El maestro responde
El ojo con el que veo a Dios
es el mismo ojo con el que Dios me ve.
Mi ojo y el ojo de Dios son un solo ojo
y un solo conocimiento.
Maestro Eckhart, Tratados y sermones. Sermón 12
P. Maestro, siguiendo con el mismo tema, cuando nos unamos al Padre supremo, ¿pasaremos a un estado en el que se pierde la propia consciencia –en la consciencia universal–, o mantendremos la individualidad?
R. ¿A quién no le gustaría volverse a unir con él? ¿A quién le gustaría conservar su consciencia individual estando en la presencia del Señor? Estas cuestiones solo surgen cuando estamos bajo la influencia de la mente. Debido a nuestro ego nos creemos superiores, ¿por qué tenemos que unirnos con alguien? Pero cuando alcanzamos esa etapa, ya no tenemos ego; allí solo hay unión. Alcanzamos la paz al dejar de ser nosotros mismos, al perder nuestra identidad, al volvernos parte del otro, al convertirnos en parte de Dios. A ninguna gota le gustaría permanecer lejos del océano; sin embargo, una gota es algo diferente del océano. Nos fundimos en él; aunque todavía estamos separados de él.
Pero a nadie le gusta conservar su individualidad en esa etapa. Incluso en el amor humano siempre queremos hacer lo que le agrada a la otra persona. Nos despojamos de nuestro yo. Sentimos que somos la otra persona. Tenemos la impresión de que no es nuestro yo el que se desenvuelve sino el de la otra persona. Si sucede esto en el amor humano físico, ¿qué no ha de pasar con el amor en el que no hay mente y en el que somos atraídos directamente hacia el Señor? Nos volvemos a unir con él, olvidamos totalmente nuestro ser; ¡allí no queda ningún yo! ¿A quién no le gustaría ese estado?
P. Maharaj Ji, ¿en el proceso de retorno, los recuerdos que se han grabado en el alma se recuperan todos en el momento en que vemos la forma radiante del maestro? ¿Podemos tener consciencia de quién hemos sido desde el comienzo de la creación? En otras palabras, ¿las razones por las que tenemos deudas kármicas y demás…?
R. El pasado no tiene ningún valor, solo lo tiene el futuro. Cuando estamos en presencia del amante, del amado, no nos interesa para nada el pasado; solo nos interesa el maestro. Preguntemos a la polilla, cuando va hacia la luz, cuál es su pasado, quiénes son sus padres, quiénes son sus hermanos y hermanas. No tiene tiempo para pensarlo, está enamorada de la luz. Es una con la luz, no tiene nada que ver con esas personas, no tiene ninguna conexión con el pasado. El pasado no le preocupa, ni siquiera está interesada en él. Es solo nuestra curiosidad la que nos hace querer saber cuál fue nuestro pasado y por lo que hemos pasado. Pero cuando llegamos a esa etapa, no nos interesa porque estamos totalmente absortos en el amor y devoción por ese ser, nunca pensamos en el pasado. Si continuamos haciéndolo, significa que aún no estamos allí, que todavía estamos en el pasado.
Creo que la naturaleza del designio divino es tal, que hace que no nos acordemos de nuestro pasado; de otro modo sería horrible para nosotros vivir en el presente. Sería horrible vivir el presente si supiéramos lo que hicimos en el pasado y de dónde venimos. Todo el mundo tendría un problema mental. Lo mejor de este designio es que precisamente olvidamos lo que hemos hecho en el pasado. Porque si recordamos los atroces actos que hemos hecho en esta vida, si siempre los recordamos, vivir será imposible para nosotros. Nos avergonzamos tanto, nos sentimos tan insignificantes, nos lamentamos tanto, que siempre nos sentimos agobiados y torturados; gracias a Dios que olvidamos todo eso. Así que imaginemos todo lo que hemos pasado, pensemos en cuál sería nuestro destino si tuviésemos que recordar todo eso, ¿cuál sería nuestro destino? Otra cosa buena que también ha hecho el Señor es que todo está bajo su cuidado, de lo contrario, si nos hubiera dado cierto libre albedrío habríamos hecho un desastre.
P. … Leí en algunas filosofías que debemos eliminar todos los deseos si queremos alcanzar nuestro objetivo. Sin embargo, parece que debemos quedarnos con el deseo de Dios, lo cual sería un conflicto.
R. ¿Quieres decir el deseo de reunirte con el Señor? Cuando la devoción y el verdadero anhelo y deseo de unirte con el Señor broten en ti, todos los demás deseos se desvanecerán automáticamente. Tienes que crear ese deseo, el de unirte de nuevo con él, ese deseo debe estar siempre presente. Tenemos que canalizar nuestra consciencia en esa dirección.
Perspectivas espirituales. vol. I