El maestro responde
Dios no nos ha dado los colores en el lienzo, sino en la paleta.
G. K. Chesterton. Ortodoxia
P. Me gustaría saber si es correcto pensar que el karma de nuestra salud es quizá el más pesado.
R. Hermana, todo karma es pesado. El karma que nos ata a esta creación es pesado porque el alma quiere volver a su Creador, anhela unirse con su Creador. Cualquier cosa que la mantenga atada a la creación es una carga para el alma, y mientras el alma esté separada del Creador, esa carga, naturalmente, es pesada. Todo karma es pesado. ¿Qué más da si es un ladrillo pequeño o una roca grande lo que pesa sobre una aguja, si la aguja no puede volver al imán? Sea ligero o pesado, el peso está ahí. Mientras el peso esté sobre ella, la aguja no puede ser atraída por el imán.
Cualquier pequeña carga que soporte el alma es pesada. Así que algunas personas piensan que todo lo concerniente a la salud es un karma pesado, mientras otros creen que es pesada cualquier cosa que afecte a la mente. Algunos piensan tal vez que la pobreza que tienen que afrontar es una carga muy pesada. Otros son rechazados en el amor y piensan que este karma es muy pesado. Por tanto, se trata de formas de pensar personales, pero desde mi punto de vista todos los karmas son pesados, incluso el último que quede, en tanto que mantienen al alma atada a esta creación.
P. Maestro, ¿cuál es la conexión entre la gracia del maestro y la ley del karma?
R. Por la gracia del maestro sabemos cómo deshacernos de los karmas y cómo superarlos. Esto solo podemos saberlo por la gracia del maestro, y esta gracia, como Cristo explicó, consiste en escuchar interiormente el espíritu, tener un nuevo nacimiento, recibir el bautismo en el Espíritu Santo, en la luz. Cuando él nos pone en el sendero, nos da unas enseñanzas específicas.
Si vivimos las enseñanzas, si seguimos las enseñanzas, si retiramos nuestra corriente anímica al centro del ojo y escuchamos el espíritu interior, todo eso es la gracia del maestro. Sin gracia no podemos conseguir nada. Cuanto más esfuerzo ponemos, más gracia recibimos, y cuanta más gracia obtenemos, más esfuerzo realizamos. Van codo con codo. Y su gracia significa que siguiendo sus enseñanzas podemos elevarnos por encima de este reino de mente y maya (ilusión), con el que nuestros karmas están asociados…
P. ¿Se encargará el maestro de que acontezcan las cosas que deben liquidarse durante una vida y que se dejen de lado las que no deban serlo? En otras palabras, ¿él siempre controla lo que liquidamos con respecto a los karmas sinchit [karmas de reserva] y todo eso?
R. En realidad, el maestro controla todos los karmas sinchit, y sabe cómo hay que rendir cuentas por todo eso. El César debe recibir lo que le corresponde; demos al César lo que es del César. Lo que pertenece a Kal hay que dárselo a Kal, y todos estos karmas pertenecen a Kal. Tenemos que rendir cuentas por todos estos karmas, así que el maestro actúa como rescatador para ayudarnos a liquidar todos esos karmas. Cómo nos ayuda… es cosa suya.
P. Entonces, ¿nuestro deber es dedicar nuestro tiempo con fe, con el esfuerzo más sincero posible, dejándole el control de la situación al maestro?
R. Nuestro único empeño debe ser ocuparnos de la meditación y no preocuparnos de cuántos karmas tenemos. Le incumbe al maestro quemarlos, le corresponde a él administrarlos. Se puede pasar por ellos incluso en la fase de los sueños, en la meditación y también en el cuerpo humano. Él tiene muchas formas y dispone de muchos medios para que el discípulo pase por estos karmas, y no deberíamos tratar de analizarlos. Aunque lo intentemos, nunca podremos comprenderlo. Lo único que podemos hacer es ocuparnos de nuestra meditación y dejar que él se encargue de todo, pues ya nos hemos liado bastante. Para liquidar nuestros karmas no deberíamos meternos en más líos. A veces tengo la sensación de que si comprendiéramos que todo está destinado nos sentiríamos felices. Si hubiese dependido de nosotros, ¡menudo desastre habríamos provocado! Todo está destinado, y solo tenemos que pasar por nuestro destino.
M. Charan Singh. Perspectivas espirituales, vol. I