¿Qué es el seva físico? - Seva

¿Qué es el seva físico?

Todo lo que poseemos –nuestro tiempo y talentos, nuestra energía y experiencia, nuestra riqueza y sabiduría, nuestro conocimiento y autoridad, nuestra vida misma– es un préstamo que debemos usar en beneficio de los que tienen una necesidad mayor que la nuestra.
J. P. Vaswani40

Atraídas por la fragancia espiritual de los santos, multitudes de personas acuden a ellos. Es necesario organizarse para acoger a todos los que llegan: hospedarlos, cocinarles la comida, preparar y limpiar los baños, dotar de personal a los hospitales para los que enferman. Cuando el número de buscadores se multiplica hasta cientos de miles, innumerables detalles deben gestionarse. Los sevadares son los voluntarios que asisten al maestro en su misión divina, cuidando de los buscadores que acuden a su refugio.

¿Cómo nos convertimos en sevadares? Todo lo que se necesita es el deseo de servir. Pedimos seva con una actitud abierta y dispuesta a aceptar cualquier tarea. Tomamos una pala o un rastrillo, o barremos una habitación, o preparamos comida, y nos convertimos en sevadares. Sin embargo, no es necesario estar en un centro de satsang para ser útiles; simplemente siendo buenas personas y amables, ya realizamos un gran servicio a la humanidad. Donde sea que estemos, haciendo lo que hagamos en la vida, siempre hay una oportunidad para ayudar a alguien. Solo necesitamos ser conscientes y querer hacerlo, y las oportunidades de servir se presentarán.

De hecho, servimos a los demás viviendo los cuatro votos. Primero, al adoptar una dieta vegetariana, les evitamos a los animales un inmenso dolor y sufrimiento. Segundo, bajo la influencia de las drogas y el alcohol podemos cometer actos terribles y causar sufrimiento a los demás; así que cuando nos abstenemos de estas sustancias, estamos sirviendo a los demás al evitarles confusión y dolor. Tercero, cuando mentimos, engañamos o robamos, o cuando somos infieles a nuestro cónyuge, hacemos daño a los demás; por lo tanto, nuestro compromiso de vivir una vida honesta y moral es un servicio a quienes nos rodean. Por último, el voto de meditar diariamente nos llena de amor por el Señor y, como consecuencia, de amor y compasión por todos los seres vivos. A través de estos votos practicamos la doctrina de ahimsa, de la no violencia hacia los demás y hacia nosotros mismos. Con estos votos el maestro ha tejido el espíritu de amor y servicio en la esencia misma de nuestra vida.

El seva es una actitud
Cuando somos sevadares, es importante tener claro desde el principio qué es y qué no es el seva. El maestro nos aconseja no definir el seva de manera limitada. Hazur dice que el seva es amor. Cualquier acción realizada desinteresadamente es seva. Esto significa que todo lo que hacemos –en casa, en el trabajo, por nuestros hijos, por un extraño o por otros discípulos– es seva, siempre que lo hagamos con amor, sin motivos ocultos ni deseo de recompensa o compensación.

Entonces seva no es solo una acción, es una actitud: una actitud de dar. Baba Ji dijo una vez que si te dan algo, siempre debes dar más a cambio, para que siempre des más de lo que recibes. El Gran Maestro solía decir que nuestras manos siempre deberían estar extendidas para dar, en lugar de abiertas para recibir41.

Una joven solicitó seva en su centro local de satsang. Le asignaron tareas ocasionales, pero era un centro pequeño y no había suficiente seva para todos. Esta joven tenía un fuerte instinto de servicio. La difícil situación de los habitantes de los barrios marginales de su vecindario la conmovió, y quería hacer algo para ayudarlos. Así que involucró a sus amigos y creó una organización sin fines de lucro. Comenzó siendo pequeña: sirviendo a las personas una comida caliente una vez a la semana. Con el tiempo, a medida que conoció mejor a los residentes, se volvió más consciente de sus problemas específicos. Los niños necesitaban libros de texto y uniformes escolares; una anciana, medicinas; el cabeza de familia, una operación de corazón. Llena de compasión, esta joven discípula y sus amigos pasaban varias horas cada semana recaudando fondos y ayudando a las personas necesitadas. Después de algún tiempo, interrumpió su seva en el centro de satsang para dedicarles más tiempo.

