¿Por qué servimos?
Para descubrir tu propia esencia;
por eso sirves a un maestro.
Bahinabai54
Baba Ji nos dice en sus satsangs que cuando hacemos algo en la vida, debemos saber por qué lo hacemos; de lo contrario, se convierte en un ritual sin sentido. Para que nuestro seva tenga sentido, hay que comenzar con una profunda reflexión sobre las razones para hacerlo. ¿Por qué el maestro busca más y más oportunidades para darnos seva? ¿Y por qué renunciamos a un tiempo valioso de nuestras ocupadas vidas para realizarlo?
¿Por qué el maestro nos da seva?
A veces, el seva parece casi forzado. El maestro parece crear tareas para que las hagamos incluso cuando no hay una necesidad aparente. Por ejemplo, cuando se estaba construyendo la sala de satsang en Dera en la década de 1930, un contratista muy conocido de Deli, y también discípulo devoto, le pidió al Gran Maestro que le diera el seva de construir todo el edificio. El Gran Maestro respondió:
No, quiero que cada satsangui, incluso el más pobre de los pobres, tenga la oportunidad de ofrecer algo en seva, aunque sea solo una rupia o media rupia. También me gustaría que cada satsangui, rico o pobre, joven o viejo, participe en la construcción, aunque solo sea llevando un puñado de arena o unos pocos ladrillos. Su más pequeño esfuerzo es precioso para mí; cada gota de sudor que derramen es valiosa. Este seva es de amor y devoción55.
Lo mismo ocurrió en tiempos de Hazur. Una vez, mientras supervisaba un seva de construcción, un discípulo que estaba con él en ese momento comentó, que ahora había excavadoras y máquinas sofisticadas que podían derribar una montaña en poco tiempo. Le dijo a Hazur que solo diera la orden, y él llevaría esas máquinas a Dera. Hazur respondió que estaba al tanto de dicho equipo, pero preguntó: “Si traemos excavadoras, entonces, ¿cómo podemos participar en el seva?”. En otra ocasión, Hazur comentó que podría reducir la mayor parte del trabajo en las cocinas de Dera comprando equipos mecánicos, pero hacerlo a mano permitía que las personas pudieran hacer más seva.
Claramente, hay algo más en juego aquí. ¿No es exactamente lo contrario a cómo funcionan las cosas en el mundo, donde la eficiencia con la que se realiza una tarea es primordial? Basándonos en estos ejemplos, es evidente que el producto final tangible –el cobertizo, el edificio, etc.– no es lo que más le importa al maestro. Hay algo en el hecho de realizar la tarea, en la participación cercana de cada discípulo, que le importa más.
Cada satsangui debería hacer algún seva.
Maharaj Charan Singh56
A nuestro nivel, solo podemos especular sobre las razones por las que los místicos dan tanta importancia al seva. Los santos se han referido el seva como un jabón, un poderoso limpiador con el que nos purifican y nos hacen aptos para volver al Señor. Jami, un místico sufí del siglo XV, relata una historia sobre el efecto purificador del seva. Un joven se convirtió en alumno de un sheikh, y se le asignó la tarea de limpiar los baños. Su madre, una acaudalada médica, le pidió al sheikh que le diera a su hijo otro trabajo y le envió al sheikh doce esclavos para que limpiaran los baños. El sheikh respondió: “Eres médica. Si tu hijo tuviera una inflamación de la vesícula biliar, ¿le darías la medicina a un esclavo en lugar de dársela a él?”57.
Al servir al maestro, realmente nos servimos a nosotros mismos, porque al hacerlo, todas las partes de nuestro cuerpo se purifican.
Maharaj Sawan Singh58
No podemos comprender lo que el maestro logra espiritualmente de nosotros a través del seva. Pero incluso en nuestro nivel actual de comprensión, algunas de las razones por las que el maestro nos ofrece seva son evidentes.
En primer lugar, a pesar de la magnitud del sangat, él ha mantenido viva esta relación dinámica entre el maestro vivo y el discípulo, y una de las formas en que lo ha hecho es a través del seva. Gracias a la creación de centros en todo el mundo, casi todos los discípulos tienen ahora la oportunidad de hacer seva y descubrir una relación directa con el maestro de nuestro tiempo.
