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Julio 2026
El amor que somos
La cosecha del amor está lista, almacenada tan alto que toca el cielo…
¿Qué sabemos del alma?
Las palabras no pueden revelar a Dios. La mente no logra alcanzarlo…
¡Presta atención!
El contacto con el Shabad transforma la oscuridad de la ignorancia en la luz del entendimiento…
El maestro responde
El ojo con el que veo a Dios es el mismo ojo con el que Dios me ve…
Más cerca de lo que imaginas
Reflexiones
Nada hay oculto para el Señor; incluso nuestros secretos están cerca de él…
Interioridad frente a rituales
El maestro está aquí para liberarnos de los mitos, los ritos y los rituales…
Caminos de búsqueda
Unido al amado
En su amor me visto, y con su amor, él me ama. Porque yo no habría sabido cómo amar al Señor…
La elección fundamental
Nadie puede servir a dos señores, pues aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno…
Cartas espirituales
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El amor que somos
La cosecha del amor está lista,
almacenada tan alto que toca el cielo.
Se halló un campo y se juzgó digno;
solo entonces se sembró la semilla.
Con la gracia del maestro creció sin esfuerzo.
He estado cultivando amor
por mi maestro, dice Eknath;
y ahora Dios es la cosecha que llena el cosmos.
Many Voices, One Song
Cuando los maestros verdaderos hablan de “Dios” se refieren al amor –un poder amoroso, una energía amorosa– y no a un amor sentimental o selectivo restringido a una persona u objeto en particular, se refieren al amor divino infinito. Ese amor universal es en realidad nuestro derecho de nacimiento. Ya está dentro de nosotros, como un tesoro en una cueva. Es lo que somos. Es nuestra esencia.
Si queremos usar una frase que suene menos religiosa en lugar de Dios (o Shabad, o la Palabra, etc.), podríamos hablar de la suprema energía o poder del amor que sustenta y está presente en todo el universo, incluyendo nuestra propia consciencia. Cualquiera que sea el término que usemos, y ya sea que pensemos en “Dios” como hombre, mujer, ambos o ninguno, estos son solo nombres; palabras que significan una realidad que aún no hemos experimentado por nosotros mismos.
En Perspectivas espirituales, vol. III, leemos lo que, en una ocasión, una persona le preguntó a Maharaj Charan Singh:
Algunas personas consideran a Dios como la madre divina. ¿No es el mundo un lugar hermoso donde podemos ver cómo se manifiesta ese espíritu divino en todas partes?
A lo que el maestro respondió:
Bueno, hermano, esa madre, poder o Dios, como quiera que le llamemos, reside dentro de todos nosotros. A menos que conozcamos ese poder o a esa madre dentro de nosotros, no veremos ese poder manifestado dentro de nadie. Una vez que lo hayamos descubierto, entonces, dondequiera que miremos encontraremos ese amor, ese afecto, esa devoción, ese padre y esa madre en todo el mundo.
Sin embargo, para llegar a ese nivel –vivir en el mundo sin sentirnos afectados ni apegados a él–, primero tenemos que esforzarnos en el camino espiritual en nuestro interior, y luego dondequiera que miremos encontraremos esa dicha y amor en todas las personas. Hemos de llegar a ese conocimiento interior a fin de manifestarlo en el mundo.
Mientras estemos preocupados las veinticuatro horas del día con cuestiones “externas” –como nuestras posesiones, relaciones, reputación o profesión– no podemos tener un entendimiento real de lo que significa el “amor divino”.
Podemos amar a alguien o algo, pero ese amor siempre tiene como objeto algo del mundo. Nada en el mundo es duradero, así que nuestro amor se ve empañado por el miedo a la pérdida y por el deseo de poseer lo que sabemos que en el fondo nunca puede ser nuestro. El amor verdadero, dicen los maestros verdaderos, yace íntegro pero invisible dentro de cada ser humano, como el magnetismo en el hierro. Tenemos que experimentarlo, tenemos que ser conscientes de él, y para lograrlo –para que sea una realidad en lugar de solo un concepto–, tenemos que aprender a aquietar y retirar nuestra mente, nuestra atención, de los amores y preocupaciones temporales de este mundo e “ir al interior”. Y esto, en pocas palabras, es para lo que un maestro verdadero nos prepara. Como dice el maestro actual: “Lo único que importa es ir al interior. Todo lo demás son historias”.
Todo esto ayuda a explicar por qué Sant Mat es un camino espiritual individual, no una religión comunitaria. Nadie más puede desarrollar nuestra espiritualidad, nuestro amor, por nosotros, como nadie puede tocar el violín o convertirse en un atleta en nuestro nombre.
Necesitaremos guía, aliento y apoyo para buscar la verdad, pero al final tenemos que experimentar la verdad por nosotros mismos.
La práctica –la meditación– es lo que nos hace receptivos a esa verdad, y el maestro verdadero nos guía y apoya en esa práctica.
Por lo tanto, Sant Mat, las enseñanzas de los maestros verdaderos, comienza y termina con la relación interior y privada entre el maestro vivo y el discípulo. Si existe algún tipo de organización es solo para permitir que el maestro enseñe y el discípulo aprenda.
Sant Mat esencial
¿Qué sabemos del alma?
Las palabras no pueden revelar a Dios.
La mente no logra alcanzarlo.
Los ojos no lo ven. Entonces, ¿cómo podemos
comprenderlo, sino a través de quienes
realmente lo conocen y nos lo enseñan?
The Spiritual Guide. Vol. I
A la hora de la muerte, todo lo que sabemos es que el cuerpo queda inerte, pues la vida que unos instantes antes estaba presente deja de estarlo. Y, además, con el paso del tiempo, el olvido –primero parcial y luego casi por completo– se lleva esa existencia, fuera quien fuera, de nuestra memoria. Así es la vida en este plano: “nacer, vivir un tiempo y morir”. Estar muy presente, muy vivo, y luego nada: no estar. Poco más podemos decir con certeza. Hazur Maharaj Ji nos hace pensar sobre esto en Perspectivas espirituales, vol. I, cuando nos plantea esta pregunta:
¿Qué hay ahora en el cuerpo que le da vida? El cuerpo es el mismo después de la muerte, pero ¿qué le falta para que no pueda moverse?
(…) No puedes decir simplemente que estás viviendo por una coincidencia y que morirás por una coincidencia. Hay algo que te está dando la vida; algo que cuando sale del cuerpo lo deja inútil.
En términos de las enseñanzas, los místicos nos explican que este cuerpo está compuesto por cinco elementos, pero hay algo en él que lo mantiene funcionando, y ese algo es el alma. El cuerpo se compone de tierra, agua, fuego, aire y éter. Cuando el alma deja el cuerpo, estos cinco elementos se descomponen o vuelven a unirse con su origen.
En las religiones del mundo, el trance de la muerte se entiende de distintas formas, aunque con bastantes similitudes. En general, todas dicen que el cuerpo deja de funcionar y que algo sutil –llámese alma, espíritu o conciencia– se separa de él. A partir de ese instante común, cada tradición sigue su propio camino interpretativo.
El cristianismo, por ejemplo, explica que ese “algo”, el alma, pasa a un juicio inmediato. En el islam, el espíritu es recibido por ángeles y entra en un estado intermedio. En el budismo, la existencia continúa mediante una corriente de conciencia que conduce a otro renacimiento, etc.
Y en las enseñanzas de Sant Mat, los maestros nos explican que el alma sigue su trayectoria kármica, renaciendo o bien buscando la liberación. Esta última depende de que se hayan dado pasos hacia Dios bajo la guía de un maestro espiritual que enseña el método de la meditación en el Shabad, para así completar el viaje espiritual de regreso a nuestro hogar original.
Como vemos, la cuestión principal aquí es el alma. Por eso, surge la pregunta: ¿Qué conocimiento tenemos del alma?
Hemos visto morir a mucha gente, pero ¿hemos visto alguna vez salir algo del cuerpo en el momento de la muerte? No. En realidad, todo lo que percibimos es que el cuerpo deja de responder. La verdad es que no tenemos ninguna experiencia ni conocimiento real del alma y, según los místicos, eso significa que tampoco tenemos un conocimiento ni una experiencia real de nosotros mismos. Porque nuestro ser verdadero, es decir, “lo que somos realmente es el alma” (en el sentido de que no perece, no muere), mientras que, como ya hemos visto, el cuerpo deja de existir: es temporal. El ser real, el alma, continúa existiendo.
Ninguna explicación lógica puede demostrar la existencia del alma y del Señor. Pero curiosamente, Hazur Maharaj Ji nos dice en Perspectivas espirituales, vol. I:
Nadie necesita ninguna prueba de la existencia de Dios, porque esa convicción ya está dentro de nosotros. Intentamos dejar de lado esa convicción y decirnos a nosotros mismos que él no existe, que Dios no existe, pero no podemos deshacernos de esa convicción, no importa con cuanta lógica intentemos explicar que no existe…
¿Por qué él maestro afirma que “esa convicción ya está en nosotros” y no podemos negarla?
Porque, como él continúa explicando: “El Señor nos da una prueba de sí mismo provocando un sentimiento de soledad en nuestro interior, y nos damos cuenta de que este sentimiento no nos abandona a pesar de lo que logremos en este mundo”.
A ese ser interior nada de este mundo le basta; sus anhelos son por algo de otra naturaleza, de naturaleza espiritual: por su origen, Dios, y por sus atributos de amor, paz y felicidad.
