Caminos de búsqueda
De ti he aprendido a servir;
de ti he aprendido a meditar;
de ti he comprendido la esencia de la realidad.
Gurú Arjan Dev. Adi Granth
Desde su infancia, Maharaj Charan Singh vivió muy cerca del Gran Maestro, Maharaj Sawan Singh, su abuelo. Cuando tenía dos meses, lo llevaron al Gran Maestro, quien dijo: “Bendito sea este niño, pues acumulará gran riqueza espiritual y enriquecerá a otros con el tesoro de su casa”. (…) cuando tenía cuatro o cinco años, el Gran Maestro sugirió a sus padres llevarlo a Dera “para dejarlo bajo su cuidado, de modo que su educación y formación se realizaran allí”.
A pesar de su juventud, Maharaj Ji se adaptó a su nuevo hogar sin echar en falta a sus padres, gracias al amor del satgurú. El Gran Maestro nunca permitió que fuera solo a Sikanderpur, y aprovechaba cada visita para llevarlo y traerlo de vuelta. Bibi Ralli cuidó de él durante toda su niñez, asegurándose de que asistiera regularmente al satsang y meditase al menos quince minutos al día. Maharaj Ji siempre le profesó gran afecto, llamándola Bua Ji por amor y respeto. Al poco de llegar a Dera, el Gran Maestro le enseñó el método de meditación, indicándole: “Si ves alguna luz u oyes algún sonido, préstales atención”.
Desde pequeño, Maharaj Charan Singh era apacible, afectuoso y alegre, mostrando inclinación espiritual, humildad y desapego… Posteriormente, realizó seva limpiando lámparas de petróleo y cuidando los zapatos del sangat durante los satsangs. También abanicaba al Gran Maestro durante los satsangs de verano, permaneciendo de pie detrás de él, moviendo lenta y continuamente el pesado abanico. Transportaba sacos de trigo, harina y legumbres, y servía la comida y el agua al sangat con alegría y diligencia, obedeciendo siempre con disciplina incluso cuando los satsanguis lo trataban con rudeza.
El 30 de enero de 1933, el Gran Maestro inició a Maharaj Charan Singh, impartiendo los detalles del sendero espiritual de los santos, a través del cual habría de conducir a cientos de miles de almas. Su dedicación a la meditación era tan intensa que el Gran Maestro le dijo: “Aún no es hora de que dediques tanto tiempo a meditar. Presta más atención a tus estudios”.
Cuando el Gran Maestro le preguntó: “¿Qué te gustaría ser cuando seas mayor: un hijo, un mal hijo o un buen hijo?”, Charan Singh respondió: “Todos quieren ser buenos hijos, pero como todo está en tus manos, haz de mí lo que quieras”. Durante sus estudios en Kapurthala y Rawalpindi, pasaba sus fines de semana y vacaciones en Dera, realizando seva y permaneciendo bajo la guía y protección del Gran Maestro. Desde niño, Maharaj Charan Singh mostró amor profundo y devoción hacia su maestro, considerándolo su primera obligación, y realizó todas las tareas asignadas con alegría, disciplina, desapego, humildad y firmeza de propósito.
Extracto del libro: El cielo en la tierra