Más cerca de lo que imaginas
Si estamos más cerca del maestro en nuestro interior, él estará más cerca de nosotros en cualquier parte del mundo. Si estamos alejados de él en nuestro interior, él estará lejos de nosotros, incluso aunque esté viviendo en la casa de al lado. La cercanía solo se sentirá desde el interior si estamos cumpliendo con la meditación.
M. Charan Singh. Perspectivas espirituales, vol. II
En el libro La liberación del alma se explica que, en una ocasión, le preguntaron a Buda acerca de la naturaleza de la creación. Él evitó hablar del tema, dijo que este tipo de preguntas tiene que ver con la situación de alguien a quien han herido con una flecha envenenada y se dedica a preguntarle al doctor detalles sobre la flecha, como el tipo de material con el que está hecho el arco, o el tipo de veneno y cosas por el estilo, en lugar de ocuparse en salvar la vida y en buscar un remedio a su situación, independientemente de si lo sucedido es comprensible o no.
Siempre habrá aspectos acerca del porqué de esta existencia incomprensibles para nosotros, preguntas cuya respuesta será insuficiente. Mientras, el engranaje kármico seguirá su curso, y para salir de él hay que hacer mucho más que preguntar…
Hazur Maharaj Ji en el libro Perspectivas espirituales, vol. I, dice:
No hay respuesta para las preguntas verdaderas. Estas preguntas desaparecerán al alcanzar cierto nivel interior. Entonces estas cuestiones dejan de inquietarnos, ya no existen. No es que queden respondidas, es que dejan de existir.
Así pues, la verdadera pregunta que deberíamos hacernos es si preferimos poner nuestra atención en buscar respuestas o en llegar a ese nivel donde no hay nada que cuestionar.
Lo mejor es que nos ocupemos de cómo podemos salvar la vida, como decía Buda, de cómo podemos escapar de esa red que teje el tiempo para mantenernos atrapados en maya –la ilusión por las cosas del mundo– como si fuéramos insectos atrapados en una telaraña, y entonces preguntémonos: ¿qué podemos hacer nosotros para cambiar esta situación?
¿Acaso no somos afortunados porque tenemos la guía y las enseñanzas de un maestro verdadero que conoce la puerta entre el tiempo y el no-tiempo, entre la ilusión y la realidad, entre lo temporal y lo infinito? Y la respuesta es sí. Somos afortunados porque tenemos al maestro que nos dice qué podemos hacer nosotros, esto es, aprovechar el tiempo en nuestro beneficio a través de la práctica espiritual y la meditación, lo único que nos liberará del karma, del engranaje kármico.
Nacemos con un cuerpo nuevo, pero no nacemos con una mente nueva. La mente es la misma en cada vida que hemos tenido; en nuestras diferentes vidas la mente ha ido acumulando acciones, buenas o malas, y ha ido creando y proyectando deseos, mejores o peores, que la han encadenado a la vida siguiente donde, irremediablemente, tendrán que cumplirse esos deseos. Al pasar de una vida a otra no conseguimos limpiar la mente de las impurezas de las vidas anteriores, pues generamos más karma del que podemos limpiar. Esta es la trampa del tiempo y del karma, pero ese es el diseño de esta creación, y lo que nos debe importar es cómo liberarnos de ese ciclo.
Nuestro papel en este proceso es dejar atrás lo conocido y entrenar nuestras mentes para cambiar nuestra perspectiva, nuestra consciencia, a través de la meditación. En Perspectivas espirituales, vol. III, el maestro Maharaj Charan Singh dice:
En esta vida tenemos que enfrentarnos a situaciones a cada paso, y a cada paso tenemos que explicarle a nuestra mente que tiene que aceptar todo lo que venga a nuestra vida de la mejor manera; ¿por qué quejarnos? Se trata de un entrenamiento constante de la mente.
… Si siempre nos sentimos perturbados con cada pequeña cosa, entonces, ¿cómo podremos concentrarnos?, ¿cómo podremos meditar? (…) tenemos que entrenar a la mente a tomarse las cosas de una manera ligera, sin hacerles demasiado caso. Todo esto es entrenar a la mente.
El maestro nos dice que entrenemos nuestra mente para aceptar y vivir en la voluntad del Señor, porque él sabe mejor que nadie lo que nos tiene que dar, solo tenemos que prepararnos para aceptar lo que él nos da. En otro párrafo del mismo libro, sigue diciendo:
El propósito de la meditación es prepararnos para adoptar esa actitud (…) la de aceptar las cosas tal como vienen.
