Humildad
El seva se hace siempre con amor y humildad... El amor nos hace humildes. El amor nos hace mansos... La humildad es parte del amor. El amor es parte del seva.
Maharaj Charan Singh109
Durante la época de Hazur Maharaj Ji, una discípula acomodada llegó a la estación de tren de Beas. Aconteció que no había transporte ni porteadores disponibles para ayudarla con su gran equipaje. Mientras intentaba resolver su situación, un hombre vestido con sencillez se acercó y se ofreció a llevar sus maletas hasta Dera. Caminó con ella durante más de un kilómetro, cargando su equipaje, hasta que un automóvil se detuvo para ayudar. Como ya había otros pasajeros en el coche, después de cargar las maletas solo había espacio para ella. El hombre que la había ayudado le dijo que conocía y confiaba en el conductor, por lo que debía irse con él, mientras él continuaba a pie hasta Dera. Cuando la mujer llegó, le comentó al conductor que había olvidado pagarle al amable hombre por llevar su equipaje. El conductor rio y le respondió: “Señora, él no quiere ni necesita ningún pago. Es un sevadar muy rico y dedicado”.
Este sevadar cargó el pesado equipaje de una desconocida y caminó un kilómetro con ella, sin mencionar en ningún momento que era más que un ayudante. Esa humildad es poco común.
Si antes de hacer una buena acción no adoptamos una actitud humilde y dócil, no la conservamos mientras la realizamos y no la consideramos un regalo de la gracia del Señor y del maestro después de realizarla, el orgullo nos la arrebata en medio de nuestra propia satisfacción.
Maharaj Sawan Singh110
Baba Ji suele decir en satsang: “El verdadero sevadar es aquel cuya cabeza se inclina con humildad”. En este poderoso esfuerzo de desafío al ego llamado seva, todos hemos experimentado muchos ciclos de reacción y arrepentimiento, aprendiendo lecciones de humildad en cada uno de ellos.
Los místicos nos enseñan que el propósito esencial del seva físico es hacernos humildes:
Los santos establecieron el sistema del servicio con el propósito de enseñar humildad a la mente y eliminar su egotismo.
Maharaj Charan Singh111
Los santos personifican la cualidad de la humildad. Durante una reunión de la tarde en Dera, le preguntaron a Baba Ji cómo se veía a sí mismo. Él respondió de manera sencilla: “Un sevadar”. Esto es lo asombroso de todos los maestros: aunque son seres humanos extraordinarios y místicos practicantes, consideran que su papel es el de sevadar, un servidor del sangat:
Soy el servidor del Señor, y el Señor está en todos.
Maharaj Charan Singh112
En contraste, en el mundo actual se glorifica el logro individual, el éxito y la riqueza. La humildad se considera servil y débil, algo de otra época. Pero los místicos nos dicen que la humildad es una gran fortaleza:
La humildad no es debilidad. Es tan poderosa que todas las fuerzas del mundo deben inclinarse ante ella. El hombre sin orgullo se conquista a sí mismo. Nadie puede vencer a un hombre que carece de orgullo, pues detrás de su humildad actúa el poder secreto del Señor. La humildad es el adorno de los grandes hombres.
Maharaj Sawan Singh113
En nuestro intento de ser buenos sevadares, aparentemente, tratamos de ser humildes de la mejor manera que sabemos. Podemos inclinarnos ante otros sevadares y ante el maestro. Podemos referirnos a nosotros mismos como “humildes servidores del maestro”, aunque nuestro comportamiento real puede ser justamente lo contrario. Podemos usar frases como “solo soy un humilde sevadar; no soy digno del cometido que se me ha asignado”. Aunque nuestra intención puede ser pura –estamos intentando ser humildes–, el maestro dice que estas son solo palabras:
La verdadera humildad nunca hace alarde ni se complace con palabras de humildad.
Maharaj Sawan Singh114
La humildad no se refleja en nuestras palabras, sino en nuestras acciones, en nuestro comportamiento. Hazur solía decir que la humildad calculada y artificial es como una joya falsa115. En lugar de impresionar a nuestros compañeros sevadares, las expresiones de humildad excesivas pueden, de hecho, incomodar a los demás; quizá deseen en silencio que nos comportemos de manera más natural.