La relación de un maestro con un discípulo es esencialmente una relación personal. No se realiza a través de la sociedad, no pasa por un grupo, ni viene de una organización. Es el contacto personal de un discípulo con un maestro, y nadie puede interponerse en absoluto.
Maharaj Charan Singh59
Esta relación no se forma solo a través de encuentros personales con el maestro, ya que no todos tienen la oportunidad de reunirse con él cuando hacen seva. Baba Ji nos dice con frecuencia que para hacer crecer cualquier relación necesitamos darle dos cosas: nuestro tiempo y nuestra atención. Cuando hacemos seva, tomamos ese tiempo y atención que normalmente dedicaríamos al mundo y se los ofrecemos al maestro. Así, incluso cuando él no está físicamente con nosotros, el seva nos conecta con él, nos recuerda a él y nos mantiene en su presencia espiritual. Esta conexión hace que nuestra relación con él sea más profunda.
Si estamos sintiéndole, si estamos pensando en él, si la atención se dirige hacia él, estamos siempre con él.
Maharaj Charan Singh60
Poco después de comprar una nueva propiedad en el extranjero con el propósito de realizar satsang, los sevadares comenzaron a construir la primera estructura en el lugar, un simple cobertizo. Los cimientos ya estaban listos y se había iniciado la construcción de las paredes. De repente, una mañana temprano, el maestro llegó. Observó el trabajo realizado y dijo que volvería por la tarde para reunirse con los sevadares. Los sevadares trabajaron arduamente toda la mañana, y por la tarde las paredes del cobertizo estaban levantadas. Pusieron una lona para el techo y colocaron algunas sillas. Tal como prometió, el maestro regresó y se sentó con ellos. Sin micrófonos, sin altavoces, solo el maestro y sus sevadares. ¡Qué maravillosa tarde debió ser! El seva le da al maestro la oportunidad de bajar del estrado y caminar entre nosotros, de abandonar el pedestal en el que nos gusta colocarlo, y simplemente estar a nuestro nivel. Nos habla, bromea con nosotros, nos desafía y nos lleva al límite. A través de estos encuentros, establecemos una relación con él, aprendemos de él y crece nuestro amor por él.
El maestro comentó una vez que un proyecto concreto para construir un centro de satsang no era realmente necesario, porque el sangat podía continuar alquilando una sala. Luego explicó que, de todos modos, iban a seguir adelante con el proyecto porque les ofrecería la oportunidad de hacer seva y daría al sangat un lugar al que sentirían que pertenecen. Dijo que el seva existe para que aprendamos a trabajar juntos. Los edificios, en sí mismos, no tienen valor espiritual, dijo; simplemente nos brindan oportunidades para escuchar satsang y trabajar juntos en amor y armonía.
Los místicos nos dicen que estamos teñidos del color de la compañía que tenemos. Si estamos en compañía de personas que hacen cosas que son destructivas para ellos mismos y para los demás, al final nos veremos influenciados a hacer lo mismo. En cambio, si mantenemos la compañía de personas de mente espiritual, comenzaremos a pensar como ellos. En el seva nos relacionamos con discípulos que tienen las mismas metas y prioridades que nosotros y que aman al maestro como nosotros. Disfrutamos de la compañía de nuestros compañeros de viaje en el sendero, dice Hazur, porque nos apoyamos mutuamente en nuestro objetivo común:
Siempre nos gusta su compañía porque nuestro objetivo es el mismo. La base es la misma, compartimos el mismo fundamento. Fortalecemos nuestra fe, nuestro amor, nuestra devoción por el Señor, y nuestra asociación nos ayuda a meditar61.
El seva es una de las muchas herramientas que el maestro utiliza para dirigir nuestra atención hacia el interior. Si el seva externo se entrelaza con nuestras actividades diarias, entonces, mientras realizamos nuestras tareas y diligencias, distrae nuestra mente de preocupaciones insignificantes, nos ayuda a poner nuestros problemas en perspectiva y mantiene el camino espiritual en el centro de nuestra vida. Esto hace más fácil dirigir la mente hacia el interior durante la meditación. Un sevadar explicó una vez que a través del seva, el maestro nos libera de una vida centrada en el yo y nos conduce a una vida centrada en lo divino. Él absorbe nuestro tiempo, nuestra atención, nuestros pensamientos, nuestros esfuerzos, nuestro sudor, nuestra respiración... y poco a poco descubrimos que ya no estamos entregando nuestra vida al mundo, sino a Dios. Poco a poco, él va inclinando nuestra mente hacia Dios.