Sabemos lo que tenemos que hacer, sabemos que la meditación nos proporciona todos los beneficios imaginables y necesarios. Es la mejor acción-reacción que podemos experimentar. La acción de meditar tiene consecuencias favorables para nuestro crecimiento espiritual, y es la mejor protección para enfrentar el día a día. El control de la mente que nos proporciona su práctica, desarrolla en nosotros un cambio de actitud de nuestra perspectiva y, por tanto, de nuestra consciencia espiritual.
Haciendo referencia al inicio, donde se decía que la única pregunta que deberíamos hacernos es si preferimos poner nuestra atención en buscar respuestas o en llegar a ese nivel donde ya no hay nada que cuestionar, debemos reconocer que, mientras no alcancemos ese estado, habrá momentos en la vida en los que, a pesar de todo, no sabremos qué hacer y desearemos que el maestro nos dé una respuesta a nuestras inquietudes.
En el libro Perspectivas espirituales, vol. III, se recoge una pregunta que le hicieron a Hazur Maharaj Charan Singh: “Cuando queremos orientación desde el interior, pero no somos capaces de contactar con la forma radiante, ¿cómo recibimos esta orientación? Puede que sintamos que estamos recibiendo una respuesta, pero ¿será la mente? ¿Cómo sabemos que el maestro interior nos está guiando?”. Y el maestro respondió:
Nosotros solo debemos prestar atención a nuestra meditación. El resto de la guía vendrá de forma automática desde el interior. La mente automáticamente se moldeará de manera acorde; pensaremos como corresponde y actuaremos en consecuencia. Todo nuestro enfoque y actitud cambiarán por sí solos, sin que tengamos que hacer nada.
El interlocutor continuó: “¿Dijiste que el discípulo es siempre consciente de la guía del maestro?”. Y el maestro respondió:
Una persona puede no ser consciente, pero la guía puede seguir ahí de forma indirecta. La mano amiga sigue ahí. Por ejemplo, para un discípulo que aún no ha llegado al sendero, la mano que lo guía está siempre con él, aunque ni siquiera sea consciente de la existencia del maestro.
Muchas veces, cuando estamos tranquilos y reflexivos, descubrimos que en nuestro interior hay una especie de voz a la que a menudo nos referimos como “la voz de la conciencia” o “la voz del corazón”. Solemos decir: “escucha tu corazón”, y a veces desoír esa voz, no atenderla o actuar sin seguir su orientación hace que nos sintamos inquietos y pensemos: “debía haber hecho caso a mi corazón”. Puede que esta voz no sea muy fuerte, pero siempre está ahí, y puede que dudemos de si viene del corazón o de la cabeza, por lo que solo tenemos que estar atentos y escuchar. Y, si estamos receptivos y atentos, sabremos lo que favorece nuestro crecimiento espiritual o lo que nos aleja del sendero.
Con la meditación ganamos fortaleza interior, una fuerza que nos ayuda a desarrollar una especie de “sistema inmunológico espiritual”, y encontraremos una serenidad que no puede ser sacudida por el viento de las circunstancias.
A pesar de esto, en medio de los acontecimientos que se suceden en el mundo –ya sean pandemias, guerras o el propio sufrimiento personal–, tal vez también nos hagamos preguntas acerca de dónde está el maestro, de si el maestro realmente está siempre con nosotros, sobre todo en esos momentos en que no somos capaces de sentirlo cerca. Pues, a pesar de que nuestras anclas sean las enseñanzas y la meditación, y a pesar de que el maestro nos diga que él está más cerca que nuestro propio aliento y nos haya dado muestras de que está en cualquier parte en la que nosotros estemos, puede que no lo sintamos.
Parece que si seguimos un camino espiritual, tenemos acceso automático a un sentimiento constante de estar cerca de lo divino. Pero no siempre es así, y a veces durante nuestro viaje por la vida es como si la relación que tratamos de construir con nuestro maestro subiera y bajara como las olas de un océano. A veces sentimos fuertes sentimientos de amor y devoción, y otras una especie de vacío, una oscuridad donde parece que ya no podemos sentirlo.
