Gratitud - Seva

Gratitud

El océano de su generosidad no tiene orilla.
La lengua es incapaz de agradecer,
  el corazón demasiado aturdido para comprender.
Aunque mis pecados son muchos,
  su compasión es aún mayor.
Nado en los mares de la desobediencia,
  pero no me ahogo.
Sarmad364

Un sevadar en Dera se sentía frustrado e infeliz con el seva. Su relación con el sevadar encargado era complicada, y trabajar con él día tras día, año tras año, había comenzado a pasarle factura. Un día decidió que ya había tenido suficiente: estaba listo para dejar el seva, dejar Beas y regresar a su ciudad natal. Con gran pesar, escribió su carta de renuncia y se dirigió al departamento correspondiente para entregarla. Mientras esperaba fuera de la oficina, se dio cuenta de que había una mujer sentada en un rincón, llorando como si se le rompiera el corazón. Preocupado, le preguntó si todo estaba bien. “Oh, sí –respondió entre lágrimas–. Más que bien. ¡Acabo de recibir seva!”.

Al oír esto, el sevadar se sintió profundamente conmovido. Su alegría le recordó la gratitud que él mismo había sentido cuando comenzó a hacer seva en Dera. Se dio cuenta de que después de años de hacer seva había empezado a tratarlo como un trabajo más. La frustración que sentía por sus tareas, sus compañeros sevadares y el encargado del departamento eran las mismas que una persona tiene en un trabajo normal. En algún momento del sendero había olvidado que estaba sirviendo a un maestro verdadero. Se había enredado en personalidades, procesos y emociones, y había empezado a dar por sentado el seva.

El sevadar sintió como si le hubieran quitado un gran peso de encima. Regresó a su departamento sin entregar la carta de renuncia y retomó su seva. En los meses y años siguientes, nada cambió en sus circunstancias, pero su actitud hacia ellas cambió por completo. Las cosas que antes solían molestarle ya no le afectaban tanto. Ahora valoraba de una forma nueva el regalo que se le había concedido y que estuvo a punto de perder.

La pesadilla de todo sevadar es la posibilidad real de empezar a dar por sentado el seva. Cuando pensamos que el seva no puede continuar sin nosotros, cuando nos volvemos arrogantes, o vemos el seva como una carga o un problema, o tratamos al seva como si fuera un trabajo mundano, es cuando sabemos que estamos dando por hecho nuestro seva. Y es entonces cuando corremos el riesgo de perderlo, o al menos de perder parte de su alegría y sus beneficios.

El seva no es un derecho; es un privilegio, un honor y una responsabilidad. Es un regalo precioso del maestro. Si lo valoramos y lo usamos correctamente, puede llevar nuestro discipulado al siguiente nivel. Pero somos humanos; puede haber momentos en los que nos sintamos cansados y agotados en el seva. Cuando lleguen esos momentos, puede que merezca la pena revisar lo que significa el seva para nosotros, así como todo aquello por lo que tenemos que estar agradecidos.

Gratitud hacia el sangat
Al comenzar el seva por primera vez, podemos tener la opinión comúnmente aceptada de que los que reciben el servicio deben estar agradecidos a los que les sirven. Pero el maestro cambia esa forma de pensar; nos enseña que son los que sirven los que deben estar agradecidos.

Durante las campañas oftalmológicas de Dera, los sevadares servían desinteresadamente a miles de personas, ayudando a devolver la vista a quienes ya no tenían esperanza de volver a ver. La mayoría de las personas a las que servían no eran discípulos. Hazur les decía a estos sevadares que debían sentirse muy agradecidos por la oportunidad de servir:

Nos sentimos afortunados de que estos pacientes nos den la oportunidad de servirles. Es una oportunidad muy rara poder servir a alguien, por lo que estamos agradecidos a los pacientes que nos dan esta oportunidad de servirles.
Maharaj Charan Singh365

Amamos nuestro seva, y sabemos que sin el sangat no tendríamos seva. Así que cuando nos enfrentamos a un miembro particularmente difícil del sangat, y estamos a punto de perder la paciencia, podemos recordar que para esto exactamente estamos aquí. Son las cambiantes necesidades, demandas y dificultades del sangat las que generan seva para nosotros. Les debemos gratitud por brindarnos la oportunidad de servir.

