La parábola de los talentos
Aquellos que han podido ir al interior y gozar del Shabad son los verdaderos satsanguis y los que han aprovechado sus vidas al máximo.
M. Sawan Singh. Joyas espirituales
Todos nacemos inmensamente ricos. Como seres humanos, se nos otorga una increíble suma de capital para invertir: nuestra vida. Lo que hagamos con ella depende de nosotros, pero naturalmente se espera que una inversión genere un retorno significativo. No solo debemos cuidar de no perder el capital original, sino también hacer algo valioso con él. Así ocurre con la vida humana. Los místicos dicen –de una forma u otra– que, en el orden divino, la existencia humana es una puerta a través de la cual el alma debe pasar para comenzar el viaje de regreso a Dios… Jesús relata una parábola que aparece tanto en Mateo como en Lucas. Es la parábola de los talentos:
Porque el reino de los cielos es como un hombre que, yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes. A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue lejos. Y el que había recibido cinco talentos fue y negoció con ellos, y ganó otros cinco talentos. Asimismo, el que había recibido dos, ganó también otros dos. Pero el que había recibido uno, fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor.
A cada siervo se le entrega una suma de capital, según lo que merece, y luego se le deja en libertad para hacer con ella lo que pueda. Dos de los tres aumentan el capital, pero el tercero lo entierra.
Después de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos. Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros cinco talentos sobre ellos. Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu Señor. Llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros dos talentos sobre ellos. Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu Señor.
El regreso del Señor “después de mucho tiempo” representa el momento de la muerte, cuando se realiza automáticamente un balance de cómo una persona ha vivido su vida. Aquellos que han incrementado su riqueza espiritual, conforme a su aptitud natural y sus circunstancias, son recompensados al entrar “en el gozo de tu Señor”: se reúnen con Dios y permanecen con él.
Pero llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo. Respondiendo su señor, le dijo: Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí. Por tanto, debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses.
El siervo que recibió solo un “talento” representa a aquel que no ha hecho nada de valor espiritual con su vida, y que solo tiene excusas para justificar por qué ha desperdiciado su tiempo. El “talento” simboliza las circunstancias difíciles que ha tenido que afrontar en la vida, las cuales han impedido su crecimiento espiritual. Aun así, el señor no se muestra impresionado, señalando que habría sido muy sencillo para el siervo haber depositado el dinero en el banco, donde habría generado intereses automáticamente, sin ningún esfuerzo de su parte.
Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos. Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.
Puede parecer injusto que, aunque todos los seres humanos tengan el potencial de realizar a Dios, sus circunstancias en la vida puedan disminuir o aumentar su capacidad real para lograrlo. De hecho, podría considerarse una injusticia, si no fuera porque esas circunstancias –que incluyen tanto el carácter mental de la persona como su situación externa– son el resultado de los pensamientos y acciones del individuo en vidas pasadas, de las cuales él mismo es responsable. Somos los arquitectos de nuestro propio futuro. Cosechamos lo que hemos sembrado. Nuestro presente es el resultado de nuestro pasado. Sin embargo, lo que realmente cuenta es el esfuerzo; y el empeño espiritual en una vida dará como fruto un anhelo espiritual más profundo, así como mejores circunstancias para el crecimiento espiritual en la siguiente.
Este es el significado general de la parábola, pero también tiene un sentido más específico. (…) Se refiere a los beneficios que distintos discípulos obtienen del bautismo. Un maestro viene e inicia a varias almas. A todas les entrega la verdadera perla o riqueza de la Palabra. Ese es su capital espiritual. Luego se espera que hagan el mejor uso posible de esa riqueza. Al momento de la muerte, el maestro ve qué han hecho con el don que les fue otorgado. Algunos han trabajado con determinación en el camino espiritual, aumentando constantemente su riqueza interior. Ellos “entran en el gozo de su Señor” y son llevados de regreso a él.
The Prodigal Soul