Si bien no siempre podamos estar físicamente cerca del maestro, tal vez ni siquiera sea eso lo que deseamos; quizás lo que realmente anhelamos es sentir una conexión que trascienda el espacio y el tiempo.
Y eso es exactamente lo que el maestro nos enseña: que nuestra relación con él no es física, no está atada por las cadenas del cuerpo, la mente y los sentidos. Nuestra conexión con él es misteriosa, completamente diferente de nuestros lazos mundanos con familiares y amigos. No se parece a la de nadie a quien hayamos amado antes y no consiste en un estado emocional efusivo. Es un amor único e inexplicable, imposible de sondear con la mente. Su amor es incondicional, solo quiere lo mejor para nuestra liberación final. Todo lo que espera de nosotros es que prestemos nuestra más profunda atención y el máximo esfuerzo a la práctica del simran y bhajan. Él no espera la perfección, ni nos juzga, él simplemente ve nuestro potencial y suavemente nos empuja y nos conduce fuera del mundo y hacia su regazo.
Hazur Maharaj Ji dice en el libro Perspectivas espirituales, vol. III:
¡Es posible! Verás, hay muchas relaciones de amor, pero ninguna relación o vínculo es tan fuerte como el del discípulo y el maestro. Ningún amor es tan fuerte como el del discípulo y el maestro.
A veces podemos estar separados mentalmente del maestro y a veces físicamente, pero siempre tendremos su amor. Nuestro maestro nos ama desde siempre y para siempre. Pues así lo dice el Gran Maestro en Joyas espirituales: “Mi conexión contigo no está limitada a esta vida, sino que es para siempre”.
Pero esta relación tiene que madurar. De la misma manera que un padre, una madre, cuidan a su hijo o hija, le protegen, y le guían hasta que es adulto y le sueltan de la mano para que sea independiente, nuestra relación física con el maestro también tiene que madurar y hacerse adulta para llegar a superar la dependencia de su forma física.
Todos los maestros nos dicen que el maestro nunca se aparta de nosotros, que está justo aquí frente a nosotros, más cerca de lo que podemos llegar a imaginar. Somos nosotros los que hemos desviado nuestra mirada de él. Preguntémonos, mientras buscamos su amor y su presencia en el interior, si no somos nosotros los que estamos lejos, distraídos y absortos en nuestras propias preocupaciones y apegos; si no somos nosotros los que, atrapados en la corriente de la vida cotidiana y en todos los altibajos emocionales, soltamos su mano o simplemente no la cogemos, y no al revés, creando de esta manera una brecha, una distancia.
En la bóveda de la Capilla Sixtina se encuentra un fresco del pintor Miguel Ángel que representa la Creación de Adán, y del que se ha reproducido un fragmento de la pintura conocido popularmente como “la mano de Dios”, en el que se ven los dedos de Dios y Adán, que casi se tocan, separados por una mínima distancia, una brecha.
Muchos han sido los estudios que han querido dar una interpretación a esta pintura y la mayoría coincide en la descripción.
En el libro Dios está más cerca de lo que crees, de John Ortberg, el autor hace la siguiente interpretación: “La figura de Dios se extiende hacia el hombre con gran vigor (…) Su cabeza está orientada hacia el hombre, y su mirada fija en él. Su brazo está estirado y el dedo índice extendido hacia delante (…) Su mano se acerca a un milímetro de la mano del hombre (…) Es como si Dios estuviera impaciente por cerrar la brecha entre él y el hombre. Sin embargo, habiéndose acercado tanto, deja un poco de espacio para que Adán tome la decisión. Espera a que Adán haga su elección”.
“Adán es más difícil de interpretar en la pintura. Su brazo está parcialmente extendido hacia Dios, pero su cuerpo está inclinado hacia atrás en una posición perezosa, como si no tuviera ningún interés en establecer una conexión. Quizá supone que Dios, habiendo llegado hasta ese punto, cerrará la brecha. Tal vez Adán sea indiferente a la posibilidad de tocar a su Creador. Tal vez le falten las fuerzas. Pero solo tendría que estirar un dedo”.
Pues bien, tal vez fuera eso lo que quiso plasmar Miguel Ángel, que Dios también intenta llegar a nosotros, e igualmente lo que nos separa es una brecha muy pequeña. Hemos estado vagando en esta creación de una forma a otra durante vidas, pero ahora tenemos una forma humana, hemos entrado en contacto con un maestro verdadero y hemos sido iniciados, estamos, pues, más cerca que nunca de nuestro destino; casi hemos llegado. Si queremos, podemos conseguirlo; nos lo asegura nuestro maestro.
