Entrega - Seva

Entrega

Amigo mío, vive en la voluntad del maestro
  y mantenla cerca de tu corazón.
Considera un favor
  lo que el maestro haga
  y acepta de corazón
  lo que diga.
Soami Ji Maharaj187

La mayoría de sevadares han escuchado la clásica historia de las plataformas de barro. Vale la pena volver a hablar sobre esta historia porque personifica el verdadero significado de la entrega, e ilustra bellamente la diferencia entre la obediencia y la entrega.

De la obediencia a la entrega
Había llegado el momento de que el tercer gurú sij, Gurú Amar Das, nombrara a su sucesor. Varios de sus discípulos creían que serían los afortunados. Gurú Amar Das les puso una prueba. Le pidió a cada discípulo que construyera una pequeña plataforma de barro. Cuando las plataformas estaban construidas, les dijo que no estaban lo suficientemente bien hechas y les pidió que las derribaran y las construyeran de nuevo. Obedecieron. Pero luego Gurú Amar Das dijo que las plataformas no estaban en el lugar adecuado. Les dijo a sus discípulos que las demolieran y construyeran otras nuevas en otro lugar.

Esto continuó. Cada vez que los discípulos construían las plataformas, el gurú las rechazaba y les pedía que las construyeran otra vez. Frustrados con esta interminable tarea, algunos de sus discípulos llegaron a la conclusión de que Gurú Amar Das, que ya era muy anciano en ese momento, se había vuelto senil, y abandonaron el seva. Se quedaron unos pocos, pero cada vez que construían una plataforma, él la rechazaba. Uno a uno, fueron dándose por vencidos. Al final, solo quedó un discípulo: Ram Das.

Los otros discípulos se burlaron de Ram Das mientras él continuaba obedeciendo las instrucciones de su gurú una y otra vez. Le dijeron que el gurú se había vuelto loco y que era una tontería tratar de complacerle. Ram Das respondió: “Hermanos, el mundo entero está ciego. Si hay alguien que puede ver, es el satgurú. Y el mundo entero también está loco. Solo el satgurú está cuerdo”.

Los discípulos respondieron que tanto él como el gurú estaban locos. Ram Das replicó: “Hermanos, podéis decir lo que queráis sobre mí, un insignificante servidor del Señor. Pero no pronunciéis, os lo ruego, ni una sola palabra irrespetuosa sobre mi satgurú. Incluso si tuviera que hacer plataformas durante el resto de mi vida en obediencia a los deseos del satgurú, por su gracia seguiré haciéndolo”.

Ram Das, con paciencia y alegría, hizo y rehízo su plataforma setenta veces. Finalmente, Gurú Amar Das le dijo: “Puedes dejar de construir ahora, Ram Das. Estoy muy complacido contigo, porque solo tú me has obedecido implícitamente y te has rendido completamente a mi voluntad”. Abrazó a Ram Das y lo colmó de riqueza espiritual.

Dirigiéndose a los demás, Gurú Amar Das dijo: “Ninguno de vosotros ha obedecido una de las primeras reglas para ser un verdadero discípulo: darle al satgurú todo su amor y devoción, tener una fe absoluta en él y obedecer sus deseos con un corazón alegre”188.

Hay mucho que podemos aprender de esta historia. A todos los discípulos se les asignó una tarea; al principio obedecieron al maestro porque lo amaban y lo veneraban, y la obediencia era parte natural de la relación. Entonces, ¿por qué finalmente dejaron de construir las plataformas? Porque la obediencia tiene límites; la obediencia solo puede llevarnos hasta cierto punto.

En la obediencia, hacemos lo que se nos pide. En la entrega, también hacemos lo que se nos pide. Pero hay una diferencia entre ambas. La obediencia es una acción, una acción que a veces está motivada por el interés propio, a veces por amor, y a veces por miedo: miedo a otra persona, miedo a la opinión pública, miedo a romper reglas y tradiciones antiguas o miedo a ofender al ser amado.

La entrega va más allá de la obediencia. Surge del amor puro; no hay miedo ni factores externos involucrados. La entrega no es una acción; es un estado del ser en el que una persona obedece a otra voluntaria, constante y alegremente, sin vacilación.

