luz”), más se libera la mente de la perturbación de los pensamientos y las reacciones emocionales. Como cita el libro anónimo The Secret of the Golden Flower [El secreto de la flor de oro]:
Mientras sigues la práctica de invertir la luz (huiguang), no descuides tus deberes. Uno de los antepasados dijo: “Atiende a los asuntos a medida que llegan y déjalos a medida que avanzan. Mira las cosas como son a medida que aparecen”.
Atiende los asuntos con una actitud recta, y entonces las cosas no atraerán a la luz (guang) y se invertirá automáticamente. Esta es la práctica de invertir la luz en todo momento para vaciar (la mente de) las formas. (…)
Si durante el día puedes seguir volviéndote hacia el interior (fanzhao, “invertir el resplandor”) mientras te ocupas de las cosas, permaneciendo completamente desapegado de los demás y del yo, entonces inviertes la luz en cualquier lugar donde estés. Este es el aspecto más sublime de la práctica.
Lo mejor es sentarse en meditación entre una y dos horas temprano en la madrugada para despejar todas las conexiones mundanas. Practica el método de volverte hacia el interior en todo momento sin interrupción mientras atiendes los asuntos diarios y te ocupas de las cosas. Mantén esta práctica durante dos o tres meses, y entonces los sabios en los cielos ciertamente se manifestarán ante ti en señal de aprobación108.
En un nivel práctico, los maestros daoístas han aconsejado a sus discípulos cómo vivir en el mundo de acuerdo con el Dao. Por ejemplo, el maestro Ma Yu (también conocido como Ma Danyang, discípulo de Wang Zhe, fundador del linaje Quanzhen en el siglo XII) enseña que la vida diaria del practicante no debe considerarse separada de su entrenamiento espiritual. Al mismo tiempo, el entrenamiento espiritual no debe considerarse separado de la vida cotidiana. Más bien, es esencial un enfoque disciplinado e integrado tanto del autocultivo como de la realización espiritual109.
La práctica diaria implica no engañar nunca ni burlarse del cielo y la tierra. Entrénate siempre con diligencia, aprecia cada momento. No dejes que el día pase en vano. Reduce tu sueño, ya que dormir es algo deseado por la gente común. Rectifica tus errores, pero no solo a través de la meditación sentada (dazuo). Mantén la mente quieta durante largos períodos.
Ya sea caminando, de pie, sentado o acostado, sigue el Dao. Todos los adeptos deben cesar de generar pensamientos. Descubre rápidamente tu naturaleza –original– (xing) y tu vida –espiritual verdadera– (ming). Si puedes purificar la mente y abandonar los deseos, te volverás un espíritu inmortal. ¡No te preocupes por nada más y deja de albergar dudas! Estas son palabras verdaderas y adecuadas. Debes ser siempre claro (qing) y puro (jing). Practica este principio con esmero110.
En el mismo discurso, el maestro Ma Yu enfatiza que es engañoso pensar que la transformación espiritual puede lograrse únicamente mediante la práctica interior. El autocultivo requiere la aplicación constante de prácticas tanto internas como externas en el esfuerzo por alcanzar completa claridad y quietud111.
Cada día, no olvides la cuestión de la práctica diaria. La práctica diaria es de dos tipos: práctica externa diaria y práctica interna diaria.
Respecto a la práctica externa diaria, tienes prohibido ver los defectos de los demás, jactarte de tu propia virtud, envidiar a los sabios y talentosos, permitir que surjan pensamientos mundanos –que son el fuego de la ignorancia–, dejar que surjan sentimientos de superioridad sobre las masas, discriminar entre tú y los demás o entre lo correcto y lo incorrecto, o hablar de amor y odio.
Respecto a la práctica interna diaria, renuncia a albergar pensamientos de duda. Nunca olvides tu interior. Ya sea caminando, de pie o sentado, debes mantener la mente pura y descartar el deseo.
No permitas que nada te agobie ni se interponga en tu camino. No te vuelvas impuro y no te aferres. Con perfecta claridad y perfecta pureza, muévete libremente, como desees.
Consistentemente, a lo largo del día, contempla el Dao de la misma manera que una persona hambrienta piensa en la comida o una persona sedienta piensa en la bebida. Si te das cuenta del más mínimo desequilibrio (en tu mente), debes corregirlo. Si te entrenas de esta manera, te volverás un espíritu inmortal112.