La humildad no significa que debamos rebajarnos, menospreciarnos o tener una opinión desvalorizada de nosotros mismos. De hecho, podría haber ego incluso en esto, pues seguiríamos pensando en nosotros. Humildad significa olvidarse completamente de uno mismo. Se dice a menudo que la verdadera humildad no consiste en pensar menos de uno mismo, sino en pensar menos en uno mismo.
La verdadera humildad no es algo que podamos crear; es el resultado del seva y la meditación. Hazur explica cómo la meditación tiene este efecto:
Porque al ver la luz del Señor en todos y reconocer lo insignificantes que somos ante el Señor, todos se vuelven superiores a nosotros... Cuando llega la realización, no vemos a los humanos, vemos la luz del Señor en cada ser humano. Nos volvemos humildes ante el Señor. Entonces, ya no surge la cuestión de hacer daño ni condenar a nadie; tampoco surge el sentimiento de superioridad116.
La humildad es fruto de años de meditación. Sin embargo, a pesar de saber esto, los místicos insisten una y otra vez en que sirvamos con humildad. ¡Claramente debe haber algo que podamos hacer ahora mismo! De hecho, hay pequeños pero importantes pasos que hoy podemos dar para realizar nuestro seva con una actitud menos egocéntrica. Considerando nuestra situación en relación con el Señor, el maestro y las demás almas en lucha, simplemente podemos seguir haciendo lo mejor para agradar a nuestro maestro y a nuestros hermanos y hermanas con nuestro seva.
Dejar el ego en la puerta
Durante una de las visitas del maestro, se le dijo a un sevadar: “Ponte aquí y asegúrate de que los hombres vayan a la derecha y las mujeres a la izquierda”. El sevadar hizo lo que le dijeron, tomándose su trabajo muy en serio. La fila para entrar al satsang fluyó de manera ordenada: los hombres a la derecha y las mujeres a la izquierda. Después de algún tiempo, alguien vino corriendo hacia él y le dijo: “Te necesitan con mucha urgencia en casa de tal persona. Tienes que ir de inmediato a verle”.
El sevadar respondió: “No puedo, tengo que hacer mi seva. Se supone que debo separar la fila”.
“No te preocupes por eso –le dijo la persona–. Ve y resuelve este otro asunto de inmediato. Yo me encargaré de la fila”.
El sevadar se fue a atender el otro asunto, preocupado todo el tiempo de que lo necesitaran en su puesto de seva. Cuando finalmente terminó, regresó apresuradamente al lugar que le habían pedido que abandonara. Encontró que habían colocado una maceta con una planta donde él había estado, y que los hombres iban a la derecha y las mujeres a la izquierda. Fue entonces cuando se dio cuenta de cuál era su importancia: ¡el maestro pudo hacer su seva con una maceta!
Incidentes como este nos hacen darnos cuenta de que no hacemos nada. Es el Señor quien hace las cosas y nosotros somos solo sus instrumentos.
Cuanto más ayudas a los demás, mejor; pero ten cuidado de que al hacer este trabajo solamente exista la idea de servicio al maestro, y ni una sombra de orgullo pase por tu mente. Piensa que todo lo que se hace, lo hace él y no nosotros.
Maharaj Sawan Singh117
Antes de que Maharaj Sawan Singh se convirtiera en maestro había donado algo de dinero en seva, y luego le escribió a su maestro Baba Jaimal Singh, que no había mencionado a nadie la donación para no sentir orgullo. Rápidamente llegó la respuesta del maestro:
Escribes que no has comentado con nadie lo del dinero para no sentirte orgulloso. ¿De qué tienes que estar orgulloso, hijo mío?118.
De manera similar, cuando Hazur estaba de visita en Sudáfrica, una joven del público le preguntó: “Maestro, ¿cómo podemos ser humildes?”.
Hazur respondió: “Hermana, ¿de qué hay que sentirse orgulloso?”.
