Caminos de búsqueda
El amante busca al Amado,
pero es el Amado quien guía sus pasos.
Rumi. El Masnavi, libro VI
Baba Jaimal Singh: Desde pequeño mostró signos de una profunda sed espiritual que, como veremos, le impulsó a emprender una infatigable y larga búsqueda de la Verdad siendo todavía un adolescente. Al alcanzar los nueve años, su ansia de conocimiento espiritual había llegado a ser tan intensa que solía pasar casi todo el día en el santuario de Namdev, tratando de comprender el significado de las sagradas escrituras.
Cuanto más leía el Adi Granth, tanto mayor era su empeño por conocer la Verdad. En los poemas de Gurú Nanak y otros santos encontró frecuentes referencias al Shabad y al Nam: “Por medio del Nam se hizo la existencia… El Nam es lo único que nos libera a todos… El Nam sostiene todos los mundos y regiones, el Nam soporta el firmamento y los mundos inferiores”. Él se preguntaba qué podría ser ese Nam que todo lo creaba, que todo lo liberaba y que sostenía todos los mundos.
(…) Gracias a la lectura de los escritos de los santos, Baba Ji llegó finalmente a dos importantes conclusiones: que el primer requisito necesario para seguir el sendero de la realización de Dios era un maestro verdadero, un alma realizada; y que la clave para el sendero verdadero se hallaba en el Nam o Shabad, que era algo más profundo y más grande que cualquiera de los nombres de Dios. Su curiosidad aumentó aún más cuando encontró en el Adi Granth el término panch shabad, “los cinco sonidos”, que eran descritos como anahad, “no tocados” o “ilimitados”. La investigación llegó a su punto definitivo: la búsqueda del maestro que pudiera enseñarle el sendero de los cinco shabads.
(…) Fue a Amritsar donde entre unos hombres piadosos encontró a un sadhu que le habló acerca de un shabad (…) Aprendió la manera de escuchar este sonido, pero también comprendió que no se aproximaba al sendero de los cinco shabads que él andaba buscando. Continuando su viaje, visitó Nankana Sahib, Lahore, Emnabad y otros muchos lugares santos del Punyab sin encontrar ningún devoto que pudiese desvelarle el misterio de los “cinco sonidos”. (…) En un pueblo del distrito de Mardan (…) halló a un hombre casado muy dedicado a la espiritualidad que le confirmó su teoría acerca del sendero de los cinco shabads. Una ola de felicidad invadió a Baba Ji. Esta era la primera vez que recibía una confirmación real de la existencia de los sonidos interiores; por fin sabía que no perseguía un espejismo.
(…) Baba Ji dejó Mardan y regresó al Punyab, donde se unió a un grupo de sadhus que iban de camino a Rishikesh, un famoso lugar de peregrinación hindú. Allí permaneció varios meses, durante los cuales conoció a numerosos yoguis y ascetas espiritualmente avanzados, pero no pudo hallar a ningún maestro que pudiera satisfacer su anhelo. Decepcionado y a punto de abandonar la búsqueda, supo de la existencia de un anciano sadhu que vivía solo en un paraje alejado y boscoso (…) Baba Ji partió inmediatamente en busca del santo. Caminó todo el día a través de un frondoso paraje y, finalmente, al atardecer llegó a un claro donde se encontró con el anciano, (…) que conversó con Baba Ji y quedó impresionado por su fervor. Escuchó al joven mientras hablaba de su búsqueda de un maestro poseedor del secreto de los cinco sonidos. Finalmente, movido por la sed de la Verdad y la perseverancia de Baba Ji, el sadhu lanzó un profundo suspiro y dijo: “… He sabido que en Agra hay un gran santo que practica los cinco shabads e inicia en ese sendero a los buscadores. Él ha pasado en profunda meditación los últimos diecisiete o dieciocho años y justamente ahora ha empezado a difundir sus enseñanzas. Debes ir a él, pues es el único que puede proporcionarte lo que tanto buscas”.
(…) Encontró a Soami Ji Maharaj sentado en el patio entre sus discípulos, disponiéndose a comenzar un satsang. Nada más verle, Baba Ji se sintió invadido por un sentimiento de paz y se acercó para inclinarse respetuosamente a sus pies. Soami Ji sonrió y dijo: “¡Al fin ha llegado mi viejo amigo!”. (…) Estas palabras fueron toda una revelación para Baba Ji, porque al fin había encontrado lo que durante tantos años había estado buscando.
(…) Deseaba la iniciación de este gran místico, pero vacilaba debido a que Soami Ji no era sij. (…) Llevaba cuatro días perdido en sus cavilaciones y sin conseguir salir del dilema, cuando Soami Ji se acercó y amablemente le preguntó si ya había resuelto la cuestión de sij sí o sij no. Dado que Baba Ji no había hablado con nadie acerca de su conflicto, las bondadosas palabras de Soami Ji le conmovieron tan profundamente que se le llenaron los ojos de lágrimas.
(…) Al día siguiente Baba Ji fue iniciado, y durante dos días y sus noches permaneció en un pequeño cuarto de la casa de Soami Ji, absorto en la meditación. Cuando salió estaba transformado, lleno de felicidad y contento, porque por la gracia de su maestro había obtenido esa inapreciable joya que había estado buscando durante tantos años. La felicidad y el arrobamiento llenaban todas las células de su ser hasta el punto de que apenas podía contener la alegría.
El cielo en la tierra. (Extractado de Una búsqueda temprana de la Verdad)