En realidad, dice Hazur Maharaj Ji en Perspectivas espirituales, vol. I:
… esa es la inclinación del alma hacia su propio origen, y el hecho de que el alma anhele al Padre prueba su existencia. Nunca podrá ser feliz sin él. Siempre está anhelando ese algo desconocido a lo que llamamos Dios. Eso demuestra automáticamente su existencia.
Igualmente, en un nivel más cotidiano, en el ser humano encontramos impulsos interiores no razonados que, de forma natural, apelan a lo superior o divino: en la desgracia y la desesperación extrema buscamos amparo; en la soledad, sentimos un vacío que llama a algo más allá de nosotros mismos para llenarlo; y en la plenitud, podemos llegar a experimentar una dicha cuya expansión parece traspasar límites.
Estos comportamientos o conductas espontáneas revelan una necesidad de dirigirse a algo más grande que uno mismo: pedir ayuda interior, buscar sentido a la vida, dar gracias. Y aparecen incluso sin que tengamos formación o educación religiosa. Revelan que en nosotros hay una huella espiritual que reconoce algo superior.
Podríamos decir que el alma no inventa a Dios: lo recuerda. Pues, como indica Hazur Maharaj Ji, esa convicción está dentro de nosotros y no necesita pruebas. Su inclinación por dirigirse hacia él confirma que llevamos dentro una parte que lo reconoce y lo busca de forma instintiva, independientemente de nuestra cultura, raza o condición.
Por eso, Hazur Maharaj Ji afirma en Perspectivas espirituales, vol. I, que “el alma en el cuerpo demuestra la existencia del Señor”. (…) “El Señor mismo nos da esa convicción. Él es el Creador, está dentro de cada uno de nosotros, nos dirige y lo necesitamos. Él mismo demuestra su propia existencia”.
Sin embargo, la vida en esta sociedad moderna nos empuja con tanta fuerza a buscar la felicidad en las cosas materiales y en los seres perecederos de esta creación, que olvidamos que Dios está dentro de nosotros y nos sostiene, y que todo se debe a él, como explica el maestro. Pero no podemos negar la realidad de Dios; con mayor o menor consciencia, hay algo en el ser humano que sigue latiendo en el fondo y que, cuando la vida nos toca de verdad, reaparece, y evocamos esa fuerza o poder interior del que no podemos desvincularnos.
Ese olvido de Dios, el ignorar que toda nuestra existencia se debe a él, puede explicarse por la sencilla razón de que a Dios no podemos verlo ni percibirlo con nuestros sentidos físicos, como sí hacemos con las personas y seres de este mundo. Para poder percibir a Dios y al alma se requiere preparación interior y espiritual, como le explica el Gran Maestro a un grupo de discípulos cuando le preguntaban sobre estas cuestiones espirituales, y se recoge en el libro La llamada del Gran Maestro: “… se requiere un ojo especial”. Es decir, se necesita una visión interior. Y mientras no hagamos la debida preparación, nuestra tendencia como seres humanos es dirigir nuestro amor hacia las cosas y seres creados, porque amamos fácilmente aquello que podemos ver con los ojos físicos y percibir con nuestros sentidos. Esa es la consecuencia de que permanezcamos apegados a la creación.
Hazur Maharaj Ji explica en Perspectivas espirituales, vol. I:
… estamos enamorados de la creación y no podemos amar lo que no vemos, lo que no podemos palpar, lo que no podemos sentir, y ‘aun así tenemos que amar al Señor y desapegarnos de la creación’. Esa es la lucha.
En efecto, para amar al Señor estamos llamados a desapegarnos de lo material, de la creación; no hay otro camino. Solo así nuestra vida puede alcanzar su verdadero sentido, que es: conocernos a nosotros mismos, descubrir nuestro ser real –el alma– y unirnos al Creador. En otras palabras, autorrealizarnos y realizar a Dios.
En El amanecer de la luz, el Gran Maestro dice:
Nuestro Padre es amor, y nosotros somos pequeñas gotas de ese océano de amor. Esta colosal máquina del universo funciona por el principio eterno del amor. Así que procura ponerte en armonía con este principio del amor.
Los místicos afirman que nuestra esencia es amor. La Biblia lo dice también con claridad: “… Dios es amor” (1 Juan 4:8). Si Dios es amor, la esencia de lo que somos no puede ser otra que amor. Esa es nuestra naturaleza divina. Sin embargo, ese amor del que estamos hechos no lo vivimos como un estado propio, no se manifiesta en nuestros actos porque está mezclado con ego, apego, deseo, karmas y temores. Esto es equivalente a la explicación que dan los maestros con el ejemplo de una luz que está oculta bajo muchas telas. La luz está, pero no se ve. Igualmente, ese amor está en nosotros, pero cubierto con capas de mente.
Queremos amar y entregarnos, pero somos limitados; queremos unirnos, pero también preservar nuestro yo. Por eso, aunque nuestra esencia sea amor, no lo experimentamos plenamente. Estamos completamente dirigidos por la mente, y eso hace que nos enredemos e involucremos con todo lo que hacemos externamente, permaneciendo ignorantes de lo que realmente somos.
Aquí es donde entra en juego, y es a su vez tan importante, el papel del maestro espiritual, nuestro guía en el camino. Los maestros son el vínculo entre nosotros y el Señor, y vienen a encender esa chispa de amor dentro de nosotros. En la Biblia, (Juan 3:16), leemos:
… de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna.
El maestro espiritual es la presencia que encarna el amor divino y lo hace accesible a los seres humanos. En la tradición cristiana, esa presencia fue Jesús. En Sant Mat, esa función continúa a través del maestro vivo. Los místicos dicen que el maestro es el puente entre el alma y su origen. Es quien nos enseña a amar a Dios porque él mismo vive en ese amor. Es quien despierta nuestra conciencia dormida, y especialmente nos recuerda (en sus satsangs y en cada una de sus pacientes, amorosas e incansables respuestas a nuestras repetidas preguntas) que no somos este cuerpo ni esta mente ni esta historia personal, sino algo mucho más profundo y verdadero.
El maestro espiritual ejerce una atracción en nosotros porque su esencia es amor. Por un lado, está con nosotros en forma física y, al mismo tiempo, está fusionado con ese amor, con el Señor. La semilla del amor que habita en nuestro interior necesita su cuidado, sin el cual podemos quedarnos con excelentes conceptos, buenas intenciones y hermosas palabras sobre el amor, pero sin la experiencia.
No podemos seguir el sendero a nuestro hogar solo mediante la lectura de las escrituras o siguiendo determinados rituales de la religión. Cada seguidor necesita un maestro que lo guíe en el viaje interior y que camine a su lado para superar los desafíos del camino interior y de la vida misma.
Los maestros enseñan que, si realmente queremos fundirnos en el Señor, tendremos que hacer sacrificios. Esta tarea requiere disciplina; tendremos que seguir un estilo de vida que disminuya nuestros lazos con este mundo, en lugar de aumentarlos. ¡Pero el esfuerzo merece la pena!
Un estilo de vida basado en la espiritualidad incluye algo más que la meditación; también tenemos que tomar decisiones éticas y morales en cada momento de nuestras vidas, manteniendo la coherencia entre la práctica interior y la forma en que actuamos en el mundo.
Siguiendo y practicando las enseñanzas de un maestro verdadero, podemos llevar nuestra atención a planos superiores de conciencia en nuestro interior y experimentar el amor de Dios, que se manifiesta como luz y sonido espiritual. Este sonido y luz se proyectan desde el reino más elevado de la divinidad, la fuente de todo. Como leemos, página tras página, en todos los discursos escritos o escuchamos en los satsangs de los maestros, es el maestro –el guía espiritual, el gurú, el amante del Señor–, quien puede ayudarnos a realizar ese amor en nuestro interior. Con su ayuda, podemos cruzar el océano de la existencia y fusionarnos en el Señor.
En sus discursos el maestro nos habla del Nam, el Shabad, la Palabra, la corriente de la vida que es el poder creativo, el poder del Señor que fluye a través de cada uno de nosotros como la corriente del sonido. Y nos explica cómo ese Shabad, ese río de amor, está presente en todos nosotros y en cada partícula de esta creación, y que es solo, excepcionalmente, en la forma humana como podemos conectarnos con él. Como nos recuerda Hazur Maharaj Ji en Luz sobre Sant Mat:
No todas las veces nace uno como ser humano ni siempre resulta posible ese contacto con un santo o un maestro verdadero. El nacimiento humano y el encuentro con el maestro son el premio de nuestras buenas acciones de vidas pasadas. Por consiguiente, aprovechemos al máximo esta oportunidad cultivando la devoción al Nam –Surat Shabad Yoga–, fundiendo el alma con el Shabad.
El amor del que hablan los místicos no es emocional: es un estado de conciencia. Y solo viviendo la espiritualidad podremos experimentarlo. Para esto, los místicos nos enseñan un método de meditación por el que el alma se libera gradualmente de las impurezas de mente y materia, permitiéndole experimentar su verdadera esencia.
En la meditación todo el esfuerzo interior consiste en purificar a la mente, hacerla más elevada y convertirla de enemiga en aliada. El trabajo en la meditación limpia los karmas y la “escoria” que pesan sobre el alma. Cuando la mente se aquieta y vuelve a su fuente, el alma asciende naturalmente hacia el Padre.
En nuestro nivel, experimentamos el amor del maestro con el simran. De manera muy práctica, el simran es la semilla que se expande en amor ilimitado. Comenzamos con el simran, porque el simran es lo que nos permitirá concentrarnos en el centro del ojo, y desde aquí empieza realmente el camino interior. El simran es la cuerda que nos ata al maestro. Es el hilo que nos lleva hacia dentro. Y cuando hacemos simran con devoción, con atención, con sinceridad, algo empieza a cambiar; no siempre de manera espectacular, no siempre teniendo experiencias místicas, pero sí de manera profunda.