En una reunión en Dera, alguien le preguntó al maestro si lo que ella estaba haciendo contaba como seva. Baba Ji respondió que tenemos el concepto erróneo de que el seva debe estar asociado con una institución religiosa. El seva es una actitud, dijo. Si un servicio se realiza con una actitud desinteresada, es seva. Incluso una madre que atiende a su hijo sin pensar en sí misma está haciendo seva. Dijo que incluso cuando trabajamos en una oficina donde nos pagan, en la medida en que vamos más allá del deber sin esperar nada a cambio, es seva.

El seva es desinteresado
Para los místicos, el concepto de servir con una actitud de desinterés (nishkaam) es lo que realmente define el seva. Nish significa “sin” y kaam significa “deseo.” Por lo tanto, nishkaam significa hacer seva con una actitud de servicio a los demás sin ningún deseo egoísta.

En la literatura antigua de la India, se dice que Arjuna una vez preguntó al Señor Krishna por qué consideraba a Karna un donante tan generoso.* ¿Qué tenía Karna que él, Arjuna, no tenía? En respuesta, el Señor Krishna convirtió una montaña en oro. Le dijo a Arjuna que quería que el oro se distribuyera entre los pobres aldeanos que vivían al pie de la montaña. Emocionado por la importancia de la tarea, Arjuna comenzó a excavar la montaña y distribuir el oro. Al principio, disfrutaba de la gratitud y los elogios que los aldeanos le prodigaban. Pero pronto se dio cuenta de que, no importaba cuánto cavara, el oro nunca se acabaría. Exhausto, le dijo al Señor Krishna que necesitaba descansar.

Luego, el Señor Krishna asignó la misma tarea a Karna. Karna llamó a los aldeanos y les dijo que el oro era un regalo del Señor Krishna, y que podían tomar tanto como quisieran. Hizo que sus soldados facilitaran el proceso y ayudaran a los aldeanos a llevarse el oro de manera ordenada42.

En esta historia, tanto Arjuna como Karna recibieron la misma tarea de seva, pero Karna la abordó sin ningún deseo. No le importaba el valor del oro ni deseaba ser visto como un gran donante a los ojos de los aldeanos. Hizo solo lo que se le indicó, y luego se alejó cuando terminó el servicio, sin cálculos ni apego. En el caso de Arjuna, cuando se le asignó el seva, quedó atrapado en la tarea de distribuir el oro de manera personal y visible, porque deseaba los elogios y la importancia que esto conlleva. Su servicio no fue desinteresado.

Una de las lecciones más significativas que el Señor Krishna enseña a Arjuna en la escritura india Bhagavad Gita es la de realizar acciones sin estar motivado por el resultado, el fruto, de las acciones:

Tienes derecho a trabajar,
  pero nunca al fruto del trabajo.
Nunca deberías actuar con la intención
  de obtener una recompensa,
  ni tampoco deberías desear la inacción.
Bhagavad Gita 2:4743

El nishkaam seva tiene dos facetas: desinterés y desapego. El espíritu de altruismo está en el corazón mismo del seva. Si tenemos alguna expectativa de recompensa cuando servimos, o si ponemos condiciones al acto de dar, entonces no estamos dando; estamos recibiendo. El propósito del servicio es dejar de lado el ego y dar desinteresadamente.

