Caminos de búsqueda
El buscador espiritual necesita fe, valor,
disciplina y anhelo –todas estas cualidades–
para mantener pacientemente la práctica
disciplinada de la meditación.
Cuando el discípulo recuerda en su interior
el propósito de la vida, el pensamiento claro
aviva el compromiso, el compromiso aviva
el anhelo, y con el tiempo y la paciencia
llega a sentirse privilegiado y profundamente
aliviado de poder entregarse
por completo a lo divino.
Many Voices, One Song
Sardar Bahadur Jagat Singh, satgurú de Dera entre 1948 y 1951, inspiró a muchos por su pureza, desapego y profunda devoción espiritual. Nació en 1884 en el Punyab, en el seno de una familia respetada, y desde niño destacó por su carácter sereno, amable y alegre. Tras la muerte de su madre cuando tenía cinco años, fue criado con gran cariño por la tía de su padre.
Lo mismo que el Gran Maestro, desde pequeño se relacionó con mahatmas y devotos, a quienes su familia frecuentemente proporcionaba alimento y otras necesidades. El joven Jagat Singh solía ir con su padre a recibir el darshan de los devotos que visitaban su pueblo.
La educación de Sardar Bahadur comenzó con el estudio de la lengua punyabí bajo la tutela de un sacerdote del gurdwara del pueblo. Posteriormente se matriculó en la Escuela de la Misión, en Jullundur, donde sobresalió como estudiante, consiguiendo siempre las más altas calificaciones, y como jugador de hockey hierba, fútbol y tenis. Al salir de la Escuela de la Misión en 1909, Sardar Bahadur se graduó en química en la Universidad Gubernamental de Lahore. Sus antiguos compañeros de clase solían decir que sus cualidades distintivas como estudiante fueron: disciplina, sencillez, humildad y un sutil pero simpático sentido del humor. Combinaba estas cualidades con una vida basada en los elevados principios de la honradez, la sinceridad y la pureza, que hicieron que sus amigos ya entonces se dirigieran a él como “gurú ji”.
El año 1909 fue particularmente importante para Sardar Bahadur, ya que además de concluir sus estudios, conoció a Maharaj Sawan Singh y el sendero espiritual que tanto había estado buscando durante toda su vida.
Tuvo el primer encuentro con su maestro en Abbotabad, lugar donde estaba destinado el Gran Maestro, quien aún no se había retirado del ejército. Sardar Bahadur había ido con su hermano Sardar Bhagat Singh y Rai Sahib Munshi Ram para asistir al satsang de Maharaj Ji, y se sintió tan impresionado por el discurso de Hazur que pidió la iniciación, recibiendo allí mismo el regalo del Nam.
La iniciación cambió por completo el rumbo de su vida. Comenzó a trabajar en la meditación con el mismo entusiasmo, sinceridad y diligencia que había mostrado como estudiante y profesor.
Sardar Bahadur se había sentido muy atraído por la espiritualidad ya desde su niñez, y aunque tenía un gran interés por sus estudios, el deporte y las amistades, su desapego interno hacía que se mostrara muy indiferente a las cosas del mundo. Pocos días después de su iniciación, asistió a una lectura del Adi Granth que le produjo una profunda impresión y en la cual escuchó el siguiente pasaje:
Ninguna práctica tiene mérito alguno
salvo la práctica del Nam
en la compañía de los santos;
así pues, refúgiate en el maestro
y atraviesa el océano de la vida,
no sea que desperdicies
este nacimiento humano
ahogado en la ilusión.
Adi Granth, Asa, M.5, p. 12
Sardar Bahadur era de naturaleza contemplativa y siempre procuró vivir de acuerdo con sus ideales. Al darse cuenta de que ninguna ocupación, salvo la meditación, tenía valor alguno, comenzó a vivir según los elevados principios del sendero. Encomendó la administración de sus asuntos domésticos al pundit Lal Chand (amigo cercano suyo y discípulo del Gran Maestro), y consagró a la meditación todo su tiempo libre.
Extractos del libro El cielo en la tierra