Poco a poco, el simran va creando un surco en la mente, un hábito nuevo. En lugar de estar siempre hacia fuera, la mente empieza a aceptar la posibilidad de estar hacia dentro. En lugar de estar siempre ocupada en el mundo, empieza a familiarizarse con la tranquilidad y el silencio. Y en ese silencio, el amor del maestro se hace más real. Nos da un sentimiento de compañía interior. Hazur Maharaj Ji dice en Perspectivas espirituales, vol. I:
La meditación no solo crea amor, sino que lo fortalece. Nos ayuda a crecer y crecer hasta llegar a ser uno con el Padre. Ese es el amor que nos ayuda a unirnos con él; que nos ayuda a perder nuestra identidad, nuestra individualidad; nos ayuda a convertirnos en otro ser. Eso es amor. Y por eso, decimos que Dios es amor y el amor es Dios, porque el amor tiene la virtud de convertirnos en otro ser.
La misma definición del diccionario describe el amor como: “Sentimiento intenso del ser humano que, ‘partiendo de su propia insuficiencia’, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser”. Y cuando nos referíamos a que nuestro amor es incompleto, es porque hay ego en él; todavía estamos centrados en lo que nos proporciona satisfacciones personales, pero viviendo la espiritualidad empieza a perder peso ese sentido egocéntrico de identidad e individualidad personal, y gradualmente vamos expandiendo nuestro amor, vamos creciendo, como explica el maestro. El amor significa dejar poco a poco nuestra propia individualidad. Cuando amamos, no buscamos que el otro sea como nosotros; al contrario, deseamos amoldarnos al ser amado. En el amor hay entrega, sumisión y unión.
Al llegar al final de esta reflexión, volvemos al punto de partida, ese instante en el que decíamos que el cuerpo queda inerte y la vida que lo animaba se retira. Allí surge la pregunta importante: si el cuerpo permanece ahí, inmóvil, sin vida, ¿qué es lo que ya no está? ¿Qué falta?
Lo que falta es eso sutil que llamamos alma, aquello que en realidad somos. Falta la consciencia, la esencia de amor que sostiene la existencia. El maestro es el compañero que Dios nos da para despertar a este amor, vivir en él, experimentarlo y recorrer el camino de retorno a casa. La práctica interior es el medio por el cual ese retorno es posible. Y la vida humana es la oportunidad de realizarlo.
¡Presta atención!
El contacto con el Shabad transforma
la oscuridad de la ignorancia en la luz
del entendimiento. La consciencia del Shabad
hace que los placeres mundanos parezcan
insípidos. Los apegos y el egoísmo se disuelven
en la dulzura del amor divino interior.
Sant Mat esencial
“Quería preguntarte, ¿cuál es exactamente tu enseñanza esencial?”.
Murshid respondió: “Las cosas que te ocurren son parte del programa de karma. Tú no eres tu cuerpo. Tú eres consciencia en un cuerpo. Tú no eres tus pensamientos. Toman vida solo porque les concedes tu atención. Las enseñanzas son conceptos que señalan la importancia de dónde pones la atención. Las enseñanzas son un método diseñado para hacerte comprender tu verdadera naturaleza, que consiste en luz y sonido”.
“¿Por qué no escucho el sonido o veo la luz ahora mismo?”.
“Porque no le estás prestando atención”.
“¿Cómo puedo prestarle atención?”.
“Volviéndote atento a lo interior”.
“¿Cómo hago eso?”.
“Si quieres saberlo –dijo Murshid–, cierra los ojos y presta atención a cualquier sonido que escuches”.
“Oigo un zumbido”.
“Perfecto. Permanece ahí. Pon toda tu atención en ese sonido”.
“Mi atención no se concentra. Se distrae fácilmente con los pensamientos”.
“En efecto. Tú has de familiarizarte con ese sonido”.
“¿De qué está hecho ese sonido?”.
“Se muestra como sonido –explicó Murshid–, pero en realidad se compone de infinito amor, infinito conocimiento y vida. La música interior es la manifestación del amor, del conocimiento y de la vida. No tiene forma. Algunos pueden oírla de inmediato, otros solo escuchan un sonido, pero todo el que presta atención durante la meditación puede escucharlo”.
“Todo lo que escucho es un sonido parecido al de una batidora. ¿Es eso?”.
“Cualquiera que sea el sonido, préstale atención”.
“Quizá tengo ‘tinnitus’ [zumbido en los oídos]”.
“No importa. Simplemente poniendo tu atención en el sonido, automáticamente, pones la mente pensante en modo pausa. Esto te lleva a un nivel distinto de percepción, más allá del pensamiento. Cuando la mente está en ‘modo pausa’ no juzga. No se mueve. Por tanto, tú eres libre de entrar en una dimensión de paz”.
Jiva preguntó: “¿Qué clase de paz puedo obtener poniendo mi atención en el ruido?”.
“Familiarízate con ello –respondió Murshid–. Mientras le prestas atención, descubrirás otro sonido dentro de ese sonido. Síguelo con tu atención”.
“¿Adónde conduce?”.
“Conduce a su origen. Con la práctica de poner tu atención en el sonido, tu mente se purificará. A medida que se purifica, deseará permanecer en esa paz que ha encontrado. Tú preferirás poner ahí tu atención. Después, comprenderás que tu verdadera naturaleza es la consciencia sin forma. Tu mente se calmará e inmovilizará. Trascenderás los pensamientos, descansando en la consciencia oceánica de paz que eres en realidad”.
“Creo que ya lo entiendo –dijo Jiva–”.
Extracto de Un cuento cósmico en el café Maya. del yo al Shabad.
El maestro responde
El ojo con el que veo a Dios
es el mismo ojo con el que Dios me ve.
Mi ojo y el ojo de Dios son un solo ojo
y un solo conocimiento.
Maestro Eckhart, Tratados y sermones. Sermón 12
P. Maestro, siguiendo con el mismo tema, cuando nos unamos al Padre supremo, ¿pasaremos a un estado en el que se pierde la propia consciencia –en la consciencia universal–, o mantendremos la individualidad?
R. ¿A quién no le gustaría volverse a unir con él? ¿A quién le gustaría conservar su consciencia individual estando en la presencia del Señor? Estas cuestiones solo surgen cuando estamos bajo la influencia de la mente. Debido a nuestro ego nos creemos superiores, ¿por qué tenemos que unirnos con alguien? Pero cuando alcanzamos esa etapa, ya no tenemos ego; allí solo hay unión. Alcanzamos la paz al dejar de ser nosotros mismos, al perder nuestra identidad, al volvernos parte del otro, al convertirnos en parte de Dios. A ninguna gota le gustaría permanecer lejos del océano; sin embargo, una gota es algo diferente del océano. Nos fundimos en él; aunque todavía estamos separados de él.
Pero a nadie le gusta conservar su individualidad en esa etapa. Incluso en el amor humano siempre queremos hacer lo que le agrada a la otra persona. Nos despojamos de nuestro yo. Sentimos que somos la otra persona. Tenemos la impresión de que no es nuestro yo el que se desenvuelve sino el de la otra persona. Si sucede esto en el amor humano físico, ¿qué no ha de pasar con el amor en el que no hay mente y en el que somos atraídos directamente hacia el Señor? Nos volvemos a unir con él, olvidamos totalmente nuestro ser; ¡allí no queda ningún yo! ¿A quién no le gustaría ese estado?
P. Maharaj Ji, ¿en el proceso de retorno, los recuerdos que se han grabado en el alma se recuperan todos en el momento en que vemos la forma radiante del maestro? ¿Podemos tener consciencia de quién hemos sido desde el comienzo de la creación? En otras palabras, ¿las razones por las que tenemos deudas kármicas y demás…?
R. El pasado no tiene ningún valor, solo lo tiene el futuro. Cuando estamos en presencia del amante, del amado, no nos interesa para nada el pasado; solo nos interesa el maestro. Preguntemos a la polilla, cuando va hacia la luz, cuál es su pasado, quiénes son sus padres, quiénes son sus hermanos y hermanas. No tiene tiempo para pensarlo, está enamorada de la luz. Es una con la luz, no tiene nada que ver con esas personas, no tiene ninguna conexión con el pasado. El pasado no le preocupa, ni siquiera está interesada en él. Es solo nuestra curiosidad la que nos hace querer saber cuál fue nuestro pasado y por lo que hemos pasado. Pero cuando llegamos a esa etapa, no nos interesa porque estamos totalmente absortos en el amor y devoción por ese ser, nunca pensamos en el pasado. Si continuamos haciéndolo, significa que aún no estamos allí, que todavía estamos en el pasado.
Creo que la naturaleza del designio divino es tal, que hace que no nos acordemos de nuestro pasado; de otro modo sería horrible para nosotros vivir en el presente. Sería horrible vivir el presente si supiéramos lo que hicimos en el pasado y de dónde venimos. Todo el mundo tendría un problema mental. Lo mejor de este designio es que precisamente olvidamos lo que hemos hecho en el pasado. Porque si recordamos los atroces actos que hemos hecho en esta vida, si siempre los recordamos, vivir será imposible para nosotros. Nos avergonzamos tanto, nos sentimos tan insignificantes, nos lamentamos tanto, que siempre nos sentimos agobiados y torturados; gracias a Dios que olvidamos todo eso. Así que imaginemos todo lo que hemos pasado, pensemos en cuál sería nuestro destino si tuviésemos que recordar todo eso, ¿cuál sería nuestro destino? Otra cosa buena que también ha hecho el Señor es que todo está bajo su cuidado, de lo contrario, si nos hubiera dado cierto libre albedrío habríamos hecho un desastre.
