Dedicación
Durante numerosas vidas
he estado separado
de ti, oh Señor;
esta vida te la dedico a ti.
Ravidas73
Una vez, un sevadar encargado habló entrañablemente sobre un hombre de ochenta y cinco años que regularmente hacía seva en su centro. Saludaba a todos con una sonrisa y parecía preguntar sin palabras: ¿Qué puedo hacer? No sabía inglés, el idioma local. No tenía habilidades técnicas. Sin embargo, por alguna razón, todos se alegraban cuando llegaba. Si le pedían barrer o cavar, lo hacía con gusto. Si le pedían que rascara el adhesivo de las baldosas de una gran extensión de suelo de hormigón, y le mostraban cómo hacerlo, sonreía, asentía y se ponía a trabajar. Y continuaba haciéndolo sin descanso.
Por la tarde, era probable encontrarlo trabajando solo en un rincón. Algunos tal vez ya se habían ido, otros quizá estaban ocupados en tareas más interesantes, y algunos hablaban sobre misticismo. Él lo estaba practicando. Al final del día, colocaba el raspador en la mesa de herramientas, limpiaba, sonreía dulcemente lleno de gratitud y se marchaba en silencio. Este hombre sencillo encarna el ideal del seva dedicado.
Una vez, después del programa de satsang de Nueva Deli en 1965, se suponía que Hazur Maharaj Ji iba a dar la iniciación en el centro de Pusa Road. Estaba resfriado y tenía una tos muy fuerte, que casi le impedía hablar. El secretario del centro insistió varias veces en que pospusiera el programa de iniciación. Maharaj Ji simplemente respondió: “Este seva es para Hazur (el Gran Maestro) y no se debe ser negligente con la mente”, y continuó con su programa de iniciación. Un sevadar que observó este diálogo contó que estaba asombrado por la respuesta del maestro. Ver a Maharaj Ji hacer su seva con tanta dedicación, a pesar de que estaba débil y apenas podía hablar, dejó una impresión duradera en su mente. Este sevadar explicó que después de ese incidente, se sintió inspirado a hacer su propio seva con total dedicación, sin ceder nunca a la negligencia mental.
En una carta a un amigo, Hazur escribió:
No quiero fallar en mi deber, ni quiero quedarme corto en las expectativas de mi amado maestro. He dado a las personas todo lo que tengo. Lo que no pude dar, simplemente no lo tenía74.
Hay historias similares en la vida de todos los maestros: historias de sacrificio inquebrantable y servicio al sangat. Cuando presenciamos su dedicación absoluta, sentimos la inspiración de servir de la misma manera.
A menudo, encontramos sevadares que necesitan solo una palabra para saber qué hay que hacer, y salen y lo hacen. Hazur relató una vez una anécdota de los días en que el hospital de Beas estaba en construcción:
Cuando se adquirió el terreno para el hospital, me dijeron que había demasiados árboles en el terreno y que eran muy difíciles de quitar. Así que fui al lugar y les pedí que quitaran algunos.
Luego fui a Sikanderpur. Al regresar, encontré que el sangat había traído unos cien tractores y remolques (de sus granjas), y había unos mil satsanguis desenterrando los árboles de raíz, cargándolos en los remolques y llevando la madera al langar... Eso es seva75.
En Legacy of Love, un sevadar encargado relata sus recuerdos del incansable seva realizado por los sevadares durante la construcción del hospital:
La dedicación de los sevadares al seva, su deseo de lograr lo máximo en el menor tiempo posible, es increíble. Durante el tiempo en que aún estábamos cavando los cimientos, los sevadares se acercaron al maestro y dijeron: “Maharaj Ji, por favor, pide a los ingenieros que pongan luces en el lugar donde estamos excavando”. Cuando les preguntó por qué necesitaban las luces, respondieron: “Hazur, casi no hemos podido hacer mucho durante el día y aún queda tanto por hacer. Queremos trabajar también algunas horas por la noche”. Y cuando el maestro declinó su petición con una sonrisa amorosa, sus rostros reflejaron su decepción…
No hacen pausas para descansar, se toman el mínimo tiempo libre para almorzar, y me pregunto si alguna vez se sienten cansados. Un día, viendo a un sevadar de más de sesenta años trabajando sin parar, me acerqué a él y le dije: “Mi buen amigo, por favor, descansa unos minutos. Te he visto trabajar durante las últimas horas sin pausa, sin tomarte ni siquiera un respiro. Debes estar cansado”.