En verdad, ¿de qué hay que sentirse orgulloso? Si tenemos los medios para hacer seva, es su regalo. Si gozamos de salud para hacer seva, es su regalo. Si vivimos en una atmósfera propicia para el seva y tenemos la oportunidad de hacerlo, estos también son sus dones. Puede que seamos brillantes, pero cada destello de inspiración y cada gran idea proviene de él. Incluso el deseo de hacer seva viene de él. Él es a la vez el dador y el ejecutor del seva. Una vez que comprendamos esto, nos daremos cuenta de que no hay nada de qué enorgullecerse. Cuanto más conscientes seamos de que nuestros talentos, habilidades y oportunidades son dones del Señor, más humildes seremos.
Una rama cargada de frutos se inclina hacia el suelo.
Sheikh Sa’adi119
Si no tenemos cuidado, el seva tiene el riesgo de inflar nuestro ego, lo cual es irónico, ya que el propósito del seva es precisamente someter al ego. Pero el ego puede manifestarse de muchas maneras: podemos sentirnos ofendidos si alguien critica nuestros esfuerzos o decepcionados si no recibimos el elogio que creemos merecer; podemos apegarnos a un seva en particular; podemos adoptar una actitud de “o se hace a mi manera o no se hace”; podemos enojarnos mucho con otro sevadar por entrometerse en nuestro seva; o podemos sentir la tentación de alardear de nuestros logros.
¿Podemos reconocer en nosotros mismos el ego que vemos en los demás? Es nuestro ego el que nos hace sentirnos enfadados o heridos. Es nuestro ego el que juzga. Cuando llevamos nuestro ego al seva, tiene un precio: ponemos en riesgo la paz y la armonía en nuestra vida y en la de los demás.
En el egoísmo, todos deben rendir cuentas
por sus acciones.
En esa contabilidad no hay paz.
Gurú Amar Das120
Como sevadares, debemos aprender a soportar críticas sin sentirnos heridos. Debemos aprender a no reaccionar ni molestarnos si otro sevadar o algún miembro del sangat dice algo hiriente o con ira. A medida que aprendemos a restar importancia a las cosas y a no tomarlas de manera personal, comenzamos a deshacernos del ego.
Ocasionalmente, podemos sentir orgullo por lo mucho que nos esforzamos en nuestro seva, o por lo bien que lo hacemos, o incluso pensar que sin nosotros el seva no podría llevarse a cabo. Esto, por supuesto, es natural hasta que logremos controlar nuestro ego. Como buenos sevadares, no expresaríamos tales pensamientos. Sin embargo, no podemos ocultárselos al que reside en nuestro interior y, tarde o temprano, si no superamos estas tendencias, nos veremos obligados a enfrentar la realidad para nuestro propio bien.
El propósito del seva es crear humildad y mansedumbre en nuestro interior, no se trata de conseguir ningún liderazgo, ni de demostrar superioridad sobre los demás, ni de mandarles.
Maharaj Charan Singh121
Si bien el ego nos domina a todos, los sevadares que desempeñan funciones de liderazgo deben ser más vigilantes, porque pueden volverse más vulnerables a su influencia. El sangat y los sevadares a veces ponen a los líderes del seva en un pedestal, y esto puede representar una verdadera prueba para el ego. Durante un satsang en Dera en 1987, Hazur habló con profunda decepción sobre la actitud de los sevadares líderes, sin embargo, con su habitual humildad y compasión, asumió toda la responsabilidad por su comportamiento:
A menudo, antiguos satsanguis vienen y me dicen: “Das tanta importancia a la humildad y al seva, entonces, ¿por qué no se lo enseñas a los miembros de tu equipo? Ni siquiera saludan con un cariñoso Radha Soami, sin mencionar que no escuchan nuestros problemas”.
Cuando oigo esas cosas, también me pregunto cuál es el problema. Todos los miembros del personal de Dera son personas buenas, trabajadoras y sienten un gran amor por Dera. Durante su vida laboral han ocupado puestos de alta responsabilidad y han venido aquí tras jubilarse.
Entonces, me vino a la memoria que en los tiempos del Gran Maestro y Sardar Bahadur Ji, la oficina–casa consistía en solo dos pequeñas habitaciones: una en la parte de atrás y otra al frente. En la habitación de atrás, vivía Rai Sahib Har Narayan, y después de él, Rai Sahib Munshi Ram. Su oficina consistía únicamente en una habitación. Para trabajar, solo tenían una pequeña tarima de madera en el porche. Y durante cincuenta o sesenta años llevaron a cabo su trabajo, sentados en esa tarima que estaba cubierta solo por una delgada colchoneta de algodón.
