Cartas espirituales
Los discípulos que pasan dos horas y media practicando la meditación y hacen lo posible por vivir el estilo de vida de Sant Mat, también dicen: “Él lo hace todo”. Comienzan a ver claramente que su gracia está tan fuera de proporción en comparación con sus pequeños y pobres esfuerzos, que es francamente una lección de humildad. Qué pueden hacer sino decir: “Gracias, gracias, gracias”, y continuar con la práctica diaria. Puede ser muy evidente para ellos que si se produce algún progreso espiritual, este ocurrirá solo por su gracia.
Una llamada al despertar
Sabes que no vamos a vivir aquí para siempre, tampoco es nuestro deseo permanecer en este plano de lucha e inquietud un minuto más de lo necesario. Tenemos que irnos un día. Así que tenemos que amoldarnos para cumplir con nuestros deberes aquí lo mejor que sepamos, e ir directamente con el ‘mensajero’ cuando nos entregue el mensaje y nos lleve a nuestra morada… Este es el momento de prepararse para ese encuentro.
Además, ¿por qué tenemos que dudar? El camino a nuestra morada está iluminado por los soles y lunas más brillantes, nuestra morada es la paz personificada, y nuestro Padre es amor y gracia.
Joyas espirituales. Fragmento de la carta 205
Si concentramos nuestra alma en esta vida, entonces pasaremos nuestros días en este mundo felizmente, y a la hora de la muerte, el maestro aparecerá y se llevará a nuestra alma con él a mundos superiores, para hacernos gozar de alegría y felicidad ilimitados. Por lo tanto, trata de realizar progresos espirituales durante tu vida, para que puedas elevarte por encima de todas las circunstancias del mundo. El progreso espiritual que consigas en esta vida te acompañará.
… Deseo que trabajes en el sendero y retires el velo interior para así llevar a tu alma a regiones más elevadas. Realiza tu trabajo diario, pero haz que tu atención permanezca fija en la forma del maestro o en la repetición o escuchando el sonido. Si continúas trabajando con paciencia y perseverancia, lo conseguirás todo.
Joyas espirituales. Fragmento de la carta 74
No hay un tiempo límite fijado, en ningún sistema, para que un practicante alcance esa etapa. Si alguien fija un tiempo límite, está engañándose a sí mismo y a los demás. La gente se entusiasma cuando oye decir que siguiendo este o aquel sistema, alcanzará la meta en un tiempo determinado, y se deja engañar. No se analiza críticamente a sí misma.
La mente no es algo que pueda conectarse y desconectarse a voluntad. No puede desviarse el curso de su rutina en un día, un mes, o en un año, a pesar de que pongamos nuestro mejor esfuerzo. Es una lucha que dura toda la vida; los que han vivido esta lucha o los que siguen manteniéndola, comprenden lo que significa conquistar la mente. Esta es, hijo, hija, esposo, amigo, riqueza y pobreza, apego, codicia, lujuria, cólera, orgullo y todo lo demás. Está apegada al mundo exterior con cuerdas: cuerdas dobles, cuerdas triples y múltiples cuerdas, y lleva atada con estas cuerdas tanto tiempo que ya no siente la pesadez de sus ataduras. Al contrario, le gustan.
La mente ha olvidado por completo su origen. Para el pájaro enjaulado, la cautividad es su forma normal de vida. ¿De qué serviría un curso de yoga para una mente así? La madeja enredada no puede desenredarse tan fácilmente. Igual que una madre vigila y cuida a su hijo, un devoto vigila a su mente.
Incluso así, no hay ningún tiempo límite. En palabras de un famoso poeta, esa lucha con la mente es como invitar a un amante para que venga preparado para el máximo sacrificio (la pérdida de su cabeza), pero sin ni siquiera tener la promesa de una entrevista con su amada.
Si fuera un asunto fácil, Gurú Nanak no se habría sentado sobre guijarros durante doce años. Cristo, no habría pasado diecinueve años en las montañas del Tíbet, y el mismo Soami Ji no se habría entregado a la contemplación en un solitario y oscuro cuarto durante diecisiete años. No es necesario que escriba más. Tú ya sabes cómo es la lucha. (…) “Significa morir en vida”. Todo lo que puedo añadir, es que no existe la decepción para los que están apegados interiormente a la corriente. Más tarde o más temprano, la puerta se abrirá.
Joyas espirituales. Fragmento de la carta 143