Responsabilidad - Seva

Responsabilidad

El trabajo es obra de Dios, no obra nuestra; por eso debemos hacerlo bien.
Madre Teresa82

Una vez, un grupo de satsanguis de edad avanzada que visitaban otro país decidió asistir al satsang local. A un sevadar de ese centro se le dio la tarea de recogerlos y llevarlos al centro. Llegó a su lugar antes de la hora acordada para la recogida. “No quería llegar tarde a mi seva”, les dijo con una sonrisa. Más tarde se enteraron de que él siempre llegaba temprano para el seva. Después de llevar a este grupo de satsanguis al satsang, pasó a ayudar a otro sevadar con una tarea diferente, pero siempre estaba pendiente de los invitados. Cuando uno de ellos necesitaba agua, ahí estaba él con un vaso de agua en la mano. Si alguien necesitaba un bolígrafo, él traía uno al instante. Los satsanguis visitantes recuerdan haberse sentido impresionados por su actitud, particularmente porque solo tenía veintidós años.

Este es un simple ejemplo de un seva responsable. Como sevadares responsables, llegamos puntualmente a nuestro seva. Cuando asumimos una tarea, tratamos de completarla de manera oportuna y lo mejor posible. Si una tarea se retrasa, informamos a los demás a tiempo. Y si cometemos un error o hay un problema, no lo ocultamos. Tratamos de hacer el seva de manera responsable porque el maestro nos lo ha encomendado, y otras personas dependen de nosotros para hacerlo bien. Y también lo hacemos para nosotros mismos, porque nos importa nuestro seva.

Un sevadar responsable no necesita que se le controle constantemente para garantizar que una tarea se termine a tiempo y de la manera correcta. Este es el sevadar que los líderes de equipo desean tener en sus equipos, porque saben que una vez que se le da una tarea a esta persona, no tendrán que preocuparse de que se haga. Este es el sevadar al que todos recurren cuando están en un aprieto y necesitan ayuda, sin que les hagan preguntas. Hay un dicho apropiado: Cuando tienes un trabajo importante, dáselo a la persona más ocupada y lo hará. El sevadar responsable es esa persona.

No necesitamos estar en una posición de responsabilidad para asumir la gestión o para hacer algo importante. A veces, cuando se nos asigna una tarea de seva que no requiere habilidades especiales o experiencia, podemos pensar erróneamente que no tiene valor. Podemos pensar: ¿Qué importancia puede tener recortar un seto a la perfección, o limpiar un depósito hasta que brille, o recoger hojas caídas hasta que no quede ninguna? Pero en el seva, todo lo que hacemos tiene valor. Cada pequeño detalle, cada esfuerzo de cada sevadar, contribuye a que nuestros centros y Dera sean los refugios espirituales excepcionalmente limpios, acogedores y espirituales que son.

Cometer errores
Ser responsable y tratar de hacer nuestro seva lo más perfectamente posible no significa que nunca cometeremos errores. Para muchos de nosotros, nada en nuestra experiencia de la vida nos ha preparado para algunas de las responsabilidades que se nos dan en el seva. A un trabajador de construcción se le puede asignar el cuidado de un huerto; un tímido programador informático puede convertirse en el secretario del sangat; y una persona sin experiencia en cuestiones financieras puede terminar en el departamento contable, emitiendo cheques y cuadrando los libros. Nos enfrentamos a dificultades de aprendizaje y problemas relacionados con las personas. No hay hoja de ruta a seguir, ni una escuela de formación donde podamos aprender el trabajo. Por supuesto que cometemos errores, no somos perfectos.

Hay una vieja historia sobre el cántaro de barro agrietado. Un cántaro que tenía una grieta, siempre perdía agua y estaba medio vacío cuando el aguador llegaba a casa desde el río. Avergonzado por su defecto, el cántaro se disculpó con él. Pero el aguador sonrió y respondió: “¡Mira lo hermosas que están todas las flores que bordean el camino, porque las regaste a cada paso todos los días!”. Así que todos somos cántaros agrietados, y no importa, porque aun así podemos aportar algo valioso al seva.

Se dice que en la época de Rumi, un funcionario del gobierno local comentó una vez que Rumi era “un rey sin igual”, pero que sus discípulos eran “personas extremadamente malas y entrometidas”. La noticia llegó a los discípulos de Rumi y se desanimaron. Rumi le escribió al funcionario del gobierno:

Si mis discípulos fueran buenas personas, yo mismo me habría convertido en su discípulo. Es porque eran malas personas que los acepté como discípulos, para que pudieran cambiar y convertirse en buenas personas, y entrar en el grupo de aquellos que son buenos y hacen buenas obras.