Gratitud hacia nuestros compañeros sevadares
El significado mismo del seva es trabajar juntos en armonía y con amor realizando un trabajo para el maestro. Incluso si nuestro seva requiere pasar mucho tiempo solos, siempre necesitamos relacionarnos y colaborar con otros sevadares, y todos nos influimos mucho entre nosotros.

El amor y la dedicación de los sevadares con los que trabajamos es una gran fuente de inspiración. Vemos a doctores y arquitectos barriendo calles, a empresarios limpiando baños, a carpinteros y plomeros dirigiendo el tráfico bajo el sol y el polvo, y a ancianas que no son expertas en informática aprendiendo a hacer hojas de cálculo. Ninguna tarea parece demasiado grande o complicada para ellos, y ninguna tarea parece imposible. No es que no afronten desafíos y dificultades, pero de alguna manera son capaces de superarlos.

Estos sevadares no se ofrecen como voluntarios para servir porque el maestro esté cerca. De hecho, algunos no lo han visto en años. Aun así, si hay una oportunidad de hacer algo por él, ahí están, y lo hacen sin esperar nada a cambio. Algunos tienen una capacidad y talento únicos, pero son completamente modestos en su comportamiento; el simple hecho de presenciar su actitud hacia el seva nos hace humildes. Otros no poseen habilidades especiales, pero hacen su seva con tanto corazón que nos dejan asombrados por su espíritu de entrega desinteresada. Algunos de estos sevadares se han convertido en nuestros mentores, guiándonos, apoyándonos e inspirándonos. Aprendemos a amar y servir no solo del maestro, sino también unos de otros.

A lo largo de los años podemos desarrollar amistades profundas con personas de diferentes orígenes económicos y culturales; personas que quizás no habríamos conocido de no ser por el seva. Algunas de esas amistades duran toda la vida. Son las personas que están ahí en mitad de la noche si hay una crisis, incluidas las personas con las que no nos llevamos bien en el seva, porque hay un profundo sentido de unidad y familia que nos une. Con el paso de los años, el apoyo de nuestros compañeros sevadares se convierte en un refugio. En su compañía encontramos un lugar al que pertenecemos, donde podemos descansar de los incendios del mundo.

El seva nos une, y es nuestro amor por el Uno lo que nos mantiene juntos. Nuestros hermanos y hermanas sevadares son nuestra comunidad, nuestro apoyo constante, nuestros camaradas. Tenemos el mismo objetivo, enfrentamos las mismas luchas y compartimos al mismo Amado. El seva nos da la oportunidad de compartir nuestro amor por lo divino con los demás, de acompañarnos mutuamente en este viaje. Las palabras de gratitud no alcanzan para agradecerle al maestro por envolvernos en este manto de amor y apoyo incondicional.

Gratitud por el seva
La metamorfosis es la transformación de una criatura en otra completamente diferente, ya sea por medios naturales o sobrenaturales. El ejemplo más común de metamorfosis es la transformación de una oruga en una mariposa. Consideremos por un momento el proceso de la mariposa a la luz del seva, que tiene un efecto transformador similar en nuestra vida.

Después de nacer, la oruga se entrega al placer de su pequeño mundo: comer sin cesar. Su movimiento y visión del mundo están limitados a la planta en la que nació. Pero en algún punto misterioso, algo cambia en su pequeño “cerebro” de oruga y pierde todo interés en comer. Encuentra un lugar adecuado, fabrica su capullo y se encierra dentro de él.

Allí se entrega por completo a un proceso mágico. Los biólogos nos dicen que dentro del capullo la oruga se disuelve en una especie de sopa protoplasmática; algunas partes permanecen intactas y otras se disuelven por completo. Con el tiempo, se regenera en una forma completamente nueva: la de una hermosa mariposa.

Pero la mariposa aún no es libre. A la etapa de entrega le sigue otra de intenso esfuerzo para liberarse del capullo. Esta lucha para emerger fortalece las alas de la mariposa e intensifica su instinto de volar. Finalmente, logra liberarse y volar hacia el cielo. ¿No es esto un milagro? Una oruga limitada, que se alimentaba de hojas, se transforma en una criatura bella y etérea, que tiene un aspecto diferente, se alimenta de otra manera y tiene la habilidad de volar. Esta transformación, aparentemente milagrosa pero completamente natural, es fruto de la entrega y el esfuerzo.