La relación entre la obediencia y la entrega es que una lleva a la otra. Comenzamos con la obediencia. Con cada pequeño acto de obediencia, nos vamos vaciando de ego, apegos y deseos, y con esto crece nuestro amor, nuestra fe se vuelve profunda. Finalmente, los actos constantes de obediencia, tanto en el seva externo como en el interno, conducen a la entrega. El estado de verdadera entrega es un estado espiritual elevado conocido como sharan, que significa “refugiarse en alguien”.

Como el pez en el agua,
  así me he refugiado en él;
nada más resta por hacer.
Soami Ji Maharaj189

Aún no hemos alcanzado este estado de sharan porque todavía tenemos ego: “yo” y “mío”. Sharan significa emprender el proceso de entregarnos al maestro incondicionalmente. A medida que aprendamos, poco a poco, a rendirnos completamente al maestro interior, llegará el día en que alcancemos el estado en el que podamos decir:

¡Solo tú existes! Yo no, oh amado.
Solo tú existes, yo no.
Bulleh Shah190

En una reunión vespertina, alguien le preguntó a Baba Ji sobre la entrega. Él explicó que rendirse significa que si el maestro mira el sol y dice: “¡Qué hermosa luna!”, el discípulo, sin pensarlo, mirará el sol y dirá: “¡Qué hermosa luna!”. Agregó que si pudiéramos entregarnos de esta manera no necesitaríamos meditar; sin embargo, alcanzar tal nivel de entrega no es fácil. Solo se puede lograr a través de la meditación.

Las palabras clave en la definición del maestro son “sin pensarlo”. Imaginemos un escenario. Unos cuantos sevadares caminan con el maestro y, al pasar junto a un lago, él de repente se vuelve hacia ellos y les dice: “¡Saltad!”. Inmediatamente, una avalancha de pensamientos inunda sus mentes: “¿Por qué quiere que saltemos? El agua no parece limpia. ¡Se nos mojará la ropa!”. Si después de todos estos pensamientos finalmente deciden saltar, es un acto de obediencia. La entrega es algo muy diferente. En la entrega, simplemente saltamos, obedecemos sin vacilar.

Para rendirnos al maestro, primero debemos intentar comprender su voluntad:

¿Cuál es la voluntad del maestro? Si no sabemos cuál es la voluntad del maestro, ¿cómo vamos a someternos a ella? Someterse a la voluntad del maestro es ayudarse a sí mismo a rebasar el reino de la mente y maya, ayudando a nuestra alma a dejar la mente. Cuando nuestra alma se vuelve completa y pura, entonces nos sometemos a la voluntad del Padre, es decir, a la voluntad del maestro.
Maharaj Charan Singh191

Un discípulo preguntó una vez al Gran Maestro si había algún otro camino, además de la meditación, para alcanzar la salvación. El Gran Maestro respondió de inmediato: “La entrega”. El discípulo preguntó: “¿Cómo puedo entregarme?”. El Gran Maestro respondió: “A través de la meditación”. Luego añadió: “Ten por seguro que la meditación es el camino fácil. Solo uno entre un millón puede entregarse”192.

Para nosotros, el único camino para lograr la entrega y, en última instancia, la liberación, es mediante la meditación:

No puedes rendir tu ego sin meditación. Estas son solo rendiciones intelectuales: “Te he ofrecido mi ego; te he entregado mi mente; vivo según la voluntad del Padre; no hago nada sin el permiso del maestro”. Y al momento siguiente bailas al ritmo de tu mente. Eso no es rendición. Puede ser bueno pensar así, pero la verdadera rendición solo llega con la meditación.
Maharaj Charan Singh193

Sin embargo, hay dos niveles de entrega: exterior e interior. La entrega exterior es la que podemos practicar diariamente. Consiste en actos constantes de obediencia: hacer la meditación todos los días, alinear nuestra vida con los principios del sendero y obedecer las instrucciones del maestro en el seva. Esta entrega exterior nos lleva, finalmente, a la entrega interior o verdadera:

Para conseguir esa entrega verdadera, que nosotros llamamos sharan, tenemos que vivir dentro de los mandatos y principios que se nos indicaron en el momento de la iniciación. Tenemos que hacer sinceros esfuerzos para seguir el sendero y dedicar tiempo a la meditación. En cierto modo, eso es entrega al maestro, y esta entrega externa nos conducirá a la entrega interna, la verdadera e incondicional entrega. Esto sucederá cuando veamos al maestro en el interior, olvidemos nuestro ser y nos fundamos en su voluntad, en su amor.
Maharaj Charan Singh194

Si bien puede llevar una vida entera alcanzar la entrega interior, podemos apoyar nuestro progreso a través de la entrega externa. En el seva, esto significa asumir nuestras tareas como agentes del maestro y practicar una actitud de aceptación.

Ser agentes del maestro
Un joven, relativamente nuevo en el seva, salió de la oficina del sevadar encargado. Acababan de asignarle una responsabilidad importante, y estaba en estado de shock. Mientras esperaba sentado en un banco a que otro sevadar saliera de la oficina, pasó por allí un sevadar mayor y experimentado. Al notar su expresión preocupada, se acercó y le preguntó:

“Querido hijo, ¿estás bien?”.

“No lo sé”, exclamó angustiado; y le describió la naturaleza del proyecto que le acababan de asignar.

“Entonces, ¿cuál es el problema?”, preguntó el sevadar mayor.

“Estoy aterrorizado. Este seva es muy importante. Nunca he hecho nada remotamente parecido. ¡No soy capaz de hacer algo tan grande!”.

“Bien –dijo el sevadar mayor–. Primero, cada seva es importante. Y segundo, ¿quién eres para hacerlo? Quítate eso de la cabeza. Él es quien hace el seva. Considérate su agente y luego haz tu seva”.

Mientras caminas o trabajas, estás sentado o dormido, o realizas tus tareas oficiales, recuerda siempre: “Yo no soy nada; todo es obra del satgurú, yo solo soy un instrumento”.
Baba Jaimal Singh195

Cuando creemos que estamos haciendo el seva, podemos pensar: “He logrado este éxito; nadie tiene esta habilidad excepto yo; mira cuánto he hecho crecer este departamento”, y así sucesivamente. Hay ego en esto. Por el contrario, podemos pensar: “No puedo hacer este proyecto; no soy capaz de dirigir este departamento; no soy lo suficientemente bueno para dar satsang”, etc. Pero también hay ego en esto, porque el “yo” todavía está ahí.

Los santos nos instan a que nos olvidemos de nuestros talentos, habilidades, defectos e imperfecciones y que miremos dentro de nosotros mismos para darnos cuenta de que somos solo agentes, que en realidad no estamos haciendo nada.

Siempre digo que soy un pequeño lápiz en las manos de Dios. Él piensa. Él escribe. Él lo hace todo; y a veces es muy difícil porque es un lápiz roto y tiene que sacarle un poco más de punta. Sé un pequeño instrumento en sus manos para que pueda usarte en cualquier momento y lugar.
Madre Teresa196

Un sevadar experimentado solía decir sobre el seva: “Desconéctate del cometido. Deja que el trabajo se haga a través de ti, en lugar de por ti”. Otro sevadar lo explica de esta manera: “Solo tienes que presentarte al seva, luego apartarte y dejar que él lo haga. Es interesante. Él es quien lo hace, pero tienes que estar ahí para que él lo haga. Y luego tienes que no estar allí para que él lo haga”.

Cuando el “yo” entra en el seva, también entran el estrés, la preocupación y la fatiga, porque pensamos que somos responsables. Nos preocupamos por las decisiones y los resultados. Nos preocupamos por pequeños detalles que parecen enormes en el momento. Caminamos como si el peso del mundo entero estuviera sobre nuestros hombros. Sardar Bahadur Ji solía decir que la preocupación muestra falta de fe en el maestro.

Mientras nos apoyemos en otros, él nos deja hacerlo, pero cuando tras repetidas decepciones nos rendimos a él por completo, considerándole como nuestra única protección, acude en nuestra ayuda al instante.
Maharaj Jagat Singh197

Qué reconfortante es saber que si dejamos de preocuparnos y simplemente dirigimos una oración interna, el maestro viene en nuestra ayuda al instante. Pero hay una condición: debemos entregarle el problema de verdad.