Vivimos nuestras vidas diarias en el ámbito de la acción. La meditación habita en el ámbito de la quietud. El seva físico actúa como un puente: una forma de preparar la mente para la quietud de la meditación. La belleza del seva físico radica en que gran parte de él se realiza en el mismo contexto que muchas de nuestras actividades mundanas: pintar, cocinar, limpiar, plantar, planificar, presupuestar, gastar, decidir, coope- rar, comprometerse. Esto crea una superposición natural entre nuestra vida espiritual y nuestra vida mundana. Esto permite que el maestro comience a trabajar con nosotros justo donde estamos, para que, poco a poco, nos lleve a donde quiere que estemos. En el seva, exteriormente el maestro nos hace realizar actividades mundanas que nos son familiares, mientras que interiormente nos enseña humanidad, moralidad, humildad, altruismo y el recuerdo constante del Señor. A través del seva, toma nuestras tendencias y acciones externas y las espiritualiza. Este es el milagro de los místicos: mientras nos involucran en las tareas más mundanas, nos enseñan los valores espirituales más profundos y nos conectan con la realidad más elevada.
El verdadero milagro de los místicos es que toda nuestra visión de la vida ha cambiado, de hacia abajo y hacia fuera a hacia dentro y hacia arriba... Nuestro concepto de la vida, todo el propósito de nuestra vida cambia.
Maharaj Charan Singh62
Si la práctica de la meditación nos hace mejores seres humanos, la práctica del seva físico es el campo donde se pone a prueba nuestra humanidad. En el seva nos encontramos con personas que nos resultan difíciles y circunstancias que nos desafían, y se nos brindan oportunidades para crecer. Podemos sentir que la práctica de la meditación nos llena de amor, pero si nos retiramos en soledad y no nos relacionamos con el mundo, ¿cómo sabremos si ese amor es verdadero o solo una emoción? Es en el mundo donde ese amor se pone a prueba. Es en el mundo, al dedicarnos al servicio, cuando tenemos la oportunidad de practicar ese amor en forma de compasión, bondad y cuidado.
¿Por qué hacemos seva?
Dado que el seva no es obligatorio, ¿por qué lo hacemos? Al mirar hacia atrás en nuestra vida, puede que descubramos que las razones por las que comenzamos a hacer seva y las que nos hicieron continuar con él a lo largo de los años han cambiado y evolucionado a medida que hemos madurado.
¿Podemos recordar el primer día que nos inscribimos en el seva? Nuestras razones iniciales eran muy simples. Quizás otro sevadar nos pidió ayuda con algo y, sin pensarlo demasiado, dijimos: “Sí”. Después de hacerlo un par de veces comenzamos a disfrutarlo y volvimos para hacer más.
Tal vez vimos a algunos sevadares trabajando y sentimos la necesidad de ser parte de ese trabajo. O quizá habíamos leído en los libros que los místicos abogan firmemente por el seva, y creímos que no recomendarían algo a menos que tuviera un beneficio espiritual. O tal vez simplemente sentimos un fuerte deseo de servir al maestro de cualquier manera posible en su servicio al sangat.
Las razones iniciales por las que nos acercamos al seva pueden no haber sido del todo desinteresadas. Quizás vinimos buscando conocer a otras personas para ver si encontrábamos pareja. O tal vez esperábamos que el seva pudiera sustituir a la meditación, ya que la meditación nos parecía demasiado trabajo.
Incluso es posible que hayamos llegado al seva con la idea equivocada de que el seva era una utopía, un lugar de paz y armonía sin conflictos. Pero si nos acercamos al seva con expectativas idealizadas, es probable que descubramos enseguida que no eran realistas. Al igual que cualquier lugar donde dos o más personas se reúnen e interactúan, el seva también tiene sus desafíos.
