Cartas espirituales
Una actitud positiva nos da la capacidad para aceptar nuestra situación y la inspiración para renovar nuestro compromiso con la meditación.
Meditación viva
Lo malo es que ahora te encuentras en la gran prisión de las ocho millones cuatrocientas mil celdas. Incluso en la forma humana no puedes ser feliz. Los placeres de los sentidos son limitados y tienen una vida corta. Además, cada cual tiene sus problemas y sus pesares: la hija de uno es viuda, el hijo de otro ha dejado otra viuda, mientras que otro se lamenta por el peso de las deudas y de toda clase de adversidades. La cuestión es que somos una gota de ese gran océano, al que tenemos que volver y en el que tenemos que fundirnos. Durante innumerables eones hemos estado consumiéndonos en esta prisión. Ahora, de la misma manera que atendemos otros asuntos mundanos, dediquemos también un par de horas al día a esta práctica. ¿Qué podemos perder? Además, esta es la única riqueza que podrás llevarte contigo sin tener que dejarla atrás.
Cuando atravieses “el velo” y te eleves, los placeres de este mundo te parecerán muy bajos y groseros comparados con la felicidad que disfrutarás allí; de hecho, el mundo es como si fuera una letrina pública comparado con la felicidad interior.
Esto no es algo que pueda comprarse ni pedirse. Trabaja duro, vacía el cuerpo (retira la conciencia de él), elévate y entonces lo obtendrás. Es tu herencia y ha sido guardada para ti. Este gozo es mayor que todos los placeres del mundo. Ahora reflexiona, ¿te has ocupado alguna vez de tu propio trabajo?
Joyas espirituales. Fragmento de la carta 10
Es cierto que nuestra alma está muy enmarañada en las redes de maya (ilusión); pero siempre hay alguna inclinación natural hacia su origen en todas las personas, incluso en el más empedernido de los pecadores. Por la gracia del Señor aumenta esa tendencia a volver a la fuente y comenzamos a buscar al Señor. Por la gracia del Señor nuestra mente se torna hacia él, y es él quien crea sed y anhelo, que a su tiempo nos vuelve a él.
Por favor, recuerda que la iniciación y la meditación tienen como único fin la realización de Dios y no conseguir ambiciones u objetos mundanos. Sin embargo, nuestra meditación nos ayuda también a saldar nuestras deudas kármicas con serenidad y alegría. Además, nuestra fuerza de voluntad crece tanto que no perdemos fácilmente la calma y vivimos contentos y felices en su voluntad.
En busca de la luz. Fragmento de la carta 94
No cabe duda de que el karma de destino es fuerte. Tiene que sufrirse, y no hay escapatoria alguna de él. Pero con la meditación, el poder de la voluntad se vuelve tan fuerte que la persona no lo siente o no le afectan sus efectos favorables o desfavorables. Si la meditación nos ha elevado hasta el punto desde donde el karma de destino actúa sobre nosotros, nos hacemos indiferentes a sus efectos. Por tanto, la meditación es el antídoto del karma.
La enfermedad, el consultar a los médicos y el seguir su tratamiento es también parte del karma. De esta forma se salda la deuda con el médico y con el farmacéutico. Además, cuando un paciente está en tratamiento, sus familiares y amigos dejan de hacerle observaciones, de criticarle o de molestarle, y el paciente también experimenta la satisfacción de haber tomado las medicinas.
El bienestar material del discípulo y su éxito o fracaso en los negocios, es asunto del karma. Antes de que nazca, el curso de su vida ha sido diseñado. La cantidad de respiraciones que tiene que realizar, los pasos que tiene que dar, los bocados de comida que tiene que comer, su dolor y sus placeres, su pobreza y su riqueza, su éxito y su fracaso, todo, ha sido determinado de antemano. Él mismo fue el hacedor de su destino. Lo que ha sembrado lo está recogiendo ahora, y lo que está sembrando ahora, es lo que recogerá después. Si ahora continúa siendo mundano volverá a este mundo, pero si gira su cara hacia el maestro y el Verbo irá a donde el maestro vaya, y allí donde el Verbo se origina.
Solamente estos dos –el maestro y el Verbo–, son nuestros verdaderos amigos, que nos acompañarán tanto aquí como en el más allá. Todos los demás se relacionan con nosotros por motivos egoístas, y su compañía nos hace regresar a este mundo. Por lo tanto, ¿cómo podría un benefactor como el maestro, ser un silencioso observador de lo que está ocurriendo en la vida de su discípulo? Él le ofrece la guía necesaria y le ayuda en la forma que cree conveniente. Si un niño tiene un forúnculo, la misma madre lo lleva al médico para que se lo abra. El niño llora, pero la madre piensa en el bienestar del niño y no en su llanto, y procura que el forúnculo se abra y se cure. De ahí, que lo que normalmente se llama infortunio, sea una bendición disfrazada. Es una manera de pagar una vieja deuda; aligera el peso kármico, y el maestro lo sabe. El maestro está poniendo su parte, y si el discípulo, a su vez, pone también la suya, el trabajo de ambos se facilita.
Joyas espirituales. Fragmento de la carta 28