“¿Cansado? –repitió con tono dolido–. No estoy cansado. Si pudieras darme seva para las siguientes doce horas, estaría agradecido y feliz de hacerlo”. Y dándose la vuelta, volvió a concentrarse en su tarea76.
Durante una reunión por la tarde con los extranjeros, una mujer le dijo a Baba Ji que había notado que los sevadares muchas veces se quedaban hasta tarde, trabajando en condiciones duras y pasando incomodidades. Ella le preguntó si el maestro pensaba que sentir un poco de incomodidad era algo normal y parte del seva. El maestro respondió que no, que no lo era. Dijo que tampoco creía que los sevadares lo percibieran como incomodidad. Ellos dirían: “¿Qué incomodidad?”. Y agregó que si alguien intentara quitarles ese seva y las incomodidades que conlleva, ellos se negarían. Dio el ejemplo de los sevadares que cocinaban chapatis en el langar en el mes de junio. Se quedaban despiertos hasta altas horas de la noche, trabajando durante largas horas sometidos a un intenso calor. Pero, dijo, que cuando él daba una vuelta por Dera a las dos o a las tres de la madrugada, todos estaban sentados en meditación. No creía que admitieran la incomodidad.
El sevadar que trabajaba en la construcción del hospital también relata haber tenido la misma experiencia:En todos estos meses, nunca he visto a los sevadares quejarse de las dificultades de la vida en la obra, las cuales se hacían aún más adversas por las inclemencias del tiempo. Durante los últimos dieciséis meses han soportado lluvias y tormentas, granizo y escarcha, y los calurosos vientos del verano. Han vivido en tiendas de campaña, bajo techos húmedos recién colocados, bajo toldos, sobre los suelos ásperos de los pasillos todavía sin terminar. En varias ocasiones han quedado empapados por los helados aguaceros de invierno y sofocados por el sol abrasador y los cálidos vientos del verano tropical. Pero nada puede apartarles de su inquebrantable dedicación al seva77.
¿De dónde proviene esta dedicación inquebrantable al seva? Tal vez sea por la gracia del Señor. O puede ser el ejemplo que el maestro da con su incansable entusiasmo por su propio seva. O quizás nuestro amor por el maestro alimenta nuestro amor por el seva. Hazur solía decir: “El que ama mucho, trabaja mucho”.
El sevadar del hospital llega también a la conclusión de que solo el amor puede alimentar un celo tan ilimitado por el seva:
Los transeúntes curiosos que pasan por el lugar a veces se preguntan qué poder hace que los sevadares actúen con tanta energía y rapidez. A veces yo también me asombro, pero enseguida me doy cuenta de que la energía de los sevadares proviene de su devoción por el maestro, inspirados por su gracia y amor omnipresentes...
¿Una madre se siente cansada o se queja cuando vela día y noche a su hijo enfermo? ¿Acaso un amante rechaza cumplir las órdenes del amado, por duras que sean? He oído decir a antiguos satsanguis que si un discípulo hace seva con un espíritu de entrega, con actitud de amor y devoción, y con un solo deseo en su corazón: el deseo de complacer a su maestro, no sentirá cansancio. Y ¿no es el maestro quien sirve a sus discípulos con el mismo espíritu de amor: sin detenerse nunca, sin quejarse jamás, siempre vigilante, aceptando todo el esfuerzo y las dificultades de la ardua tarea de cuidar de su rebaño con una preocupación inquebrantable, con una sonrisa siempre amorosa?78.
Vemos ejemplos de este celo también en el ámbito mundano. Músicos, artistas, cirujanos, empresarios y muchos más que dedican interminables horas de trabajo a su pasión, sin dejarse abatir fácilmente por el cansancio, porque aman lo que hacen. Es cuando no hay amor que la tarea se siente como una carga.
Cuando leemos historias de tan incansable seva, podemos sentir que nos falta algo en comparación, como si no estuviéramos haciendo lo suficiente. Pero nunca debemos sentirnos desalentados. El maestro acepta y aprecia igualmente todos los esfuerzos, y todos estamos aprendiendo mientras avanzamos en nuestro viaje de seva. Además, el seva físico no es la única manera de expresar nuestro amor. Si no podemos hacer seva físico, la misma actitud de dedicación puede aplicarse al seva de la mente y a nuestro seva en la meditación, y eso nos favorecerá por completo. Lo que importa es la actitud de dar.