No soy ciego, pero poseo la piedra filosofal. Por eso compro estos dirhams falsos83.

El maestro no nos juzga. Nos dice que cada uno de nosotros tiene fortalezas y debilidades, y las traemos con nosotros al seva. Él nos dice que debemos entender cuáles son nuestras fortalezas y luego desarrollarlas para crecer. Qué maravilloso es que el maestro no se fije en nuestras debilidades ni nos permita hacerlo a nosotros. Él mira nuestra actitud y esfuerzo, y ve lo que somos capaces de hacer, cada uno de manera única. Y nos da oportunidad tras oportunidad para superar nuestras debilidades en el entorno seguro del seva. El maestro suele decir que el seva es un proceso de aprendizaje. Así que, incluso cuando fallamos aquí o allá, en realidad no podemos fallar en el seva mismo. Qué alivio es saber que si damos nuestro tiempo, hacemos lo mejor que podemos y tenemos la actitud correcta, estamos complaciéndolo.

Los errores son parte de la vida. Si las personas no cometen errores, probablemente no estén haciendo mucho; solo la persona que lo intenta cometerá errores. Y los errores no son algo malo si aprendemos de ellos: no solo de lo que salió mal, sino también de cómo hacerlo mejor la próxima vez.

A veces, a pesar de nuestros mejores esfuerzos, el resultado final puede no ser tan perfecto como esperábamos debido a los errores que cometemos mientras hacemos las cosas. Y no pasa nada, porque al maestro le interesa más la actitud y el amor que ponemos en nuestro seva.

Lo que más importa es si hacemos la tarea con nuestro mejor esfuerzo e intentamos sinceramente trabajar en armonía con nuestros compañeros sevadares. Si lo hacemos así, el maestro siempre estará complacido con nuestro esfuerzo. En última instancia, es nuestro ser interior, no la tarea física del seva, lo que se está moviendo hacia la perfección.

Estar dispuesto a disculparse
Cuando cometemos un error, simplemente debemos asumir la responsabilidad de nuestra acción y disculparnos. Cuando no admitimos un error y tratamos de ocultarlo, generalmente el encubrimiento es peor que el error original. Podemos sentirnos culpables y estar constantemente preocupados de que se descubra el error.

¿Por qué enredarnos en todo esto para parecer infalibles ante el sangat y otros sevadares? ¿Por qué arruinar nuestras relaciones con los demás sevadares y perder nuestra paz mental? Es mucho más fácil simplemente aceptar que cometimos un error. Nos beneficia no tener miedo a admitir que no lo sabemos todo o que hemos hecho algo mal. ¿Por qué tener miedo de decir “Lo siento”? Cuando nos disculpamos, comenzamos el proceso de solucionar el problema.

A veces, cuanto más alta es nuestra posición de seva, menos dispuestos podemos estar a asumir la responsabilidad de nuestros errores. Tal vez sentimos que otros sevadares nos perderán el respeto o, peor aún, perderán la fe en nuestro liderazgo. Todo lo contrario: es probable que los demás nos respeten más por tener la humildad de disculparnos. Y nuestra humildad y voluntad de asumir la responsabilidad darán un buen ejemplo a otros sevadares y complacerán al maestro.

Asumir la responsabilidad; hacer más
Un rey colocó una gran roca en medio de un camino. Después se escondió y observó si alguien la quitaba. Algunos de los comerciantes más ricos y cortesanos del reino pasaron por allí y simplemente la rodearon. Algunos culparon en voz alta al rey por no mantener los caminos despejados. Pero nadie hizo nada por quitar la roca del camino. Entonces, pasó por allí un campesino que llevaba una carga de vegetales. Al ver la roca, se dio cuenta de que podría causar un accidente. El campesino dejó su carga y trató de mover la roca a un lado del camino. Después de mucho empujar y esforzarse, finalmente lo logró. Para su sorpresa, encontró una bolsa en el lugar donde estaba la roca. La bolsa contenía muchas monedas de oro y una nota del rey diciendo que el oro era para la persona que quitara la roca del camino.

Cuando el campesino movió la roca, no sabía que debajo había una bolsa con monedas de oro. Su acto fue de servicio desinteresado. En nuestro seva, también nos encontramos con tales rocas: cosas que están saliendo mal, cosas que podrían dañar a alguien, cosas que podrían causar una pérdida. ¿Tomamos la iniciativa de mover la roca o de indicárselo a la persona correcta?