De manera similar, todo discípulo de un maestro verdadero tiene la oportunidad de pasar por un proceso de metamorfosis espiritual. Al principio, también nosotros estamos atrapados en el disfrute incesante de los placeres sensoriales. Pero en algún momento, al igual que la oruga, empezamos a perder interés. El seva –con el cuerpo, la riqueza, la mente y el alma– es el capullo en el que voluntariamente entramos. Cada vez que meditamos, cocinamos para la comunidad (sangat) o hacemos una ronda de simran (meditación), entramos en nuestro capullo espiritual.

Criaturas como las mariposas y las polillas entran en su capullo una sola vez, permanecen en él varios días y emergen transformadas. Nuestro proceso es diferente: entramos en nuestro capullo invisible cada día durante pequeños períodos de tiempo y luego somos empujados de nuevo a un mundo de tentaciones. Una y otra vez hacemos sacrificios para dejar de lado esas tentaciones y volver a entrar en el capullo. Esto requiere innumerables esfuerzos, grandes y pequeños, que poco a poco intensifican nuestra fe y determinación espiritual.

Dentro del capullo nos entregamos a un proceso en el que tenemos algo de fe, pero que realmente no comprendemos. Cada vez que volvemos a entrar en el capullo –con cada ciclo de esfuerzo y entrega– nos transformamos un poco más. Nuestra gratitud aumenta a medida que nos damos cuenta de la naturaleza de esta transformación:

Llegan a ser como Aquel a quien sirven.
Gurú Nanak Dev366

El proceso de transformación puede ser doloroso. El verdadero seva no siempre es fácil. El seva no es una utopía en la que solo haya gente agradable y sin dificultades. El seva puede ser complicado, el seva puede ser difícil. Pero en el proceso ofrece un aprendizaje infinito, un crecimiento infinito. Cuando las cosas nos van bien en el seva, decimos que es la gracia del maestro. Pero la gracia viene en muchas formas. Cuando las cosas no van tan bien, eso también es gracia. El maestro solo hará lo que sea mejor para nosotros:

Nuestro concepto de amor y bondad es que cualquier cosa que queramos, debemos obtenerla. Pero a veces la madre tiene que poner quinina amarga en la boca del niño. Y el niño tiene que tragársela, en su interés. Pero no puede haber mejor amor que el de la madre por el hijo.
Maharaj Charan Singh367

Nos sentimos agradecidos porque a través del sangat y nuestros compañeros de seva, el maestro pone un espejo delante de nosotros y entonces empezamos a ver nuestras propias faltas y debilidades, y tratamos de mejorar. ¿Cómo aprendemos la compasión? Cuando cometemos un error y alguien responde con amabilidad y amor. ¿Cómo aprendemos humildad? Cuando nos enfadamos con alguien, reflexionamos al respecto, sentimos arrepentimiento, pensamos en cómo le gustaría al maestro que respondiéramos, y luego volvemos para disculparnos. Este proceso será doloroso en ocasiones, pero a través de ese dolor llega la transformación. Un místico sufí se refería a esto como el proceso de ser “cocinado” por su maestro Tapduk:

Nos convertimos en sirvientes en la puerta de Tapduk.
El pobre Yunus, crudo e insípido,
finalmente se cocinó; ¡alabado sea Dios!
Yunus Emre368

El proceso de transformación lleva toda una vida. Es tan lento que apenas notamos los cambios de un día a otro, y sin embargo, al mirar atrás en nuestras vidas, tal vez nos sorprenda el cambio que ha obrado en nosotros. Si bien el milagro de esta transformación es obra del maestro, el ritmo de la transformación está en gran medida en nuestras manos; el Gran Maestro dijo que, dependiendo del esfuerzo que pongamos, podemos acelerar o retrasar nuestro progreso369. Cuanto más a menudo entremos en nuestro capullo espiritual, y cuanto más tiempo permanezcamos dentro, más rápida será la metamorfosis.