Ahora he construido una secretaría elegante. Todos los responsables tienen sus propias habitaciones independientes con suelos de mármol, cuentan con todas las comodidades, y se les han otorgado puestos de autoridad. Pero al haber ocupado altos cargos en sus trabajos anteriores, han venido directamente a Dera y ocupado sus puestos aquí. Tal vez sea culpa mía no haberles dado la oportunidad de aprender qué significa realmente hacer seva en Dera y qué es el seva. El seva consiste en humildad, en dedicación122.
Si esperamos volvernos humildes antes de empezar a hacer seva, nunca comenzaremos. El seva nos ayuda a ser humildes. Un discípulo le preguntó a Hazur: “Si estamos tratando de hacer seva para el sangat, y notamos que estamos tan llenos de orgullo que incluso nuestro intento de seva está cargado de ego respecto al resultado o al satsang que damos, ¿deberíamos abandonar ese seva hasta que estemos más desapegados?”. Hazur respondió:
Debemos dejar el ego en vez de dejar el seva. Tarde o temprano el seva nos ayudará a crear humildad. Mejor abandonar el ego que creemos ligado a nuestro tipo de seva. Huyendo de la situación, no solucionamos el problema. Tenemos que enfrentarnos a la situación123.
Así que cuando vengamos a hacer seva, podemos poner en práctica dejar nuestro ego en la puerta y entrar simplemente como sevadares del Señor.
Honrar a los invitados del maestro
En un centro de satsang grande, los sevadares se preparaban para la llegada del sangat antes del programa de satsang, que estaba previsto que tuviera varios días de duración. Un sevadar encargado se dirigió a ellos con estas palabras:
En un satsang como este, el maestro es el anfitrión, el sangat son sus invitados, y los sevadares son los servidores en la casa del maestro. Al servir a sus invitados, tenemos la oportunidad de complacer a nuestro maestro. Como sevadares en la casa del maestro, nuestras necesidades pasan a ser su preocupación, lo que nos deja libres de preocupación124.
Cuando el maestro nos visita, el trabajo aumenta exponencialmente porque muchas personas vienen a verlo. Hay un ambiente de expectación y emoción. Los sevadares tienen mucho que hacer. Hay que estacionar automóviles y autobuses, guiar a las familias a la zona infantil y ocuparse de ellos, acomodar a los ancianos y enfermos, servir comida y té, y guiar a los miembros del sangat a la sala o recinto de satsang para que puedan sentarse de manera ordenada y puntual. Las emociones están a flor de piel. Las personas quieren sentarse lo más cerca posible del maestro. Dependiendo del tamaño del sangat, la logística puede ser bastante complicada y las situaciones difíciles pueden surgir rápidamente.
Como sevadares, cuando se nos desafía hasta el límite, ¿cómo respondemos? Seguramente el maestro querría que el sangat sintiera que ha entrado en un remanso de paz cuando acude al satsang. Somos responsables de este ambiente y representamos al maestro. Cuando sonreímos y saludamos al sangat, se sienten bienvenidos y cooperan con nosotros. Cuando nos tomamos el tiempo para responder con amabilidad a las preguntas e inquietudes de las personas, sienten que el maestro se preocupa por ellos. Hay un dicho entre los sevadares en la India que expresa: Habla menos, inclínate y sirve.
El camino hacia Dios es en primer lugar humildad, en segundo lugar humildad y en tercer lugar humildad.
Maharaj Sawan Singh125
Puede haber ocasiones en las que ciertos miembros del sangat no entiendan las indicaciones de los sevadares o simplemente no quieran cumplirlas. En momentos así, es bueno recordar que son los invitados de honor de nuestro maestro y luego buscar la manera de ganárnoslos. La clave es tratar a cada miembro del sangat con respeto, ya sea que pensemos que están haciendo lo correcto o no.