Sin importar cuáles hayan sido nuestras razones para empezar a hacer seva –simples, equivocadas, genuinas o egocéntricas –, el maestro nos da la bienvenida sin juzgarnos. Su amor es tan magnético, tan generoso, que poco a poco nos atrae.
Con el tiempo, nuestro amor por el maestro se vuelve más profundo. Ahora nuestra razón para hacer seva es porque queremos devolver algo. El deseo de ayudar al maestro es una gran motivación para el seva. ¡El maestro tiene una misión muy importante! Vemos cómo dedica su vida de manera absoluta a su propio seva, cumpliendo la voluntad de su maestro. Vemos cuánto hay por hacer, así que queremos tender la mano y ayudar. Como dice un sevadar: El seva es una gran oportunidad para poner nuestra fuerza y nuestra mente a trabajar para el maestro, para compartir su carga, para servirle sirviendo a sus discípulos. Con los años, damos cada vez más de nosotros mismos porque sentimos esa necesidad.
A medida que nuestro amor se vuelve más profundo, nuestras razones para hacer seva se intensifican. Hacemos seva porque nos mantiene en su presencia. Inscribirse para hacer seva no significa necesariamente que veremos más al maestro físico que otras personas, pero cuando hacemos seva sentimos la fragancia de su sutil presencia. Comenzamos a darnos cuenta de que cada paso que damos en seva es un paso hacia él; cada momento que pasamos en seva es tiempo que pasamos con él. El solo deseo de sentirnos envueltos por su presencia se convierte en una motivación para hacer seva.
En algún punto de esta evolución hacia un amor más profundo, nos damos cuenta de algo importante:
Necesitamos el seva, pero el seva no nos necesita a nosotros.
Maharaj Charan Singh63
Hacemos seva porque lo necesitamos. Nos damos cuenta de que si dejáramos de hacer seva, muchas otras personas lo harían en nuestro lugar. Hay un dicho en la India que expresa: Cuando hacemos seva, puede parecer que hay tanto por hacer que nunca termina, pero si decidimos no hacerlo, el seva no se detiene, continúa sin nosotros. El Gran Maestro diría que si el Señor quiere, puede hacer que incluso las piedras hagan su trabajo. Esto simplemente significa que el maestro no necesita nuestra ayuda; él puede lograr que cualquier persona realice la tarea. Hacemos seva para nosotros mismos, porque lo necesitamos. El seva nos limpia, nos vuelve más flexibles, nos purifica y nos hace más semejantes a aquel a quien servimos.
El servicio tiene muchas recompensas, pero la principal es que una persona adquiere las cualidades de aquel a quien sirve.
Maharaj Sawan Singh64
El seva nos transforma. El mayor beneficiario del seva no es el sangat ni el maestro, es el sevadar. Las personas vienen a satsang, escuchan los shabads y satsang durante una hora aproximadamente, sienten más paz y concentración que les acompaña durante la semana, y continúan con su vida. Pero el sevadar que quizás ha pasado meses leyendo libros espirituales para preparar el satsang, se transforma en el proceso. El sevadar que ha pasado meses practicando el canto de los shabads, estudiando profundamente el significado de cada palabra, también se transforma. Y los sevadares que han dedicado muchas horas ordenando los libros, limpiando la sala y los baños, cocinando la comida, recortando los setos, pintando el muro perimetral o dirigiendo los coches al aparcamiento, también se transforman. Esta transformación puede ser sutil y apenas perceptible día a día, pero sabemos en nuestro corazón que está ocurriendo.
A medida que nos volvemos discípulos más maduros, comenzamos a darnos cuenta de la magnitud de lo que el maestro está haciendo por nosotros. Empezamos a ver su mano en todo, no solo en nuestro trabajo espiritual, sino también en nuestra vida mundana. A medida que nos revela su cuidado y protección, sentimos una abrumadora necesidad de agradecérselo de alguna manera. El seva, entonces, se convierte en una expresión de nuestra sincera gratitud.
La meditación nos llena de amor por el maestro, por el Señor, por toda la creación. Años y años de meditación revelan lentamente quién es realmente el maestro. A medida que la devoción comienza a llenarnos, se desborda en forma de servicio: es como una efusión de amor inevitable hacia aquel que nos lo ha dado todo.