Si estamos abiertos y receptivos al proceso, el seva –en todas sus formas– tiene el poder de transformarnos de una simple gota en el océano divino:

¡El efecto es realmente un milagro! Nos alejamos del mundo, y con la misma intensidad que antes corríamos hacia él, ahora corremos hacia el Padre. Experimentamos esa dicha y alegría del verdadero amor y la verdadera devoción, al fundirnos finalmente con nuestro maestro para transformarnos de la gota en el propio océano divino.
Maharaj Charan Singh370

Aunque no seamos capaces de discernir el grado de transformación interior, sí podemos experimentar la paz y la dicha que vienen de la meditación, y sentir los efectos tangibles del seva físico en nuestra vida cotidiana.

Tenemos mucho por lo que estar agradecidos. En el seva se nos brinda la oportunidad de hacer una gran variedad de cosas nuevas. Esto aumenta nuestra confianza y autoestima, pero al mismo tiempo disminuye nuestro ego, pues comenzamos a darnos cuenta de lo poco que realmente sabemos.

Nos sentimos agradecidos de que el seva sea un lugar seguro, incluso cuando presenta desafíos. A veces, es posible que tengamos que asumir riesgos que normalmente no correríamos, y en ese proceso encontramos oportunidades para crecer. Es posible que no solo aprendamos nuevas habilidades, sino también nuevas actitudes y formas de relacionarnos con las situaciones y con las personas. Muchos sevadares cuentan que cuando llegaron al seva por primera vez, creían que podrían aplicar sus habilidades mundanas para “mejorar” el seva. Pero ahora, al mirar atrás, sienten que han aprendido tanto en el seva que llevan consigo muchas enseñanzas que enriquecen su vida mundana y espiritual.

Barriendo el suelo del monasterio, se alcanzan los beneficios de la comprensión.
Poema chino citado por Thich Nhat Hanh371

El seva nos vuelve más humildes. Al mirar atrás, vemos que ya no somos la misma persona egocéntrica y centrada en sí misma que comenzó el seva hace cuarenta años, o incluso cuatro años. El seva nos ofrece la oportunidad de practicar la pérdida de nuestra identidad. Nos da la oportunidad de salir de nosotros mismos y hacer algo por alguien más, hacer algo no para beneficio personal sino por el placer de servir a los demás. En ese proceso, comenzamos a aprender que no somos el centro del universo. Comenzamos a darnos cuenta de que la obra del maestro es mucho más grande que nosotros. Aprendemos a dejar de lado el ego y permitir que el maestro actúe a través nuestro. Empezamos a convertirnos en un recipiente, un canal para el trabajo del maestro. Empezamos a ver el milagro de cómo el maestro logra que las cosas se hagan, y nos sentimos humildes y llenos de gratitud.

El seva también influye profundamente en nuestra vida en el mundo. El camino espiritual consiste en convertirnos en mejores seres humanos. Las cualidades que aprendemos en el seva se extienden a nuestra vida cotidiana y nos convierten en mejores miembros de familia, amigos y ciudadanos. A medida que nos abrimos a las enseñanzas del seva, nos volvemos más conscientes de nuestras propias debilidades y más tolerantes con las debilidades de los demás. Aprendemos que no siempre tenemos la razón, y que incluso cuando creemos tenerla, mantener la armonía es más importante que imponernos. Empezamos a evitar la negatividad y las discusiones innecesarias, a elevarnos por encima de nuestras ideas preconcebidas y expectativas, y a abrirnos más al punto de vista de los demás. Nos volvemos más compasivos, pacíficos, pacientes y flexibles. Poco a poco, los efectos del seva se filtran en nuestra vida cotidiana, impregnándola con la fragancia de la espiritualidad y la positividad en todo lo que hacemos. El maestro dice que todos somos un milagro, si consideramos de dónde venimos y dónde estamos hoy.

Kabir, nubes cargadas de amor
  en abundancia se derramaron sobre mí;
dentro de mí, mi alma se empapó,
  y todo a mi alrededor reverdeció.
Kabir372

El seva nos aparta de nuestras distracciones. Si no estuviéramos haciendo seva, ¿qué estaríamos haciendo con nuestro tiempo? ¿Pasando el rato en el centro comercial? ¿Viendo una película? ¿Navegando por internet? ¿Obsesionándonos con la familia, el trabajo o el mundo? El seva nos salva. Evita que nos veamos absorbidos por el torbellino de las tareas mundanas y los problemas personales que constantemente nos desvían de nuestra verdadera meta. Cuando servimos a los demás, nos ocupamos en algo más grande que nosotros mismos; la mente se aleja de los asuntos insignificantes y nos elevamos de inmediato. A medida que crece nuestro apego al seva, las cosas del mundo que antes nos encantaban comienzan a perder su dulzura, y nos sentimos atraídos por un amor más profundo.