Hay una historia interesante sobre dar de todo corazón. Una vez, un hombre rico le arrojó un céntimo al rabino, que estaba recaudando dinero para ayudar a los necesitados. El rabino tomó el céntimo en silencio y le dio las gracias. El asistente del rabino preguntó: “¿Cómo puedes ser tan amable con una persona tan arrogante?”.
Él respondió: “Ese hombre nunca había dado ni un céntimo en caridad hasta ahora. Debo alentarlo, incluso si solo da un poco. Con el tiempo, puede aprender a ser más generoso y caritativo”.
Y así sucedió. Cada vez el hombre dio un poco más. Y en todas las ocasiones fue elogiado y agradecido.
En su cuarta visita, el hombre rico se echó a llorar y, para sorpresa de todos, dio una gran suma de dinero. El rabino estaba a punto de darle las gracias, pero el hombre negó moviendo la cabeza y dijo: “Tú mereces mi alabanza y agradecimiento porque seguiste creyendo en mí. Me has enseñado a ser generoso y servicial con los demás”.
Aunque esta es una historia sobre servir con la riqueza, se aplica igualmente al seva con el cuerpo, la mente y el alma. Incluso cuando damos muy poco de nosotros mismos, el maestro acepta nuestra ofrenda sin juzgar; su amor es incondicional. Poco a poco aprendemos a dar de todo corazón.
Tal es el servicio
que el siervo del Señor realiza,
que dedica su alma al Señor,
a quien le pertenece.
Gurú Nanak Dev79
Un aspecto del seva dedicado es la capacidad de perseverar frente a los desafíos. En un terreno de seva, doce sevadares comenzaron a trabajar para construir una sala de satsang. La mayoría de los sevadares nunca había trabajado en la construcción. A las diez de la mañana, la temperatura alcanzó los 43 ºC (110 ºF). Todos sudaban y se esforzaban intentando construir el primer pequeño muro de estructura metálica.
Tomaron medidas y construyeron el marco, pero luego se dieron cuenta de que estaba desviado por unos pocos centímetros del lugar correcto, por lo que lo derribaron. Lo volvieron a construir usando otra técnica de medición, y luego lo derribaron otra vez. La siguiente vez usaron una herramienta topográfica, pero nuevamente calcularon mal el plano y el marco estaba en el lugar equivocado. Lo volvieron a derribar. No podían decidir cómo proceder. Los diferentes líderes de equipo tenían ideas distintas. Una y otra vez construyeron ese muro y lo derribaron nuevamente. ¡No se estaba logrando nada, y era el primer muro de todo el proyecto! Sin embargo, perseveraron y, unos meses después, todo el complejo estaba construido. Al final, esos sevadares inexpertos pero llenos de amor habían construido una sala mejor que la mayoría de los edificios comerciales.
Él siempre está conmigo
y él mismo lleva mi carga.
Dadu Dayal80
Descubrimos que cuando perseveramos, se produce un gran avance. Un sevadar recuerda que, cuando se compró un terreno para crear un gran centro, su primer seva fue estabilizar una colina. Los sevadares trabajaron todo el día plantando miles de plantones de árboles. Al final del día, usaron pequeños vasos para regar cada plantón. Fue un día muy caluroso, y trabajaron desde el amanecer hasta el atardecer. Al final del día miraron hacia la colina y se sintieron muy contentos con lo que habían conseguido hacer. Pero esa noche llovió. Probablemente fue la lluvia más fuerte en la historia de esa región, y arrastró todos los plantones. Los sevadares se despertaron por la mañana y encontraron todos los plantones ahogados en un gran charco al pie de la colina. Sin desanimarse, emplearon alegremente el día siguiente en volverlos a plantar.
Estos son ejemplos de perseverancia frente a desafíos físicos, pero a menudo en el seva también afrontamos desafíos emocionales. Puede haber momentos en los que nuestros compañeros de seva pongan a prueba nuestra paciencia. Puede haber momentos en los que nos sintamos heridos. Puede haber momentos en los que lo único que queramos sea rendirnos. Se necesita dedicación y perseverancia para no rendirse, no perder la paciencia, no dejarlo cuando las cosas se ponen difíciles.
Si alguien ha entregado su corazón, prácticamente lo ha entregado todo. Su cuerpo, su vida y todo lo demás está dedicado al objeto de su amor.
Maharaj Sawan Singh81
Un aspecto del servicio dedicado es la actitud de “se puede hacer”. La historia de cómo se organizó un programa de satsang en Agra muestra esta actitud.