Como sevadares, realizamos un delicado acto de equilibrio. Nuestro deber es velar por la comodidad del sangat y asegurar que se satisfagan las necesidades y peticiones razonables. Al mismo tiempo, es necesario un grado de disciplina y una dirección firme para que se pueda acomodar a un gran número de personas de forma justa y segura. Algunas reglas pueden parecerle molestas a alguien, pero en última instancia benefician a todos. Nuestra responsabilidad es asegurarnos de que se sigan las pautas que se nos dan.
Es todo un arte dar instrucciones al sangat sin imponer nuestra voluntad, personalidad o sentido de importancia personal, y hacerlo sin enfadarse cuando no se siguen las instrucciones. En última instancia, no queremos que nada de lo que hagamos dé una mala imagen del maestro o sus enseñanzas, ni que le quite al sangat la feliz experiencia de estar en la casa del maestro.
Ser invisible
Un sevadar con mucha sabiduría dijo una vez: “La mejor organización no se nota”, lo que significa que las cosas deben planificarse tan minuciosamente de antemano y ejecutarse tan bien, que el sangat ni siquiera se dé cuenta de lo mucho que se ha organizado. Cuando las cosas están bien planificadas, hay menos razones para correr de un lado a otro en el último momento y menos motivos para distraer o molestar al sangat.
El objetivo es ser un sevadar invisible. Nunca debemos ser el centro de atención. Debemos intentar ser invisibles en términos de no interponernos entre el sangat y el maestro, pero debemos estar presentes en todas partes cuando el sangat necesite ayuda, orientación o dirección. Esta actitud no puede aparecer de repente en nosotros cuando el maestro nos visita; es algo que debe practicarse y perfeccionarse con el tiempo.
No ser exigente
Un discípulo recordó que una vez, cuando acompañaba a Hazur Maharaj Ji en su paseo vespertino por Dera, pasaron junto a un sevadar que estaba limpiando y pintando los tejados de varias casas. Hazur comentó que esto era “seva verdadero”. Añadió: “Él escoge sitios a los que nadie va para poder pasar desapercibido. Este es el tipo de sevadar que no exige nada”.
El discípulo le pidió que aclarara lo que quería decir con “no exige nada”. Hazur contestó: “Él no me pide nada. Tener esa cualidad de no pedir nada es algo único”.
Lo que nos vuelve tristes son nuestros deseos, nuestras demandas, nuestras ambiciones, nuestras ansias. Cuando no se cumplen, nos deprimimos.
Maharaj Charan Singh126
Sabemos que las demandas, deseos y ambiciones no tienen cabida en el seva. Así que hacemos todo lo posible por ser sevadares que no exigen nada. No debemos ser quisquillosos o selectivos en el seva. No debemos poner condiciones en el seva. El seva es seva; debemos aceptar lo que se nos ofrece con gratitud.
No seas de los que exigen milagros. Más bien, conténtate con trabajar como un humilde servidor, sin pensar en la recompensa. Esta esclavitud no es la del hombre que se ata al hombre, sino la del corazón que se ata a la Verdad.
Ibn ‘Ata’ Allah127
Ser humilde no significa que nunca debamos hacer sugerencias en el seva. Está bien pedir algo que consideremos necesario y útil. Si no pedimos cuando necesitamos algo, y si no mencionamos un problema, ¿cómo sabrá alguien que hay un problema? Pero hay una diferencia entre pedir y exigir. Además, lo que nosotros consideramos una petición razonable puede no parecerles igual a los demás. Si la decisión que se toma no coincide con nuestra petición, deberíamos aceptar la decisión con amabilidad. A continuación, sigue un resumen del discurso de Baba Ji dirigido a los sevadares durante la construcción de un gran centro de satsang. Aunque es una paráfrasis, refleja claramente que él quiere que abordemos nuestro seva sin ninguna condición:
Todos venimos aquí a hacer seva, lo cual es muy bueno, pero lo importante es cómo hacemos ese seva. No debemos poner condiciones al venir a hacer seva. Sea lo que sea que se haya organizado, debemos aceptarlo tal cual. Todo lo que se hace aquí, primero me lo consultan. Soy consciente de que no se pueden cumplir todos vuestros deseos cuando venís aquí, pero este centro es nuevo y todavía estamos concentrados en tratar de hacer obras importantes. Llegará un momento en que las cosas mejorarán. Esta propiedad no es mía, ni de una persona en particular. Es propiedad de todo el sangat. Si tenemos invitados en casa, a veces tenemos que arreglárnoslas. No siempre podemos ofrecer las comodidades que desearíamos. Nos conformamos con dormir en el suelo o reorganizar las camas y pasar uno o dos días con menos comodidad de lo normal. De manera similar, si esto ocurre cuando venís al centro, no debería importaros.