El seva puede ser nuestro oasis de paz y alegría. A menudo, cuando dejamos atrás una semana laboral agitada y entramos en el centro de seva, nuestra alma suspira con alivio y gozo. ¡Qué agradecidos nos sentimos de encontrar un lugar donde descansar! Cuando terminamos el seva, podemos sentarnos juntos y hablar sobre el maestro. Somos libres de salir e irnos a casa, pero quizás deseemos quedarnos un poco más en esa atmósfera. El maestro está lleno de alegría, y trae consigo esa alegría como una brisa refrescante que recorre el centro y llega a todos. Una vez que probamos la dulzura del seva, volvemos por más.

Mi cuerpo y mente se serenan
  y alcanzan el equilibrio;
me he entregado al servicio de Dios.
Gurú Arjan Dev373

Cuando hacemos seva, nuestra fe se vuelve más profunda, porque tenemos la oportunidad de presenciar los verdaderos “milagros” del maestro. Vemos cómo sevadares duros y orgullosos se ablandan con el tiempo y se vuelven amables y humildes. Vemos cómo se completan grandes proyectos realizados por sevadares sin experiencia ni habilidades previas. Poco a poco, nos hacemos conscientes de la mano divina detrás de todo. Nos damos cuenta de que literalmente estamos siendo testigos de la obra del Señor, y nos maravillamos del hecho de que tenemos el privilegio de participar en ella. A medida que nuestra conciencia se vuelve más profunda, nuestra fe también es más profunda.

Nos sentimos llenos de gratitud, porque una vida de seva es una vida llena de amor: servimos porque amamos al maestro, y el maestro nos sirve a nosotros porque nos ama con un amor infinito. Además, el seva nos da una excusa para estar juntos; si no siempre en persona, entonces en espíritu. Una sevadar que había servido tanto a Sardar Bahadur Ji como a Hazur Maharaj Ji, recuerda su último encuentro con Hazur en 1989. Hazur llamó a un grupo de sevadares a su habitación en el centro de satsang en Deli para hablar sobre asuntos pendientes de seva. Pero cuando se sentaron, él miró las listas de seva que llevaban en las manos y dijo dulcemente: No hablemos de nada, simplemente estemos juntos. ¡Y eso es lo que hicieron! Solo cuando falleció seis meses después, se dieron cuenta de que solo quería estar con ellos, que el amor era todo lo que le importaba. El contenido del seva no importaba. Era solo una excusa para estar juntos.

Nunca podemos hacer nada para merecer su amor. Simplemente lo da y lo da... Si el maestro no viene con su gracia, ¿quién lo hará?
Maharaj Charan Singh374

Finalmente, es a través del seva que aprendemos a rendirnos ante el amado. Un sevadar expresa: “Nuestro yo separado va disminuyendo poco a poco, pero perdernos a nosotros mismos y convertirnos en otro ser, no es un proceso desagradable. El Uno trabajando a través de los muchos y los muchos trabajando como uno puede ser una experiencia muy dichosa. Él mueve los hilos, y nosotros bailamos la danza del sevadar. Bailamos con alegría porque sentimos que nos mueve la voluntad del Uno”. Esta es la entrega gozosa del sevadar.

Así descubrimos que cuando hacemos el seva físico con la actitud correcta, nos conecta con el maestro y crea un ambiente que apoya nuestra meditación; y cuando terminamos de meditar, el seva físico nos mantiene conectados con el maestro. ¡Qué sistema tan perfecto se nos ha dado para crecer como seres espirituales!

¿Qué sería de nuestra vida sin el seva en todas sus formas? ¿Un vacío? Sobreviviríamos, claro... pero ¿existiría la misma alegría? Como alguien expresó tan bellamente: Para un sevadar, la vida sin seva sería como un día sin sol, un día sin color.