Si le entregamos nuestro problema al maestro, entonces no hay problema. Sin embargo, si se lo damos a él para que lo resuelva pero seguimos obsesionados con el problema, eso no es entregárselo al maestro.
Maharaj Charan Singh198

Baba Ji a menudo dice en satsang que cuando creemos que somos nosotros los que hacemos algo, cargamos con el peso, pero cuando se lo entregamos al maestro, entonces pasa a ser responsabilidad suya. ¡Qué alivio saber que nuestras preocupaciones y problemas, tanto en el seva como en la vida, son cargas innecesarias; en realidad, no tenemos que llevarlas!

El que lleva una carga pesada sobre la cabeza no puede ascender a las difíciles alturas donde reside el Señor. Deshazte del peso innecesario y “viaja ligero”. Si lo reflexionas con seriedad, verás que todas las cargas sobre tu corazón o cabeza son, en realidad, “pesos innecesarios”.
Maharaj Jagat Singh199

El seva físico, realizado bajo la guía de un maestro vivo, es un campo de entrenamiento. Nos brinda oportunidades para reflexionar sobre lo que estamos haciendo y cómo lo estamos haciendo, sobre lo que es simplemente nuestra voluntad y lo que es la voluntad de nuestro maestro.

El Gran Maestro dice: “Aquellos que actúan de acuerdo con la ley o la voluntad divina son colaboradores conscientes de ella y actúan de acuerdo con sus disposiciones”200. Cuando seguimos las instrucciones del maestro y meditamos, salimos de la voluntad de la mente y entramos en la voluntad del maestro, ponemos nuestra conciencia espiritual a trabajar en su voluntad. De manera similar, cuando hacemos nuestro seva físico como agentes del maestro, con un sentimiento de humildad, entrega y amor, ponemos nuestras habilidades físicas y mentales al servicio del maestro. Él trabaja a través nuestro, y tenemos la rara oportunidad de ser colaboradores conscientes del maestro para atender las necesidades del sangat. Nos convertimos en sus agentes.

Una actitud de aceptación
A través del seva, el maestro nos brinda muchas oportunidades para practicar la aceptación. Por ejemplo, puede haber ocasiones en que se nos pida hacer un seva que no queramos hacer. Es comprensible que un sevadar que es contable quiera hacer seva en el departamento de contabilidad. Pero si este departamento ya cuenta con suficientes sevadares, se le puede pedir que en su lugar limpie las ventanas. A esta persona se le presenta una oportunidad para practicar la aceptación y la entrega.

Una persona puede solicitar un seva, pero si no hay suficiente seva para todos los que lo desean, puede que se le pida que espere un tiempo. Esta también es otra oportunidad para aceptar, para entregarse. El sevadar decepcionado puede aceptar la decisión gratamente, sabiendo que esperar pacientemente para hacer seva también es seva.

En ocasiones, se nos puede pedir que rehagamos nuestro seva. Un arquitecto puede trabajar durante meses en el diseño de un edificio donde se realiza seva, pero al final su diseño puede ser rechazado. Es posible que el arquitecto tenga que volver a la mesa de dibujo una y otra vez antes de que finalmente se acepte. Otra oportunidad para entregarse. Gurú Ram Das hizo el mismo seva con alegría, sin cuestionarlo, setenta veces. ¿Somos capaces de responder de la misma manera cuando se nos pide hacer nuestro seva una segunda o incluso una tercera vez? ¿Importa si nos asignan setenta tareas diferentes o a la misma tarea setenta veces? En última instancia, es seva.

Cuando aceptamos todo lo que sucede con un corazón abierto, comenzamos a ver que todo es para nuestro bien. A través de los diferentes tipos de seva, nos moldeamos, nos transformamos en la clase de discípulos –la clase de seres humanos– que él sabe que podemos llegar a ser.

