La mirada sutil
Como el aroma está en la flor y el reflejo en el espejo, así está Dios dentro de ti. Búscalo en tu propio cuerpo, ¡oh, hermano!
Gurú Tegh Bahadur. Adi Granth, p. 684
Estudiamos la naturaleza desde fuera, pero nunca la miramos desde dentro. Para nutrir el árbol, nos limitamos a mojar sus hojas y ramas, pero no regamos las raíces. Las raíces del árbol de la creación están en los planos sutiles, a los que se puede acceder mirando dentro de nosotros mismos.
Leemos los libros externos del mundo, pero nunca nos preocupamos de mirar nuestro propio libro interior. En una sola línea de este maravilloso libro está oculto todo el tesoro del conocimiento trascendental, y una palabra de él significa más que todo el aprendizaje de todas las épocas.
Dios está ciertamente dentro de nosotros y debemos buscarlo en nuestro interior, pero esto no significa que sea una parte de nuestra estructura física ni que debamos buscarlo en las venas y arterias de nuestro cuerpo. Él es sutil y espiritual, y habita en lo más profundo de nuestro ser. Por lo tanto, aunque esté dentro de nosotros, al matar el cuerpo no lo matamos a él. La muerte de este cuerpo mortal no le afecta, porque él es trascendental.
Dios no forma parte de nuestro cuerpo, por la misma razón que no se encuentra en el mundo material exterior. No es físico ni material.
Al decir que está dentro de nosotros, los místicos quieren decir que solo podemos realizarlo concentrándonos en nuestro interior. Esta concentración nos saca del mundo físico y nos hace sutiles. Cuando somos sutiles, podemos conocer otras entidades espirituales sutiles. A menos que nos volvamos muy sutiles, no podremos entrar en contacto con Dios ni con otras entidades sutiles.
Es un principio general que el órgano del conocimiento debe ser adecuado al objeto de su conocimiento y tener una sutileza o sensibilidad proporcionadas:
Nuestros ojos no pueden ver una luz demasiado brillante o demasiado tenue. La luz deslumbrante parece oscuridad. Del mismo modo, nuestros oídos no pueden oír sonidos demasiado altos o bajos. Para los sonidos que están por encima o por debajo del alcance de nuestros oídos, utilizamos instrumentos científicos que los hacen audibles. Así, mediante ayudas mecánicas, hacemos que nuestros oídos sean lo suficientemente sutiles como para percibir sonidos inferiores. Del mismo modo, las cosas muy diminutas o los objetos muy distantes permanecen invisibles a simple vista, pero si hacemos que nuestros ojos se vuelvan sutiles mediante la aplicación del microscopio y el telescopio, podemos ver todas esas cosas.
Todo esto ocurre en el mismo plano de existencia, el mundo físico. Si queremos conocer algo que está en el plano astral sutil, tenemos que volvernos sutiles, y esto solo podemos hacerlo retirándonos hacia dentro, mediante la concentración interior.
La realidad absoluta es extremadamente sutil y trascendental y, por lo tanto, para conocerla debemos reconocernos dentro de nuestro ser sutil trascendental; debemos volvernos tan sutiles como esa realidad.
Los fenómenos ocultan a nuestra vista la esencia de la realidad; maya (ilusión) nos oculta el rostro de Brahm. Si seguimos mirando la cubierta de maya o de los fenómenos, nunca llegaremos a la realidad que hay dentro. Pero si quitamos este velo de la materia, ciertamente contemplaremos la gloria de la luz divina. Solo concentrándonos interiormente podemos quitar este velo de la materia y ver el esplendor del espíritu puro.
Además, cuando los místicos dicen que Dios está dentro de nosotros, no quieren decir que no esté fuera. En efecto, Dios es omnipresente, está en todas partes y en todas las cosas. Pero al decir que está dentro, quieren decir que, a menos que le conozcamos dentro, nunca podremos conocerle fuera. No podemos verle con estos ojos físicos ni oírle con estos oídos físicos. Pero si por intuición mística contemplamos su ser sutil y trascendental dentro de nosotros, entonces lo reconoceremos también fuera.
Mysticism: The Spiritual Path