El seva no es solo un regalo: es un regalo ilimitado. Un hermoso pasaje del gran poeta indio Rabindranath Tagore ilustra esta idea:

Iba mendigando de puerta en puerta en el sendero de la aldea, cuando tu carro dorado apareció a lo lejos como un sueño maravilloso, ¡y me pregunté quién era este rey de reyes!

Mis esperanzas aumentaron y pensé que mis días malos habían llegado a su fin, y me quedé esperando que se dieran limosnas sin pedirlas y que la riqueza se esparciera por todos lados en el polvo. Tu carro se detuvo donde yo estaba. Tu mirada cayó sobre mí y bajaste con una sonrisa. Sentí que la suerte había llegado por fin a mi vida. Entonces, de repente, extendiste tu mano derecha y dijiste: “¿Qué tienes para darme?”.

¡Ah, qué broma real fue abrir tu palma de la mano a un mendigo para mendigar! Estaba confundido y me quedé indeciso, y luego de mi bolsa lentamente saqué el más minúsculo grano de maíz y te lo di. Pero qué grande fue mi sorpresa cuando al final del día vacié mi bolsa en el suelo para encontrar un minúsculo gramo de oro entre el pobre montón. Lloré amargamente y deseé haber tenido corazón para dártelo todo.
Rabindranath Tagore375

Esta historia ilustra que nosotros los sevadares somos, en realidad, los mayores beneficiarios del seva. Cuando el maestro entra por primera vez en nuestras vidas, nuestras esperanzas aumentan. Esperamos que derrame todo tipo de gracia sobre nosotros, que haga desaparecer nuestros problemas mundanos y que todos nuestros deseos se cumplan. Pero el maestro no hace nada de eso. En cambio, extiende su mano y nos pide: “Dame tu tiempo; dame tu atención; dame tu ego”. Y con duda –mucha duda–, a través del seva interior y exterior, y de la forma en que vivimos nuestra vida, le damos un poco. Y entonces comenzamos a descubrir que cualquier pequeña migaja de tiempo y atención que le ofrecemos, cualquier pedazo de ego que le entregamos, ¡él lo transforma en oro y nos lo devuelve!

Esta historia también nos revela algo sobre nuestro maestro. Pensamos que al hacer seva le estamos dando algo al maestro. Pero la realidad es que el maestro es el mayor de todos los dadores. Los místicos no nos quitan nada en la meditación o el seva; nos dan. El seva no es más que una excusa para que puedan derramar su gracia sobre nosotros.

Él hace mucho más por nosotros de lo que la mente humana puede comprender.
Maharaj Charan Singh376

Sin embargo, las recompensas del seva no son visibles de inmediato. El mendigo de esta historia encontró esa migaja de oro al final del día y lloró amargamente; deseó haberle entregado al rey todo lo que tenía. No queremos mirar hacia atrás con el pesar de una oportunidad perdida, por eso debemos valorar el regalo del seva, porque, como vemos en esta historia, el fruto del seva es oro puro.

Gratitud al maestro
A medida que comenzamos a sentir la magnitud del amor del maestro por nosotros y el enorme alcance de su servicio, anhelamos expresar nuestra gratitud. Pero el maestro no necesita nada, y las palabras no pueden expresar nuestra gratitud. Además, si bien podemos agradecer al dador por los regalos, ¿qué palabras hay para agradecer al dador por él mismo?

Una vez, un discípulo le dijo a Hazur Maharaj Ji: “No tengo ninguna pregunta específica que hacerte. Solo quiero darte las gracias por tu amor”. Hazur respondió:

Es pura gracia suya que nos da su amor, que nos da su devoción, y nuestras palabras son totalmente inadecuadas para expresar ese sentimiento, esa profundidad, esa gratitud hacia el Padre. Es imposible377.

El seva no es una opción para los maestros. Su amor y obediencia hacia su propio maestro, su amor infinito por nosotros, y las necesidades del sangat siempre creciente, les obliga a dedicar sus vidas a servirnos. Y en ese espíritu de servicio, no se guardan nada para sí mismos. No tienen otra motivación que la liberación de las almas. No buscan ningún beneficio personal, ni siguen una agenda propia. En su forma de vivir, en lo que hacen, son el ejemplo definitivo del altruismo. Hacen mucho por nosotros, pero siempre dicen que no hacen nada. En el momento en que obtienen el mérito de algo lo pasan por alto, diciendo que fue solo por la gracia de su propio maestro lo que se hizo.