Cuando vengáis a hacer seva aquí, debéis ofreceros incondicionalmente y dejar que los organizadores decidan cómo usar mejor vuestro servicio. Si alguien dice algo que nos molesta, no debemos responder de la misma manera. Si respondemos de esa manera, estamos creando karmas que tendremos que pagar. En lugar de eso, deberíamos pensar que hemos quemado algunos karmas.
Mantener la sencillez
El maestro nos recuerda constantemente que mantengamos la sencillez en el seva. Cuando se estaba planificando la construcción del hospital de Dera en Beas, los arquitectos continuaron presentándole al maestro diseños hermosos y fachadas modernas. Para su frustración, Hazur los rechazó todos. Luego, explicó amablemente: “El hospital no es para ti ni para mí. Es para las personas sencillas que vendrán a recibir tratamiento. Así que no queremos que el edificio se vea intimidante o extraño, no importa lo hermoso que sea”128. El maestro estaba aclarando que el propósito de los centros y hospitales es ser de utilidad práctica para el sangat, no impresionar estéticamente ni exhibir nuestras habilidades superiores.
Siguiendo el ejemplo del maestro, nosotros también podemos mantener las cosas simples. Los oradores pueden practicar la sencillez a la hora de expresar las enseñanzas en el satsang. Lo mismo se aplica a los libros y traducciones. Los autores y traductores de libros y artículos pueden esforzarse por presentar el material de forma simple y clara. El maestro nos enseña con su ejemplo que el propósito de los shabads, los libros, las revistas y los satsangs es inspirarnos a meditar y llenar nuestros corazones de amor por el Señor, no exhibir nuestro dominio del lenguaje, nuestro conocimiento del tema o nuestras habilidades oratorias.
La vida es tan simple, pero las personas creamos tantos problemas y complicaciones que pasamos toda nuestra vida resolviéndolos. [No sé] cuándo vamos a aprender a tomar las cosas simples de una manera simple.
Maharaj Charan Singh129
Manejar la crítica y el elogio
¿Cómo podemos saber si estamos creciendo en humildad? Podemos observarnos a nosotros mismos cuando nos ponen a prueba, ya sea con críticas o elogios.
Por ejemplo, cuando alguien en el sangat o un compañero sevadar nos critica, ¿cómo reaccionamos? ¿Sale nuestro ego a relucir o somos capaces de responder con compostura y amabilidad? Nuestro comportamiento, nuestra respuesta, refleja nuestro grado de humildad. Cuando las cosas van bien o cuando se halaga nuestro seva, es fácil inclinar la cabeza y decir palabras humildes. Pero cuando se critica nuestro seva o cuando alguien es desagradable, es mucho más difícil aceptarlo con amabilidad.
En el ámbito mundano se busca la alabanza y se evita la crítica, pero en el sendero espiritual la crítica se considera beneficiosa; nos baja del pedestal y nos hace humildes. Los elogios, en cambio, alimentan nuestro ego y se nos pueden subir a la cabeza. En el seva, cuando sentimos que nos van a criticar o a elogiar, nos beneficia estar alerta al instante y ser conscientes de cómo queremos responder.
Cuando alguien nos critica, podemos escuchar con una mentalidad abierta. Si hay algo que podamos aprender al respecto, deberíamos hacerlo.
¿Por qué debemos ser susceptibles? Dejemos que digan lo que quieran. Tienen todo el derecho de comentar, y nosotros tenemos todo el derecho a reservarnos nuestra opinión. No dejemos que nos afecte lo que digan. Como muchas veces decía el Gran Maestro, no puedes retirar las espinas del mundo, pero, definitivamente, sí puedes ponerte zapatos. No podemos callarlos, pero sí podemos mostrarnos indiferentes a lo que digan.
