La fortuna de poder meditar
¿Qué palabras podemos pronunciar para evocar su amor? En las horas de ambrosía antes del amanecer, repite el Nombre verdadero y contempla su gloriosa grandeza.
Gurú Nanak Dev. Adi Granth
¡Cuán afortunados somos de haber llegado al refugio de un maestro verdadero! Qué afortunados somos si hemos sido bendecidos con la oportunidad de sentarnos en silencioso recuerdo y ofrecer nuestro amor. Los místicos nos dicen que este es el servicio más elevado y el más preciado para el Señor.
La meditación no es solo una actividad que hacemos de vez en cuando; es un proceso de toda la vida para inclinar la mente hacia el amor. Maharaj Charan Singh dice en Perspectivas espirituales, vol. I:
En potencia cada alma es Dios, pero tenemos que convertirnos en Dios; tenemos que alcanzar ese nivel de consciencia. En potencia, cada gota es el océano, pero la gota tiene que evaporarse, convertirse en nube y caer en forma de lluvia antes de unirse al océano.
No importa cuánto anhele la gota ser una con el océano, no puede llegar directamente a él. Hay un proceso en marcha. Debe deslizarse desde debajo de la roca y someterse al calor del sol. Esto es todo lo que se requiere de ella: simplemente volver su atención hacia el sol y volverse receptiva. El sol hace el resto: la separa de la suciedad e impureza, la eleva hasta las nubes, y luego la deja caer para que se funda con el océano. Cuando meditamos, esto es lo que hacemos: nos hacemos receptivos al proceso. El maestro hace el resto. Maharaj Charan Singh dice en Muere para vivir: “A través de la meditación, nos volvemos dignos de su gracia y receptivos a su amor”.
Ninguna acción física puede reemplazar el papel de la meditación en este proceso, porque aquel con quien deseamos fundirnos no es físico. Maharaj Charan Singh dice en Perspectivas espirituales, vol. III: “El maestro no es el cuerpo, es el Shabad interior. ¿Cómo podríamos fundirnos en ese Shabad sin la meditación?”.
Dado que la meta no es física, el cuerpo no tiene ningún papel que desempeñar en la meditación, salvo no distraer a la mente. Por lo tanto, durante la meditación, el cuerpo se lleva a un estado de quietud absoluta. La mente, por otro lado, tiene el papel principal en este proceso. La meditación es la práctica de volver la mente hacia dentro y llevarla también a la quietud.
El salmista bíblico cantó: “Estad quietos y sabed que yo soy Dios”. (Salmos 46:10). Con el cuerpo y la mente en calma, nuestra atención se retira del mundo de los sentidos y se vuelve receptiva al poder del Shabad que reverbera en nuestro interior, y el alma queda libre para elevarse: Maharaj Sawan Singh dice en Joyas espirituales: “La tendencia natural del alma es elevarse, puesto que es un pájaro cuyo origen no es este mundo material. La mente y el cuerpo hacen que permanezca aquí abajo. La crema en la leche sube automáticamente cuando se deja reposar la leche. Cuando el cuerpo y la mente se inmovilizan, el alma empieza a subir hacia el foco”.
Todo lo que hacemos en la meditación es para la mente. El alma ya ama; es la mente la que está aprendiendo a amar. Maharaj Charan dice en Perspectivas espirituales, vol. II:
Verás, en realidad la meditación, el amor que estamos tratando de desarrollar, es para la mente… Cuando la mente llega a su propia fuente, de forma automática el alma va al Padre, porque ya está llena de amor por el Padre… Por lo tanto, todos nuestros esfuerzos en la meditación son para crear amor, devoción y fe; todo es para la mente.
Sin embargo, paradójicamente, la meditación también la hace la mente. La meditación es donde el seva de la mente encuentra su máxima expresión. En Joyas espirituales, un buscador le pregunta al Gran Maestro qué método había practicado para ir al interior. Y él responde:
Conseguí las instrucciones de mi propio gurú y él me enseñó el método exacto. Ese método es el mismo que utilizan todos los santos; consiste simplemente en concentrar la atención, manteniéndola imperturbable en un centro concreto, el foco del ojo. ¿Qué más puedo decir? Todo consiste en que la atención no fluctúe. Cada rayo de atención tiene que concentrarse y mantenerse allí.
Esta es la esencia del proceso meditativo: desarraigar cada rayo de nuestra atención del mundo físico y trasplantarlo al mundo interior, para reenfocar la mente en el interior y luego mantenerla quieta en el “centro indicado”. Este mismo método de meditación nos lo enseñó nuestro maestro, y tiene tres componentes: simran, dhyan y bhajan.
Simran, la práctica de repetir en silencio los cinco nombres dados por el maestro en la iniciación, saca nuestra atención fuera de este mundo y la eleva hasta el centro del ojo. Dhyan, la práctica de la contemplación de la forma del maestro, mantiene nuestra atención fija en el centro del ojo. El simran y el dhyan se practican simultáneamente; ayudan a enfocar la mente y llevarla a la quietud, para que pueda sintonizarse con el Shabad que resuena en el centro del ojo. Luego, mediante la práctica del bhajan, escuchamos la melodía divina del Shabad y respondemos a su atracción interior.
Pero el Shabad no atrae la conciencia del alma hasta que todos los rayos de atención se han reunido en el centro del ojo y, para lograrlo, la disciplina del simran es esencial. Hazur Maharaj Ji explica la profunda relación entre el simran y el bhajan en Perspectivas espirituales, vol. II:
A menos que lleguemos al centro del ojo, no podremos estar en contacto con el Shabad interior, y a menos que estemos en contacto con el Shabad interior, nada nos atraerá hacia arriba. Si queremos que un imán atraiga a una aguja, tendremos que llevar la aguja a la zona de influencia del imán para que pueda atraerla. El simran es un método para retirar la consciencia al centro del ojo, para que luego el Shabad pueda atraerla hacia arriba.
La meditación regular, practicada diariamente durante al menos una décima parte del día, en la privacidad del hogar y en la intimidad del corazón, es nuestro primer y principal servicio, nuestro “verdadero” seva. Maharaj Charan Singh explica en Muere para vivir:
Seva significa ese servicio que se hace para complacer al maestro, y lo que más complace al maestro es que hagamos nuestra meditación. Retirar la consciencia al centro del ojo y conectarla con el sonido es el verdadero seva.
Extractos del libro Seva