El maestro Liu Yiming agregó que la práctica espiritual no requiere una huida total de la sociedad. Practicar el sendero “con los pies firmes en la tierra” indica la importancia de refinar todo el ser mientras se lleva una vida normal. Esto requiere un enfoque consistente e integral del autocultivo: la práctica de la meditación combinada con ser un buen ser humano. Viviendo de esta manera, los discípulos orientan toda su vida hacia el objetivo de realizar el Dao:
El camino de la verdadera eternidad no es evitar el mundo o huir de la vida, ni meditar o detener los pensamientos. Debes transitar el camino con los pies firmes en la tierra (es decir, mientras vives en el mundo), trabajar arduamente en poner la práctica en acción y cultivar el refinamiento dentro del gran horno de la creación. Solo entonces es verdadero y eterno113.“The 100 Character Tablet” [La tabla de los 100 caracteres], también llamada Bai zi bei, se atribuye al daoísta del siglo VIII conocido como Ancestro Lu (Lu Dongbin). Es una guía poética de la experiencia interior de la meditación, que lleva al lector desde la práctica simple de sentarse en quietud y controlar la mente y la energía, hasta el reconocimiento del origen verdadero como Dao. Hace referencia al ascenso interior en el sagrado monte Sumeru, donde fluye el néctar. El meditador tiene una visión interior de la “nube blanca” y bebe el néctar de la inmortalidad. Él o ella escucha “melodías sin cuerdas” –la música interna creada sin instrumentos–, el sonido no tocado. La traducción que sigue es una amalgama de varias traducciones:
Siéntate en silencio y observa, cultiva tu energía,
practica wu-wei para calmar la mente (xin).
Así, en la actividad o en la quietud,
te vuelves consciente de tu origen verdadero.
En la nada, ¿qué más hay que buscar?El verdadero yo es inmutable, y aun así puedes adaptarte a todo.
Y al adaptarte, no te dejes seducir
por el mundo material.
Cuando no te dejas seducir,
tu naturaleza interior (xing) puede permanecer en quietud.
Cuando tu naturaleza interior está quieta, tu energía qi
retorna automáticamente a su origen.
Cuando la energía retorna, el elixir se cristaliza por sí solo.Aplica agua y fuego en el crisol§;
deja que el yin y el yang se eleven, alternándose una y otra vez,
hasta que todo se transforme en un golpe de trueno.Asciendes como una nube blanca hasta la cumbre.
Te bañas en el dulce néctar del monte Sumeru.
Bebes el néctar de la inmortalidad.
Tal es la libertad que nadie comprende.Siéntate y escucha las melodías sin cuerdas.
Los secretos de la creación y la transformación
se vuelven claros y comprensibles.
Estos veinte versos en su totalidad
son la verdadera escalera que conduce al cielo.
* El verso 8 del Nei-yeh declara: “La esencia vital (jing): es la esencia de la energía vital (qi)”. (Roth, Inward Training, p. 101). ** En el Nei-yeh, el término Dao a veces se intercambiaba con shen e incluso con qi. En última instancia, existe una única energía o fuerza vital que se experimenta en distintos niveles y desde diferentes perspectivas. Como señala la entrada Neiye en Wikipedia: “El antiguo Neiye (…) es el texto más antiguo conocido que explica el autocultivo a través de la regulación diaria y practicada de un conjunto de fuerzas vitales; a saber, qi ‘energía vital’ (la fuerza universal que da vida a todas las cosas), jing ‘esencia vital’ (la reserva innata de qi), xin ‘corazón-mente’, shen ‘espíritu; consciencia espiritual’, dao ‘el Camino’, y dé ‘poder interior’. Estos términos más tarde se convirtieron en palabras clave de la filosofía china, pero el Neiye los usaba a veces de manera idiosincrática; por ejemplo, dao era prácticamente intercambiable con shen y qi” (Kirkland 2008: 771). † Los traductores han usado varios términos. Los más destacados son: “espejo profundo” (Henricke), “percepción profunda” (Wing Tsit Chan), “espejo oscuro” (Red Pine), etc. †† Es decir, me vuelvo inconsciente de mi cuerpo físico. § Una metáfora de las diversas energías y elementos que se activan durante la meditación.