Maharaj Charan Singh130
Puede que cuando nos critican tengamos una actitud de “¿por qué a mí?”, pero los críticos no perdonan a nadie, incluidos los grandes místicos que aceptan la crítica con mucha humildad. Hazur solía decir que los críticos son nuestros mejores amigos porque nos mantienen alerta y nos hacen ser honestos:
Hermano, no deben de importarnos las críticas de los demás. Puedo decir que los críticos son los mejores guías en la vida. Siempre debemos mantener nuestros oídos y ojos abiertos a nuestros críticos. Debemos evaluar sus críticas sin ningún resentimiento hacia ellos. Si tiene algún fundamento, deberíamos tratar de aprender de esas críticas y esforzarnos por mejorar. Si es solo por criticar, podemos ignorarlas131.
El elogio es más difícil de manejar porque sienta bien. En seva, podemos elogiar a los sevadares cuando hacen un buen trabajo, porque eso reafirma que van por buen camino y los anima a seguir. Pero nunca es prudente hacer excesivos cumplidos. Debemos recordar que los halagos y la adulación no ayudan a nadie. El reto, por supuesto, es para el que recibe el elogio. Cuando alguien elogia nuestro seva, podemos responder: “Todo es su gracia” o “no soy capaz” o “no lo hice yo, él lo hace todo”, o algo por el estilo. No hay nada malo en decir estas palabras, porque pueden servirnos como un recordatorio de que él es el hacedor, pero al final son solo palabras. Cuando nos elogian, lo que realmente importa no es lo que decimos, sino lo que pensamos y sentimos. ¿Creemos realmente que él es el hacedor?
Un místico indio del siglo XIII nos da una pista sobre cómo tratar los elogios:
Nunca deberíamos hacer caso a los halagos,
y cuando alguien nos elogia,
deberíamos fundir nuestra conciencia
hacia dentro, en Dios..
Nivrittinath132
Sin embargo, puede haber ocasiones en las que no podamos evitar escuchar los elogios. En esos casos, debemos ser capaces de aceptar un cumplido con amabilidad, respondiendo con un simple “Gracias”. Un poco de simran nos ayudará a no creernos el elogio.
La humildad no consiste en esconder nuestros talentos y virtudes ni en pensar que somos peores de lo que somos, sino en darnos cuenta de que todo lo que somos y todo lo que tenemos son regalos otorgados por Dios.
J. P. Vaswani133
Mantener el anonimato
A veces podemos sentirnos heridos porque creemos que no se aprecia nuestro seva. Tal vez sentimos que pasamos desapercibidos. Nuestros sentimientos son comprensibles, porque en el ámbito mundano estamos condicionados a esperar una palmada en la espalda cuando trabajamos duro. Se necesita tiempo para entender que las cosas no funcionan de esta manera en el camino espiritual. Aquí, el maestro trata de enseñarnos humildad, no de alimentar nuestros frágiles egos. Si alguien reconoce nuestros esfuerzos, está bien, pero no debemos
En la misma línea, los nombres de los oradores no se anuncian en el satsang, porque no importa quién da el satsang. Y después del satsang no le decimos al sangat que dé un gran aplauso al equipo de construcción que acaba de levantar un nuevo cobertizo. No tenemos idea de los innumerables sevadares anónimos que trabajan en silencio detrás de escena para llevar a cabo proyectos y tareas de los que se beneficia el sangat.
No sabemos los nombres de los cocineros que preparan la comida en el langar, ni de los agricultores que contribuyen con el grano y las verduras de sus propios campos, ni de los camioneros cuyo seva consiste en transportar estos ingredientes al centro de satsang. En todo el mundo, innumerables sevadares realizan seva como médicos, arquitectos, obreros de construcción, fontaneros, electricistas, ingenieros de software, ingenieros de sonido, contables, abogados, jardineros, compradores, cocineros, limpiadores, sevadares de tráfico y acomodadores. Todos trabajan juntos en una intrincada red diseñada para ayudar y apoyar al sangat. Todos son anónimos. Esto es seva. Este es el sendero de los maestros.
El sabio quiere elevar a la gente.
La gente quiere seguir al sabio;
solo siendo humilde se consigue esto.
El sabio se inclina ante la gente.
La gente se inclina ante el sabio.
Y cuando levantan la cabeza,
solo queda la grandeza.
Tao Te Ching134