Sin embargo, los santos nos instan a ir un paso más allá: servir no solo con desinterés, sino también con desapego. Esto puede parecer contrario a la lógica. ¿No deberíamos estar profundamente involucrados y ser empáticos cuando servimos? ¿Cuál es la necesidad de estar desapegados en el seva? Maharaj Jagat Singh nos da la primera razón. Él dice que cualquier apego, incluso a buenas causas, puede distraernos de nuestro seva principal, el trabajo de ir al interior:

Ser servicial y desinteresado es ciertamente bueno, pero no debemos identificarnos con ese trabajo. Debemos ayudar con un espíritu de desapego y en la medida en que no constituya una carga para nuestra mente. Cumple con tus deberes sociales y cumple con tus obligaciones, pero no descuides tu propio trabajo que es el de ir al interior44.

La segunda razón para el desapego en el seva es que los apegos nos atan a la creación. Si dedicamos toda nuestra vida a ayudar a los demás pero nuestras acciones contienen algún tipo de cálculo o apego, nos enredaremos completamente en este mundo. Por otro lado, si realizamos las mismas acciones buenas sin ningún deseo, motivo o expectativa personal, no cargaremos con ese peso. En resumen, las acciones normales se dan en el ámbito de causa y efecto, acción y reacción, motivo y expectativa; las acciones desinteresadas no, porque están libres de deseo:

Las buenas acciones deben realizarse desinteresadamente, sin ningún deseo de obtener y disfrutar sus frutos. Si las acciones se hacen de esta manera, no darán fruto, así como las semillas tostadas no germinan. Si las buenas acciones se realizan con anhelo por sus frutos, el renacimiento es inevitable para disfrutar de los frutos de ese karma.
Maharaj Charan Singh45

El servicio desinteresado a la comunidad general ciertamente es seva. Sin embargo, este libro se enfoca en el seva desinteresado bajo la guía de un maestro espiritual vivo.

El seva puede hacerse sirviendo a nuestra comunidad espiritual (sangat) o a la comunidad en general. La ventaja de servir a nuestra comunidad espiritual es que nos pone bajo las órdenes directas de nuestro maestro. Semejante servicio desarrolla la relación entre el maestro y el discípulo. Esta es una disciplina clave en el proceso de transformación en el camino espiritual.
Meditación viva46

En tal seva, la motivación principal para servir es el amor al maestro. A diferencia de otros tipos de servicio, donde las personas a menudo eligen a quién desean servir y cómo hacerlo, los sevadares generalmente aceptan con gusto cualquier seva que se les ofrezca. Ya sea que el maestro les pida barrer una sala, servir en un hospital o construir viviendas para los damnificados por un terremoto, lo harán con mucho gusto. Aunque sientan una profunda compasión por sus semejantes, no les importa cómo ni dónde se manifieste esa compasión, porque ahora la responsabilidad del servicio recae en el maestro, y los resultados también están en sus manos.

El maestro enseña que el verdadero altruismo no puede alcanzarse solo mediante el trabajo externo. Para los satsanguis, la ventaja del seva desinteresado realizado bajo la guía del maestro es que nos conduce a la meditación. Este trabajo interior nos hace profundizar en la relación entre maestro y discípulo. Y donde esté nuestro amor, allí iremos.

El gurú está libre de todas las ataduras y apegos. Es un océano lleno de olas de amor. Al servirle, nos liberamos de las ataduras y los apegos del mundo efímero. Entonces, se despierta en nosotros el intenso amor de Dios.
Maharaj Sawan Singh47

El seva no es obligatorio
El seva físico no está incluido en los cuatro votos que se hacen en el momento de la iniciación. Es completamente voluntario. Es posible vivir una vida de servicio devoto hacia los demás sin hacer nunca seva físico en un centro de satsang.

Para un iniciado, los votos siempre deben tener prioridad sobre el seva físico. Seguir los votos es nuestro trabajo más importante. El seva físico tiene enormes beneficios, pero es algo complementario que hacemos para fomentar nuestra vida espiritual.