Un joven que no era sevadar fue una vez a un centro de satsang para encontrarse con su madre, que estaba haciendo seva allí. Mientras caminaba por el centro, advirtió que había un perro callejero durmiendo frente a la puerta de la cafetería. Molesto por esto, fue a buscar a un sevadar de ese departamento y le dijo que era antihigiénico tener un perro callejero cerca de un lugar donde se cocinaba y servía comida. El sevadar respondió: “Ese no es mi trabajo. Mi trabajo es vender cupones de comida, y eso es lo que estoy haciendo”. Así que el joven buscó al encargado y le relató el incidente. “Bueno, hijo –fue la respuesta–, por eso necesitamos que personas como tú se unan al seva”. ¡Y así lo hizo!

Como sevadares responsables, podemos seguir preguntándonos: ¿Qué puedo hacer para mejorar mi seva? Es muy valioso estar abiertos a la mejora continua. Siempre se puede hacer algo más para mejorar las cosas: el mismo seva puede hacerse de una manera más eficiente, o alguien puede tener una nueva idea sobre cómo servir mejor al sangat. Pero cuando nos esforzamos más para ayudar a alguien o mejorar algo, es bueno revisar primero nuestras intenciones para asegurarnos de que estamos motivados por el deseo de hacer lo mejor para el sangat y no por el deseo de interferir en el trabajo de otro sevadar o departamento. Hay momentos en los que es mejor hacer solo lo que se nos pide, y otros en los que es importante hacer algo más para ayudar. Podemos usar nuestro juicio para hacer lo que creemos que agradará más al maestro.

Y siempre que tengamos una buena idea u ofrezcamos sugerencias para mejorar, podemos hacerlo con una mente abierta y dispuestos a aceptar la decisión final del sevadar encargado. A veces nuestras ideas y sugerencias serán aceptadas; otras no lo serán.

Como lo expresó Hazur tan bellamente una vez:

¿Quién es el anfitrión y quién es el invitado? No lo sé. Los satsanguis son los anfitriones, los satsanguis son los invitados. Vienen, cocinan, comen y se van: No sé a quién dar las gracias. Ellos piensan que lo hago yo, yo pienso que lo hacen ellos. Les estoy agradecido; ellos vienen y me dan las gracias84.

Ser los embajadores del maestro
Hazur solía decir que la biografía de los santos está en sus discípulos y en sus enseñanzas reflejadas a través de sus discípulos85. Los sevadares son muy conscientes de que sus acciones reflejan a su amado maestro.

Dentro de la organización, el sangat a menudo ve a los sevadares como modelos a seguir. Y en la comunidad exterior, los sevadares tienden a estar al frente de la organización, trabajando con funcionarios locales. Los sevadares son los embajadores del maestro: lo representan a él y todo lo que significa.

En una escuela de una gran ciudad de la India, los sevadares de un centro de satsang cercano estaban esperando fuera de la oficina del director. Su sangat había crecido mucho y querían dividir el centro actual en dos centros separados. Para eso, necesitaban alquilar un salón grande en una escuela. Cuando les hicieron pasar al despacho del director, se dieron cuenta de que en la sala había directores de otros colegios. El director se disculpó por hacerlos esperar, explicando que como su reunión con los otros directores tardaría un rato más, había decidido hacer una pausa para saber qué querían los sevadares.

Los sevadares hicieron su solicitud para alquilar la sala de la escuela. Cuando uno de los directores invitados escuchó su solicitud, instó al director a aceptar su petición, diciendo que él había alquilado la sala de su escuela a RSSB y nunca se había arrepentido: cuidaron mucho la propiedad y fueron puntuales con los pagos. Entonces otro director dijo lo mismo. ¡Luego otro! En total, tres directores habían alquilado las salas de sus escuelas a la organización y solo tenían cosas buenas que decir. Convencido por sus comentarios, el director también accedió a alquilar la sala de su escuela. Los sevadares salieron de la reunión impresionados por la gracia recibida; la coincidencia de haber llegado justo en ese instante les pareció “afortunada”, y estaban agradecidos por el ejemplo establecido por los sevadares de otros centros. Debido a la reputación creada por esos sevadares, su propia tarea se volvió mucho más fácil.

Es la paciencia de los sevadares frente a las dificultades, y su integridad y sentido de responsabilidad, lo que ha forjado la reputación de la organización.

Hacerlo agradable
Ser sevadares responsables no significa que debamos ser serios todo el tiempo. El seva es mejor cuando es divertido y salimos de él sintiéndonos alegres. A menudo basta con sonreír, ya que la sonrisa es contagiosa: ilumina el ambiente, hace que los sevadares se sientan bienvenidos y aligera el mal humor.