P. … Leí en algunas filosofías que debemos eliminar todos los deseos si queremos alcanzar nuestro objetivo. Sin embargo, parece que debemos quedarnos con el deseo de Dios, lo cual sería un conflicto.
R. ¿Quieres decir el deseo de reunirte con el Señor? Cuando la devoción y el verdadero anhelo y deseo de unirte con el Señor broten en ti, todos los demás deseos se desvanecerán automáticamente. Tienes que crear ese deseo, el de unirte de nuevo con él, ese deseo debe estar siempre presente. Tenemos que canalizar nuestra consciencia en esa dirección.
Perspectivas espirituales. vol. I
Más cerca de lo que imaginas
Si estamos más cerca del maestro en nuestro interior, él estará más cerca de nosotros en cualquier parte del mundo. Si estamos alejados de él en nuestro interior, él estará lejos de nosotros, incluso aunque esté viviendo en la casa de al lado. La cercanía solo se sentirá desde el interior si estamos cumpliendo con la meditación.
M. Charan Singh. Perspectivas espirituales, vol. II
En el libro La liberación del alma se explica que, en una ocasión, le preguntaron a Buda acerca de la naturaleza de la creación. Él evitó hablar del tema, dijo que este tipo de preguntas tiene que ver con la situación de alguien a quien han herido con una flecha envenenada y se dedica a preguntarle al doctor detalles sobre la flecha, como el tipo de material con el que está hecho el arco, o el tipo de veneno y cosas por el estilo, en lugar de ocuparse en salvar la vida y en buscar un remedio a su situación, independientemente de si lo sucedido es comprensible o no.
Siempre habrá aspectos acerca del porqué de esta existencia incomprensibles para nosotros, preguntas cuya respuesta será insuficiente. Mientras, el engranaje kármico seguirá su curso, y para salir de él hay que hacer mucho más que preguntar…
Hazur Maharaj Ji en el libro Perspectivas espirituales, vol. I, dice:
No hay respuesta para las preguntas verdaderas. Estas preguntas desaparecerán al alcanzar cierto nivel interior. Entonces estas cuestiones dejan de inquietarnos, ya no existen. No es que queden respondidas, es que dejan de existir.
Así pues, la verdadera pregunta que deberíamos hacernos es si preferimos poner nuestra atención en buscar respuestas o en llegar a ese nivel donde no hay nada que cuestionar.
Lo mejor es que nos ocupemos de cómo podemos salvar la vida, como decía Buda, de cómo podemos escapar de esa red que teje el tiempo para mantenernos atrapados en maya –la ilusión por las cosas del mundo– como si fuéramos insectos atrapados en una telaraña, y entonces preguntémonos: ¿qué podemos hacer nosotros para cambiar esta situación?
¿Acaso no somos afortunados porque tenemos la guía y las enseñanzas de un maestro verdadero que conoce la puerta entre el tiempo y el no-tiempo, entre la ilusión y la realidad, entre lo temporal y lo infinito? Y la respuesta es sí. Somos afortunados porque tenemos al maestro que nos dice qué podemos hacer nosotros, esto es, aprovechar el tiempo en nuestro beneficio a través de la práctica espiritual y la meditación, lo único que nos liberará del karma, del engranaje kármico.
Nacemos con un cuerpo nuevo, pero no nacemos con una mente nueva. La mente es la misma en cada vida que hemos tenido; en nuestras diferentes vidas la mente ha ido acumulando acciones, buenas o malas, y ha ido creando y proyectando deseos, mejores o peores, que la han encadenado a la vida siguiente donde, irremediablemente, tendrán que cumplirse esos deseos. Al pasar de una vida a otra no conseguimos limpiar la mente de las impurezas de las vidas anteriores, pues generamos más karma del que podemos limpiar. Esta es la trampa del tiempo y del karma, pero ese es el diseño de esta creación, y lo que nos debe importar es cómo liberarnos de ese ciclo.
Nuestro papel en este proceso es dejar atrás lo conocido y entrenar nuestras mentes para cambiar nuestra perspectiva, nuestra consciencia, a través de la meditación. En Perspectivas espirituales, vol. III, el maestro Maharaj Charan Singh dice:
En esta vida tenemos que enfrentarnos a situaciones a cada paso, y a cada paso tenemos que explicarle a nuestra mente que tiene que aceptar todo lo que venga a nuestra vida de la mejor manera; ¿por qué quejarnos? Se trata de un entrenamiento constante de la mente.
… Si siempre nos sentimos perturbados con cada pequeña cosa, entonces, ¿cómo podremos concentrarnos?, ¿cómo podremos meditar? (…) tenemos que entrenar a la mente a tomarse las cosas de una manera ligera, sin hacerles demasiado caso. Todo esto es entrenar a la mente.
El maestro nos dice que entrenemos nuestra mente para aceptar y vivir en la voluntad del Señor, porque él sabe mejor que nadie lo que nos tiene que dar, solo tenemos que prepararnos para aceptar lo que él nos da. En otro párrafo del mismo libro, sigue diciendo:
El propósito de la meditación es prepararnos para adoptar esa actitud (…) la de aceptar las cosas tal como vienen.
Sabemos lo que tenemos que hacer, sabemos que la meditación nos proporciona todos los beneficios imaginables y necesarios. Es la mejor acción-reacción que podemos experimentar. La acción de meditar tiene consecuencias favorables para nuestro crecimiento espiritual, y es la mejor protección para enfrentar el día a día. El control de la mente que nos proporciona su práctica, desarrolla en nosotros un cambio de actitud de nuestra perspectiva y, por tanto, de nuestra consciencia espiritual.
Haciendo referencia al inicio, donde se decía que la única pregunta que deberíamos hacernos es si preferimos poner nuestra atención en buscar respuestas o en llegar a ese nivel donde ya no hay nada que cuestionar, debemos reconocer que, mientras no alcancemos ese estado, habrá momentos en la vida en los que, a pesar de todo, no sabremos qué hacer y desearemos que el maestro nos dé una respuesta a nuestras inquietudes.
En el libro Perspectivas espirituales, vol. III, se recoge una pregunta que le hicieron a Hazur Maharaj Charan Singh: “Cuando queremos orientación desde el interior, pero no somos capaces de contactar con la forma radiante, ¿cómo recibimos esta orientación? Puede que sintamos que estamos recibiendo una respuesta, pero ¿será la mente? ¿Cómo sabemos que el maestro interior nos está guiando?”. Y el maestro respondió:
Nosotros solo debemos prestar atención a nuestra meditación. El resto de la guía vendrá de forma automática desde el interior. La mente automáticamente se moldeará de manera acorde; pensaremos como corresponde y actuaremos en consecuencia. Todo nuestro enfoque y actitud cambiarán por sí solos, sin que tengamos que hacer nada.
El interlocutor continuó: “¿Dijiste que el discípulo es siempre consciente de la guía del maestro?”. Y el maestro respondió:
Una persona puede no ser consciente, pero la guía puede seguir ahí de forma indirecta. La mano amiga sigue ahí. Por ejemplo, para un discípulo que aún no ha llegado al sendero, la mano que lo guía está siempre con él, aunque ni siquiera sea consciente de la existencia del maestro.
Muchas veces, cuando estamos tranquilos y reflexivos, descubrimos que en nuestro interior hay una especie de voz a la que a menudo nos referimos como “la voz de la conciencia” o “la voz del corazón”. Solemos decir: “escucha tu corazón”, y a veces desoír esa voz, no atenderla o actuar sin seguir su orientación hace que nos sintamos inquietos y pensemos: “debía haber hecho caso a mi corazón”. Puede que esta voz no sea muy fuerte, pero siempre está ahí, y puede que dudemos de si viene del corazón o de la cabeza, por lo que solo tenemos que estar atentos y escuchar. Y, si estamos receptivos y atentos, sabremos lo que favorece nuestro crecimiento espiritual o lo que nos aleja del sendero.
Con la meditación ganamos fortaleza interior, una fuerza que nos ayuda a desarrollar una especie de “sistema inmunológico espiritual”, y encontraremos una serenidad que no puede ser sacudida por el viento de las circunstancias.
A pesar de esto, en medio de los acontecimientos que se suceden en el mundo –ya sean pandemias, guerras o el propio sufrimiento personal–, tal vez también nos hagamos preguntas acerca de dónde está el maestro, de si el maestro realmente está siempre con nosotros, sobre todo en esos momentos en que no somos capaces de sentirlo cerca. Pues, a pesar de que nuestras anclas sean las enseñanzas y la meditación, y a pesar de que el maestro nos diga que él está más cerca que nuestro propio aliento y nos haya dado muestras de que está en cualquier parte en la que nosotros estemos, puede que no lo sintamos.
Parece que si seguimos un camino espiritual, tenemos acceso automático a un sentimiento constante de estar cerca de lo divino. Pero no siempre es así, y a veces durante nuestro viaje por la vida es como si la relación que tratamos de construir con nuestro maestro subiera y bajara como las olas de un océano. A veces sentimos fuertes sentimientos de amor y devoción, y otras una especie de vacío, una oscuridad donde parece que ya no podemos sentirlo.
Si bien no siempre podamos estar físicamente cerca del maestro, tal vez ni siquiera sea eso lo que deseamos; quizás lo que realmente anhelamos es sentir una conexión que trascienda el espacio y el tiempo.