El seva viene del corazón, no es algo obligado para nadie. No es algo que tengamos que hacer, es algo que queremos hacer. Tiene que salir del interior, y tiene que haber amor a la hora de hacer seva. No debemos sentirnos obligados a hacerlo.
Maharaj Charan Singh48

El seva no es un trabajo
Aunque las tareas que realizamos en el seva pueden ser muy similares a las que hacemos en un trabajo remunerado, existen diferencias fundamentales entre ambos. Un trabajo pertenece claramente al ámbito de la reciprocidad y la recompensa: recibimos una remuneración por nuestro trabajo, y si nos esforzamos y obtenemos resultados es probable que consigamos un aumento de sueldo y un ascenso. Pero en el seva no hay salario ni recompensas medibles. Podríamos dedicar toda una vida al seva y no tener nada que mostrar externamente. Hacemos seva puramente por amor.

En un trabajo profesional, a menudo, nos esforzamos por mejorar y ampliar nuestro currículum. Ser visibles, mostrar a los demás lo que hemos logrado y recibir reconocimiento son aspectos que se consideran importantes. Buscamos elogios. Sin embargo, en el seva, el objetivo es eliminar el ego, por lo que no llamamos la atención sobre nuestros logros.

En una profesión, la ambición es algo normal. Estamos motivados por el deseo de ascender en la escala jerárquica, y si no lo logramos, tememos estancarnos. Como resultado, la competencia entre compañeros de trabajo es común. Pero en el seva no debería tener cabida la competencia ni la ambición. Debemos estar dispuestos a realizar cualquier tarea que se nos pida. Deberíamos ser indiferentes a nuestra posición en la organización, porque todas las tareas de seva a los ojos del maestro son iguales.

En un empleo, las expectativas y demandas son normales. Por ejemplo, al alcanzar cierto nivel de antigüedad en una empresa, podríamos esperar recibir cierto reconocimiento o concesión visible, como el despacho de la esquina o la plaza de aparcamiento preferente. Si no obtenemos lo que esperamos, podemos aceptar la decisión o marcharnos y trabajar en otro sitio. Pero en el seva no esperamos ni exigimos privilegios. No exigimos un seva en particular ni rechazamos otros. Si hacemos tales demandas o amenazamos con marcharnos si no se cumplen, eso no es seva.

Algunas profesiones se enfocan en los resultados y números: cantidades producidas, ingresos, ganancias, objetivos de ventas, incentivos y participación de mercado. Pero en el seva no estamos en el juego de los números. El maestro no desea que intentemos aumentar el número de discípulos ni que tengamos ambiciones de abrir cada vez más centros. Tampoco quiere que compitamos entre nosotros para ver quién logra más. Su único objetivo es asegurarse de que sirvamos al sangat de la mejor manera posible.

En una profesión, se da mucho valor a las aptitudes, las cualificaciones y la experiencia, y se hace un gran esfuerzo para adecuar las aptitudes correctas al trabajo apropiado. En el seva, esto es cierto en algunos casos: un software debe desarrollarse por alguien que esté capacitado, y un médico profesional es necesario para emergencias médicas. Sin embargo, en muchos proyectos de seva, las habilidades de las personas no coinciden con la tarea. Nuestro desafío, entonces, es trabajar con la inexperiencia, las fortalezas y las debilidades de cada uno con paciencia, respeto mutuo y amor.

En una profesión, tendemos a desarrollar apegos, lo que genera una serie de emociones: odiamos el trabajo, amamos el trabajo, nos identificamos con cierto estatus o posición, nos sentimos heridos por las personas, nos exaltamos con los elogios y nos estresamos con las críticas. Pero en el seva, el maestro nos enseña a ser desapegados, a realizar el trabajo y dejar los resultados en manos de aquel a quien servimos.

En un trabajo, rara vez sentimos gran afecto por nuestros jefes y superiores. Palabras como altruismo, obediencia y entrega no suelen describir nuestra relación con ellos. Pero el seva proviene del corazón. Amamos al maestro y queremos servirle con cuerpo, mente y alma.