Una sevadar relata que durante una visita a Dera, hubo un incendio en uno de los montones de leña del langar. Ella se unió a las decenas de personas que pasaban cubos de agua para apagar el fuego. De repente, llegó Baba Ji, se subió a uno de los montones y comenzó a dirigir la actividad. El fuego se controló fácilmente. Sin embargo, muchas personas, en lugar de seguir trabajando con la misma urgencia, disminuyeron su ritmo o se detuvieron para enfocarse en él. Esta sevadar recuerda haberse sentido irritada en ese momento, pensando que la tarea que debían hacer era terminar de apagar el fuego, pero nadie se centraba en eso. Esa noche, alguien le preguntó al maestro sobre el incendio y él se rio y dijo algo como: “Fue solo una oportunidad para hacer un poco de seva y divertirse”.

Fue entonces cuando la sevadar se dio cuenta de que su enfoque excesivo en la tarea le había impedido disfrutar de la experiencia. Había perdido la oportunidad de experimentar y disfrutar de la presencia del maestro. Era importante apagar el fuego, sí, pero una vez que el peligro pasó y el fuego se apagó, también fue una oportunidad para pasar tiempo con el maestro, y los sevadares lo disfrutaron.

Deberíamos tomarnos en serio seguir Sant Mat, pero eso no significa que tengamos que ignorar el lado alegre de la vida. Más bien, deberíamos sentirnos más relajados porque estamos siguiendo el camino.
Maharaj Charan Singh86

¿Cómo puede alguien no sentirse alegre cuando está haciendo seva? Se sienten cerca del maestro y de sus hermanos y hermanas en el camino, y esa alegría brota naturalmente.

El maestro mismo marca la pauta en esto. Cuando es hora de ser serio, él es serio. Pero cuando no es así, inicia la diversión y los juegos e incluso hace bromas. Y a veces, cuando quiere darnos una lección, utiliza el humor para hacerlo. Podemos aprender de él a relajarnos en el seva. Podemos ser responsables y al mismo tiempo disfrutar de nuestro seva.

Verás, excepto los humanos, nadie se ríe. No creo que hayamos visto reír a ningún pájaro, ni a ningún perro, ni a ningún animal. Puede que sonrían, pero el privilegio de la risa solo lo tienen los humanos. Así que, si queremos seguir siendo humanos, el humor tiene que estar presente, justo para ayudar a relajarnos.
Maharaj Charan Singh87

Hay una gran diferencia entre ser responsable y “llevar la carga de la responsabilidad”. Ser responsable es una actitud que nos ayuda a hacer nuestro seva lo mejor posible. Pero llevar la carga de la responsabilidad, puede quitarle la alegría al seva. Es una carga que no necesitamos llevar; el maestro se encargará de ella si simplemente se lo permitimos. Incluso si nuestro seva es asegurarnos de que doscientas mil personas coman durante un fin de semana de satsang, todo lo que podemos hacer es ser responsables y dar lo mejor de nosotros. Más allá de eso, si nos entregamos al maestro y actuamos como sus agentes, descubriremos que él ya está llevando la responsabilidad sobre sus hombros.

Si de verdad se lo entregamos todo al Señor, entonces no tenemos ninguna responsabilidad, hagamos lo que hagamos.
Maharaj Charan Singh88

Hacerlo para nosotros mismos
Hay una historia sobre un rey que le pidió a su primer ministro que le construyera un hermoso palacio. El rey le dijo al ministro que lo diseñara como quisiera y que gastara tanto dinero como deseara. El primer ministro construyó el palacio. Cuando terminó, se veía muy bonito por fuera. Sin embargo, en las partes menos visibles hizo recortes, creyendo que nadie lo notaría. Una vez que el palacio quedó listo, el rey dio un paseo a su alrededor y lo admiró. Luego le dijo al primer ministro: “Este palacio no es para mí. Lo hice construir para ti, como recompensa por todos tus años de servicio. Este es mi regalo para ti”.

El primer ministro le dio las gracias al rey, pero el regalo le resultó agridulce. En su corazón lamentó: “¡Ay! ¡Si hubiera sabido que este regalo era para mí, lo habría hecho mucho mejor y con todo mi corazón!”.

El rey no necesitaba el palacio; siempre fue un regalo. De la misma manera, el maestro no necesita nuestro seva. El seva, en todas sus formas, es su regalo para nosotros. Cuando no nos damos cuenta de esto, cuando pensamos que estamos haciendo seva para otra persona –para el sangat o para el sevadar encargado– podemos sentirnos tentados a hacerlo a medias. Pero cuando entendemos que estamos haciendo seva principalmente para nosotros mismos, cuando comprendemos que con nuestro seva estamos forjando nuestro propio tesoro espiritual, no podemos evitar hacerlo con todo nuestro corazón.