Y eso es exactamente lo que el maestro nos enseña: que nuestra relación con él no es física, no está atada por las cadenas del cuerpo, la mente y los sentidos. Nuestra conexión con él es misteriosa, completamente diferente de nuestros lazos mundanos con familiares y amigos. No se parece a la de nadie a quien hayamos amado antes y no consiste en un estado emocional efusivo. Es un amor único e inexplicable, imposible de sondear con la mente. Su amor es incondicional, solo quiere lo mejor para nuestra liberación final. Todo lo que espera de nosotros es que prestemos nuestra más profunda atención y el máximo esfuerzo a la práctica del simran y bhajan. Él no espera la perfección, ni nos juzga, él simplemente ve nuestro potencial y suavemente nos empuja y nos conduce fuera del mundo y hacia su regazo.
Hazur Maharaj Ji dice en el libro Perspectivas espirituales, vol. III:
¡Es posible! Verás, hay muchas relaciones de amor, pero ninguna relación o vínculo es tan fuerte como el del discípulo y el maestro. Ningún amor es tan fuerte como el del discípulo y el maestro.
A veces podemos estar separados mentalmente del maestro y a veces físicamente, pero siempre tendremos su amor. Nuestro maestro nos ama desde siempre y para siempre. Pues así lo dice el Gran Maestro en Joyas espirituales: “Mi conexión contigo no está limitada a esta vida, sino que es para siempre”.
Pero esta relación tiene que madurar. De la misma manera que un padre, una madre, cuidan a su hijo o hija, le protegen, y le guían hasta que es adulto y le sueltan de la mano para que sea independiente, nuestra relación física con el maestro también tiene que madurar y hacerse adulta para llegar a superar la dependencia de su forma física.
Todos los maestros nos dicen que el maestro nunca se aparta de nosotros, que está justo aquí frente a nosotros, más cerca de lo que podemos llegar a imaginar. Somos nosotros los que hemos desviado nuestra mirada de él. Preguntémonos, mientras buscamos su amor y su presencia en el interior, si no somos nosotros los que estamos lejos, distraídos y absortos en nuestras propias preocupaciones y apegos; si no somos nosotros los que, atrapados en la corriente de la vida cotidiana y en todos los altibajos emocionales, soltamos su mano o simplemente no la cogemos, y no al revés, creando de esta manera una brecha, una distancia.
En la bóveda de la Capilla Sixtina se encuentra un fresco del pintor Miguel Ángel que representa la Creación de Adán, y del que se ha reproducido un fragmento de la pintura conocido popularmente como “la mano de Dios”, en el que se ven los dedos de Dios y Adán, que casi se tocan, separados por una mínima distancia, una brecha.
Muchos han sido los estudios que han querido dar una interpretación a esta pintura y la mayoría coincide en la descripción.
En el libro Dios está más cerca de lo que crees, de John Ortberg, el autor hace la siguiente interpretación: “La figura de Dios se extiende hacia el hombre con gran vigor (…) Su cabeza está orientada hacia el hombre, y su mirada fija en él. Su brazo está estirado y el dedo índice extendido hacia delante (…) Su mano se acerca a un milímetro de la mano del hombre (…) Es como si Dios estuviera impaciente por cerrar la brecha entre él y el hombre. Sin embargo, habiéndose acercado tanto, deja un poco de espacio para que Adán tome la decisión. Espera a que Adán haga su elección”.
“Adán es más difícil de interpretar en la pintura. Su brazo está parcialmente extendido hacia Dios, pero su cuerpo está inclinado hacia atrás en una posición perezosa, como si no tuviera ningún interés en establecer una conexión. Quizá supone que Dios, habiendo llegado hasta ese punto, cerrará la brecha. Tal vez Adán sea indiferente a la posibilidad de tocar a su Creador. Tal vez le falten las fuerzas. Pero solo tendría que estirar un dedo”.
Pues bien, tal vez fuera eso lo que quiso plasmar Miguel Ángel, que Dios también intenta llegar a nosotros, e igualmente lo que nos separa es una brecha muy pequeña. Hemos estado vagando en esta creación de una forma a otra durante vidas, pero ahora tenemos una forma humana, hemos entrado en contacto con un maestro verdadero y hemos sido iniciados, estamos, pues, más cerca que nunca de nuestro destino; casi hemos llegado. Si queremos, podemos conseguirlo; nos lo asegura nuestro maestro.
Cada día y en cada momento podemos elegir volver a él, amarlo a través de nuestro simran y bhajan, y así, poco a poco, vamos entendiendo por qué es tan importante practicarlos.
Al final es nuestro amor hacia el maestro el que vacila, no el suyo por nosotros, que es firme y profundo. Y por eso, todo lo que podemos hacer es ofrecerle nuestro tiempo y esfuerzo, igual que haríamos con cualquier cosa que consideremos de gran valor. Y es a través del esfuerzo de sentarnos diariamente a meditar, que crecen nuestro amor y la fe en que no hay distancia entre nosotros y él, en que no hay brecha.
Al principio, hemos hablado de las preguntas que a menudo nos abordan, tanto las referidas al plano espiritual como las del plano físico, y es inevitable hacerse la pregunta de por qué Dios ha creado esa vorágine del mundo donde predomina la crueldad en cualquier parte del planeta, ya sea en forma de pasión bélica o de vulneración de los derechos humanos, difícil de comprender.
Si Dios es amor, si todo es su voluntad y el libre albedrío es prácticamente inexistente, ¿qué podemos hacer nosotros? No nos preguntó antes de enviarnos a este plano. ¡Podría haber puesto una mente más fácil de controlar, por ejemplo! ¿Qué ha pasado? ¿Qué está pasando? Muchas pueden ser las preguntas y ninguna respuesta resultaría satisfactoria a nivel intelectual.
Normalmente, vemos los sucesos de nuestra vida como buenos o malos. Pero no son esos los parámetros. Dice Maharaj Charan Singh en Perspectivas espirituales, vol. I, que si consideramos el mundo y nuestras vidas “… como la creación del Creador, como un todo, entonces no hay nada bueno ni malo en absoluto. (…) Así que no hay nada malo en la creación, sino que la vemos desde nuestro punto de vista personal”.
Por eso, aun en las peores circunstancias debemos armarnos de valor, aceptar y cambiar las cosas que podamos, cambiar nuestra perspectiva –como ya hemos dicho– y redoblar nuestros esfuerzos para seguir la guía del maestro. Podemos ser una fuente de fuerza y optimismo para los demás. Las cosas que no podemos cambiar, las cosas que están fuera de nuestro control, tenemos que dejarlas ir y afrontarlas con positivismo, porque no todo es negativo y porque obsesionarse con ellas es autodestructivo.
Precisamente, en la edición de los premios Goya de este año, la actriz Susan Sarandon leyó una cita del libro No puedes ser neutral en un tren en marcha de Howard Zinn, que a ella misma le ayudaba cuando estaba sobrepasada y le proporcionaba una chispa de positivismo. Decía: “La historia de la humanidad no solo es de crueldad, sino de compasión, sacrificio, valentía y bondad. Aquello que decidamos poner en el centro va a marcar nuestras vidas. Si elegimos centrarnos solo en lo peor, paralizamos nuestra capacidad de actuar, pero si recordamos esos momentos y lugares en los que una persona ha obrado con grandeza, nos da la energía para actuar y tener la posibilidad de cambiar el rumbo de este mundo nuestro que da vueltas como una peonza”.
Podemos resaltar de este párrafo que “Aquello que decidamos poner en el centro va a marcar nuestras vidas”. Y nosotros sabemos lo que debemos poner en el centro de nuestras vidas.
Muchas cosas del mundo cambiarán aparentemente de la noche a la mañana, algunas de ellas para siempre. Pero otras no cambiarán, en absoluto. Ni un ápice. ¡Los principios básicos y la práctica de Sant Mat permanecen absolutamente constantes!
Lo único que podemos afirmar con certeza es que a cada uno de nosotros se nos han dado las circunstancias concretas para nuestro mejor beneficio, para así saldar nuestros karmas y ser capaces de pasar por nuestro destino en esta vida, cumpliendo con nuestros deberes y siendo conscientes de nuestro potencial espiritual.
Cada uno de nosotros tiene, cada día, la oportunidad de mirar a nuestro interior y de pasar tiempo con el maestro en la meditación, para desarrollar la conciencia de su presencia y, más aún, de su omnipresencia: la conciencia de que está con nosotros en todo momento y en todas partes.
Reflexiones
Nada hay oculto para el Señor; incluso nuestros secretos están cerca de él. Procedamos, pues, en todas las cosas como quienes son templos de Dios, para que él sea nuestro Dios en nosotros…
Carta de San Ignacio de Antioquía a los Efesios. XV.3
¿Qué es la meditación? Es llamar a la puerta pidiendo gracia para que podamos ser capaces de vivir en su amor y devoción, y que nuestra mente no se dirija hacia nada de la creación, sino solamente hacia él. La meditación nos inclina hacia él, nos atrae hacia él, y si él está siempre con nosotros y se refleja en todos nuestros actos, todo eso es meditación.
M. Charan Singh. Perspectivas espirituales, vol. II
Deberías leer pasajes de las escrituras siempre que estés libre, porque entonces si te alteras en el trabajo te recordarán a tu satgurú. Cuando se recuerda al satgurú con amor, todo el trabajo espiritual y mundano se vuelve agradable, y la mente no se siente agobiada. Entonces incluso las actividades mundanas producen fruto espiritual.