En mayo de 2011, en Deli un pequeño equipo de sevadares recibió la noticia de la decisión de Baba Ji de celebrar un satsang a gran escala en Agra, el lugar de nacimiento de Soami Ji Maharaj, los días 25 y 26 de enero de 2012. El equipo podría haber dudado y expresar lo obvio: no había manera de que tal hazaña pudiera llevarse a cabo porque faltaban menos de nueve meses para el satsang propuesto. Se esperaba que pudiera atraer entre doscientos mil y cuatrocientos mil discípulos; era imposible saber con certeza cuántos asistirían. Además, no había un lugar en Agra lo suficientemente grande como para acomodar a tanta gente, y había muy pocos sevadares en Agra para organizar un acontecimiento de tal magnitud. Pero este equipo de sevadares tenía la creencia de que nada era imposible. Si el maestro quería que se hiciera, encontrarían una manera de hacerlo.
La primera tarea fue encontrar un lugar que tuviera más de trescientos acres de extensión. Después de muchas visitas a la zona, se encontró un lugar en las afueras de Agra. El problema era que solo ciento veinte acres de este terreno pertenecían a un constructor local. El resto tendría que arrendarse a numerosos agricultores locales cuyas tierras colindaban con las del constructor. Algunos de los agricultores ya habían sembrado cultivos de mostaza, por lo que tendrían que ser compensados. Y todos ellos se resistían a la idea de arrendar sus tierras, debido al temor imperante de que se las arrebataran. Pero después de mucho esfuerzo para convencerlos, finalmente accedieron y comenzó el trabajo de elaboración de los planos.
Era necesario hacer planos extremadamente detallados de todas las tierras porque, una vez que se nivelará el terreno para el satsang, todos los límites entre ellos desaparecerían. Sin embargo, después de que terminara el programa, a cada agricultor se le tendría que devolver su pequeño e irregular trozo de tierra, ni un centímetro más, ni un centímetro menos.
Una vez completados los planos, los sevadares comenzaron la enorme tarea de preparar el terreno. Las fincas no solo tenían formas diferentes, sino que también estaban a diferentes niveles, con una diferencia de cuatro metros escasos entre el campo más bajo y el más alto. Las tierras que no tenían cultivos estaban llenas de rocas, piedras grandes, arbustos y árboles. Se tuvo que despejar y nivelar un terreno irregular y desigual de aproximadamente trescientos veinte acres.
Se trajeron niveladoras, compactadoras, tractores y camiones de volquete. Entre setecientos cincuenta y mil sevadares trabajaban la tierra diariamente. Llenos de entusiasmo, los sevadares acudieron en masa desde los estados vecinos, en autobuses alquilados por su cuenta, y trabajaron en turnos de cuatro a diez días. Como el terreno estaba en una ubicación remota sin instalaciones, fue necesario crear instalaciones provisionales de iluminación, saneamiento, agua, atención médica, comida y alojamiento para los sevadares. Los encargados del equipo dijeron que en ningún momento el entusiasmo de los sevadares disminuyó, y ni una sola vez se quejaron de que las instalaciones provisionales fueran inadecuadas.
Comenzaron a trabajar bajo el ardiente sol del verano y continuaron durante la húmeda temporada de los monzones. Finalmente, en el gélido mes de diciembre, terminaron la tarea de limpiar y nivelar el terreno. Habían transcurrido casi ocho meses. El programa de satsang era el mes siguiente y solo había un terreno nivelado.
Entonces comenzó a llover. La lluvia fue tan fuerte que causó un gran problema de encharcamiento. Desanimados y temblando de frío en el crudo invierno, los sevadares se preguntaban cómo terminarían la enorme tarea que aún les quedaba por hacer. Se instalaron grandes bombas para drenar el agua acumulada en los baches y zanjas. Finalmente, la lluvia cesó, el terreno se secó y comenzó el trabajo de preparar el lugar para el satsang.
Se levantó una enorme carpa abierta que podía acomodar hasta cuatrocientas mil personas si era necesario; se construyeron ochocientas cabinas de ducha y dos mil doscientos baños; se levantó un cobertizo para el langar y cuatro comedores; se prepararon instalaciones de alojamiento para hasta ciento sesenta mil personas; se instalaron generadores diésel para proporcionar electricidad a todo el complejo; se instalaron veinticuatro fosas sépticas y dos grandes tanques de agua. Se demarcaron y pavimentaron diez enormes aparcamientos para vehículos pesados, autobuses, coches y vehículos de dos ruedas.