No puedo amar a Dios solo con palabras: mi corazón tiene que expresarlo, mis manos tienen que expresarlo, mis pies tienen que expresarlo.
Madre Teresa65
Finalmente, no importa en qué punto nos encontremos en el proceso evolutivo del discipulado, la motivación para hacer seva se mantiene constante, y esa es la alegría de hacerlo.
La alegría del seva
En el terreno de un centro de satsang había un pozo de desechos poco profundo. Todos los días, los desechos de la granja (raíces de plantas, restos de comida, pasto cortado y excrementos de animales) se vertían en él. Una vez, en un día frío y lluvioso, uno de los sevadares hundió accidentalmente un tractor justo en el pozo de lodo, y la parte superior del motor quedó sumergida. Esto representó un problema.
Los sevadares se reunieron y empezaron a pensar cómo resolver el problema. Primero intentaron empujar el tractor, pero no hubo forma. Luego, alguien sugirió que tal vez lo mejor sería construir una rampa. Diez sevadares se unieron y construyeron una rampa. Trajeron una cadena para tirar del tractor, pero ¿cómo engancharla al eje enterrado en el lodo? Uno de los sevadares agarró la cadena, se metió en el pozo de lodo y, palpando entre el fango, logró colocar la cadena sobre el eje. Luego, otro tractor lo remolcó y lo sacó. ¡Trabajo terminado! Todos los sevadares empapados se agolparon y vitorearon cuando el tractor y su amigo salieron del barro.
Esta historia nos hace sonreír porque a menudo nos encontramos con incidentes como este. Es un ejemplo de la alegría evidente de hacer seva: las risas, la diversión y la camaradería que a veces surgen al realizar seva.
Pero más allá de esto, hay un gozo callado al trabajar juntos en tareas sencillas al servicio del maestro. Cuando estas tareas se realizan con una actitud de obediencia y devoción, surge una sensación de alegría pura: de unicidad, de atemporalidad, de unidad y armonía, que rara vez se encuentran en el trabajo mundano.
La verdadera alegría va más allá de la felicidad y la risa ocasional. Es un modo de vida. Es ese estado de estabilidad que experimentamos cuando hay esperanza y sentido en nuestra vida.
Muchas personas tienen una idea equivocada de lo que constituye la verdadera felicidad. No se logra mediante la autogratificación, sino a través de la fidelidad a un propósito digno.
Hellen Keller66
El seva tiene la capacidad de traernos al momento presente. A veces, mientras hacemos seva, estamos tan absortos en la tarea que nos olvidamos de nosotros mismos. Olvidamos los dolores físicos, las preocupaciones, el cansancio, la importancia que creemos tener, y experimentamos el deleite de enfocarnos simplemente en la tarea en cuestión. Esto nos calma y relaja, proporcionándonos un descanso del constante parloteo de la mente. Alcanzamos un estado de contento y claridad de pensamiento.
También encontramos alegría en la compañía de nuestros compañeros sevadares y atesoramos las experiencias compartidas a lo largo de los años con tantos hermanos y hermanas en el camino. Si no fuera por el seva, ¿cómo habríamos tenido la oportunidad de convivir con tantas personas maravillosas en circunstancias tan especiales y compartir tantos momentos únicos de amor y amistad? Una vez que probamos la dulzura del seva, queremos volver a saborearla una y otra vez.
Cualquiera puede tomar de otros, pero no hay verdadera felicidad ni paz en eso. Como dijo un sevadar: No hay absolutamente ninguna alegría en vivir una vida centrada en uno mismo, pero hay mucha alegría en olvidarse de uno mismo y usar este cuerpo y mente para algo más que ganar dinero y reconocimiento mundano.
A través del servicio desinteresado, descubrimos que la alegría de dar supera con creces a la alegría de recibir. En última instancia, esta es la razón por la que hacemos seva.
Hay más felicidad en dar que en recibir, más felicidad en entregar que en aceptar un regalo, más felicidad en ayudar a alguien que en que nos ayuden... Pero no hay nada comparado con la alegría que se siente cuando al ayudar a los demás, los hacemos felices.
Maharaj Charan Singh67