Baba Jaimal Singh. Cartas espirituales
Interioridad frente a rituales
El maestro está aquí para liberarnos
de los mitos, los ritos y los rituales,
para destruirlos totalmente, para eliminarlos
y conseguir que volvamos a enfocarnos en la
sencillez de las enseñanzas.
Conceptos e ilusiones
Cuando los monjes de cierto monasterio se reunían para las oraciones vespertinas, el gato del monasterio se unía a la congregación, causando disturbios. El abad pidió entonces que durante el culto de la tarde el gato estuviera atado.
Después de que el abad muriera, continuaron atando al gato cada noche antes de vísperas. Algún tiempo después, el gato murió. El nuevo abad dio instrucciones para conseguir otro gato, de modo que pudiera ser atado antes de las oraciones vespertinas. Siglos más tarde, la práctica todavía continuaba, y algunos de los monjes más eruditos incluso escribieron tratados teológicos sobre el significado litúrgico de tener un gato atado durante las oraciones de la tarde.
El ritual aparece cuando el pensamiento claro cesa y el hábito toma el control. También sirve para llenar el vacío en ausencia de la oración mística e interior. Como tal, distrae la mente de la contemplación interior, manteniéndola atada a este mundo.
… En una cita en la que la primera parte procede de los Salmos y la segunda de una versión ya perdida del Apocalipsis de Adán, se expresa:
El sacrificio para el Señor es un corazón quebrantado; un aroma agradable para el Señor es un corazón que glorifica a Aquel que lo creó.
Epístola de Bernabé II:10
El verdadero sacrificio no es el de ningún animal, ni Dios se impresiona por la dulce fragancia del incienso ni por velas encendidas ni por nada semejante. El verdadero sacrificio es un “corazón quebrantado”: un corazón humilde y amoroso, donde el ego ha sido derribado por la dulce fragancia del amor y el anhelo interior de encontrarse con Dios en el interior. Eso es lo que realmente le agrada, lo que él considera un “aroma agradable”.
… El verdadero ayuno o abstinencia no consiste en que una persona se humille externamente y haga ostentación de su sacrificio ante los demás, sino en abstenerse o renunciar a toda desviación de la mente y a toda conducta exterior incorrecta.
La espiritualidad no es algo de un solo día a la semana. Es un estado permanente y creciente del ser. Una persona verdaderamente espiritual mantiene toda su vida santa: sus pensamientos, palabras y acciones reflejan siempre los ideales espirituales más elevados. Su ser interior está impregnado de esa conciencia espiritual en todo momento y vive cada día como si fuera un verdadero sábado o día santo, pero sin ninguna demostración externa ni exhibición.
Tal condición no puede activarse solo un día a la semana y luego descuidarse el resto del tiempo.
El énfasis de Jesús está siempre en lo espiritual en oposición a lo ceremonial y ritualista, porque esto último nubla la mente y la dirige hacia afuera. En Mateo deja claro que el amor y el perdón entre los seres humanos son mucho más importantes que cualquier ceremonia externa. El respeto por el templo humano tiene mucha mayor importancia que el respeto por cualquier edificio hecho por el hombre. Dice:
Si traes tu ofrenda al altar,
y allí recuerdas que tu hermano
tiene algo contra ti,
deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda;
reconcíliate primero con tu hermano,
y entonces ven y ofrece tu ofrenda.
Mateo 5:23-24
Dice que incluso si alguien ya ha llegado al altar en la realización de algún ritual, pero al llegar allí recuerda que ha herido a otro ser humano, debe olvidarse del ritual e ir a disculparse y arreglar las cosas con esa persona. En otras palabras, nuestra relación con los templos vivos de Dios es mucho más importante que nuestra relación con los templos muertos de piedra y cemento.
De hecho, si hemos herido los sentimientos de otra persona mediante nuestra mala conducta o palabras crueles, el recuerdo y la conciencia de ese daño pesarán sobre nuestra mente y conciencia, perturbando todo esfuerzo de verdadera oración interior hasta que hayamos aclarado el asunto con la persona herida.
Extractos del libro The Gospel of Jesus
Caminos de búsqueda
El buscador espiritual necesita fe, valor,
disciplina y anhelo –todas estas cualidades–
para mantener pacientemente la práctica
disciplinada de la meditación.
Cuando el discípulo recuerda en su interior
el propósito de la vida, el pensamiento claro
aviva el compromiso, el compromiso aviva
el anhelo, y con el tiempo y la paciencia
llega a sentirse privilegiado y profundamente
aliviado de poder entregarse
por completo a lo divino.
Many Voices, One Song
Sardar Bahadur Jagat Singh, satgurú de Dera entre 1948 y 1951, inspiró a muchos por su pureza, desapego y profunda devoción espiritual. Nació en 1884 en el Punyab, en el seno de una familia respetada, y desde niño destacó por su carácter sereno, amable y alegre. Tras la muerte de su madre cuando tenía cinco años, fue criado con gran cariño por la tía de su padre.
Lo mismo que el Gran Maestro, desde pequeño se relacionó con mahatmas y devotos, a quienes su familia frecuentemente proporcionaba alimento y otras necesidades. El joven Jagat Singh solía ir con su padre a recibir el darshan de los devotos que visitaban su pueblo.
La educación de Sardar Bahadur comenzó con el estudio de la lengua punyabí bajo la tutela de un sacerdote del gurdwara del pueblo. Posteriormente se matriculó en la Escuela de la Misión, en Jullundur, donde sobresalió como estudiante, consiguiendo siempre las más altas calificaciones, y como jugador de hockey hierba, fútbol y tenis. Al salir de la Escuela de la Misión en 1909, Sardar Bahadur se graduó en química en la Universidad Gubernamental de Lahore. Sus antiguos compañeros de clase solían decir que sus cualidades distintivas como estudiante fueron: disciplina, sencillez, humildad y un sutil pero simpático sentido del humor. Combinaba estas cualidades con una vida basada en los elevados principios de la honradez, la sinceridad y la pureza, que hicieron que sus amigos ya entonces se dirigieran a él como “gurú ji”.
El año 1909 fue particularmente importante para Sardar Bahadur, ya que además de concluir sus estudios, conoció a Maharaj Sawan Singh y el sendero espiritual que tanto había estado buscando durante toda su vida.
Tuvo el primer encuentro con su maestro en Abbotabad, lugar donde estaba destinado el Gran Maestro, quien aún no se había retirado del ejército. Sardar Bahadur había ido con su hermano Sardar Bhagat Singh y Rai Sahib Munshi Ram para asistir al satsang de Maharaj Ji, y se sintió tan impresionado por el discurso de Hazur que pidió la iniciación, recibiendo allí mismo el regalo del Nam.
La iniciación cambió por completo el rumbo de su vida. Comenzó a trabajar en la meditación con el mismo entusiasmo, sinceridad y diligencia que había mostrado como estudiante y profesor.
Sardar Bahadur se había sentido muy atraído por la espiritualidad ya desde su niñez, y aunque tenía un gran interés por sus estudios, el deporte y las amistades, su desapego interno hacía que se mostrara muy indiferente a las cosas del mundo. Pocos días después de su iniciación, asistió a una lectura del Adi Granth que le produjo una profunda impresión y en la cual escuchó el siguiente pasaje:
Ninguna práctica tiene mérito alguno
salvo la práctica del Nam
en la compañía de los santos;
así pues, refúgiate en el maestro
y atraviesa el océano de la vida,
no sea que desperdicies
este nacimiento humano
ahogado en la ilusión.
Adi Granth, Asa, M.5, p. 12
Sardar Bahadur era de naturaleza contemplativa y siempre procuró vivir de acuerdo con sus ideales. Al darse cuenta de que ninguna ocupación, salvo la meditación, tenía valor alguno, comenzó a vivir según los elevados principios del sendero. Encomendó la administración de sus asuntos domésticos al pundit Lal Chand (amigo cercano suyo y discípulo del Gran Maestro), y consagró a la meditación todo su tiempo libre.
Extractos del libro El cielo en la tierra
Unido al amado
En su amor me visto,
y con su amor, él me ama.
Porque yo no habría sabido cómo amar al Señor
si él no me hubiera amado.
Pues ¿quién puede conocer el amor,
sino aquel que es amado?Amo al Amado, y mi alma lo ama;
y donde está su descanso, allí estoy yo también.
Y no seré un extraño ante su puerta,
porque no hay reserva
en el Altísimo y Misericordioso.He sido unido a él,
porque el amante ha encontrado al Amado.
Y porque amo a Aquel que es el Hijo,
yo también llegaré a ser hijo.
Pues quien se une al Inmortal,
también se vuelve inmortal.
Y quien se deleita en el Viviente
participa de su vida.Este es el Espíritu del Señor,
que no conoce engaño,
y que enseña a los hombres a conocer sus caminos.
Sed, pues, sabios, comprended y estad vigilantes.
¡Aleluya!
Las Odas de Salomón. (Oda 3)
La elección fundamental
Nadie puede servir a dos señores,
pues aborrecerá a uno
y amará al otro;
o bien se entregará a uno
y despreciará al otro.
No podéis servir a Dios y al dinero.
La Biblia. Mateo 6:24
El significado de la cita inicial de Mateo 6:24 podemos encontrarlo en las diversas tradiciones espirituales, aunque expresado de distintas formas. A continuación, sigue una interpretación de acuerdo con las enseñanzas de Sant Mat.