No he logrado
  ni podría haber logrado nada,
  ni tenía el poder para hacerlo.
Todo lo que se hace, lo hace mi Señor,
  y así es como el pobre Kabir
  se ha convertido en Kabir [el Grande].
Kabir378

Tal vez nunca lleguemos a comprender realmente el don que supone servir a un místico, participar en su obra divina. Al principio creemos que somos nosotros quienes nos ofrecemos para hacer seva, pero el Gran Maestro nos recuerda que eso no está en nuestras manos:

Solo aquel que está en condiciones de servir al maestro tiene abundante gracia del Señor, porque este servicio está impreso en la frente de esa persona y fue predestinado como resultado de sus acciones o karmas en vidas anteriores. Bienaventurado es el que se dedica al servicio de su maestro, porque el Señor mismo se manifiesta en él379.

No solo se nos ha dado el regalo del seva, también hemos sido bendecidos con un entorno que nos permite llevarlo a cabo:

Es enteramente por su gracia que tenemos la oportunidad de hacer seva y que somos capaces hacerlo. Todo el mundo no tiene la oportunidad. Muchas personas pueden quererlo, pueden estar deseosas por hacerlo, pero nunca tienen la oportunidad. Sus circunstancias no se lo permiten, su entorno no se lo permite, sus compromisos familiares no se lo permiten. Es por su gracia que tenemos esta oportunidad...
Maharaj Charan Singh380

Cuando empezamos a hacer seva, entramos por la puerta totalmente llenos de nosotros mismos: llenos de debilidades, expectativas y exigencias. Cometemos error tras error, pero el maestro los perdona todos. Él pasa por alto nuestras faltas y dice que no hay nadie en el mundo como sus sevadares.

Un discípulo puede equivocarse cien veces;
  el maestro benévolo lo salva cada vez.
El maestro es consciente de las faltas del discípulo,
  pero el maestro no las toma en consideración.
Dharamdas381

El maestro solo ve nuestro potencial. Él no mira nuestras habilidades y determina qué seva darnos; él mira nuestra necesidad y nos da el seva apropiado. Luego nos da las habilidades, el intelecto, la fuerza y la energía para hacer ese seva. Y cuando el seva está completo, aunque él lo ha hecho todo, estampa nuestro nombre en él y nos concede todo el mérito.

Él es el hacedor y él mismo lo hace todo,
  ¡pero Paltu es el que recibe todos los elogios!
Paltu Sahib382

Y después de hacerlo todo, ¡el maestro nos da las gracias! El parshad de los sevadares es una de las formas en que el maestro expresa esto. Es un acto breve, sencillo y hermoso, durante el cual el maestro, sin palabras, expresa su gratitud por nuestro seva y deja nuestros corazones rebosantes de amor. Pero en el fondo de nuestro corazón sabemos que más importante que el parshad de sevadares es el seva en sí. El Seva es el parshad.

Como dijo una vez con tanta belleza un sevadar en satsang: “El amor y la gracia del maestro fluyen a través de las manos y los corazones de muchos sevadares de camino hacia las personas del mundo. Cuando esa gracia y amor fluyen a través de sus sevadares, en el camino, también eliminan sus inquietudes y preocupaciones, sus tristezas y el sentimiento interior de separación. Del mismo modo que, después de tocar una flauta, la melodía sigue vibrando en cada átomo, después del seva siempre quedan algunos ecos de su gracia en nosotros. Y si nos volvemos hacia nuestro interior en la meditación, los absorbemos. Esa dicha es nuestro parshad de sevadares”.

El maestro es un enigma: insondable, impredecible, con innumerables facetas. Podemos ser capaces de entender sus enseñanzas, pero no podemos entenderlo a él. En vez de intentar hacerlo, simplemente tratamos de amar y obedecer.

A medida que crecemos en amor, comenzamos a ver que no solo el seva es una bendición: toda nuestra vida es una manifestación de la gracia divina, toda nuestra vida es parshad. Una vida entera de seva y meditación no es suficiente para expresar nuestra gratitud por todo lo que él hace por nosotros.

Él me ha elevado a su propio estado.
Me ha conducido al descanso en la realidad última.
Tukaram383