El punto es que, exteriormente, una tarea puede parecer la misma, ya sea que se realice en un trabajo o profesión o en el seva, pero nuestra actitud hacia la tarea y nuestro objetivo son diferentes. Muchos de nosotros iniciamos el seva físico viniendo directamente de un entorno laboral, por lo que es importante ser conscientes de estas diferencias. Si nos comportamos como si estuviéramos trabajando en una empresa y tratamos nuestro seva como un empleo, a menudo tomaremos decisiones que no corresponden al seva. Podríamos ser posesivos en ciertas áreas y departamentos. Podríamos exigir nuestros derechos, presumir de nuestros logros, competir con otros, enfocarnos en tener la razón en lugar de hacer lo correcto, o tener la ambición de conseguir una posición cada vez más alta. Nuestro enfoque estará en nosotros mismos en lugar de estar en servir a los demás y complacer al maestro.

El seva es amor
Si el seva es amor, como dice Hazur, entonces no se le pueden poner limitaciones, porque el amor no tiene límites. Esta perspectiva amplía completamente el significado del seva.

Primero y ante todo, si el seva es amor, significa que todos pueden servir. Nunca podemos decirle a alguien que no es apto para servir, porque ¿no somos todos aptos para amar? Si un departamento específico requiere habilidades muy específicas que una persona no tiene, entonces se puede encontrar un espacio para esa persona en otro departamento. El seva siempre debe ser inclusivo.

Del mismo modo, para aquellos que deseamos servir, esto significa que no podemos definir el seva de manera limitada y hacer solo aquel seva que va unido a un distintivo, designación o alguna forma de reconocimiento o prestigio externo.

En un centro, una mujer de unos sesenta años se quejaba de que era injusto no recibir seva debido a su avanzada edad. Sin embargo, en el mismo centro, un hombre de casi noventa años, encorvado por la edad, llegaba temprano para el satsang todos los domingos. No tenía un seva asignado, pero limpiaba diligentemente cada silla en la sala de satsang con gran amor y luego las movía hacia adelante o hacia atrás unas pocas pulgadas para asegurarse de que estuvieran en filas ordenadas y rectas. En tiempos de Hazur, durante el mitti seva, una mujer ciega que no podía caminar con seguridad por el terreno cuidaba los zapatos y ropa extra del sangat. Y un anciano hacía de señal humana de “manténgase a la izquierda” organizando a las personas según llevaran cestas llenas o vacías. ¡El seva está en todas partes!

El amor es universal. Si el seva es amor, no puede confinarse a los estrechos límites de servir solo a nuestros compañeros discípulos. Cuando el décimo gurú sij, Gurú Gobind Singh, libraba una guerra contra los mogoles, a uno de sus discípulos, Bhai Kanhayya, se le asignó la tarea de dar agua a los soldados heridos. Pronto, al gurú le llegaron quejas de que Bhai Kanhayya no solo ayudaba a sus propios soldados, sino también a los enemigos. Cuando lo llevaron ante el gurú y le preguntaron por sus acciones, Bhai Kanhayya respondió: “Mi señor, no puedo distinguir entre enemigos y amigos. Te veo en todos ellos, ¿cómo puedo negarte agua?”. Al escuchar esto, el gurú dijo que Bhai Kanhayya había entendido correctamente sus enseñanzas, y comentó: “Una persona que ha eliminado el velo de la ignorancia de su corazón tratará a todos por igual, ya sean hindúes o turcos”49.