La idea principal es que dentro de nosotros existen dos fuerzas que tiran de nuestra vida en sentidos opuestos. Como leemos en el evangelio: “Nadie puede servir a dos señores…” Y verdaderamente así es, porque servir significa estar al servicio, estar a disposición de alguien por fidelidad y por amor. Y esos sentimientos cobran todo su sentido cuando en la última línea leemos: “No podéis servir a Dios y al dinero”.
Igualmente, la historia bíblica del joven rico, contada también en el evangelio de san Mateo (19:16-22), refleja muy bien esta enseñanza. Dice así:
Entonces vino uno y le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna? (…) Y Jesús dijo: No matarás. No adulterarás. No hurtarás. No dirás falso testimonio. Honra a tu padre y a tu madre; y, amarás a tu prójimo como a ti mismo.
El joven le dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta? Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoros en el cielo; y ven y sígueme.
Oyendo el joven estas palabras, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.
Este joven se fue triste porque tenía muchas posesiones… ¿Tenemos muchas posesiones nosotros también? Conviene hacer un examen de conciencia riguroso ante esta pregunta, porque, como vemos, materia y espíritu apuntan en direcciones contrarias. No hay duda de ello. Y aunque a veces nos consideremos desprendidos y generosos, es importante detenernos y reconocer cuánto nos cuesta realmente dar. Con frecuencia medimos –mucho o poco– aquello que estamos dispuestos a ofrecer, como si el dar necesitara siempre ser calculado, protegido o justificado. Y como aclaración a esto, no estamos diciendo que el dinero sea malo en sí mismo. El dinero, como tantos otros bienes, es algo útil y necesario en la sociedad. Sin embargo, cuando se acumula en exceso o se convierte en el centro de nuestras preocupaciones, corremos el riesgo de que se transforme en nuestro amo y señor. Entonces, nubla nuestra mente, condiciona nuestras decisiones, y termina por ser la meta principal de la vida, haciendo que incluso lleguemos a olvidar las necesidades de los demás.
A nivel intelectual, reconocemos que la felicidad que ofrece la riqueza es un espejismo temporal; que el dinero no es la meta que anhelamos porque sabemos que no basta; que no llena el corazón ni responde a las inquietudes más hondas del ser humano. Sin embargo, los santos no hablan únicamente del dinero, sino que apuntan a algo más profundo y decisivo. Ellos nos explican que no podemos sostener armoniosamente una vida dividida entre el anhelo del alma, la búsqueda sincera de lo trascendente, de lo verdadero y eterno, y el dominio del ego, centrado en lo inmediato, en la satisfacción personal y en una visión puramente mundana de la existencia. Son dos direcciones que resultan incompatibles, porque cada una propone un sentido distinto de la vida y una forma diferente de relacionarnos con los demás, con nosotros mismos y con Dios.
Por eso, si bien todos servimos a algo o a alguien –ya que es inevitable orientar la vida hacia un fin–, nuestras decisiones cotidianas revelan con claridad qué es lo verdaderamente importante para nosotros. ¿Acaso es el trabajo, las relaciones personales, la familia, la libertad personal…?
Dentro de la respuesta que podamos dar cada uno a estas preguntas, si decidimos servir a Dios, indudablemente tenemos que revisar profundamente las cosas que más valoramos en la vida. No solo el dinero sino también nuestro confort, nuestras seguridades materiales, nuestro propio criterio cuando se vuelve rígido…, incluso nuestros razonamientos personales cuando se aíslan de una visión más amplia que incluya a los demás.
Así pues, si queremos realizar a Dios, tenemos que aprender a vivir de manera más equilibrada. Ya no se trata de hablar y especular sobre las diferentes fes o creencias espirituales, sino que se trata de remodelar nuestra vida de una forma práctica y comprometida para que la espiritualidad sea nuestra aspiración prioritaria, en definitiva, debemos dejar de una vez por todas de servir a dos señores a la vez.
Y para ese logro, los místicos nos explican que, en esencia, somos alma, una chispa de la realidad divina. Pero que esa alma, hoy por hoy, está atrapada por una mente que, a su vez, depende de los sentidos. Por eso, vivimos divididos: una parte de nosotros busca el equilibrio y la armonía, mientras la otra parte se deja arrastrar por deseos sin fin, haciéndonos esclavos de unos hábitos nefastos que alteran todo el tiempo nuestra paz y nos alejan de lo que realmente somos: espíritu.
Somos espíritu, alma, una parte de Dios, del Creador mismo. Y debemos decidir si queremos vivir partiendo de esta realidad o seguir ignorando su existencia. Sobre esta comprensión, Sant Mat nos ofrece un camino claro que fomenta la consciencia del alma, y que nos ayuda a superar los conflictos materiales que la mente presenta a cada momento.
Estas enseñanzas se sostienen en dos pilares fundamentales:
El primero consiste en aprender a vivir como verdaderos seres humanos, llevando una vida recta y conscientemente espiritual.
Llevar una vida recta significa actuar de manera que nuestras acciones no nos aten más al mundo, sino que nos ayuden a acercarnos al espíritu, liberándonos del ego. Sin embargo, como nos recuerda Hazur Maharaj Ji en Perspectivas espirituales, vol. I, partimos de una realidad muy diferente:
… El ego marca nuestra actitud en la vida. Pensamos que somos nosotros los que hacemos las cosas. Nos olvidamos de que detrás nuestro hay un hilo; nuestros karmas. Las acciones que realizamos en el pasado son la causa de las reacciones de ahora. Eso es algo que hemos olvidado, así que nos hemos vuelto egoístas…
La ley del karma es incuestionable; ninguno de nuestros actos queda sin efecto: nada se pierde en el olvido. Todo vuelve. Y tarde o temprano debemos recoger los frutos de lo que sembramos, tanto los agradables como los dolorosos… Sin embargo, demasiado a menudo olvidamos esta realidad por culpa de nuestro egoísmo. Por tanto, si asimilamos que cada pensamiento, cada palabra y cada acto tiene consecuencias posteriores, deberíamos valorar mejor nuestra conducta para que nuestros comportamientos sean más morales y honestos, evitando así consecuencias perjudiciales.
Desde una perspectiva espiritual, la rectitud implica actuar en coherencia con los valores más esenciales. Es escuchar esa voz interior del alma que nos guía hacia lo honesto, incluso cuando sería más fácil hacer lo contrario. Ser honrado no depende de las circunstancias, sino de la conexión con principios básicos y naturales como la verdad, la justicia y el respeto a los demás. Y partiendo de esta realidad, necesitamos moderación para elegir acciones que no hieran a nadie, que no generen deudas pendientes, que no alimenten el ego… Necesitamos alejarnos de todos los actos irreflexivos e imprudentes, que son los que nos mantienen atados a este mundo. En el libro Vida honesta leemos:
Las cualidades positivas nos capacitan para pensar positivamente; esas cualidades fortalecen nuestra mente para actuar de acuerdo con nuestro interés a largo plazo, y nos recuerdan que no somos precisamente personalidades separadas, sino parte de esa realidad positiva que es Dios.
Así pues, podemos decir… Unidad, positividad: Dios. Y desunión, división: mente. Cada acción que nace del ego se convierte en un lazo, en una cadena que nos ata a la creación, sin embargo, cada acción que nace de un anhelo por elevarnos interiormente se convierte en un paso inequívoco hacia el Señor. Por eso, Sant Mat insiste en que cultivemos todas las cualidades que sostienen la vida espiritual: disciplina, silencio interior, tolerancia, pensamiento claro, compasión… Estas cualidades son básicas; no son simples adornos morales: son herramientas prácticas que fortalecen nuestra voluntad para luchar con la negatividad de la mente.
En Vida honesta seguimos leyendo:
Sin la energía redentora del Shabad, nadie puede llegar a la meta o destino final. Sin embargo, para ayudarnos a nosotros mismos hemos de cumplir nuestra parte del plan. Hemos de cultivar las cualidades que mantienen a la mente orientada hacia el alma, y sujetarla firmemente cuando las cosas sean difíciles. Necesitamos cualidades positivas que estén en armonía con la realidad espiritual de la que forma parte nuestra alma.
El Shabad es la energía redentora que nos lleva a la meta, pero para alcanzarla, debemos cumplir nuestra parte del plan divino. Y eso significa ser positivos con nosotros mismos: no es lo mismo ver el vaso medio vacío que medio lleno… Podemos recordar sobre este aspecto, aquella historia en la que un hombre que estaba paseando por la calle, vio como un albañil estaba colocando ladrillos en un solar y le preguntó: “Perdone que le moleste, pero ¿qué está haciendo?”. Y el albañil, entusiasmado, le contestó: “Señor, estoy construyendo un hospital”. Esa fue la respuesta… ¡Qué bonita respuesta! Un pensamiento así da fuerza, anima a cualquier persona para alcanzar una meta. Este albañil sabía para qué trabajaba. No solo colocaba ladrillos: cada esfuerzo tenía sentido para él, y eso hacía su trabajo más valioso.
Igualmente, nosotros sabemos que deseamos volver a Dios, y que necesitamos cualidades positivas que favorezcan al alma y no a la mente. Y una cualidad muy importante en Sant Mat es la paciencia, la constancia… El niño aprende desde la infancia, pero ha de pasar por la niñez y la adolescencia, para llegar a la madurez… Y todos somos niños ante el Señor. Todos somos sus hijos pequeños, que están dando tímidos pasitos hacia él. Y aunque a veces nos equivocamos, nos caemos, debemos tener paciencia, y sobre todo constancia para que nuestro desarrollo espiritual madure poco a poco.