Cada día y en cada momento podemos elegir volver a él, amarlo a través de nuestro simran y bhajan, y así, poco a poco, vamos entendiendo por qué es tan importante practicarlos.
Al final es nuestro amor hacia el maestro el que vacila, no el suyo por nosotros, que es firme y profundo. Y por eso, todo lo que podemos hacer es ofrecerle nuestro tiempo y esfuerzo, igual que haríamos con cualquier cosa que consideremos de gran valor. Y es a través del esfuerzo de sentarnos diariamente a meditar, que crecen nuestro amor y la fe en que no hay distancia entre nosotros y él, en que no hay brecha.
Al principio, hemos hablado de las preguntas que a menudo nos abordan, tanto las referidas al plano espiritual como las del plano físico, y es inevitable hacerse la pregunta de por qué Dios ha creado esa vorágine del mundo donde predomina la crueldad en cualquier parte del planeta, ya sea en forma de pasión bélica o de vulneración de los derechos humanos, difícil de comprender.
Si Dios es amor, si todo es su voluntad y el libre albedrío es prácticamente inexistente, ¿qué podemos hacer nosotros? No nos preguntó antes de enviarnos a este plano. ¡Podría haber puesto una mente más fácil de controlar, por ejemplo! ¿Qué ha pasado? ¿Qué está pasando? Muchas pueden ser las preguntas y ninguna respuesta resultaría satisfactoria a nivel intelectual.
Normalmente, vemos los sucesos de nuestra vida como buenos o malos. Pero no son esos los parámetros. Dice Maharaj Charan Singh en Perspectivas espirituales, vol. I, que si consideramos el mundo y nuestras vidas “… como la creación del Creador, como un todo, entonces no hay nada bueno ni malo en absoluto. (…) Así que no hay nada malo en la creación, sino que la vemos desde nuestro punto de vista personal”.
Por eso, aun en las peores circunstancias debemos armarnos de valor, aceptar y cambiar las cosas que podamos, cambiar nuestra perspectiva –como ya hemos dicho– y redoblar nuestros esfuerzos para seguir la guía del maestro. Podemos ser una fuente de fuerza y optimismo para los demás. Las cosas que no podemos cambiar, las cosas que están fuera de nuestro control, tenemos que dejarlas ir y afrontarlas con positivismo, porque no todo es negativo y porque obsesionarse con ellas es autodestructivo.
Precisamente, en la edición de los premios Goya de este año, la actriz Susan Sarandon leyó una cita del libro No puedes ser neutral en un tren en marcha de Howard Zinn, que a ella misma le ayudaba cuando estaba sobrepasada y le proporcionaba una chispa de positivismo. Decía: “La historia de la humanidad no solo es de crueldad, sino de compasión, sacrificio, valentía y bondad. Aquello que decidamos poner en el centro va a marcar nuestras vidas. Si elegimos centrarnos solo en lo peor, paralizamos nuestra capacidad de actuar, pero si recordamos esos momentos y lugares en los que una persona ha obrado con grandeza, nos da la energía para actuar y tener la posibilidad de cambiar el rumbo de este mundo nuestro que da vueltas como una peonza”.
Podemos resaltar de este párrafo que “Aquello que decidamos poner en el centro va a marcar nuestras vidas”. Y nosotros sabemos lo que debemos poner en el centro de nuestras vidas.
Muchas cosas del mundo cambiarán aparentemente de la noche a la mañana, algunas de ellas para siempre. Pero otras no cambiarán, en absoluto. Ni un ápice. ¡Los principios básicos y la práctica de Sant Mat permanecen absolutamente constantes!
Lo único que podemos afirmar con certeza es que a cada uno de nosotros se nos han dado las circunstancias concretas para nuestro mejor beneficio, para así saldar nuestros karmas y ser capaces de pasar por nuestro destino en esta vida, cumpliendo con nuestros deberes y siendo conscientes de nuestro potencial espiritual.
Cada uno de nosotros tiene, cada día, la oportunidad de mirar a nuestro interior y de pasar tiempo con el maestro en la meditación, para desarrollar la conciencia de su presencia y, más aún, de su omnipresencia: la conciencia de que está con nosotros en todo momento y en todas partes.