Explorar la conciencia
Finalmente tenemos que llegar a ser una gota,
fundirnos en el océano y convertirnos en el océano; tenemos que convertirnos en él.
M. Charan Singh. Perspectivas espirituales, vol. I
Para la mente orientada hacia lo material, es bastante difícil concebir que Dios esté dentro de uno mismo. Incluso si una persona llega a aceptar esa idea de manera general, se enfrenta luego a la sugerencia de que el poder creativo de Dios es tanto visible como audible dentro de uno. La idea de que la luz y el sonido se encuentran dentro de la propia cabeza resulta increíble para muchas personas cuya experiencia entera se limita al ámbito de sus cinco sentidos…
Los místicos hablan únicamente de lo que han experimentado en su interior, pero la gente tiene dificultades para creerles ya que no ha tenido esa experiencia. Jesús reconocía esto cuando dijo (Juan 3:11‑12):
En verdad, en verdad os digo:
hablamos de lo que sabemos
y damos testimonio de lo que hemos visto,
pero no recibís nuestro testimonio.
Si os he hablado de cosas terrenales
y no creéis, ¿cómo creeréis
si os hablo de las celestiales?
Nadie niega que los devotos de todas las religiones creen no solo en el cielo y el infierno, sino también en un Dios. Así que debe hacerse la pregunta: “¿Dónde están el cielo, el infierno y Dios?”.
En términos simples, parecería que solo hay dos alternativas: o están dentro del ser humano –en una dimensión espiritual, por así decirlo– o están fuera de él. Pero Dios, siendo espiritual, difícilmente estaría allá arriba, en el cielo material, escondido detrás de las nubes u oculto en las vastas distancias del espacio. Ciertamente, la ciencia moderna no ha encontrado indicios de ningún lugar probable donde Dios pudiera ocultarse, muy lejos en las profundidades del espacio. Tampoco hay evidencia de que él y los cielos se encuentren en alguna dimensión externa, oculta y metafísica. De hecho, todos los que han descrito experiencias místicas genuinas de los cielos han dicho que los cielos están dentro.
Las regiones espirituales son –por definición– espirituales y no materiales. Ellas, al igual que Dios, pueden presumirse existentes allí donde habita el espíritu, y parecería que solo hay un “lugar” donde podrían estar. Tal como enseñó el propio Jesús, Dios y su creación están dentro: accesibles no mediante un ascenso en la materia, sino mediante un ascenso del ser o de la conciencia, términos sinónimos.
Por esta razón, el acceso a los reinos espirituales se ha descrito a menudo como una expansión de la conciencia, que conduce a un estado de supraconciencia. A Dios también se le ha descrito como un océano de conciencia o un océano del ser. La entrada a los reinos interiores requiere, por lo tanto, una técnica no física, una técnica orientada al ser, si se quiere: un medio para explorar las profundidades de la propia conciencia.
Hoy en día, tal práctica se llama meditación o práctica espiritual, aunque antes se la llamaba simplemente oración u oración interior, la oración del silencio, contemplación, devoción y otros nombres similares.
The Gospel of Jesus