Recordemos, como nos explican los maestros, que si nos esforzamos por llegar a nuestra meta por el mero procedimiento de reprimir las tendencias de la mente, habrá con certeza una reacción negativa en alguna fecha futura. La supresión y la represión no son la respuesta adecuada. Tenemos que ver el proceso de poner nuestras vidas en orden como una evolución continuada de toda la vida hacia nuestra meta espiritual.
Y en ese proceso, aparece “nuestra gracia salvadora” porque incluso llevando una vida recta, la mente por sí sola no puede liberarse. Le falta dirección, le falta el consejo adecuado para caminar hacia Dios. En definitiva, le falta la ayuda de un maestro espiritual, un amante de Dios, que sí sabe adónde ir. Los maestros son ejemplos perfectos para nosotros de cómo vivir en el mundo, y hasta que no obtengamos su visión, hemos de seguir el sendero que ellos ya han andado cumpliendo sus enseñanzas.
Es aquí donde entra el segundo pilar que resuelve el conflicto que los deseos de la mente nos plantean a cada momento: la meditación en el Verbo, el Shabad, en esa corriente sonora y luminosa que sostiene toda la creación. Este es, sin duda, el pilar más decisivo. Tal como enseñan los maestros espirituales, esta corriente divina es la verdadera fuerza liberadora, el puente entre el alma individual y su Fuente original. Cuando aprendemos a dirigir la atención hacia dentro y a escuchar ese sonido interior, la mente empieza a perder su dominio y el alma comienza a despertar.
Por lo tanto, la meditación no es un ejercicio intelectual ni una simple técnica de relajación… Es un proceso espiritual para el retorno a Casa. Es el camino por el cual la atención, que normalmente fluye hacia fuera a través de los sentidos, se recoge y se dirige hacia el interior. Cuando esto ocurre, la mente se calma, los deseos pierden intensidad, y aparece una paz que no depende de nada externo y que vale la pena experimentar.
Ahora bien, la práctica de la meditación en el Shabad requiere de la guía del maestro espiritual: el maestro es esencial. El maestro no es un filósofo, ni un instructor moral; es alguien que ha recorrido el camino hasta el final y que, debido a su propia experiencia, puede guiarnos adecuadamente. Así, cuando él inicia al discípulo lleva a cabo una conexión viva con el Shabad, y a partir de ahí, le enseña a vivir para el alma. Le muestra cómo llevar una vida espiritual en medio de este mundo tan material; es más, le ayuda a orientar la atención hacia dentro y a apoyarse en la corriente divina para volver junto a Dios.
El maestro es, además, el ejemplo práctico de lo que significa vivir desde el alma. Su presencia y sus enseñanzas nos recuerdan que la meta no es teórica, sino real y alcanzable. Nos muestra que el camino no consiste en reprimir la mente, sino en transformarla gradualmente mediante la meditación y la disciplina diaria.
Así, a medida que avanzamos, comprendemos que la verdadera paz no viene de satisfacer los deseos, sino de liberarnos de ellos. La mente siempre quiere algo más, y mientras sigamos esa voz, no vamos a encontrar descanso. Pero cuando la práctica de la meditación se vuelve constante, la mente empieza a desear la paz que encuentra en el Shabad y los deseos van perdiendo su poder. La audición de la corriente divina interior puede liberarnos, porque es la única fuerza capaz de disolver las ataduras profundas que nos mantienen en la rueda de la acción y la reacción. Solo el Shabad puede llevarnos a la verdadera armonía, a la paz que no depende de circunstancias externas; a la realización de lo que somos en esencia.
Y así, con estas palabras, volvemos a la idea fundamental del principio: “No podemos servir a dos señores”. No podemos vivir para el alma y para el ego al mismo tiempo. Si nos iniciamos en este sendero es necesario elegir. Y si elegimos vivir desde el alma, veremos que todo comienza a ordenarse: las prioridades se aclaran, la mente se aquieta, y la guía del maestro se convierte en una presencia constante en nuestro camino. En el libro Vida honesta leemos:
La meditación, edificada sobre los firmes cimientos de una vida disciplinada, concentra la mente, y la enfoca fuera de la creación material. Nos libera de modo que nuestras facultades espirituales puedan comenzar a funcionar. Una vez que estas diferentes facultades se pongan a punto, (…) nuestro contacto con el Verbo (o Shabad) traerá la verdadera libertad y la armonía interior que buscamos.
Una vida disciplinada es orden, obediencia, rigor… Nos es muy necesaria la disciplina de la práctica espiritual, porque con ella desarrollamos un mayor control sobre nuestras acciones y reacciones y aprendemos a responder con más conciencia, sin generar conflictos. La meditación nos ayuda a tener una comprensión más amplia y objetiva de las cosas, una paciencia más profunda con todo y una capacidad de amar de forma más desinteresada.
Es fundamental comprender los principios en los que se apoya nuestro sendero espiritual y esforzarnos por vivirlos de la mejor manera posible. Sus dos pilares: llevar una vida recta y practicar la meditación, reafirman la orientación del alma y nos ayudan a actuar con sinceridad y discernimiento, dejando atrás las demandas del mundo que siempre están guiadas por el egoísmo.
Como decía san Mateo en la Biblia: No podemos servir a dos señores: a Dios y al dinero. En nuestras manos queda escoger la verdadera riqueza espiritual que nace de la entrega al maestro y la devoción al Shabad. De esta elección depende nuestra felicidad.
Cartas espirituales
Los discípulos que pasan dos horas y media practicando la meditación y hacen lo posible por vivir el estilo de vida de Sant Mat, también dicen: “Él lo hace todo”. Comienzan a ver claramente que su gracia está tan fuera de proporción en comparación con sus pequeños y pobres esfuerzos, que es francamente una lección de humildad. Qué pueden hacer sino decir: “Gracias, gracias, gracias”, y continuar con la práctica diaria. Puede ser muy evidente para ellos que si se produce algún progreso espiritual, este ocurrirá solo por su gracia.
Una llamada al despertar
Sabes que no vamos a vivir aquí para siempre, tampoco es nuestro deseo permanecer en este plano de lucha e inquietud un minuto más de lo necesario. Tenemos que irnos un día. Así que tenemos que amoldarnos para cumplir con nuestros deberes aquí lo mejor que sepamos, e ir directamente con el ‘mensajero’ cuando nos entregue el mensaje y nos lleve a nuestra morada… Este es el momento de prepararse para ese encuentro.
Además, ¿por qué tenemos que dudar? El camino a nuestra morada está iluminado por los soles y lunas más brillantes, nuestra morada es la paz personificada, y nuestro Padre es amor y gracia.
Joyas espirituales. Fragmento de la carta 205
Si concentramos nuestra alma en esta vida, entonces pasaremos nuestros días en este mundo felizmente, y a la hora de la muerte, el maestro aparecerá y se llevará a nuestra alma con él a mundos superiores, para hacernos gozar de alegría y felicidad ilimitados. Por lo tanto, trata de realizar progresos espirituales durante tu vida, para que puedas elevarte por encima de todas las circunstancias del mundo. El progreso espiritual que consigas en esta vida te acompañará.
… Deseo que trabajes en el sendero y retires el velo interior para así llevar a tu alma a regiones más elevadas. Realiza tu trabajo diario, pero haz que tu atención permanezca fija en la forma del maestro o en la repetición o escuchando el sonido. Si continúas trabajando con paciencia y perseverancia, lo conseguirás todo.
Joyas espirituales. Fragmento de la carta 74
No hay un tiempo límite fijado, en ningún sistema, para que un practicante alcance esa etapa. Si alguien fija un tiempo límite, está engañándose a sí mismo y a los demás. La gente se entusiasma cuando oye decir que siguiendo este o aquel sistema, alcanzará la meta en un tiempo determinado, y se deja engañar. No se analiza críticamente a sí misma.
La mente no es algo que pueda conectarse y desconectarse a voluntad. No puede desviarse el curso de su rutina en un día, un mes, o en un año, a pesar de que pongamos nuestro mejor esfuerzo. Es una lucha que dura toda la vida; los que han vivido esta lucha o los que siguen manteniéndola, comprenden lo que significa conquistar la mente. Esta es, hijo, hija, esposo, amigo, riqueza y pobreza, apego, codicia, lujuria, cólera, orgullo y todo lo demás. Está apegada al mundo exterior con cuerdas: cuerdas dobles, cuerdas triples y múltiples cuerdas, y lleva atada con estas cuerdas tanto tiempo que ya no siente la pesadez de sus ataduras. Al contrario, le gustan.
La mente ha olvidado por completo su origen. Para el pájaro enjaulado, la cautividad es su forma normal de vida. ¿De qué serviría un curso de yoga para una mente así? La madeja enredada no puede desenredarse tan fácilmente. Igual que una madre vigila y cuida a su hijo, un devoto vigila a su mente.
Incluso así, no hay ningún tiempo límite. En palabras de un famoso poeta, esa lucha con la mente es como invitar a un amante para que venga preparado para el máximo sacrificio (la pérdida de su cabeza), pero sin ni siquiera tener la promesa de una entrevista con su amada.
Si fuera un asunto fácil, Gurú Nanak no se habría sentado sobre guijarros durante doce años. Cristo, no habría pasado diecinueve años en las montañas del Tíbet, y el mismo Soami Ji no se habría entregado a la contemplación en un solitario y oscuro cuarto durante diecisiete años. No es necesario que escriba más. Tú ya sabes cómo es la lucha. (…) “Significa morir en vida”. Todo lo que puedo añadir, es que no existe la decepción para los que están apegados interiormente a la corriente. Más tarde o más temprano, la puerta se abrirá.
Joyas espirituales. Fragmento de la carta 143