Poco a poco, aprendemos a aceptar que junto con los buenos momentos, también vendrán tiempos difíciles en el seva. A veces nos asignan un seva que nos encanta, en un equipo que nos encanta, con un sevadar encargado cuya actitud hacia el seva es una inspiración. En momentos así, el seva es un gozo y la entrega es fácil porque las cosas van como queremos. Podemos considerar estos momentos como períodos de descanso. Pero no podemos relajarnos por mucho tiempo en el seva; en el momento en que nos sentimos cómodos, algo impredecible suele suceder. Pronto se nos puede asignar una tarea de seva que está fuera de nuestra zona de confort o puede que tengamos que cooperar con sevadares con quienes es difícil trabajar. Podemos cometer errores. Podemos recibir críticas. En momentos así, el seva puede ser difícil, pero es en estas situaciones donde ocurre el verdadero aprendizaje. Tal seva no está exento de beneficios.

A medida que crece nuestra conciencia, nuestros juicios sobre el seva –“bueno” o “malo”, “fácil” o “difícil”– comienzan a desvanecerse. Ya no pensamos: Ese departamento era tan maravilloso, este no lo es; allí fui feliz, aquí no lo soy.

Recuérdalo siempre: nunca te preocupes pensando que fuiste feliz allí y eres infeliz aquí. Considéralo todo como su voluntad.
Baba Jaimal Singh201

Lentamente, nuestros juicios sobre nuestros compañeros sevadares comienzan a desvanecerse. Ya no nos alegramos ni nos enfadamos: Este sevadar me ha hablado con enfado; este sevadar se ha reconciliado conmigo; este sevadar me ha hecho daño; este sevadar me ha elogiado. Comenzamos a darnos cuenta de que no hay casualidades, ni coincidencias, ni sucesos fortuitos, ni personas malas. Es el maestro quien actúa a través de los demás para enseñarnos las lecciones que necesitamos aprender:

Todo lo bueno o malo que nos suceda, a través de cualquier persona u objeto, proviene directamente de nuestro Padre amoroso. Todas las personas u objetos no son más que herramientas en su mano... Si alguien te trata mal sin que hayas cometido falta alguna, deberías ver en ese maltrato la mano del maestro obrando. Quiere que descubras si tu orgullo ha muerto o no, y cuán profundamente la humildad y el amor han arraigado en tu mente.
Maharaj Sawan Singh202

Finalmente, llegamos al punto en que incluso el deseo de alejarse del seva o de sevadares difíciles desaparece. Surge una conciencia tranquila de que si el maestro nos está haciendo afrontar algo complejo, es porque es necesario y tiene la confianza de que podemos hacerlo. Recordamos que los desafíos que él nos pone nunca superarán su gracia, y que siempre nos echará una mano interiormente para ayudarnos a atravesarlos. Aprendemos a estar contentos sin importar dónde se nos coloque en el seva. Aprendemos a aceptar su voluntad, incluso cuando no es inmediatamente comprensible.

Si puedes aceptar lo que te llega a través de él, entonces, sea lo que sea, se vuelve divino en sí mismo; la vergüenza se convierte en honor, la amargura en dulzura y las tinieblas en luz clara. Todo toma el aroma de Dios y se vuelve divino; todo lo que sucede revela a Dios.
Maharaj Charan Singh203

De la rendición a la libertad
Un sevadar llegó a un gran centro de satsang justo antes de la visita del maestro. Al día siguiente, se esperaba la asistencia de más de cien mil personas para el programa de satsang. Había llovido sin cesar durante dos días y los estacionamientos estaban anegados. Peor aún, todo indicaba que la lluvia continuaría durante todo el programa, lo que representaba un escenario de pesadilla para los sevadares. Cuando el sevadar entró en el centro, vio que el ambiente era más frenético de lo habitual, ya que los sevadares lidiaban con las consecuencias de la lluvia. La gente estaba agotada y exaltada, corriendo de un lado a otro. En medio de todo esto, el coordinador del centro a cargo de la organización estaba tranquilo, relajado, dando instrucciones, pero también haciendo bromas, sonriendo y riendo.

“Debes de estar agotado –le dijo el sevadar–. ¡No has dormido más de tres horas por noche en varios días!”.

“Oh, no estoy cansado –respondió el coordinador–. No te cansas cuando te diviertes”.