Cuatro días antes del evento, llegaron más de veintidós mil sevadares para preparar la llegada del sangat. Junto con ellos, más de doscientos camiones procedentes de centros de los estados vecinos trajeron equipos de carpas, proyectores, televisores, equipos de sonido, altavoces, utensilios y suministros de comida. Los sevadares encargados del tráfico se distribuyeron a lo largo de las carreteras nacionales que iban desde las principales ciudades hasta Agra. Se instalaron carteles de señalización en las carreteras, y se asignaron sevadares en todas las casetas de peaje. Se movilizaron equipos de seva de patrulla de carreteras en bicicletas y camionetas para garantizar una circulación fluida y rápida del tráfico. Se instalaron alojamientos provisionales y cocinas para los puestos de los sevadares de tráfico a lo largo de las carreteras.
Milagrosamente, todo estuvo listo a tiempo. ¡Y entonces comenzó a llegar el sangat! Muchos llegaron en tren; se organizaron seiscientos cincuenta autobuses de enlace para trasladarlos entre las estaciones de tren y el centro. El sangat de los estados vecinos llegó en más de dos mil autobuses y nueve mil coches, y se trasladó a una parte del sangat local en más de diez mil vehículos de dos y tres ruedas. Todos los coches y autobuses se etiquetaron y codificaron por colores para ayudar al sangat a encontrar sus vehículos en los grandes estacionamientos una vez que terminara el satsang. Los sevadares de tráfico estuvieron en las carreteras durante horas en medio del ruido, el polvo y los gases de los escapes, guiando al sangat dentro y fuera del lugar. Trabajaron estrechamente con la policía local, que quedó asombrada por la enorme movilización. Ninguno de estos sevadares tuvo la oportunidad de ver al maestro o escuchar los satsangs.
Un total de doscientas cincuenta mil personas asistieron al programa de satsang el primer día, y trescientas mil el segundo. Los sevadares de acomodación los saludaron con sonrisas de bienvenida, los guiaron a sus asientos y respondieron sus preguntas. El langar gratuito sirvió comida a ciento sesenta y ocho mil personas, y las comedores y el langar funcionaron las veinticuatro horas para servir al sangat. Los sevadares de limpieza también trabajaron sin descanso para mantener los baños y todo el lugar limpio.
Cuando terminó el programa, los sevadares tuvieron la enorme tarea de desmontarlo todo y limpiar el lugar. El constructor y los agricultores locales recuperaron sus tierras en la misma forma y tamaño que antes. Los que habían cedido tierras desniveladas llenas de rocas y maleza se llenaron de gratitud porque las recuperaron niveladas, limpias y listas para cultivar.
Hazur Maharaj Ji había dado satsang en Agra en 1978. Esta fue la segunda vez que un maestro de Beas daba satsang en el lugar que todos asociamos con los comienzos de Radha Soami Satsang. Para el sangat, fue una ocasión conmovedora y trascendental.
¿Cómo empezó todo? El maestro planteó un reto casi insuperable, y los sevadares a los que se encargó el trabajo no dijeron: “¡Es imposible!”. En lugar de eso, dijeron: “Se hará”. Y no solo llevaron a cabo una tarea de una envergadura impresionante, sino que además lo hicieron con dedicación, perseverancia y amor.
Sin embargo, cuando les preguntaron a estos sevadares sobre su increíble actitud, respondieron con comentarios como: “No existe el seva agotador, es simplemente seva. No existe el seva fácil o difícil; es simplemente seva. En el seva no existe lo que se puede o no se puede hacer; un sevadar no se da ese tipo de importancia. Es el Señor quien hace el seva a través de sus sevadares. El seva es un regalo del Señor, y es solo a través de la gracia del Señor que los sevadares podemos realizar nuestro seva”.
Sevadares como estos nos inspiran a ver más allá del “deber” y el “esfuerzo”, porque encuentran mucha alegría en el seva. El seva es nuestro trabajo de amor. Dedicarnos a una vida de servicio nos proporciona un objetivo más allá de nuestro pequeño yo; da propósito y sentido a nuestra vida. Con el tiempo nos damos cuenta de que el seva es un espacio en el que el trabajo es realmente devoción: cuando nos importa lo que hacemos y lo hacemos con dedicación y amor, ese servicio no es otra cosa que devoción.