Si amamos al Señor, amamos a su creación y también queremos servir a su creación porque vemos al Señor en cada ser que ha creado.
Maharaj Charan Singh50

Si el seva es amor, entonces ningún seva es más o menos importante que otro. El amor no hace distinciones. En la epopeya india Ramayana, cuando la esposa del Señor Rama fue secuestrada por Ravana, el rey de Lanka, se tuvo que construir un puente desde el continente hasta la isla para rescatarla. El ejército de monos de Rama se ocupó de colocar grandes rocas en el agua. Abrumada por el impulso de servir al Señor, una pequeña ardilla comenzó a recoger guijarros y los colocó junto a las rocas. Con suma devoción, continuó contribuyendo a su pequeña manera. Los monos se burlaron de sus modestos esfuerzos, pero cuando llevaron a la ardilla, descorazonada ante el Señor Rama, él la bendijo por la dedicación y devoción con la que realizó su servicio.

No todos podemos hacer grandes cosas, pero podemos hacer pequeñas cosas con gran amor.
Madre Teresa51

¿Se puede medir el amor? Alguien puede ser secretario, representante o presidente de una junta, pero a los ojos del maestro, ese sevadar no es más importante que el sevadar de tráfico que pasa horas en la calle bajo el sol abrasador, expuesto al humo de los vehículos, mientras guía al sangat hacia el centro. Baba Ji dice que todos somos eslabones de una cadena, y cada eslabón es esencial para toda la cadena. Hazur Maharaj Ji solía enfatizar que el seva es seva, y ningún seva es grande o pequeño.

En una ocasión, un sevadar extranjero estaba sentado junto a Hazur durante el mitti seva. En aquellos días, se trasladaban de cuatro a cinco millones de pies cúbicos de tierra cada año para nivelar barrancos y hondonadas con el fin de crear espacio para el satsang, el suelo del langar y más edificios. Todo este trabajo no lo hacían las máquinas, sino los sevadares que recogían cestas de tierra en un lugar, las cargaban sobre sus cabezas y las dejaban en otro lugar. Después de observar el seva por un tiempo, el extranjero le preguntó a Hazur: “Algunos transportan enormes cargas, mientras que otros apenas tienen un puñado en su cesto. ¿De qué sirve su seva, si llevan tan poco?”. Hazur respondió: “Lo importante no es cuánto se transporta, sino el amor y devoción con el que se hace el seva”52.

Si el seva es amor, entonces se deduce que incluso si se nos presenta un desafío aparentemente imposible podemos superarlo, porque el amor puede lograr cualquier cosa. En una ocasión, Baba Ji le dio a alguien la responsabilidad de dirigir un departamento muy grande. Ella se sintió abrumada. “¡No tengo las habilidades necesarias! –exclamó–. ¡Tendré que volver a la escuela!”. El maestro, sonriendo, le preguntó dónde creía que podría ir para aprender a amar. El maestro nos está diciendo que nuestra mayor fortaleza es el amor. Es la habilidad principal que necesitamos aportar a la tarea.

¿Quiere Dios nuestro trabajo o quiere nuestro amor? Él quiere que trabajemos para él con amor.
J. P. Vaswani53

Una vez, una joven sevadar terminó su seva en su centro local y se dirigió a su automóvil. Al pasar, vio a un grupo de mujeres sevadares podando el césped cerca del estacionamiento, conversando alegremente mientras trabajaban. De repente, comenzó a lloviznar. Las mujeres corrieron hacia el refugio de un cobertizo cercano, pero una mujer anciana continuó haciendo su seva.

La joven sevadar dejó su automóvil y se acercó a ella. “Hermana –le dijo–, ¿por qué no te refugias también en el cobertizo hasta que deje de llover? Te vas a resfriar”.

La sevadar mayor sonrió y dijo: “Si empieza a llover fuerte, me refugiaré. Pero ahora solo está lloviznando. Déjame hacer mi seva, hija. Este es el amrit (néctar) de mi satgurú”.

El seva es amor. Las palabras no pueden describir el seva ni su efecto en nosotros. Es un viaje único y personal para cada discípulo. Para entenderlo de verdad hay que vivirlo, tanto en sus momentos difíciles como en su alegría.