“¿Diversión? ¿Esto es divertido? Pero ¿no estás preocupado? Además de todo el seva normal relacionado con las visitas, ¡ahora hay mucho más trabajo debido a la lluvia! ¿Cómo se logrará terminar todo para mañana? Los atascos de tráfico serán peores de lo habitual. ¿Cómo podrán estacionarse los coches en estos charcos de agua? ¿Cómo caminará el sangat por ellos? ¿Y los ancianos? ¿Qué pasará si sigue lloviendo los próximos tres días? ¿No estás estresado?”.

“Me preocuparía y estresaría si yo estuviera haciendo esto, si la responsabilidad fuera mía –respondió el coordinador–, pero yo no estoy haciendo nada. Me limito a tomar decisiones, pero en realidad él es quien lo hace todo. Él pone las palabras en mi boca, los pensamientos en mi cabeza, él es quien guía a los sevadares y les indica lo que deben hacer. Nosotros ponemos nuestro mejor esfuerzo, pero al final todo es obra suya. No te preocupes, mañana todo saldrá bien. No puedo explicar cómo sucede, pero siempre ocurre así”.

Paltu duerme despreocupado:
  el propio Señor es su guardián.
Siendo el Señor su guardián,
  Paltu disfruta de un sueño feliz.
Paltu Sahib204

Por supuesto, no siempre todo sale bien. Hay momentos en los que desearíamos que el resultado hubiera sido mejor. Pero si de verdad damos lo mejor de nosotros en nuestro seva, mantenemos al maestro en nuestra mente tanto como sea posible, aceptamos lo que venga como su voluntad y actuamos como sus agentes, la responsabilidad del seva recae en el maestro y nosotros nos liberamos de preocupaciones:

Cuando el discípulo se entrega al maestro para siempre, el maestro lo cuida en todos los sentidos... El niño que se sienta en el regazo de su madre no tiene de qué preocuparse, porque todas sus preocupaciones son de ella. Está despreocupado y feliz. Del mismo modo, el discípulo, después de refugiarse en el maestro, se vuelve despreocupado y feliz.
Maharaj Sawan Singh205

Todos nuestros intentos de entregarnos en el seva se acumulan con el tiempo y crean una profunda impresión en nuestra mente, y esto también tiene un impacto en nuestra vida mundana. Nuestra perspectiva sobre las cosas comienza a cambiar; empezamos a aceptar todo lo que nos llega en la vida, bueno o malo, con mayor ecuanimidad, como regalos de nuestro Padre amoroso. Comenzamos a ver su mano en todo lo que ocurre, y debido a que proviene de él, dejamos de resistirnos: aprendemos a aceptar. Cada vez somos más capaces de sacar el ego de nuestras acciones y dedicárselas por completo a él.

Este cambio de perspectiva nos brinda una paz interior profunda, una calma creciente, que luego facilita aquietar la mente durante la meditación. A su vez, la meditación nos ayuda a rendirnos más y más en el seva y en la vida. Así se desarrolla un proceso de entrega al amor intensamente hermoso, gradual y de por vida.

Este es el camino hacia la Verdad: caminar tras las huellas del maestro y adaptarnos, mediante la obediencia y la entrega, a la voluntad del Señor.

¿Cómo puede alguien llegar a ser verdadero
  y disipar el velo de la ilusión?
Nanak dice: Obedeciendo el mandato del Señor
  y entregándose a su voluntad.
Gurú Nanak Dev206

Finalmente, como dice un sevadar: “¿Cuál es la alternativa a entregarse al maestro? ¿Entregarse a la mente? ¿A los placeres mundanos? ¿A otra persona? Como sevadares, hemos avanzado demasiado en este camino como para siquiera considerar otras opciones. Todas las demás puertas están cerradas. Ahora solo estamos ante su puerta y esperamos”.

Un sevadar dijo una vez en un satsang que si un artículo de una joyería se ha vendido, puede permanecer en el escaparate, pero nadie más puede comprarlo. Lleva un letrero: “Vendido”. Dijo: “Si te entregas al servicio del maestro, este es el letrero que deberías llevar bien visible”.